“Nos jubilamos del trabajo, no de la vida”

Cerca de 30 entidades llenaron la plaza Sant Jaume de Barcelona para decir que retirarse del trabajo no significa retirarse del mundo. Una trabajadora social leyó las palabras que resumieron una demanda que ya cruzó fronteras hacia el Parlamento Europeo

Una manifestante participa en una protesta con cacerolas para exigir medidas contra los desalojos y la crisis de vivienda, tras el desahucio de una mujer de 87 años en Barcelona, el 1 de octubre de 2026. REUTERS/Albert Gea
Una manifestante participa en una protesta con cacerolas para exigir medidas contra los desalojos y la crisis de vivienda, tras el desahucio de una mujer de 87 años en Barcelona, el 1 de octubre de 2026. REUTERS/Albert Gea
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La plaza de Sant Jaume de Barcelona reunió una movilización contra el edadismo en el marco del Día Internacional de las Personas Mayores. Cerca de 30 entidades convocaron la protesta, en la que la trabajadora social jubilada Mercè Mas, de 94 años, leyó el manifiesto bajo el lema “Nos jubilamos del trabajo, no de la vida”, según La Vanguardia.

Esta discriminación también tiene alcance europeo. Según el Eurobarómetro de 2023, el 45% de los europeos consideraba que estaba extendida, mientras que el 52% creía que la edad podía perjudicar a un candidato en una contratación, cifras expuestas por el comisario europeo Glenn Micallef durante un debate del Parlamento Europeo sobre personas mayores y equidad intergeneracional.

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La jornada combinó un tono festivo con reclamos por pensiones suficientes, sanidad universal, atención accesible a la dependencia, cuidados centrados en la persona, formación y participación durante toda la vida.

La movilización también centró la atención en la soledad no deseada, el aislamiento, el maltrato y las barreras digitales que dificultan el acceso a servicios. La reivindicación rechazó que el fin de la etapa laboral implique pasividad, dependencia o pérdida de capacidad para decidir.

La jubilación y la reconstrucción de la identidad

Dejar el empleo puede alterar rutinas, vínculos e identidad, porque el trabajo organiza el tiempo cotidiano, las relaciones y parte de la estabilidad emocional. La pérdida de contactos profesionales, correos y llamadas obliga a reconstruir el lugar que cada persona ocupa en su familia y en su comunidad.

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Manifestantes participan en una protesta para reclamar medidas políticas contra los desalojos y la crisis de vivienda, tras el desahucio de una mujer de 87 años de su hogar, en Barcelona, el 1 de octubre de 2026.
Manifestantes participan en una protesta para reclamar medidas políticas contra los desalojos y la crisis de vivienda, tras el desahucio de una mujer de 87 años de su hogar, en Barcelona, el 1 de octubre de 2026.

El médico jubilado Delfí Cosialls, voluntario de la Federación de Asociaciones de Personas Mayores de Cataluña e impulsor del programa La jubilació en positiu, describió la incertidumbre que puede acompañar esa transición: “Lo que más cuesta es mirarte al espejo y preguntarte: ‘¿Quién soy a partir de ahora?’. Hasta ayer era una profesión, un estatus… y ahora no sé bien qué soy como jubilado o como persona que ya no está laboralmente activa”.

Para Cosialls, la respuesta no consiste en llenar los días con viajes, cursos o actividades. El desafío pasa por redefinir el sentido del tiempo propio, los vínculos familiares y la participación social.

La disponibilidad atribuida a quienes se jubilan puede trasladarse a sus familias. Cuidar a nietos, hacer recados o atender necesidades ajenas puede ser una elección satisfactoria, pero deja de serlo cuando otros lo convierten en una obligación.

La exclusión no siempre se expresa con un rechazo abierto. Cosialls sostuvo: “No es que te hayan echado, es que la sociedad y las normas sociales te han dejado fuera. Después de 35 o 40 años de vida profesional, piensas que te han dejado fuera”.

El edadismo puede manifestarse cuando alguien se dirige al acompañante en vez de hablar con la persona mayor, presupone que no comprenderá determinados asuntos o adopta un tono condescendiente. También aparece en la representación de la vejez como sinónimo de enfermedad, fragilidad y dependencia.

La imagen opuesta, la de una vejez necesariamente joven, viajera, saludable y activa, tampoco refleja todas las experiencias. La salud, los recursos económicos, las necesidades de cuidados y el deseo de participar no son iguales para todas las personas.

Mujeres, autonomía y el derecho a decidir sobre los cuidados

Las mujeres y los hombres no llegan a la jubilación en las mismas condiciones, advirtió Estrella Pineda, responsable de Mujeres, Cultura, Memoria y Núcleos de la Federación de Pensionistas y Jubilados de CCOO de Catalunya. Muchas mujeres interrumpieron sus carreras, redujeron su jornada o abandonaron el mercado laboral para cuidar a hijos, familiares enfermos o personas dependientes.

Manifestantes sostienen carteles con el mensaje «Defender Cataluña es votar a favor del decreto» durante una protesta con cacerolas para reclamar medidas contra los desalojos y la crisis de vivienda. REUTERS/Albert Gea
Manifestantes sostienen carteles con el mensaje «Defender Cataluña es votar a favor del decreto» durante una protesta con cacerolas para reclamar medidas contra los desalojos y la crisis de vivienda. REUTERS/Albert Gea

Las mujeres jubiladas continúan presentes en asociaciones vecinales, entidades culturales, sindicatos y organizaciones no gubernamentales. Pineda mencionó los grupos de ayuda mutua, donde se acompañan para conversar, asistir al teatro o compartir actividades cotidianas.

Mas identificó la infantilización como una de las formas más dañinas de discriminación por edad. Puede adoptar la forma de ayuda no solicitada, decisiones tomadas por otra persona o la presunción de que alguien ya no puede realizar tareas por sí mismo.

La trabajadora social delimitó el sentido de los cuidados: “Quien cuida a una persona mayor debe ayudarla en todo lo que no pueda hacer, pero debe respetar que haga por sí misma todo aquello que todavía puede hacer”.

Elegir dónde vivir, con quién hacerlo y cómo recibir cuidados depende de recursos concretos. La pobreza, la falta de servicios domiciliarios y las listas de espera para ingresar a una residencia pueden limitar esa autonomía y derivar en situaciones de “maltrato institucional”, según Mas.

Las propuestas europeas contra la discriminación etaria

La demanda tuvo otras expresiones en Europa. En Pamplona, la plataforma Mayores frente a la Crisis, integrada por organizaciones de personas jubiladas y pensionistas, se manifestó para reclamar pensiones dignas y reforzar la atención sanitaria y los servicios de cuidados.

En Alemania, BAGSO, federación alemana de organizaciones de personas mayores promovió la campaña descentralizada JA zum Alter, “Sí a la vejez”. La iniciativa invitó a municipios, comunidades y organizaciones a realizar actividades contra los estereotipos asociados a la edad.

El edadismo es la discriminación por razón de edad, especialmente de las personas mayores (Europa Press)
La red AGE Platform Europe presentó una propuesta para desarrollar un Plan de Acción de la Unión Europea contra la discriminación etaria.

AGE Platform Europe, red europea de organizaciones de personas mayores, presentó el 1 de octubre de 2025 una propuesta de Plan de Acción de la Unión Europea contra el edadismo. El documento planteó nueve iniciativas, entre ellas revisar la legislación europea desde una perspectiva de igualdad etaria, combatir la discriminación laboral, promover una campaña pública y establecer mecanismos específicos dentro de la Comisión Europea.

El 7 de octubre de 2025 se lanzó el European Parliament Intergenerational Forum, integrado por alrededor de 35 eurodiputados. La iniciativa propuso un nuevo pacto intergeneracional y planteó políticas que contemplaran las necesidades de personas de distintas edades.

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