En un nuevo episodio de La Fórmula Podcast, el médico gastroenterólogo Fabio Nachman habló sobre la salud intestinal, el impacto de la microbiota y la relación entre lo que comemos y nuestro bienestar general. Explicó que hoy muchas enfermedades se estudian en relación con la microbiota a nivel poblacional, pero todavía no existe una manera precisa de analizarla de forma individual, y remarcó la importancia de no normalizar los síntomas digestivos.
El especialista profundizó en la conexión entre el cerebro y el intestino, aclaró qué dice realmente la evidencia científica sobre temas como el gluten, el SIBO, los jugos detox y el ayuno intermitente, y cuestionó muchas tendencias virales vinculadas al bienestar. Además, destacó que las claves para una buena salud digestiva y una mayor longevidad siguen siendo las más simples y respaldadas por la evidencia. El episodio completo podés escucharlo en Spotify y YouTube.
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Fabio es médico gastroenterólogo, especialista en clínica médica y referente en salud digestiva en Argentina. Se graduó en la Universidad Nacional de Rosario, realizó su residencia en el Hospital Militar Central y completó su formación en gastroenterología en el Hospital de Gastroenterología Dr. Carlos Bonorino Udaondo. Actualmente se desempeña como jefe del Servicio de Gastroenterología del Hospital Universitario de la Fundación Favaloro, donde además impulsa actividades académicas y de formación médica. Fue presidente de la Sociedad Argentina de Gastroenterología (SAGE), es autor de publicaciones científicas y del libro “Nuestra salud digestiva”. Se destaca por su labor de divulgación sobre alimentación, microbiota, prevención del cáncer colorrectal y enfermedades digestivas tanto en medios de comunicación como en redes sociales.

— Quiero aprovechar esta conversación para hablar de nuestra salud intestinal, la microbiota y cómo lo que comemos puede afectar desde nuestro estado de ánimo hasta la aparición de posibles enfermedades. ¿Cuál te parece que es un buen punto de partida?
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— Bueno, quizá lo más difícil es establecer qué es la salud digestiva. Es un término bastante amplio en el cual, por lo general, primero decimos que hay salud cuando no hay alguna enfermedad orgánica que uno pueda detectar, o determinar mediante estudios. Y luego, el hecho de que no haya síntomas o que no haya disconfort y que la persona tenga buena calidad de vida y no esté sufriendo por algún síntoma abdominal. Entonces, uno podría establecer la salud digestiva por ese lado.
Es muy importante detectar los síntomas y no normalizarlos, porque a veces puede haber lo que los médicos decimos banderas rojas o signos de alarma, que es conveniente atacar alguna enfermedad lo más temprano posible para evitar que esta enfermedad pueda progresar. Y lo otro es cómo cuidar la microbiota. En realidad, la microbiota en las últimas décadas ganó mucho interés, porque a partir de que se puede secuenciar los genes, mediante un aparato, se puede ver el ADN de tanto bacterias, virus, parásitos, protozoos, arqueas, que está en la microbiota, es que uno puede empezar a estudiar y va viendo diferentes patrones de la microbiota. Pero esto no es que uno tiene que preocuparse cómo está mi microbiota ahora, sino que lo que estamos viendo es que muchas enfermedades pueden estar relacionadas con alteración de la microbiota o inclusive algunas enfermedades pueden alterar la microbiota.
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Pero poder o querer identificar cómo cada uno tiene la microbiota, lamentablemente por ahora no podemos saberlo. No hay un patrón en el cual uno pueda decir: “Bueno, yo me estudié la microbiota y tengo la microbiota ideal” o “si tengo tal o predomina tal bacteria, voy a tener tal otra enfermedad”. Inclusive hay test que estudian la microbiota para secuenciación, pero eso lo estamos utilizando a nivel investigación para ver poblaciones, para ver enfermedades y para qué lado va la microbiota, pero no poder establecerlo de manera individual. Digamos, un estudio de la microbiota de una persona no me dice absolutamente nada, me va a dar un informe con muchos nombres raros. Pero eso no me va a predecir ni me va a hacer un diagnóstico de una enfermedad, ni va a decir cómo me estoy alimentando. Eso lo vemos más bien a nivel poblacional, de grandes grupos a nivel país, de acuerdo a la alimentación. Tomamos un grupo con pacientes con colitis ulcerosa, otros con enfermedad celíaca, otros que no consumen tal producto y de grandes grupos de personas podemos ver tendencias. Pero no se hace diagnóstico.
— ¿Por qué entonces, si es algo que no se puede testear y sus resultados no me van a decir nada de en qué condiciones está mi intestino ni cómo está mi salud intestinal, por qué se habla tanto de la microbiota?
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— Porque está ganando mucho interés. Primero, cada vez se conocen más funciones que va haciendo la microbiota, como síntesis de vitaminas, por ejemplo, que son esenciales, porque marca un equilibrio en todo el organismo. Pero esto es a través de grandes estudios, no de manera individualizada. No, porque me venga un paciente, yo puedo suponer que por ahí tiene una disbiosis, un disbalance en la microbiota por la forma en que nació, si fue por parto cesárea, si recibió muchos antibióticos, de acuerdo a la alimentación. Pero eso da una hipótesis, no me da una confirmación.
Uno siempre apunta a decir: “Bueno, sabemos que tales poblaciones con tal alimentación tienen aparentemente una microbiota más antiinflamatoria, que generan unos productos que son preciados, que son los ácidos grasos de cadena corta, que son sustancias que se producen a través del metabolismo de fibras, como están las frutas, las verduras, los granos enteros. Eso genera unos ácidos grasos que son antiinflamatorios y nutren todo lo que es la pared intestinal. No solo a nivel intestinal, sino a nivel general, el organismo, la barrera hematoencefálica y todo eso predice que probablemente haya menos enfermedades, por ejemplo, de deterioro cognitivo, enfermedades cardiovasculares, pero son todos trabajos poblacionales.
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Entonces, a partir de ahí uno da recomendaciones. Por ejemplo: extremar una alimentación pura y exclusivamente con proteínas, sabemos que la microbiota se altera, hay más metabolismo de estas proteínas a nivel de la microbiota y genera sustancias que están más relacionadas con el cáncer de colon, ¿sí? Entonces, a partir de ahí uno da recomendaciones, pero es difícil poder establecer o que venga un paciente y me diga: “Yo quiero saber cómo está mi microbiota o quiero mejorar mi microbiota”. Bueno, no, la realidad es que lo que sabemos es que uno puede trabajar sobre supuestos, pero de ahí a dar respuestas absolutas, no, por ahora no.

— Hablemos de la relación cerebro-intestino, un tema que también se puso muy de moda en los últimos tiempos. Antes se pensaba que era una conexión unidireccional, pero hoy se sabe que es bidireccional. ¿El intestino también envía señales al cerebro y eso puede afectar el estado de ánimo u otros aspectos?
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— Sí, en general, hay casi una extensión, hay un nervio que comunica físico, que es el nervio vago o neumogástrico o el décimo par, que comunica el sistema nervioso central con el aparato digestivo. Esto tiene un sentido bidireccional, o sea, el sistema nervioso manda señales que directamente llegan a las células intestinales y pueden hacerla cambiar la secreción, por ejemplo, o el movimiento, así como también pasa a nivel cardiovascular. Con alguna emoción nos taquicardizamos. Esa misma conexión está con el intestino. Y en el sentido inverso es que este nervio también es muy sensorial. Muchas terminales nerviosas que están en el intestino llegan o son transmitidas al sistema nervioso. De ahí, esta comunicación es física.
Después hay una comunicación que es vía hematógena, que es a través de la liberación de sustancias, sobre todo la microbiota, pueden llegar al sistema nervioso central. De esto, hay muchas sustancias o neurotransmisores, que son aquellas sustancias que ayudan a comunicar entre neurona y neurona, y por eso se habla de la serotonina, todo esto que por ahí mejora el estado de ánimo, está muy en duda que los neurotransmisores que se generan a nivel intestinal puedan atravesar la barrera hematoencefálica. Se cree que estos neurotransmisores son directamente sintetizados en el sistema nervioso central. Que la microbiota genere serotonina no lo va a garantizar felicidad.
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Porque no queda claro que los productos que produce la microbiota terminen sí o sí en el sistema nervioso central. Hay tumores que generan estas sustancias, las sintetizan y aumentan mucho el organismo, y no por eso una persona que tiene un tumor de cierta generación de una sustancia, va a estar feliz. Esas personas también se deprimen. Entonces, no está claro que los neurotransmisores de estas sustancias atraviesen la barrera. Pero sí, cuando hay tema de salud y todo está funcionando bien, probablemente la persona tenga mejor estado de ánimo.
Te doy ejemplos. La enfermedad celíaca o la sensibilidad al trigo no celíaca son enfermedades que se inician muchas veces con un compromiso a nivel intestinal y las personas tienen cambios en el estado de ánimo. Todavía no se entiende muy bien por qué, si esto es porque va transmitido a través del nervio vago o hay alguna sustancia inflamatoria que está pasando la barrera hematoencefálica y esas señales llegan al cerebro. Entonces, son todos supuestos. Uno trabaja sobre poblaciones y ve los cambios. Yo, por ejemplo, realicé un trabajo sobre calidad de vida en pacientes celíacos al momento del diagnóstico y una vez que empezaba el tratamiento, y los pacientes a los tres meses ya les cambia el estado anímico, dejan de tener vaivenes en el estado anímico, mejora la depresión, pero realmente poder asumir el mecanismo fisiopatológico es apresurado.
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Nos gustaría, el mensaje está bueno, decir: “Bueno, si el intestino está bien, vas a estar bien de tu estado anímico”. Pero hay un acompañamiento, pero no está claro el mecanismo. También hay mediadores inflamatorios. Cuando hay una enfermedad se liberan sustancias que son inflamatorias y eso lo recibe todo el organismo, lo recibe el sistema cardiovascular, el cerebro y por eso también puede haber cambios en el estado anímico. Es difícil poder establecer las patologías a nivel del estado anímico porque son hasta condiciones, no son enfermedades. El organismo es muchísimo más complejo.

— Cuando un paciente no llega con un diagnóstico o un problema puntual, sino con la intención de mejorar su salud intestinal —tal vez pensando en la longevidad, en vivir mejor y en tener una salud integral—, ¿cuáles son, para vos, las claves?
— Vamos a la evidencia. Obviamente todo está relacionado no solo con la salud intestinal, sino con la salud en general. Una buena alimentación, que sea una alimentación variada. No hace falta restricciones, pero sí que haya una base de una alimentación, sobre todo que contenga verduras, frutas, semillas, frutos secos, cereales integrales, que tenga carne, pero no hace falta comer carne todos los días, que tenga pescado. Puede haber un ultraprocesado. Nadie se va a morir por comer un ultraprocesado. El tema son los abusos. Si uno puede evitar los ultraprocesados, mejor. Después, la actividad física es clave. La alimentación, la actividad física regular, el peso estable -que también está relacionado no solo con la salud intestinal sino cardiovascular, del sistema nervioso-, las relaciones interpersonales y el buen descanso. Eso es lo que está evidenciado y eso es lo que mejor genera una salud intestinal. La salud pasa por ahí. También mirando para atrás, no es lo mismo que un paciente nazca por cesárea o por parto.
El hecho de nacer por cesárea ya hace presuponer que la microbiota ya puede estar alterada, que haya recibido muchos antibióticos, que no haya tenido un crecimiento en una zona rural, en contacto con otros chicos, en contacto con el césped, con mascotas. El hecho de haber cuadros de estrés y todo eso también puede repercutir en cómo puede estar la salud intestinal.
— El otro día vino un doctor al podcast y hablábamos de cómo la medicina avanza hacia un modelo cada vez más personalizado. ¿Creés que con la alimentación pasa lo mismo? ¿En un escenario ideal, de acá a unos años, cada persona podrá saber exactamente qué necesita comer?
— Por lo general, uno puede dar recomendaciones generales de estilo de alimentación. Pasa que a veces esas recomendaciones pueden generar síntomas abdominales que le generan disconfort a la persona. Lo que intentamos es personalizar, pero más bien a nivel clínico, quizá con algún profesional, un nutricionista o una nutricionista que lo que haga es ver cómo absorbe todos los prebióticos que están en la alimentación. Entonces, decir: “No te pases de media cebolla, un alcaucil, un espárrago, una manzana, porque si no, probablemente a la hora estés distendida y con dolor y te molesten los gases”. Va por ese lado. Pero en general la recomendación, y por lo que se ve a nivel poblacional, es que la alimentación tiene que ser variada, con verduras, con frutas. La mejor dieta es la mediterránea, donde también tiene un pilar central que es el aceite de oliva.
La dieta mediterránea tiene más de 13 mil publicaciones científicas. ¿Y quién lo avala? La realidad es que estamos buscando permanentemente que las personas tengan mejor calidad de vida, mayor longevidad, todo eso se va estudiando y lo que tiene más evidencia desde el punto de vista de patrón alimentario es la dieta mediterránea, acompañado de muchos alimentos que hoy son mencionados como venenos, como el gluten. En Cerdeña, por ejemplo, que es una de las regiones azules a nivel mundial, donde hay mayor longevidad, mejor calidad de vida, parte fundamental de la dieta tiene que ver con el trigo.

— ¿Y por qué hoy está demonizado?
— Por la mala información. El hecho de que haya una publicación científica no transforma algo en la verdad absoluta. Hay distintos niveles de evidencia en las publicaciones científicas. Así y todo, la ciencia se equivoca y el mensaje es antagónico muchas veces, diametralmente opuesto a lo que se daba previamente. Y porque aparecen algunos trabajos piloto donde muestran o agarran diez pacientes y miden proporcionando gluten en uno, otro alimento en otro. A partir de ahí ya se torna en una teoría a rajatabla y no pasa por ahí. Un trabajo hay que hacerlo, rehacerlo, hacerlo por otros grupos, reanalizar, juntar varios grupos, hacer metaanálisis y a partir de ahí sacar una conclusión.
No porque haya un trabajo piloto con 40 pacientes, uno puede dar algo por sentado. Otro trabajo bastante reciente, que tendrá un año o dos casi, se tomó todo un grupo de pacientes con enfermedad celíaca recién diagnosticada y se analizó la microbiota de estos pacientes al momento del diagnóstico y luego de un año de tratamiento. Y lo que se vio es que la microbiota se empobrecía sin gluten porque el trigo tiene fructanos, que son prebióticos, entonces eso estimula la diversidad de la microbiota. El análisis en estos pacientes fue que la microbiota era menos diversa y bajaban todas las bacterias que son antiinflamatorias, que generan el butirato.
— ¿Entonces, creés que salvo que una persona que sufre celiaquía o algo que un médico te haya diagnosticado, comer sin gluten no tiene ningún tipo de sentido?
— No, absolutamente ninguno. Por lo menos por ahora. No decimos que por ahí de acá a un año alguien pueda evidenciar algo contrario, pero por ahora, la única persona que se beneficia de no comer gluten es el celíaco. Hay otra entidad que es un grupo que está subdiagnosticado, un grupo importante, podría llegar al 20 por ciento de la población general, que tiene algo que se llaman sensibilidades alimentarias. Es que el sistema inmune reacciona a algún componente del trigo, que no parece ser el gluten, sino otra proteína, que genera síntomas similares a la enfermedad celíaca, como síntomas digestivos, cualquiera, constipación, diarrea, distensión, dolor, reflujo, y también genera síntomas extra digestivos. Cambios de estado de ánimo, cefalea, neblina mental, mucho cansancio, dolor corporal, manifestaciones en la piel. Pero no hay algo orgánico que uno puede decir: “Un paciente sensible al trigo tiene tal cambio a nivel intestinal”. Uno no lo ve y no hay marcadores, hay que sospecharlo. Entonces, en esos pacientes uno hace la exclusión del trigo, no del gluten, si querés darte diferencia lo que es el gluten del trigo, estos pacientes mejoran mucho los síntomas.
Y ahí uno hace el diagnóstico, pero no pasa por el gluten, sino por otro componente, aparentemente otra proteína, que se llaman ATI, que son unos antinutrientes que son como la defensa del trigo. Parecería esto generar una respuesta inmune, que es algo muy fluido, es difícil porque no es tangible. Lo que pasa es que el paciente, muchos pacientes, por ahí con años de cefalea o depresión, suspenden el trigo y mejoran. La diferencia entre gluten y trigo, o TAC también, TAC es, sin TAC es trigo, avena, cebada, centeno. El gluten son dos proteínas que están en el trigo, también están en la cebada y en el centeno, pero están muy presentes en todos los alimentos, en toda la manufactura. Muchas cosas contienen gluten. Un dentífrico puede contener gluten, un café que esté contaminado, yerba mate, una lata de tomate. Por eso permanentemente hay entidades que lo que hacen es controlar los productos manufacturados y decir: “Esto tiene menos de...”
Es una medida que son diez trazas, que son miligramos de gluten que puede contener un envase. Por eso hoy se amplía más el término y ya no se dice más sin TACC, se dice sin gluten, porque uno está siendo más abarcativo. Porque una lata de tomate no iba a tener trigo, avena, cebada, centeno, sino lo que uno quiere garantizar es que no tenga gluten. Entonces, el trigo puede tener gluten, pero no todo el gluten pasa por el trigo. Y ahí se genera una gran confusión.
— Hay algo que se puso muy de moda, que son los jugos detox. Mucha gente argumenta que sirven para purificar el cuerpo. ¿Cuánta verdad hay en eso?
— Ninguna. No es que sea una mala alimentación comer zanahoria, manzana, apio. Todo lo contrario, es excelente. Pero de ahí a que eso pueda desintoxicarnos, no. El organismo es bastante más sabio de lo que nosotros creemos que podemos ser más sabios que el organismo y tiene sistemas de depuraciones permanentes. El riñón, el hígado, la piel, el sistema respiratorio, y va limpiando permanentemente y va metabolizando aquello que el organismo no necesita. Creer que uno puede tomar un jugo y de esa forma limpiar el hígado, no pasa por ahí. El hígado se autolimpia solito, no se empasta ni se tapa ni nada por el estilo. Tiene un sistema de filtración donde pasa tanto sangre venosa, sangre arterial, y tiene todo un sistema de canalículos que va pasando, va teniendo contacto con los hepatocitos y los hepatocitos, de acuerdo a diferentes vías de metabolización, va limpiando las impurezas y algunas pasan por la bilis y terminan a nivel del intestino y lo termina defecando. A nivel renal también y a nivel de piel y respiratorio.
Consumir un jugo detox, si lo quieren hacer está bien, no está mal. Pero no va a generar ningún beneficio. Sí le puede generar síntoma digestivo, obviamente, porque es una sobrecarga muchas veces de una fibra importante a nivel intestinal y termina generando distensión intestinal. Y después, considerar que todo lo sano es totalmente inocuo, no pasa por ahí. No vamos a criticar los alimentos, pero sobrecargar con algunas sustancias que están en los alimentos tiene acción farmacológica también. Uno no tiene un uso ilimitado de paracetamol porque va a terminar generando una falla hepática, pero tampoco podemos tener un uso indiscriminado de curcumina, porque la cúrcuma tiene toda la buena prensa, pero si uno se extralimita la curcumina también tiene falla hepática.
Si uno se extralimita en el consumo de té verde también puede tener falla hepática o la ashwagandha. Los productos naturales también tienen un límite en el que el organismo necesita depurar si nosotros lo saturamos. La mejor forma de desintoxicarnos es no intoxicarnos, no exagerar con las cosas, tratar de no consumir, obviamente, la menor cantidad de alcohol posible, porque eso sí deteriora el funcionamiento hepático, sobre todo añejado grasoso también es un factor sumatorio de daño.
Pero lo que podemos hacer es no agredir a nuestro organismo, no interponerse en lo que es la depuración natural que el mismo organismo se ocupa. Muchas veces se abusa de algunas sustancias, por prensa, por el conocimiento, por lo que fuera, que termina generando un daño. Entonces, no todo producto natural no es inocuo para el organismo. En general lo que se recomienda es el alimento natural. Lo que está avalado son alimentos naturales, frutas, carne, verduras, frutos secos, es lo mejor que se pueda. Sí, obviamente que hay cosas que tienen buena prensa y tienen mucho trabajo. Si algo tiene mucho trabajo, por ejemplo, el aceite de oliva. El aceite de oliva tiene muchísimo trabajo de beneficio. Así todo, tampoco es que la gente tenga que levantarse y tomarse dos cucharadas de aceite de oliva.
— Eso está de moda ahora.
— Porque cuando algo tiene fama de que es bueno, la gente va y abusa de eso. Lo que hay que hacer es agarrar una ensalada, un poco de coliflor o brócoli o un pedazo de carne y poner un chorro de aceite de oliva arriba. No hay que complicarse la vida. Hay que ser mucho más simples y no estar enloqueciéndonos o fanatizándonos con algo. Lo más loco es ponerle cúrcuma al termo del mate con pimienta para poder absorber mejor la curcumina. Si estamos acostumbrados a tomar mate, tomemos el mate como viene, pero al que le gusta la cúrcuma y el sabor de la cúrcuma con mate, que lo haga, pero la verdad que beneficio ninguno, porque la cantidad de principio activo que necesitamos para que la curcumina sea antiinflamatoria es muy alto. Se necesitan doce cucharaditas de cúrcuma para que un efecto tenga de manera diaria durante semanas. Y aparte de eso, el daño que puede generar a nivel hepático es idiosincrásico. No hay una medida en que uno puede establecer a partir de esta dosis te hace daño o no. De acuerdo al individuo, cómo genéticamente metaboliza las cosas, puede generar daño o no. Entonces, exponerse a esas cosas no tiene absolutamente ningún sentido. Es no ir a esos extremos, tener una alimentación variada, hacer actividad física, que es quizá una de las cosas que más evidencia tiene a todo nivel, y después evitar los hábitos que sabemos que son dañinos, como el tabaco, el alcohol, buen descanso. Las relaciones interpersonales también tienen muchísimo beneficio y hay mucha evidencia de eso.
— ¿Funciona el ayuno también para limpiarse?
— El organismo no necesita descanso, no necesita ponerse en pausa. No es que uno deja descansar la microbiota o el intestino, o que solo se genera autofagia porque estamos en ayuno. No pasa por ahí. Es más, el organismo mismo, el intestino, todo el tubo digestivo tiene marcapasos. Se contrae a distintas velocidades, con distintas frecuencias. El esófago lo hace de una forma, el estómago lo hace de otra, el intestino delgado de otra y el colon de otra. Cada uno tiene su movimiento, su tiempo, porque tiene distintas funciones. Uno de transporte, el estómago hace la forma de molienda para poder entregar al intestino delgado las partículas o los alimentos lo más chico posible. El intestino delgado tiene lo que se llama peristaltismo, un movimiento motor que va haciendo progresar el alimento a lo largo de todo el intestino. Cuando nosotros estamos en ayuno, existe algo a nivel intestinal que se llama movimiento motor migratorio, que tiene una frecuencia cada tantos minutos se mueve. Por eso a veces cuando uno está en ayuno durante mucho tiempo, tiene hambre, escucha el ruido intestinal y va haciendo que todo el intestino va barriendo todos los detritos que puede tener, las células que se descaman, las secreciones, la bilis y todo eso va recorriendo con este movimiento que tiene el intestino delgado. El organismo está preparado para comer o para no comer.
Por eso, insisto que nosotros nos creemos más inteligentes que nuestro organismo y nuestro organismo es mucho más sabio y está preparado para afrontar todo esto. El tema que también a lo largo de toda nuestra civilización fuimos distorsionando algunas cosas. Por ejemplo, en nuestra alimentación sabemos que, en la medida que fuimos inventando procesos y comodidades, quizás comemos más de lo que tendríamos que comer. No fuimos creados para comernos tres facturas, por ejemplo, con una cantidad de calorías enorme. Nosotros fuimos creados de otra forma para sobrevivir, buscando comida, recolectando. Entonces, hay una distorsión ahí, un sobre abuso. Está la heladera, hoy uno se levanta, va, abre la heladera, tiene acceso al alimento. Antes no existía eso. Entonces la gente veía cómo hacía para conservar el alimento o comía lo que recolectaba y cazaba. Hoy, hay una sobrealimentación, por eso es que tenemos una pandemia de sobrepeso y obesidad, por todo lo que fuimos creando: ultraprocesados, de exceso de hidratos de carbono palatables o hiperpalatables, y societariamente lo fuimos creando así.

— ¿Y la autofagia?
— La autofagia es un proceso que pasa en muchas situaciones, es un proceso fisiológico. Hablar por la autofagia, por el ayuno intermitente, está hecho en ratones donde tiene un metabolismo no sé cuántas veces más rápido que el organismo, que el ser humano. Entonces, poder extrapolar lo que sufre un ratón con doce horas de ayuno no es lo que una persona va a tener en doce horas de ayuno. La autofagia, yo no soy una especialista, pero es el proceso de que se va autofagocitando o autocomiendo detritos o basuras que ya hay en las células que son desechos. De esa forma se van renovando las células y van rejuveneciendo.
La autofagia es permanente en el organismo. El organismo permanentemente descama células, a nivel de la piel, a nivel intestinal. El intestino está en recambio permanente. El intestino delgado tiene vellosidades que son como pelitos que lo que hacen es aumentar la superficie de absorción del intestino y a nivel de las criptas, donde es la parte más baja de esa vellosidad, están duplicándose células todo el tiempo, porque en la parte más apical se van cayendo. Hay un recambio permanente.
El organismo es mucho más sabio de lo que nosotros creemos. Entonces, la autofagia es un proceso fisiológico y es permanente. ¿Dónde puede colaborar un ayuno intermitente? Es en aquellas personas que no tienen conducta, no pueden tener conducta alimentaria. Entonces, en esas personas ayuda a poder establecer un patrón de decir, bueno, no está con el picoteo diario, todo el día. Entonces, si le dan algunas horas en la cual sí se dedica a alimentarse y el resto del tiempo no está alimentándose. Entonces, a esa persona, inclusive como la Sociedad de Nutrología a nivel americano, establece que el ayuno puede ser una forma de darle un patrón alimentario a aquellas personas que no tienen control en la alimentación. Pero después, hablar de un beneficio extra no está evidenciado en humanos. En humanos no hay ninguna evidencia.

— ¿Cuál es la consulta más frecuente que te llega?
— Lo más frecuente son cambios en el estado de ir de cuerpo, el ritmo catártico le decimos nosotros, más constipación, a veces diarrea, y si no, lo que es mucho la distensión abdominal. Predominan la distensión abdominal y el reflujo. Lo que mucha gente dice estar inflamado no es inflamación, sino es distensión abdominal. Y eso, uno tiene que tratar de establecer cuál puede ser la causa, puede haber causas orgánicas, que por lo general son las menos, si no tiene que ver más con un funcionamiento, por qué está fermentando de más o porque tiene mucha fermentación o mucha distensión o dolor. Uno a partir de ahí empieza a estudiar. Lo que vimos hace algunos años, que los pacientes celíacos podrían llegar a confundir, porque cuando conocimos la enfermedad celíaca la conocíamos por diarrea y desnutrición, y con el tiempo fuimos viendo que aparecen otros cuadros, inclusive en constipación o en obesidad también, y puede haber síntomas digestivos banales como estos.
Entonces, en ese caso se estudia al paciente que no haya nada orgánico y ahí se empieza a personalizar qué es lo que puede ser. Después, está muy de moda, todo es quizá de pandemia, empezó a hablarse mucho del SIBO. Hoy parece ya la palabra intestino irritable no existe más, es SIBO, aparentemente. Y también esa consulta es muy frecuente. El paciente ya viene con un diagnóstico de SIBO, que teóricamente muchos lo tienen de manera crónica.
El SIBO sí existe, está descrito hace más de un siglo, pero es un cuadro bastante característico que se da en personas que tienen cierta predisposición, como un antecedente quirúrgico o alguna enfermedad que haga que el intestino no se mueva adecuadamente, como diabetes o enfermedades que son del tejido conectivo, colágeno, esclerodermia, todas esas patologías que pueden hacer que el intestino no se mueva y en ese caso aumentan las bacterias. En el intestino delgado suelen estar bacterias más bajas que lo que puede haber en el colon, en el intestino grueso. Cuando el intestino delgado no se mueve adecuadamente, empieza a haber rémora y empiezan a crecer bacterias. Y a partir de ahí puede haber algo que es más diarrea, distensión abdominal, gases. Entonces, mucha gente consulta creyendo que tiene este SIBO porque se hizo muy popular, sobre todo cuando estábamos todos encerrados viendo videos.

— De diez personas que te consultan sobre SIBO, ¿cuántas realmente tienen SIBO?
— Por lo general, las que vienen a consultar por SIBO, ninguna. Aquel paciente que tiene SIBO viene a consultar porque tiene diarrea y está desesperado. El test que hoy se utiliza para el diagnóstico de SIBO no fue creado para el diagnóstico de SIBO. El gold standard, el estudio que es preciso para hacer el diagnóstico de SIBO es mediante una endoscopía que se hace por la boca, se toma un cultivo del intestino, se manda a cultivar y se mide cuántas bacterias hay. Como eso es muy difícil de llevar a cabo, es un proceso muy complejo, se empezó a utilizar este test del aire, que es soplar un aparatito que mide los gases, porque ese test se creó para medir cuánto tiempo pasa de que uno toma o come un producto hasta que llega al colon. Como se vio el comportamiento de los gases, se empezó a interpretar que en muchos pacientes que tienen aumento de las bacterias a nivel del intestino delgado, esos gases empiezan a aumentar antes y se empezaron a hacer algunas conjeturas.
El tema es que la variabilidad que hay entre las personas de la velocidad a nivel intestinal es tan amplia que no se puede establecer un tiempo exacto en el que uno toma un sustrato, como se da en este test, y va a llegar al colon. Entonces, se generan diagnósticos confusos. Es a partir de ahí que se recomienda este test hacerlo a aquellas personas que realmente haya una buena sospecha de un sobrecrecimiento bacteriano. ¿Y en quiénes se sospechan? En estos pacientes que te citaba antes, que pueden tener algún cambio anatómico por alguna cirugía, alguna enfermedad que predisponga al SIBO y que tengan diarrea. En estos pacientes se les pide el test y ese estudio sí tiene un buen pretest, que es un buen ratio diagnóstico. En los otros, pedirles a todo el mundo, aumenta el error diagnóstico. Y después, lo otro que también circula es: “Tengo el diagnóstico de SIBO, pero no voy a empezar el tratamiento antibiótico hasta no hacer la dieta”, porque parece que vienen de la mano. Y en realidad, el tratamiento del SIBO, hasta ahora lo que está evidenciado, que es con antibióticos y no hay absolutamente nada más, no tiene que ver con un cambio de alimentación.

— Hay una dieta muy popular que creo que se llama FODMAP.
— Sí, es baja en FODMAPs. Porque encima también se confunde, uno dice food por alimento, pero es la abreviación de alimentos fermentables de oligosacáridos. Entonces es FODMAPs. Y lo que hace esta alimentación es bajar justamente la cantidad de residuos o estos hidratos de carbono que llegan al colon. Genera menos fermentación y el paciente tiene alivio. Es por eso también que se confunde todo. El aumento de las bacterias a nivel del intestino delgado es una condición en la que uno da un antibiótico y baja esas bacterias y no aumentan instantáneamente. La confusión es: “hice el antibiótico, hice la alimentación y mejoré. Vuelvo a tener la alimentación y me aparece el SIBO de nuevo”. Entonces, hay una confusión enorme. Esta dieta, que es baja en FODMAPs, es una buena herramienta para hacer diagnóstico de las intolerancias alimentarias. Las intolerancias alimentarias son aquellos hidratos de carbono que uno consume en lo cotidiano, ajo, cebolla, papa, calabaza, arroz, manzana, hidratos de carbono que llegan al colon y fermentan y generan distensión.
Estas dietas bajas nos permiten poder establecer cómo es tu capacidad intestinal para absorber, lo que hablábamos antes, determinada cantidad de hidratos de carbono que consumís. No es otra cosa. También te podría decir: bueno, si esta dieta te baja la cantidad de síntomas, ¿por qué no todo el mundo hace esta dieta?
Esta dieta justamente está muy discutida porque mantener esta alimentación por varias semanas lleva a que la microbiota también se empobrezca y empiece a generar disminución de la diversidad y favorece también el crecimiento de tumores. Todo eso también lleva a lo que se denomina disbiosis, que es un cuadro que no tiene claro diagnóstico, no a una persona le voy a decir: “Vos tenés disbiosis seguro”. No, yo digo: “Bueno, nació por cesárea, no tomó teta, recibió antibióticos y tiene mala alimentación, probablemente tenga disbiosis”. Pero no hay nada que confirme. Mantener esa alimentación durante varias semanas hace que la microbiota se empobrezca y favorece a la aparición o la prevalencia de más enfermedades más adelante.

—Hay muchas inyecciones, como Ozempic, y se habla mucho del peso y de mantener bajos los niveles de insulina. Incluso, más allá de estas medicaciones, también se habla de evitar los carbohidratos que generan grandes picos de insulina. ¿Por qué la insulina —o esos picos de insulina— tendrían un efecto sobre nuestro peso?
— Nosotros fuimos creados de una forma, en la cual tenemos un eje hormonal que regula todo lo que comemos. Querer evitar que aumente la insulina es preguntarnos para qué, para qué se creó el páncreas, por qué venimos con páncreas, que genere insulina, que genere glucagón. El tema pasa, obviamente, existe la enfermedad metabólica, existe el sobrepeso, la obesidad, la resistencia a la insulina. Muchas veces hay predisposiciones genéticas que llevan a un individuo a tener resistencia a la insulina, a tener sobrepeso, pero la mayor parte pasa por la distorsión de alimentación que tenemos. Consumimos grandes cantidades de calorías, lo que va a favorecer la resistencia a la insulina. Ir ganando depósitos de grasa va haciendo que en algún momento la insulina vaya siendo menos efectiva y haya menos eficacia y se genera todo un círculo vicioso que termina desencadenando en algo que es el síndrome metabólico, o sea, resistencia a la insulina, hígado graso, hipertensión. Hay factores genéticos y otros que tienen que ver con lo cultural de nuestra forma de alimentación, que muchas veces está distorsionada.
Consumimos más calorías de las que deberíamos consumir, por nuestra forma de alimentación, por la facilidad que tenemos hoy, porque la gente se mueve menos. Pero de ahí a meter en un cuco que la insulina no tiene que subir, habría que preguntarle por qué nos crearon con insulina. La insulina es el mejor anabólico que hay a nivel de organismo. En los mayores crecimientos musculares tiene que ver no solo con ingesta de proteínas, sino de hidratos de carbono. No va a haber alguien que tenga crecimiento muscular, que no ingiere hidratos de carbono. Y el tema de todas estas medicaciones, yo creo que estamos siendo testigos de una era de la medicina que va a resolver todo esto, que es, aquellas personas que no tenían la capacidad de poder controlar el peso, bajar el tejido graso, y ya están apareciendo muchos trabajos de los beneficios que hay a nivel cardiovascular enorme, y están apareciendo algunos trabajos también con tumores, que están relacionados con todo lo que es sobrepeso y obesidad, porque el sobrepeso y la obesidad, al liberar, también, mediadores inflamatorios, favorece a tumores.
Están apareciendo algunos trabajos que estas medicaciones favorecen o detienen el crecimiento tumoral. Pero uno no puede respaldarse solo en eso, porque si uno se aplica un análogo de GLP-1, por ejemplo. Sí, va a bajar el peso, pero también baja el músculo. Donde baja el músculo y suspende esta medicación, va a crecer mucho más el tejido graso que el tejido muscular, porque hacer crecer el tejido muscular cuesta muchísimo más de lo que hace crecer el tejido graso. Entonces, es un acompañamiento, es cambio de estilo de vida, cambio de alimentación, actividad física y ahí sí la medicación. No solo la medicación, porque eso va a fallar.
—Fabio, voy a despedirte con la última pregunta que les hago a todos los invitados: que nos dejes algo. Puede ser una recomendación, algo que hayas leído y te haya gustado o que hayas visto, un alimento, un hábito, una frase que te represente, lo que hoy tengas ganas de dejarnos como cierre.
— Creo que los seres humanos nos complicamos más la vida de lo que deberíamos. La vida es simple y buscamos medidas extremas. Obviamente que uno persigue el ser más longevo y tener mayor calidad de vida, y con eso se persiguen cosas que todavía no tienen evidencia. Muchas veces uno lo ve en las redes sociales, terminan haciendo cosas que son ridículas, que si nos miraran de otro lado y supieran y conocen la verdad, se reirían, porque buscamos cosas que son extremas. Y mucha gente deja de disfrutar la vida, algunos dejan de comer algo, dejan de disfrutar o se sacrifican, o pasan tres, cuatro días sin comer pensando que de esa forma van a vivir más y mejor y nos terminamos complicando la vida con cosas que no tienen evidencia.
— Entonces, como repaso general sería: comer lo más natural posible y variado, alejarse de los ultraprocesados, seguir una dieta mediterránea, hacer ejercicio, dormir bien y tener buenas relaciones personales. ¿Algo más?
— No fumar y tomar poco alcohol. Con eso estamos perfectos.
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