El abrazo que detuvo el tiempo: las lágrimas de Thiago y el gesto de Antonela Roccuzzo cuando se encontraron con Messi

El delantero se retiró de la selección argentina a los 39 años, con un gol en el triunfo por 3 a 0 ante Benín. Tras el discurso ante un Monumental repleto, llegó el momento emotivo con sus seres queridos

El llanto de Thiago Messi y Antonela Roccuzzo en la despedida de Lionel Messi de la Selección
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Hubo un instante en el que el Estadio Monumental —repleto, vibrante— pareció detener el tiempo. Lionel Messi terminaba de hablar, con nueve minutos de discurso a corazón abierto, y entonces llegó el momento que nadie tenía en el guion: su hijo mayor, Thiago, rompió en llanto entre sus brazos. Fue en pleno show de cierre, mientras el Grupo Cali ponía música a la despedida con Sergio Torres en la voz, y la imagen que quedará grabada no fue la de un ídolo ante ochenta mil personas, sino la de un padre que contiene a su hijo en el centro del campo.

Antonela Roccuzzo se sumó al abrazo instantes después y les acarició la espalda, buscando darles consuelo. La familia Messi caminó lenta, casi en procesión, hacia los vestuarios, y la multitud los acompañó con una ovación que se fundió con la música. Así cerró el martes 6 de octubre de 2026: el día en que el mejor jugador de la historia le dijo adiós a la selección argentina, la camiseta que eligió defender hace 21 años.

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Thiago, las lágrimas y el abrazo que detuvo todo

El show sorpresa había arrancado cuando el Grupo Cali tomó el escenario después del discurso de Messi. La atmósfera era de fiesta y de duelo al mismo tiempo, esa mezcla extraña que solo se da cuando algo termina bien y para siempre. Fue en ese clima en el que Thiago, el mayor de los tres hijos del capitán, no pudo contener la emoción. El joven estalló en lágrimas y buscó a su padre, que lo recibió con los brazos abiertos en el centro de una cancha que lo había visto levantar títulos, marcar récords y, sobre todo, llorar de alegría. Esta vez, quien lloraba era el chico que creció viendo todo eso de cerca.

Roccuzzo esperó su turno y el abrazo se extendió. Mateo y Ciro, los otros dos hijos de la pareja, completaron la postal familiar. Messi, que minutos antes había reconocido que “el no venir más me va a costar mucho”, encontró en ese abrazo algo que ningún trofeo puede dar. Los hijos también lo habían acompañado en el momento de su ingreso al campo.

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Resumen - Despedida de Messi de la Seleccion argentina - Argentina 3-0 Benín

“Hoy es el día más triste de mi carrera”

Antes de que la familia tomara el campo, Messi había pronunciado palabras que el Monumental recibió emocionado. Recordó a su padre, fallecido el 8 de agosto pasado, como el primer pensamiento de la noche: “En lo primero que pienso es en mi viejo”, dijo. Luego habló del orgullo de defender la camiseta “hasta en los peores momentos”, de lo que significó ganar el Mundial, las Copas América y La Finalissima junto a ese grupo, y de la dificultad de pronunciar la palabra final.

“Estoy hablando más que nunca y no me quiero ir de acá”, admitió cerca del cierre, antes de resumir su sentimiento en una frase que condensó todo: “Hoy, nuevamente acá, es el día más triste de mi carrera, porque voy a extrañar estar defendiendo los colores de la Selección”.

También hubo lugar para un mensaje hacia adelante. Advirtió que “van a venir momentos malos, seguro, porque no es normal lo que se hizo todo este tiempo”, y llamó a la unidad como condición para volver a conseguir objetivos grandes. Esas palabras desataron una de las ovaciones más fuertes de la noche.

Entre sus compañeros, quien más visiblemente acusó el golpe fue Enzo Fernández. El volante del Chelsea lloró de manera desconsolada durante todo el discurso, sin intentar ocultarlo. El vínculo entre ambos tiene historia propia: en 2016, cuando Messi renunció a la Selección tras la derrota en la final de la Copa América ante Chile, Fernández —entonces un adolescente— le escribió una carta pidiéndole que volviera. Leo volvió. Años después, fueron campeones del mundo juntos.

La despedida oficial había comenzado horas antes, con una goleada 3-0 ante Benín (en la que anotó la tercera conquista) que funcionó como telón previo. Pero la verdadera ceremonia de cierre fue la que vino después: el discurso, el show sorpresa y, sobre todo, ese abrazo familiar en el verde del Monumental. La última imagen que dejó fue la de un padre que abraza a su hijo.

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