Un puñado de nueces al día reduce el potencial inflamatorio de la dieta pasados los 60 años

Un ensayo siguió durante dos años a 319 personas de California y detectó una puntuación inferior en el índice que estima el perfil de la alimentación entre quienes consumieron el fruto seco

Mujer de perfil en una cocina con armarios de madera y una ilustración de nueces enteras y partidas sobre una tela en primer plano.
Un estudio de la Universidad de Loma Linda evaluó los efectos del consumo habitual de nueces en adultos mayores (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La alimentación cotidiana se define a partir de decisiones pequeñas, como elegir una colación o sumar un alimento a las comidas habituales. Con el paso de los años, esos hábitos pueden adquirir mayor importancia dentro de la forma de comer en general.

Las nueces son una de esas opciones. El interés no está únicamente en sus nutrientes, sino en los cambios que pueden observarse cuando se las incorpora de forma sostenida y se compara esa alimentación con otra que no las incluye.

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Esa fue la pregunta que abordó una investigación dirigida por la doctora Sujatha Rajaram, profesora de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Loma Linda, junto con la doctora Lynnley Huey Stern y la investigadora Jayme Brisco. Las tres profesionales explicaron los alcances del trabajo en declaraciones recogidas por Men’s Health.

Infografía con ilustraciones de nueces, gráficos comparativos, seis recuadros numerados con iconos y textos sobre un estudio alimentario.
La investigación analizó las pautas alimentarias de 319 personas de 63 a 79 años durante dos años de seguimiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio publicado por la revista Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics informó que las personas asignadas a consumir entre 30 y 60 gramos por día obtuvieron una puntuación menor en un índice que estima el potencial inflamatorio de la alimentación que el grupo de comparación.

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La investigación comparó dos pautas alimentarias en 319 adultos de 63 a 79 años

El trabajo formó parte de una investigación sobre nueces y envejecimiento saludable, realizada en dos centros. El análisis informado correspondió al grupo de participantes de Loma Linda, en California, donde participaron 319 adultos sanos de entre 63 y 79 años. La edad promedio fue de 69 años y el 66 por ciento eran mujeres.

Primer plano de una mano sosteniendo nueces y almendras, con un contorno de cerebro brillante flotando arriba, ilustrando la nutrición cerebral.
El grupo evaluado consumió entre 30 y 60 gramos diarios de nueces, equivalentes al 15 por ciento de sus calorías diarias. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores asignaron a 166 personas a una alimentación con nueces y a 153 a una pauta de comparación. El primer grupo consumió entre 30 y 60 gramos diarios, cerca del 15 por ciento de las calorías diarias. El segundo no comió nueces y limitó el consumo de otros frutos secos a menos de dos porciones por semana.

Fuera de esas pautas, ambos grupos mantuvieron sus hábitos previos. El protocolo no indicó otros cambios en la alimentación. Por eso, los datos no demuestran que las nueces hayan reemplazado de manera directa productos con azúcar o carbohidratos refinados en cada caso.

El índice estimó la alimentación, no midió la inflamación en sangre

Para observar los cambios en la alimentación, el equipo utilizó el Índice Inflamatorio de la Dieta. Esta herramienta estima si el conjunto de alimentos consumidos se relaciona con una dieta de mayor o menor potencial inflamatorio. No es un análisis de sangre ni mide de forma directa la inflamación del organismo.

Manos de una persona sosteniendo un tazón blanco repleto de nueces peladas sobre una mesa de madera
El equipo empleó el Índice Inflamatorio de la Dieta para estimar la calidad nutricional sin extraer muestras de sangre. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Durante los dos años de seguimiento, los participantes informaron en cinco ocasiones lo que habían comido y bebido durante las 24 horas previas. Con esos registros, los investigadores calcularon el índice de cada grupo.

El análisis tuvo en cuenta factores como la edad, el sexo, el peso corporal, la actividad física, el tabaquismo y el nivel educativo.

El grupo que incorporó nueces obtuvo un puntaje promedio de menos 0,025, frente a 0,615 en el grupo de comparación. La diferencia fue estadísticamente significativa, es decir, el análisis indicó que difícilmente se explique por azar.

El puntaje más bajo señaló que, de acuerdo con lo que informaron los participantes sobre su alimentación, el grupo que consumió nueces tuvo una alimentación con menor potencial inflamatorio estimado.

Un tazón de madera lleno de nueces peladas sobre una superficie de madera oscura
Las personas que comieron nueces obtuvieron un puntaje de menos 0,025 en el índice frente al 0,615 del grupo de control. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Rajaram, investigadora principal del trabajo, afirmó en declaraciones recogidas por Men’s Health que incorporar nueces se asoció con un cambio hacia una forma de comer menos inflamatoria.

La profesora agregó que una elección de este tipo puede contribuir a la calidad general de la alimentación, sin presentarla como una medida suficiente por sí misma. El análisis observó que las dietas con puntajes más bajos incluían mayores aportes de omega 3, magnesio, fibra y proteínas.

En cambio, una mayor presencia de grasas totales y grasas saturadas se relacionó con puntajes más altos. Estos datos describen las características de las alimentaciones evaluadas y no permiten atribuir el resultado a un solo componente.

El resultado no demuestra prevención de enfermedades

La investigación comparó el potencial inflamatorio estimado de las dietas, no la aparición de enfermedades, la expectativa de vida ni el efecto de las nueces sobre diagnósticos específicos.

Mujer de cabello canoso sentada a una mesa de madera con un cuenco con nueces y una nuez en la mano cerca de la boca.
Los investigadores señalaron que los hallazgos no prueban la prevención de enfermedades ni el aumento de la expectativa de vida. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por ese motivo, los resultados no prueban que este alimento prevenga problemas de salud. Tampoco permiten afirmar que todas las personas mayores obtendrán el mismo resultado con una cantidad similar.

La diferencia se registró en adultos sanos de Loma Linda, bajo las pautas definidas durante dos años de estudio. El artículo científico consignó el financiamiento de la Comisión de Nueces de California, un dato relevante para evaluar el contexto del trabajo.

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