
Un reciente estudio de la Universidad de Harvard, publicado en el British Medical Journal, ha revelado que el consumo de alimentos ultraprocesados (AUP) está relacionado con un aumento del 4% en el riesgo de muerte por todas las causas. Los AUP son productos alimenticios altamente procesados que contienen aditivos como colorantes y sabores añadidos, y son ricos en energía, azúcar, grasa y sal, mientras que carecen de vitaminas y fibra.
La investigación, que duró más de tres décadas, siguió a casi 75.000 mujeres y 40.000 hombres en los Estados Unidos. Durante esos 34 años, los participantes informaron sobre su salud cada dos años y completaron cuestionarios dietéticos detallados cada cuatro años. Los resultados indicaron que aquellos que consumían más AUP tenían un riesgo de muerte más alto. Incluso, se observará un incremento del 9% en el riesgo de muerte por causas específicas, como enfermedades neurodegenerativas, incluyendo la demencia.

Sin embargo, el estudio también destaca que el impacto negativo de los AUP en la salud se puede mitigar con una dieta de alta calidad . Un régimen alimenticio rico en vegetales, frutas, legumbres y granos enteros puede reducir el riesgo asociado con el consumo de AUP. “Una dieta de alta calidad puede ser más importante que la cantidad de AUP que se consume”, informó el grupo de investigadores de Harvard.
Por otro lado, la Sociedad Interamericana de Cardiología ha anunciado que los AUP, introducidos al mercado desde 2009, están vinculados con una serie de problemas de salud como enfermedades cardiovasculares, dislipemia, hipertensión arterial, obesidad, síndrome metabólico, enfermedades respiratorias, depresión y cáncer. . Además, cuanto mayor es el consumo de porciones diarias de AUP, mayor es el riesgo de desarrollar estas enfermedades.
“Los alimentos ultraprocesados eliminan nutrientes beneficiosos y añaden otros como sal, azúcar y grasas”, señala la licenciada en nutrición Cintia De Antonio. Estos alimentos incluyen una amplia gama de ingredientes como conservantes, aromatizantes, acidulantes, resaltadores de sabor y edulcorantes para imitar cualidades sensoriales específicas. Ejemplos típicos de AUP son las galletas, cereales para el desayuno, jugos de frutas envasados, papas fritas, comidas congeladas y bebidas azucaradas.
Un estudio reciente del CIBER de Obesidad y Nutrición encontró que el consumo elevado de AUP puede acelerar el envejecimiento celular al acortar la longitud de los telómeros, los extremos protectores de los cromosomas. “A medida que nuestras células se dividen y regeneran, los telómeros se hacen más cortos”, explicó De Antonio, comparándolos con las puntas de plástico de los cordones de los zapatos. Cuando los telómeros se acortan demasiado, las células dejan de reproducirse, lo que contribuye al envejecimiento celular.
Además, la evidencia sugiere que factores dietéticos que provocan oxidación e inflamación pueden acelerar este proceso. Investigaciones en ratones mostraron que el acortamiento de los telómeros se correlaciona con signos de envejecimiento prematuro como la alopecia y la aparición de canas. Sin embargo, una dieta saludable y ejercicio físico moderado pueden ayudar a mitigar estos efectos, asegurando la incorporación de antioxidantes y fibras beneficiosas para la salud.

“La longitud de los telómeros ha surgido como un marcador de envejecimiento biológico”, mencionó el CIBER, agregando que la dieta mediterránea, rica en aceite de oliva extra virgen, frutas frescas, verduras, legumbres y granos enteros, se asocia con un menor ritmo de acortamiento de los telómeros. Este patrón dietético es uno de los más evidenciados en la prevención de enfermedades cardiovasculares y cáncer.
Qué micronutrientes se involucran en el riesgo de muerte por alimentos ultraprocesados
Deficiencias en micronutrientes como la vitamina D, ácido fólico y vitamina B12 también se han asociado con enfermedades neurodegenerativas, hipertensión, diabetes tipo 2 y osteoporosis. La vitamina D, en particular, es fundamental para la proliferación celular y la apoptosis a nivel celular, influyendo en la longevidad de los telómeros.

Otros estudios han señalado que las vitaminas antioxidantes, como la vitamina C y E , junto con minerales como el magnesio y zinc, tienen un impacto positivo en la longitud de los telómeros, mientras que los ácidos grasos omega-3 y los polifenoles del té de semilla de uva ayudan a reducir el daño oxidativo del ADN.
Finalmente, la coenzima Q es un antioxidante intracelular que también protege el ADN y podría inhibir el acortamiento de los telómeros, reduciendo el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
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