
Preparar la receta que te salió en internet, comprar alimentos que ya tenías, pero que se agotan con frecuencia o simplemente calcular mal las raciones.
Son muchas las razones por las que las personas acabamos comprando alimentos que se quedan al fondo de los armarios y que, meses más tarde, al revisar la despensa, se dan cuenta de que han superado su consumo preferente. Y es justo en el momento en el que se revisa el etiquetado, cuando surgen las dudas entre los consumidores.

Qué pasa si comes una alimento una vez ha pasado su fecha de consumo preferente
La fecha de consumo preferente, aunque no implica un riesgo inmediato para la salud una vez superada, marca el límite hasta el cual un alimento mantiene su calidad óptima. No obstante, ciertos productos deben ser descartados después de esta fecha debido a riesgos de contaminación bacteriana o pérdida de propiedades esenciales. Expertos en seguridad alimentaria, como la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), alertan sobre los peligros asociados al consumo de alimentos pasados de fecha.
Los lácteos frescos, como yogures, leches pasteurizadas y quesos frescos, son altamente perecederos. Superada la fecha de consumo preferente, pueden proliferar bacterias peligrosas, lo que representa un riesgo importante para la salud. De igual forma, carnes y embutidos, como salchichas o jamón cocido, pierden rápidamente sus propiedades tras la fecha indicada. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), consumir estos productos en mal estado puede ocasionar intoxicaciones por bacterias como Salmonella o E. coli.
Los huevos también presentan riesgos después de la fecha de consumo preferente. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) subraya que su consumo posterior incrementa el riesgo de infecciones por Salmonella. En el caso de pescados y mariscos frescos, la descomposición produce toxinas peligrosas, como histaminas, que persisten incluso tras la cocción. La EFSA recomienda no exceder la fecha indicada para estos productos.
Por otro lado, los alimentos secos, como pastas, arroz y harina, tienen una mayor tolerancia a la caducidad. A pesar de ello, es importante verificar su estado, asegurándose de que no haya señales de plagas o rancidez. Ante cualquier duda, se recomienda revisar el etiquetado, el olor y el aspecto visual del producto antes de consumirlo.
Qué diferencia hay entre la fecha de caducidad y de consumo preferente
En este sentido, conviene recordar que aunque la fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente se utilizan para hablar sobre el tiempo de vida útil del producto, el significado y las aplicaciones que tienen son distintas.
De este modo, la fecha de caducidad es la fecha límite hasta la cual un alimento puede consumirse de manera segura. Después de esta fecha, el producto puede representar un riesgo para la salud, ya que se considera que ha perdido todas sus propiedades y puede haber un crecimiento de bacterias o deterioro. Esta fecha es especialmente relevante para alimentos altamente perecederos, como carnes frescas, pescados y productos lácteos. Superar la fecha de caducidad puede acarrear riesgos graves para la salud, por lo que su cumplimiento es crucial.
Por otro lado, la fecha de consumo preferente indica hasta cuándo un alimento mantiene sus propiedades óptimas de sabor, textura y valor nutricional. Tras esta fecha, el producto puede seguir siendo seguro para el consumo, aunque es probable que haya una pérdida de calidad.
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