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Por qué el ovario sería clave en la longevidad femenina, según un estudio

Un trabajo del Buck Institute publicado en Cell introduce la hipótesis de resiliencia reproductiva, un marco que vincula la función de este órgano con la coordinación biológica de otros órganos distantes. Cuál podría ser el significado de la menopausia

Ilustración de un útero femenino, ovarios y trompas de Falopio con líneas luminosas conectadas a relojes de arena, ramas de árbol y hojas verdes.
Un estudio publicado en Cell propone que el ovario puede influir en la longevidad y ayudar a explicar por qué las mujeres viven más que los hombres (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Las mujeres suelen vivir más que los hombres, pero esa diferencia biológica todavía no tiene una explicación cerrada. Parte de la investigación sobre envejecimiento intentó responderla a partir de hormonas, hábitos o factores sociales.

Ahora, un nuevo trabajo propone mirar con más atención un órgano que durante años quedó asociado casi exclusivamente con la fertilidad: el ovario.

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La incógnita previa era si la reproducción y la longevidad funcionaban siempre como fuerzas opuestas. La idea clásica sostiene que un organismo invierte energía en reproducirse a costa del mantenimiento del resto del cuerpo.

Silueta humana transparente con órganos internos conectados por líneas brillantes. Se ven estructuras de ADN, células y cerebros, con tonos azules, violetas y dorados.
La hipótesis de resiliencia reproductiva plantea que la reproducción y el envejecimiento no siempre actúan como fuerzas opuestas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio publicado en la revista Cell plantea que esa relación no sería tan lineal y que, en ciertos contextos biológicos, la reproducción podría quedar vinculada con mecanismos que refuerzan la resistencia del organismo.

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El avance central consiste en una nueva hipótesis, llamada hipótesis de resiliencia reproductiva, que ubica al ovario como un centro de señales con efectos sobre múltiples órganos y sistemas.

Bajo ese marco, la menopausia no aparece solo como el fin de la fertilidad, sino como una transición más amplia en la comunicación entre la función reproductiva y el resto del cuerpo.

La propuesta no ofrece una respuesta definitiva, aunque sí reordena una pregunta clave de la biología del envejecimiento y sugiere nuevas líneas para estudiar la salud femenina.

Útero central de color rojizo, dos trompas de Falopio laterales, dos ovarios de forma ovalada, y la parte superior de la vagina.
El trabajo del Buck Institute for Research on Aging sostiene que, en ciertos contextos biológicos, la reproducción puede reforzar la resistencia del organismo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una hipótesis que cambia el enfoque

El comunicado del Buck Institute for Research on Aging presenta esta perspectiva como una revisión del vínculo entre reproducción y envejecimiento. El trabajo fue desarrollado por Pankaj Kapahi, profesor de la institución, y Parminder Singh, investigador posdoctoral sénior.

Según ese material, la nueva hipótesis busca explicar por qué la reproducción acelera el envejecimiento en algunos escenarios biológicos, mientras en otros aparece asociada con una vida más larga.

La hipótesis de resiliencia reproductiva es un nuevo marco evolutivo para entender por qué la reproducción acelera el envejecimiento en algunos contextos biológicos, pero se asocia con una longevidad excepcional en otros”, afirmó Parminder Singh, investigador posdoctoral sénior del Buck Institute for Research on Aging, según el comunicado de prensa.

Manos de un profesional con bata blanca sostienen un modelo anatómico detallado del sistema reproductor femenino, incluyendo útero, ovarios y trompas de Falopio.
Los autores afirman que la evolución puede favorecer programas biológicos que fortalezcan al cuerpo cuando la supervivencia mejora las oportunidades reproductivas (Imagen Ilustrativa Infobae)

En esa misma línea, agregó que la pregunta central no pasa solo por cuánto se reproduce un organismo, sino por si seguir con vida resulta importante para futuras oportunidades reproductivas, el cuidado de la descendencia o el sostén del grupo.

Según detalla el comunicado, cuando el éxito reproductivo depende de sobrevivir el tiempo suficiente para reproducirse varias veces, cuidar crías o sostener vínculos de parentesco y cooperación, la evolución puede favorecer programas biológicos que fortalezcan la capacidad del cuerpo para tolerar estrés.

Dicho de otro modo, en determinadas especies la reproducción y el mantenimiento del organismo no necesariamente compiten entre sí.

Ilustración de una mujer con el útero y ovarios con quistes, junto a una balanza y elementos abstractos, sobre fondo blanco.
El estudio cita ejemplos de insectos sociales y de la rata topo desnuda para ordenar casos de fertilidad prolongada y vida extensa (Imagen Ilustrativa Infobae)

El trabajo también menciona ejemplos comparativos entre especies. El comunicado señala que ese marco podría ayudar a entender por qué algunas hembras con alta inversión reproductiva, como ciertas reinas de insectos sociales o las reinas de rata topo desnuda, combinan fertilidad prolongada con una vida extensa.

Esos casos no se presentan como prueba concluyente, sino como observaciones que la hipótesis intenta ordenar dentro de una misma explicación.

El ovario más allá de la fertilidad

Uno de los puntos centrales del trabajo consiste en ampliar la mirada sobre el ovario. El comunicado sostiene que no debería entenderse solo como el órgano que produce óvulos y hormonas sexuales, sino también como un nodo de comunicación biológica.

Médico y paciente frente a una pantalla digital con ilustraciones del sistema reproductivo femenino. La mujer se toca el abdomen, el médico señala la imagen.
La investigación describe al ovario como un centro de señales endocrinas, metabólicas, inmunes y paracrinas con efectos sobre múltiples órganos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esa idea lo convierte en una pieza con potencial influencia sobre procesos ligados al metabolismo, el tejido óseo, la inmunidad, la función cerebral, la reparación de tejidos y la señalización entre órganos. “El ovario no debería verse solo como un órgano que produce óvulos y hormonas sexuales”, afirmó Parminder Singh.

“También puede funcionar como un centro de comunicación cuyas señales endocrinas, metabólicas, inmunes y paracrinas, esto es, señales liberadas hacia células cercanas, ayudan a coordinar el estado fisiológico de órganos distantes”, agregó Singh.

Esa red de señales, de acuerdo con el comunicado, opera durante la vida reproductiva y participa en el equilibrio de distintas funciones corporales. Cuando la función ovárica declina, esa comunicación entre el sistema reproductivo y el resto del organismo podría debilitarse.

Imagen conceptual del útero femenino con ovarios y trompas de Falopio, situado dentro de un torso translúcido que revela órganos internos del abdomen.
La menopausia aparece en esta hipótesis como una transición en la comunicación entre la función reproductiva y el resto del cuerpo, y no solo como el fin de la fertilidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

El planteo de los autores indica que ese deterioro dejaría al descubierto vulnerabilidades que antes quedaban amortiguadas.

En ese marco, la menopausia adquiere otro significado. El comunicado indica que no debería verse únicamente como una caída de estrógenos o como el cierre de la etapa fértil.

Pasa a describirse como un punto de inflexión dentro de una pérdida progresiva de resiliencia reproductiva, una noción que alude a la capacidad del sistema para sostener esa coordinación biológica a lo largo del tiempo.

Médico ginecólogo de bata blanca explica modelo anatómico del sistema reproductor femenino a paciente sentada en consultorio.
El trabajo propone revisar la investigación sobre envejecimiento femenino e incorporar la historia reproductiva, la menopausia y la pérdida de señales ováricas en los estudios (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué implicancias abre para la investigación

El estudio plantea que la pérdida de resiliencia reproductiva podría formar parte del envejecimiento femenino y propone revisar cómo se investigan la longevidad y la salud en mujeres.

En ese marco, sugiere registrar de manera sistemática la historia reproductiva en estudios con personas, con datos como pubertad, embarazo, lactancia, menopausia, terapias hormonales y cirugías ováricas.

También cuestiona que la gran mayoría de los estudios preclínicos se haga en machos o en hembras vírgenes, porque eso puede dejar afuera etapas clave de la biología femenina.

Por eso, propone incluir modelos con experiencia reproductiva, etapas posreproductivas y pérdida de señales ováricas. El trabajo no presenta una terapia ni una conclusión definitiva, sino un nuevo marco para estudiar el envejecimiento femenino de forma más amplia.

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