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Los 9 errores de alimentación que más dañan la salud después de los 40 años

Expertos en nutrición advierten que los hábitos alimentarios de la mediana edad tienen un impacto directo y duradero en las décadas siguientes

Dos personas mayores, un hombre y una mujer, sentadas a una mesa de madera comiendo de cuencos. Hay vasos con agua y flores en un jarrón.
Los hábitos alimentarios de la mediana edad condicionan la salud de las décadas siguientes. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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A partir de los 40 años, el cuerpo empieza a dar señales de que algo cambió: la energía no es la misma, el peso se mueve de lugar y las estrategias que antes funcionaban dejan de hacerlo. La alimentación tiene mucho que ver con eso, aunque no siempre de manera obvia. Muchos de los errores más comunes no son excesos, sino hábitos cotidianos que simplemente dejaron de ser adecuados. Reconocerlos es el primer paso.

Personas que adoptaron patrones de alimentación saludables en sus 40 años tenían hasta un 84% más de probabilidades de llegar a los 70 sin enfermedades crónicas, con mejor salud física, cognitiva y mental. Esta es la conclusión que llegó una investigación de 2025 de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de la Universidad de Harvard, que analizó datos de más de 100.000 personas durante tres décadas.

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1. Seguir comiendo igual que antes

Vista aérea de una mesa de madera con salmón, espárragos, avena con manzana, aguacate y semillas de chía. Al fondo, zapatillas, colchoneta de yoga y un planificador.
Adaptar porciones y elecciones se vuelve clave cuando el metabolismo cambia después de los 40. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El cuerpo no es el mismo a los 45 que a los 25. Lina Begdache, doctora en nutrición y profesora asociada de la Universidad de Binghamton, explica que con la edad se produce una pérdida gradual de masa muscular —conocida como sarcopenia— y que el metabolismo procesa los nutrientes de manera diferente.

Continuar con las mismas porciones y hábitos de décadas anteriores puede derivar en aumento de peso, especialmente en la zona abdominal. La recomendación es consultar con un profesional para adaptar la alimentación a los cambios del organismo.

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2. Restringir calorías de forma drástica

Primer plano de una persona sentada con las manos en el estómago, una expresión de dolor y un plato de lechuga en una mesa.
La restricción calórica extrema puede elevar el cortisol y favorecer la grasa central. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando el peso aumenta, la respuesta instintiva suele ser reducir la ingesta al mínimo. Pero Kim Blum, nutricionista y docente de la Universidad Global de Purdue, advierte que recortar calorías en exceso puede tener el efecto contrario: el cuerpo necesita combustible para sostener el metabolismo, la energía y el equilibrio hormonal.

Begdache añade que la privación calórica actúa como un estresor fisiológico, dispara el cortisol y promueve el almacenamiento de grasa central y la pérdida muscular.

3. Consumir poca proteína

Un plato con filetes de carne, salmón y camarones, junto a tazones con lentejas, garbanzos, almendras, nueces y tofu, sobre una superficie de madera.
La proteína se vuelve un nutriente clave en la mediana edad para preservar masa muscular, sostener el metabolismo y mejorar la saciedad en cada comida. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La pérdida muscular puede comenzar ya en la tercera década de vida, lo que convierte a la proteína en un nutriente prioritario. Una investigación de 2024 publicada en el American Journal of Clinical Nutrition encontró que una mayor ingesta proteica en la mediana edad se asocia con probabilidades significativamente más altas de un envejecimiento saludable.

Blum señala que la proteína preserva la masa muscular, acelera el metabolismo, promueve la saciedad y estabiliza el azúcar en sangre. Begdache recomienda consumir entre 25 y 40 gramos por comida, distribuidos en todas las ingestas del día.

4. Saltear comidas y comer tarde

Reloj circular de alimentos con manecillas, mostrando segmentos de carne, pescado (salmón, atún), frutas (naranja, tomate) y vegetales (brócoli, cebolla verde).
Repartir la energía diaria temprano y sostener horarios estables acompaña al reloj biológico del metabolismo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Joan Salge Blake, doctora en educación y profesora de nutrición de la Universidad de Boston, describe un patrón frecuente en la mediana edad: omitir el desayuno, almorzar poco y concentrar la mayor parte de las calorías diarias en la noche.

Este esquema altera los ritmos circadianos que regulan el metabolismo y complica el control del peso. Blum señala además que comer sin horarios consistentes se asocia con diabetes tipo 2, enfermedades cardíacas, obesidad, problemas gastrointestinales y peor calidad de sueño.

5. Eliminar grupos de alimentos enteros

Vista aérea de varias frutas y verduras frescas como zanahorias, remolachas, jengibre, calabaza, champiñones, limones, tomates cherry, naranjas y manzanas sobre una superficie gris.
Eliminar grupos enteros de alimentos aumenta el riesgo de déficits de fibra, calcio y vitamina D. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Suprimir carbohidratos, lácteos o grasas puede parecer una solución rápida para controlar el peso, pero Gisela Bouvier, dietista registrada, advierte que eliminar grupos alimentarios entera produce déficits de fibra, proteína, calcio, vitamina D y vitaminas del complejo B.

“El equilibrio importa más que la restricción”, resume Blum. Privar al organismo de estos nutrientes puede perjudicar la salud ósea, la función nerviosa y la inmunidad, entre otros procesos esenciales.

6. Ignorar las señales de hambre

Vista cenital de cuatro recipientes con comidas saludables: pollo asado con vegetales, quinua con garbanzos, bayas con kiwi y yogur, y hummus con galletas.
Ignorar las señales de hambre puede disparar ciclos de restricción y atracones nocturnos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La masa muscular funciona como el motor metabólico del organismo. Kim Shapira, dietista registrada, usa la metáfora de una cocina: si todos tuviéramos 8 hornallas, un metabolismo en forma significa todas encendidas.

Con el paso de los años, algunas se apagan de forma natural, el apetito disminuye y las señales de hambre se vuelven más difusas. Ignorarlas, según Shapira, desencadena ciclos de restricción y atracones nocturnos que aumentan el estrés, favorecen el aumento de peso y dificultan el movimiento y el sueño.

7. Seguir dietas de moda sin respaldo profesional

Una mujer con bata de laboratorio muestra un plan de comidas en una tableta a un hombre. La mesa tiene garbanzos, lentejas, frutas, plantas y una tetera.
Seguir dietas de moda sin respaldo profesional simplifica en exceso el metabolismo y las hormonas, y suele llevar a frustración y resultados poco sostenibles después de los 40. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las redes sociales amplifican tendencias alimentarias que prometen resultados rápidos. Blum advierte que estas modas “simplifican en exceso problemas complejos relacionados con el metabolismo, el envejecimiento y las hormonas”.

Recurrir a un profesional certificado para obtener recomendaciones personalizadas permite evitar frustraciones y obtener resultados más sostenibles. Las necesidades nutricionales varían según la genética, historial de salud y estilo de vida.

8. Descuidar el sueño

Dormitorio con cama blanca y persona durmiendo. Ventana abierta con cortinas ondeando, mostrando un atardecer. Un libro y una lámpara en mesita de noche.
El sueño regula hormonas del apetito y su falta empuja el consumo automático de alimentos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El vínculo entre el descanso y la alimentación es más estrecho de lo que parece. Blake explica que la privación crónica de sueño altera las hormonas que regulan el apetito: la grelina —conocida como la “hormona del hambre”— aumenta, mientras que la leptina, que señala la saciedad, disminuye.

Esta desregulación hormonal favorece el consumo excesivo de alimentos de forma casi automática, sin que la persona sea consciente de ello. Dormir entre 7 y 9 horas por noche es parte integral de cualquier estrategia nutricional en la mediana edad.

9. Priorizar el cardio sobre el entrenamiento de fuerza

Mujer de 55 años en camiseta azul turquesa levanta una barra con pesas en un banco, asistida por una mujer de 39 años en camiseta gris en un gimnasio.
El entrenamiento de fuerza ayuda a preservar músculo y a sostener la tasa metabólica en la mediana edad. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La estrategia de ejercicio también incide directamente en la nutrición. Begdache señala que reemplazar el cardio excesivo por entrenamiento de fuerza consistente es la forma más eficaz de reconstruir la tasa metabólica y proteger el tejido muscular.

El objetivo en la mediana edad, agrega, es la recomposición corporal: perder grasa mientras se preserva el músculo. Eso exige una nutrición adecuada antes y después del ejercicio, no restricción. La escasez de combustible alrededor del entrenamiento prolonga la respuesta del cortisol y bloquea la respuesta anabólica necesaria para construir músculo.

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