
El durazno ocupa un lugar destacado entre las frutas de carozo por su sabor y su versatilidad en la cocina. Su contenido de antioxidantes, vitaminas y fibra lo convierte en una opción atractiva para quienes buscan mejorar su alimentación. Numerosas investigaciones lo asocian con la protección de la salud cardiovascular, el refuerzo del sistema inmunológico, el cuidado de la piel y la vista, y el apoyo a la función digestiva.
Además de su aporte nutricional, el durazno presenta particularidades que lo diferencian de otras frutas. Su composición lo vincula con beneficios específicos que se reflejan en distintos sistemas del organismo y lo consolidan como un alimento relevante dentro de una dieta equilibrada.
Cuáles son los efectos positivos del durazno en el organismo
Potente fuente de antioxidantes
El grupo de investigación de Texas A&M University y EMBRAPA Brasil reportó en un estudio publicado en Acta Horticulturae que los duraznos contienen elevados niveles de compuestos fenólicos, antocianinas y carotenoides, cuya acción antioxidante protege las células del daño provocado por radicales libres.

Estas moléculas inestables se generan en el cuerpo durante procesos metabólicos normales o por exposición a factores externos como la contaminación y la radiación solar. Si se acumulan en exceso, pueden provocar estrés oxidativo, un desequilibrio que daña las células y favorece el desarrollo de enfermedades crónicas, como ciertos tipos de cáncer, afecciones cardíacas y envejecimiento prematuro. Los antioxidantes, como los presentes en el durazno, ayudan a neutralizarlos y contribuyen a mantener el equilibrio celular.
El análisis de más de cien variedades indicó que los duraznos de pulpa roja igualan o superan a los arándanos en contenido fenólico y capacidad antioxidante. Según los autores, “existe una fuerte correlación entre el total de fenoles y la actividad antioxidante en duraznos y ciruelas”.
Protección de la salud cardiovascular
La Cleveland Clinic remarca que los duraznos contienen potasio, mineral esencial para la regulación de la presión arterial. Estudios citados por la institución revelan que el extracto de durazno, en los casos documentados, puede reducir tanto el colesterol como la presión arterial en estudios con animales.
El consumo de fibra, presente en la piel y pulpa del fruto, también contribuye a la salud del sistema circulatorio al ayudar a controlar los niveles de colesterol.
Refuerzo del sistema inmunológico

Los antioxidantes presentes en los duraznos, especialmente la vitamina C, los carotenoides y los polifenoles, pueden contribuir a fortalecer las defensas del organismo frente a infecciones y enfermedades.
Desde la Universidad Rutgers añaden que un durazno mediano cubre aproximadamente el 15% de los requerimientos diarios de vitamina C y el 6% de vitamina A.
Mejora de la digestión
La Cleveland Clinic destaca que los duraznos contienen tanto fibra soluble como insoluble. La primera estabiliza los niveles de glucosa y ayuda a mantener el colesterol bajo control, mientras que la segunda favorece el tránsito intestinal y previene el estreñimiento. El consumo de la piel incrementa este efecto, ya que ahí se concentra una parte importante de la fibra.
Protección ocular y de la piel

Según la Universidad Rutgers y la Cleveland Clinic, los duraznos son fuente de beta-caroteno, precursor de la vitamina A. Este nutriente resulta indispensable para la salud ocular y la integridad de las mucosas y la piel. Dietas ricas en vitamina A y sus precursores ayudan a prevenir algunos trastornos visuales y enfermedades cutáneas.
Quiénes no deben consumir duraznos
La Universidad de Manchester advierte que el consumo de duraznos puede causar reacciones alérgicas de distinta gravedad. Las personas alérgicas pueden experimentar síntomas leves, como picazón, enrojecimiento e hinchazón en la boca y la garganta, poco después de comer durazno fresco. En algunos casos, los síntomas avanzan e incluyen urticaria, dolor abdominal, vómitos y, en situaciones excepcionales, reacciones graves como la anafilaxia.
Algunas personas toleran el durazno cocido o los productos procesados, pero otras deben evitar cualquier tipo de presentación, ya que el alérgeno puede resistir la cocción. Además, quienes presentan alergia al durazno suelen reaccionar también a otras frutas de la familia de las rosáceas, como manzana, pera, ciruela, albaricoque y cereza, y a veces a frutos secos y ciertos vegetales.
El diagnóstico se realiza mediante historia clínica y pruebas específicas. Si ya hubo reacciones de gravedad, la recomendación principal es evitar por completo el consumo de duraznos y productos que los contengan.
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