
Olvidar el motivo por el que se ingresó a una habitación, perder el hilo de una conversación o experimentar dificultades ocasionales para concentrarse son situaciones frecuentes que pueden generar inquietud, especialmente durante la mediana edad.
Estos episodios suelen interpretarse como señales inevitables del envejecimiento, aunque la evidencia científica indica que determinados cambios asociados con el deterioro de la salud cerebral pueden modificarse.
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Un análisis publicado por The Telegraph reunió evidencia sobre los cambios que pueden producir determinados hábitos y las posibilidades de recuperación cuando se modifican.

El medio británico consultó a especialistas como Barbara Sahakian, profesora de neuropsicología clínica de la Universidad de Cambridge; Anya Topiwala, investigadora clínica de la Universidad de Oxford; y Mikaela Bloomberg, investigadora principal del University College London (UCL).
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Sus aportes muestran que algunas modificaciones cerebrales relacionadas con el consumo de alcohol, el tabaquismo, el sedentarismo y la alimentación pueden mejorar con el tiempo.
La capacidad del cerebro para adaptarse
El mecanismo que permite estos cambios recibe el nombre de neuroplasticidad. Según explicó Sahakian a The Telegraph, se trata de la capacidad cerebral para recuperarse de lesiones, adaptarse a nuevas circunstancias y continuar aprendiendo durante toda la vida.
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La especialista distinguió dos formas principales. La neuroplasticidad estructural comprende modificaciones físicas en la anatomía cerebral, como la formación de nuevas conexiones neuronales o la creación de neuronas en determinadas regiones.

La modalidad funcional implica que distintas zonas pueden redistribuir funciones para compensar, por ejemplo, los efectos de una lesión.
Esta capacidad permanece durante la adultez. La evidencia recopilada indicó que algunos cambios pueden comenzar a mejorar en semanas o meses, aunque la recuperación depende de la magnitud del daño y no siempre es completa.
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El alcohol: cambios que pueden empezar a mejorar en pocas semanas
El consumo de alcohol se relaciona con modificaciones en el cerebro incluso en cantidades relativamente bajas. Una investigación dirigida por Topiwala encontró una asociación entre ingerir más de siete unidades semanales, alrededor de tres copas de vino, y una reducción del volumen del hipocampo, una estructura vinculada con la memoria.
El consumo elevado durante períodos prolongados también se relaciona con una disminución de la materia gris, involucrada en procesos como pensamiento, memoria y movimiento, y de la materia blanca, encargada de conectar diferentes regiones cerebrales.
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Topiwala señaló a The Telegraph que la recuperación puede comenzar pocos días o semanas después de abandonar el alcohol y continuar durante seis a 12 meses o más.
Una revisión siguió a personas con trastorno por consumo de alcohol durante períodos de abstinencia y encontró que, después de 7 meses, aumentó de forma significativa el grosor cortical en 25 de las 34 regiones analizadas.
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Las personas con dependencia alcohólica necesitan consultar a un profesional antes de interrumpir el consumo de manera repentina, debido a que la abstinencia puede resultar peligrosa y requerir supervisión médica.
El ejercicio puede beneficiar al hipocampo
La actividad física regular también aparece entre las intervenciones asociadas con modificaciones cerebrales. Un ensayo analizado por los expertos dividió a 120 adultos mayores sedentarios entre un grupo de ejercicio aeróbico y otro dedicado a estiramiento y tonificación.
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Después de un año, quienes realizaron actividad aeróbica registraron un aumento aproximado del 2% en el volumen del hipocampo. Los investigadores estimaron que ese cambio equivalía a revertir aproximadamente uno o dos años de reducción del volumen de esa estructura relacionada con el envejecimiento.
Sahakian explicó que el ejercicio cardiovascular eleva la frecuencia cardíaca y favorece un mayor flujo sanguíneo, con un incremento en el suministro de oxígeno y nutrientes al cerebro.
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Estudios recientes también sugieren que el entrenamiento de fuerza regular puede elevar marcadores asociados a la neuroplasticidad, como la proteína BDNF, además de vincularse con mejoras en la conectividad funcional cerebral y en distintos dominios de la memoria, incluida la memoria espacial.
Aprender algo nuevo también modifica el cerebro
La estimulación intelectual constituye otra vía relacionada con la neuroplasticidad. Sahakian indicó que aprender a tocar un instrumento, estudiar un idioma o adquirir una habilidad desconocida puede activar diferentes regiones cerebrales.

Un estudio de 2023 realizado con 40 estudiantes de Medicina detectó un aumento significativo del volumen de una parte del hipocampo entre una evaluación realizada 19 semanas antes de los exámenes finales y otra tomada una semana después.
La especialista recomendó dedicar 20 a 30 minutos, tres o cuatro veces por semana, a una actividad que todavía no se domine y que represente un desafío.
Abandonar el cigarrillo puede ralentizar el deterioro cognitivo
El tabaquismo afecta los vasos sanguíneos que llevan oxígeno y nutrientes al cerebro y también se relaciona con inflamación y estrés oxidativo. Un análisis de datos del UK Biobank publicado encontró una fuerte asociación entre el antecedente de fumar diariamente y un menor volumen cerebral.

Bloomberg explicó a The Telegraph que algunos cambios neuroquímicos provocados por el tabaquismo crónico comienzan a acercarse a los niveles observados en personas que no fuman durante las semanas y meses posteriores al abandono.
Una investigación de 2025 con datos de más de 9.000 fumadores de 40 años o más, encontró que quienes dejaron de fumar presentaron una disminución más lenta de la memoria y la fluidez verbal durante los años siguientes que quienes continuaron con el hábito.
La alimentación también forma parte del cuidado cerebral
La dieta MIND, que combina elementos de los patrones mediterráneo y DASH, prioriza verduras, frutos rojos, cereales integrales, legumbres, frutos secos y pescado graso, y limita alimentos como carne roja y productos ultraprocesados.

En un ensayo con 37 mujeres con obesidad, una dieta MIND durante tres meses se asoció con mejoras en memoria, reconocimiento verbal y atención, además de un aumento del volumen de una región del lóbulo frontal vinculada con el lenguaje y el control de los impulsos.
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