
Los microplásticos y nanoplásticos ya no son solo residuos visibles en playas, ríos o calles. Las investigaciones los identificaron en alimentos, agua, aire y distintas muestras humanas, lo que muestra que la exposición está extendida.
El principal dato comprobado es que estas partículas llegan al organismo por la ingestión y la inhalación.
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Un informe de 2026 del Centro Australiano para el Control de Enfermedades reunió la información disponible sobre las fuentes de exposición, las partículas detectadas en el cuerpo y los efectos observados en ensayos de laboratorio, según el informe publicado por el organismo australiano.

El avance de la investigación permite describir con mayor precisión dónde aparecen estas partículas, cómo se las mide y qué respuestas biológicas se observaron en estudios experimentales.
Ese conocimiento es relevante para entender por qué la contaminación plástica dejó de ser un problema limitado al ambiente y pasó a formar parte de la agenda sanitaria.
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Los alimentos, el agua y el aire son las principales vías de contacto
Los microplásticos son partículas de plástico de menos de 5 milímetros. Los nanoplásticos tienen un tamaño aún menor.
Ambos pueden formarse cuando residuos plásticos grandes se degradan en el ambiente, aunque también provienen de fuentes como las fibras liberadas por algunos textiles sintéticos.

El informe del organismo australiano señala que la ingestión de alimentos y agua contaminados, junto con la inhalación de partículas presentes en el aire, son las principales vías de exposición.
Las partículas que se inhalan pueden permanecer en las vías respiratorias o quedar atrapadas en la mucosidad y ser ingeridas posteriormente.
Según el documento, estas partículas aparecen en distintos medios y productos de uso habitual. Estas partículas pueden desplazarse por el ambiente, incorporarse a cadenas alimentarias y entrar en contacto con las personas a través de más de una vía.
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Las partículas fueron detectadas en sangre, tejidos y otros fluidos humanos
El informe australiano reúne investigaciones que identificaron microplásticos en tejidos y fluidos humanos. Estos hallazgos consolidaron su estudio como un tema de salud ambiental.

Una revisión sistemática publicada en 2026 en la revista científica Environmental Science and Pollution Research analizó 25 estudios sobre microplásticos y nanoplásticos en muestras humanas.
Sus autores registraron partículas en materia fecal, secreciones respiratorias, sangre, tejidos vasculares, órganos y tejido placentario. El trabajo describió diferencias en el tamaño, la forma, el tipo de plástico y la concentración de las partículas encontradas.
Esas variaciones reflejan tanto las distintas condiciones de exposición como las técnicas empleadas por cada equipo de investigación. Detectar estas partículas requiere procedimientos capaces de distinguir materiales, tamaños y formas.
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El informe del Centro Australiano para el Control de Enfermedades destaca la necesidad de contar con métodos más comparables, porque esa estandarización permite contrastar resultados entre lugares y estudios.

La información disponible ya documenta que las partículas no permanecen únicamente fuera del cuerpo. Su identificación en muestras humanas permite estudiar su distribución y su interacción con distintos tejidos, dos aspectos que forman parte de las investigaciones actuales.
Los ensayos experimentales registran respuestas en células y tejidos
Los estudios de laboratorio y las investigaciones con animales describieron respuestas biológicas ante la exposición a microplásticos y nanoplásticos.
El informe australiano reúne resultados sobre inflamación, cambios metabólicos, alteraciones de las defensas del organismo y efectos en células y tejidos de los sistemas respiratorio, digestivo, cardiovascular, nervioso, inmunitario, reproductivo y hormonal.
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También se registró estrés oxidativo en estudios experimentales. Este término describe un desequilibrio que puede afectar a las células. Su análisis permite observar mecanismos por los cuales una partícula o un compuesto asociado a ella puede interactuar con el organismo.

El reporte también señala que los plásticos no son materiales completamente inertes. Pueden contener aditivos y transportar sustancias presentes en el ambiente. Por esa razón, las investigaciones examinan tanto las características físicas de las partículas como los compuestos químicos que pueden acompañarlas.
La investigación también presta atención al tamaño de las partículas. Las más pequeñas pueden atravesar algunas barreras del organismo en condiciones estudiadas en laboratorio, una característica que explica el interés por los nanoplásticos y por su posible distribución en distintos tejidos.
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Métodos comunes permitirán comparar mejor los hallazgos
La revisión de 2026 señaló que las diferencias entre métodos dificultan comparar resultados. Por eso, se requieren técnicas comunes que permitan identificar el tipo de plástico, el tamaño de cada partícula y su concentración, además de reunir datos de distintos estudios.

También son necesarios trabajos que observen grupos humanos durante períodos prolongados y registren otras condiciones que pueden influir en la salud. Ese tipo de estudios permitiría ordenar la información disponible sobre exposición, distribución de partículas y respuestas biológicas.
La presencia de microplásticos en el ambiente y en muestras humanas, junto con los efectos observados en estudios experimentales, ya sostiene una agenda de investigación sobre contaminación plástica y salud.
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