
Un estudio de la Universidad Johns Hopkins detectó que las personas con menor densidad mineral ósea en las vértebras torácicas presentaron un declive cognitivo más acelerado y cambios más rápidos en la estructura del cerebro relacionados con el envejecimiento. El trabajo, publicado en la revista Radiology, es el primero de carácter longitudinal en vincular ambas condiciones.
La investigación usó datos del Estudio Multiétnico de Aterosclerosis (MESA) y no establece una relación de causa y efecto. Sus autores sostienen que el deterioro óseo y el neurológico podrían responder a factores metabólicos comunes, como la resistencia a la insulina o los cambios hormonales propios del envejecimiento, según informó la revista Infosalus.
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Una mayor fragilidad ósea se asoció con cambios cerebrales más pronunciados

El equipo analizó tomografías computarizadas de tórax sin contraste de 2.086 participantes del MESA. Mediante un algoritmo de aprendizaje profundo, calculó la densidad mineral ósea volumétrica (vBMD) en las vértebras torácicas de cada persona. La cohorte final quedó en 715 individuos que, además de esa medición, completaron resonancias magnéticas cerebrales y pruebas cognitivas.
La densidad mineral ósea refleja la cantidad de minerales —entre ellos el calcio— presente en un volumen determinado de hueso. Un valor bajo se relaciona con mayor fragilidad esquelética y riesgo de fracturas. Hasta ahora, existían pocas investigaciones sobre su vínculo con la función cerebral.
Las resonancias se revisaron en busca de dos marcadores: las hiperintensidades de la sustancia blanca y la anisotropía fraccional. Ambos parámetros expresan alteraciones microestructurales del cerebro asociadas con deterioro cognitivo y mayor riesgo de demencia. El seguimiento longitudinal incluyó datos de 408 y 405 participantes, respectivamente, lo que permitió observar la evolución de esos indicadores con el tiempo.
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Los resultados muestran vínculos en zonas clave del cerebro ligadas a la memoria y la atención

Los datos indicaron que una vBMD basal más baja se asoció con una disminución más rápida de la cognición global. Los investigadores también identificaron efectos en regiones cerebrales concretas: quienes tenían menor densidad ósea acumularon hiperintensidades más rápido en el cuerpo calloso, estructura que interviene en las funciones ejecutivas, la memoria de trabajo y la atención.
Además, esos participantes mostraron una reducción más pronunciada de la anisotropía fraccional en el brazo anterior de la cápsula interna, zona también vinculada a funciones ejecutivas. El profesor de radiología Shadpour Demehri, de Johns Hopkins, subrayó que se trata del primer estudio longitudinal en conectar la densidad vertebral inicial con cambios en la sustancia blanca y la cognición.
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“Este estudio exhaustivo, que usa tanto imágenes como evaluaciones clínicas, indica claramente que la densidad ósea basal está asociada con medidas funcionales y de imagen de la degeneración cerebral relacionada con la edad”, afirmó Demehri en declaraciones recogidas por Infosalus.
Los autores advierten que la osteoporosis no causa demencia

El estudio no sostiene que la pérdida de masa ósea derive en demencia. Para los investigadores, la coincidencia entre ambos deterioros probablemente refleja un síndrome metabólico subyacente. Entre los factores señalados figuran la resistencia a la insulina, la dislipidemia y los cambios menopáusicos, que podrían afectar al esqueleto y al cerebro de forma paralela.
Identificar una vBMD baja podría ayudar a detectar antes a personas con riesgo simultáneo de deterioro óseo y neurológico, según plantearon los autores. Esa detección temprana permitiría orientar una evaluación conjunta de los factores de riesgo, sin que el estudio proponga un método de diagnóstico para la demencia.
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La doctora Sara Momtazmanesh, investigadora postdoctoral del Departamento de Radiología y Ciencias Radiológicas de Johns Hopkins, señaló que las tomografías de tórax, solicitadas para el cribado de cáncer de pulmón o el seguimiento de nódulos, podrían aportar esa medición sin exámenes adicionales. A partir de esas imágenes, ya disponibles para muchos pacientes, es posible estimar la densidad de la columna torácica y analizar su relación con la función cognitiva.
Demehri agregó que las herramientas de inteligencia artificial permiten procesar a gran escala la información contenida en imágenes diagnósticas. El objetivo es identificar vías biológicas compartidas entre patologías relacionadas con la edad que, hasta ahora, se analizaban de forma aislada.
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