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Cuáles son los 6 factores que afectan el sueño, según la ciencia

Más de 850 millones de adultos padecen insomnio en todo el mundo. La evidencia académica más reciente revela por qué tantas personas pierden el descanso cada noche y qué se puede hacer al respecto

Reloj digital rojo en mesita de noche marca 3:44, con vaso de agua al lado de una cama con almohadas y sábanas en dormitorio oscuro.
Más de 850 millones de adultos en el mundo padecen insomnio clínicamente relevante. En América Latina, casi 2 de cada 3 personas duermen menos de las 7 horas recomendadas por noche. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Casi todos han tenido alguna noche en que el sueño no llegó, o llegó mal. La mente repasando pendientes, el cuerpo que no termina de soltar la tensión del día, un bebé que llora o una deuda que no cierra. Lo que la ciencia viene confirmando es que eso no es mala suerte ni falta de disciplina: hay factores concretos, sistemáticos y ampliamente documentados que erosionan la calidad del descanso y disparan el insomnio en la vida adulta.

Una encuesta sobre más de 2.000 adultos realizada por la American Academy of Sleep Medicine (AASM) y difundida por Prevention los identificó y ordenó lo que ocurre en Estados Unidos. El resultado no sorprende en un contexto global donde el problema dista de ser marginal: un estudio publicado en 2025 estimó que más de 850 millones de adultos padecen insomnio clínicamente relevante en todo el mundo, el equivalente al 16,2% de la población adulta global.

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Infografía sobre los seis factores que afectan el sueño, con un hombre en cama, íconos de familia, trabajo, salud, dinero, y paneles con información.
Los problemas de salud mental, los costos de vivienda y los horarios laborales también aparecieron entre las causas que alteran la calidad del sueño (Imagen Ilustrativa Infobae)

En América Latina, según los últimos datos conocidos gracias a un metaanálisis publicado en 2023, casi uno de cada cuatro adultos presenta algún trastorno del sueño; mientras que una encuesta regional de 2026 fue más lejos: casi dos tercios duermen menos de siete horas por noche.

Los datos de la encuesta ubican a las responsabilidades familiares como el factor más mencionado —45% de los adultos lo señaló como obstáculo para su descanso—, seguidas por el estrés laboral y los problemas de salud física, ambos con 39%. Los problemas de salud mental alcanzan el 37%, los costos de vivienda el 36% y los horarios laborales el 35%. Cada uno tiene respaldo sólido en la literatura científica internacional.

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1. Responsabilidades familiares

Un hombre de rasgos latinos y tres niños (dos niños y una niña) sentados en el suelo de una sala, rodeados de juguetes y libros educativos.
Quienes dedican 20 o más horas semanales al cuidado de otra persona tienen casi 3 veces más riesgo de tener sueño de mala calidad, según un análisis de 2023 basado en datos de cerca de 3.900 adultos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un análisis publicado en Clinical Nursing Research, basado en datos de casi 3.900 adultos estadounidenses, reveló que los cuidadores tenían un 40% más de probabilidad de reportar sueño breve con mala calidad.

Entre quienes dedicaban 20 o más horas semanales al cuidado de otra persona, el riesgo de tener sueño de mala calidad era casi 3 veces mayor. La carga se agudiza con enfermedades de alta exigencia: una revisión sistemática de Sleep Health constató que hasta el 76% de los cuidadores de personas con demencia reportaba mala calidad de sueño, con despertares nocturnos frecuentes y duraciones cortas.

2. Estrés laboral

Ilustración acuarela de una persona con gafas que se cubre el rostro con las manos, sentada frente a un portátil y una taza de café.
El estrés laboral y el insomnio se retroalimentan: la presión en el trabajo deteriora el sueño y la falta de descanso amplifica la percepción de estrés al día siguiente. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La relación entre presión laboral y sueño es consistente en todas las industrias y geografías. Un estudio publicado en Frontiers in Public Health confirmó que el 59,3% de las enfermeras de guardia presentaba trastornos del sueño, con correlación directa entre nivel de estrés y gravedad del deterioro.

Un estudio publicado en Industrial Health identificó la activación cognitiva previa al sueño —el estado de alerta que impide desconectarse al acostarse— como el mecanismo mediador central, responsable de casi la mitad del efecto en contextos de alta demanda laboral.

La relación es además bidireccional: el estrés predice el insomnio y el insomnio predice mayor estrés, según un estudio prospectivo en el Journal of Sleep Research sobre población trabajadora sueca.

3. Problemas de salud física

Persona adulta con ojeras sentada en cama, sostiene tensiómetro digital en brazo izquierdo que marca presión alta, destellos y líneas onduladas.
La coexistencia de varias enfermedades crónicas es un factor de riesgo independiente para el deterioro del sueño: el 59,3% de los pacientes con afecciones crónicas presenta mala calidad de descanso. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio más amplio realizado hasta la fecha con medición objetiva y longitudinal del sueño —Nature Medicine, con casi 7.000 participantes seguidos durante 4,5 años— encontró que la irregularidad del sueño se asocia con mayor incidencia de hipertensión, hiperlipidemia, obesidad y depresión mayor.

Un estudio publicado en el Istanbul Medical Journal en 2026 confirmó que el 59,3% de los pacientes con enfermedades crónicas presentaba mala calidad de sueño y que la multimorbilidad —la coexistencia de varias enfermedades— es un factor de riesgo independiente para el deterioro del descanso.

4. Problemas de salud mental

Un hombre de cabello rizado y barba corta sentado en un sillón con brazos cruzados, frente a la espalda de otra persona. Una lámpara, planta y cuadro decoran la habitación.
Las personas con insomnio tienen 10 veces más probabilidades de padecer depresión y 17 veces más de desarrollar ansiedad que la población general, según investigaciones de Stanford Medicine. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La ansiedad y la depresión no solo conviven con el insomnio: lo predicen y son predichas por él. Una revisión de PLOS Mental Health de 2025 confirmó que el insomnio crónico multiplica entre 2 y 3 veces el riesgo de desarrollar depresión.

Investigaciones de Stanford Medicine publicadas en 2025 añadieron que las personas con insomnio tienen 10 veces más probabilidades de padecer depresión y 17 veces más de padecer ansiedad que la población general.

Un estudio de 2026 en SLEEP con seguimiento de 754 adultos durante un año confirmó la bidireccionalidad y precisó que el sueño ejerce un efecto más fuerte sobre la salud emocional que el que la salud emocional ejerce sobre el sueño.

5. Costos de vivienda y presión económica

Mujer con gafas y suéter beige escribe en una libreta junto a un portátil, un ratón y una calculadora sobre un escritorio de madera.
Quienes atraviesan dificultades financieras tienen más del doble de riesgo de insomnio. La preocupación por deudas y gastos activa un estado de alerta que dificulta la desconexión al acostarse. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La inseguridad financiera afecta el descanso por vías psicológicas y fisiológicas. Un estudio de la Universidad de Rice identificó los comportamientos de estrés previos al sueño —permanecer en tensión al acostarse, repasar deudas, planificar el día siguiente— como el mecanismo que conecta la presión económica con el deterioro del descanso.

En tanto, un estudio de cohorte de Sleep Health de 2025 sobre más de 4.300 adultos en Suiza encontró que quienes atravesaban dificultades económicas tenían más del doble de riesgo de insomnio (odds ratio: 2,11) frente a quienes no las padecían.

6. Horarios de trabajo

Ilustración de un hombre que corre a una oficina, llevando un maletín, con expresión de pánico. Un jefe enfadado le señala. Un reloj marca las 9:35 AM.
Los trabajadores nocturnos permanentes acumulan un 50% más de probabilidad de presentar trastornos del sueño. El organismo resiste la adaptación a los turnos nocturnos incluso con el paso del tiempo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los horarios no convencionales —nocturnos, rotativos o de madrugada— figuran entre los factores con mayor impacto documentado. Una revisión sistemática de BMC Public Health de 2026 —con 22 estudios y más de 21.000 trabajadores de ocho países— concluyó que el trabajo por turnos se asocia con un 42% más de probabilidad de trastornos del sueño respecto del trabajo diurno.

Un estudio en BMJ Open de 2026 sobre más de 280.000 trabajadores del UK Biobank precisó que quienes trabajaban siempre de noche acumulaban un 50% más de probabilidad de presentar trastornos del sueño. El mecanismo es la desincronización circadiana: los turnos nocturnos obligan al organismo a permanecer activo cuando el reloj biológico interno empuja hacia el descanso, y esa contradicción se resiste a la adaptación incluso con el tiempo.

Qué hábitos favorecen el descanso

Mujer durmiendo en una cama con edredón y manta. A su lado, una mesa de noche con planta, lámpara, vaso de agua y jarra. Al fondo, cómoda con libros y jarrones.
Mantener horarios fijos para dormir y despertar, evitar pantallas los 30 a 60 minutos previos al descanso y sostener actividad física regular son las medidas con mayor respaldo científico para mejorar la calidad del sueño. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La privación sostenida del descanso no es inocua: los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos advierten que dormir mal de forma crónica eleva el riesgo de diabetes, enfermedades cardíacas, hipertensión y accidente cerebrovascular, además de deteriorar la memoria y la concentración.

Beth Malow, jefa de la División de Trastornos del Sueño de Vanderbilt Health, explicó en declaraciones a Prevention que cuando el sueño se interrumpe en una etapa profunda, el organismo debe retomar desde el inicio el recorrido normal de las fases del descanso, lo que reduce la sensación de recuperación al día siguiente. La fragmentación puede ser tan perjudicial como la reducción total de horas.

La AASM reunió una serie de pautas de higiene del sueño para quienes enfrentan estas tensiones: delegar responsabilidades de cuidado cuando sea posible, mantener horarios regulares para acostarse y levantarse (incluso los fines de semana), y reservar entre 30 y 60 minutos antes de acostarse para reducir estímulos como pantallas y correos laborales.

La actividad física regular y una alimentación equilibrada también se asocian a mejor calidad de descanso, aunque el ejercicio intenso en las horas previas puede interferir en algunas personas. El Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido añade que una rutina tranquila antes de dormir ayuda al cuerpo a reconocer con mayor claridad el momento de descanso.

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