Helicobacter pylori: lo que hay que saber de la bacteria vinculada al cáncer gástrico, sus síntomas y el papel de la dieta

La infección afecta a millones de personas en todo el mundo y puede permanecer años sin presentar síntomas. Cómo se detecta, qué alimentos pueden aliviar molestias y qué cuidados recomiendan los especialistas después del tratamiento

Un médico con bata blanca señala una tableta con un esquema del estómago frente a una mujer sentada en un escritorio.
La bacteria Helicobacter pylori puede permanecer durante años en el estómago sin causar síntomas (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Helicobacter pylori fue el agente infeccioso asociado con más diagnósticos de cáncer en 2024, según un análisis global publicado en The Lancet Oncology. La bacteria se vinculó con cerca de 760.000 casos, sobre todo de cáncer gástrico, dentro de los 2,3 millones de tumores atribuidos a infecciones ese año.

El estudio estimó que uno de cada ocho diagnósticos de cáncer en el mundo está relacionado con infecciones prevenibles. En ese grupo, H. pylori concentró el mayor número de casos. La asociación, sin embargo, no implica que todas las personas infectadas desarrollen un tumor: la mayoría no lo hará.

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“Aproximadamente uno de cada ocho cánceres en el mundo está relacionado con una infección. Y esto es importante porque una proporción considerable de estos cánceres es potencialmente prevenible”, afirma a Infobae el médico Diego Kaen, oncólogo y ex presidente de la Asociación Argentina de Oncología Clínica (AAOC).

Helicobacter pylori puede permanecer décadas sin causar síntomas

Una mujer vestida con un suéter gris sostiene las manos abiertas junto a un esquema del sistema digestivo con luces en su torso.
La bacteria se asocia principalmente con un mayor riesgo de cáncer gástrico, aunque la mayoría de las personas infectadas no desarrolla la enfermedad (Imagen Ilustrativa Infobae)

La bacteria infecta la mucosa del estómago, suele adquirirse durante la infancia y puede permanecer durante décadas si no se trata. Su transmisión ocurre principalmente por vía oral-oral o fecal-oral, con frecuencia dentro de los entornos de convivencia.

Pablo Cura, gastroenterólogo del Instituto Roffo, explicó que se trata de una infección frecuente y, a la vez, poco visible. “Suele adquirirse en la infancia y habitualmente permanece durante años sin síntomas”, señaló. La prevalencia varía de acuerdo con el país, la edad, las condiciones socioeconómicas y la generación.

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Marianela Aguirre Ackermann, especialista en Medicina Interna y Nutrición y vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), coincidió en que muchas infecciones pasan inadvertidas: “Muchas la adquieren durante la infancia y pueden pasar décadas sin saberlo porque, en la mayoría de los casos, no da síntomas. Puede haber inflamación en el estómago sin dolor ni molestias”.

La inflamación persistente puede elevar el riesgo de cáncer gástrico

Primer plano del torso de una persona vestida con un suéter gris, que coloca ambas manos sobre su abdomen.
Dolor en la parte alta del abdomen, ardor y pesadez pueden tener múltiples causas y requieren evaluación médica si persisten (Imagen Ilustrativa Infobae)

El doctor Kaen aclara: “Tener Helicobacter pylori no significa tener cáncer”. El vínculo se explica por la inflamación crónica que la infección puede sostener en el revestimiento gástrico y que, en una proporción reducida de pacientes, puede favorecer alteraciones celulares.

En ese sentido, el oncólogo indicó que la inflamación prolongada puede derivar, en algunos casos, en atrofia y metaplasia, cambios en el epitelio del estómago que se asocian con un mayor riesgo de tumor gástrico.

Aguirre Ackermann añadió que la evolución depende de otros factores: “La infección puede mantener una inflamación en el estómago durante muchos años y, en algunas personas, favorecer cambios que aumentan el riesgo de cáncer gástrico”. También intervienen antecedentes familiares, tabaquismo, características de la bacteria y lesiones previas en la mucosa.

Detectar y tratar la infección es una medida preventiva. “Cuando hablamos de combatir el cáncer no podemos hablar solamente de nuevos tratamientos. Vacunar contra VPH y hepatitis B, detectar y tratar hepatitis C y Helicobacter pylori, y realizar el screening adecuado también son políticas contra el cáncer”, sostuvo Kaen.

Cuándo las molestias digestivas justifican una consulta y estudios médicos

Una mujer sopla dentro de una bolsa plateada que sostiene una profesional sanitaria con mascarilla y guantes en un consultorio.
El test de aliento es uno de los estudios utilizados para detectar una infección activa por Helicobacter pylori (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando hay molestias, las más habituales incluyen ardor o dolor en la parte alta del abdomen, indigestión, náuseas, distensión, sensación de plenitud o poco apetito. Ninguno de esos signos confirma por sí mismo la presencia de la bacteria.

“Estos son síntomas inespecíficos, que pueden deberse a otras afecciones, por lo que no se puede diagnosticar la infección solo con los síntomas”, advirtió Cura. Por eso, recomendó consultar ante molestias persistentes y no normalizar la acidez, el dolor o la hinchazón abdominal.

La búsqueda de la bacteria se indica, entre otros casos, en personas con úlcera gástrica o duodenal, anemia por falta de hierro sin causa evidente, familiares de primer grado de pacientes con cáncer gástrico o alteraciones del revestimiento estomacal. También puede evaluarse ante dolor o ardor persistente en la zona alta del abdomen.

Los métodos para detectar una infección activa incluyen el test de aliento, la prueba de antígenos en materia fecal y las biopsias tomadas durante una endoscopia.

Sangrado, pérdida de peso y vómitos persistentes: síntomas que requieren atención

Primer plano de los pies descalzos de una persona adulta sobre una balanza digital blanca, que muestra en su pantalla el número '68.5 kg'.
Sangrado digestivo, pérdida de peso involuntaria y vómitos persistentes son señales de alarma para consultar (Imagen Ilustrativa Infobae)

Algunos síntomas exigen una consulta rápida para definir su causa. Cura enumeró como señales de alarma los vómitos con sangre o de aspecto negruzco, la materia fecal negra, el dolor epigástrico intenso, la pérdida de peso sin causa, la intolerancia digestiva absoluta y la anemia o sus manifestaciones, como palidez, debilidad y mareos.

Kaen sumó la dificultad para tragar, la saciedad precoz y los síntomas persistentes que progresan o no mejoran. “La presencia de estos síntomas no significa automáticamente un cuadro oncológico, pero son signos de alarma para la consulta inmediata”, aclaró Cura.

El tratamiento requiere antibióticos y una prueba posterior para confirmar la erradicación

Un hombre con gafas y camisa azul consume una pastilla con un vaso de agua en una cocina junto a un envase de ibuprofeno.
El tratamiento combina antibióticos con medicamentos que reducen la acidez del estómago (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las guías actuales recomiendan tratar una infección confirmada por su relación con úlceras, linfomas y cáncer gástrico. El esquema suele combinar antibióticos y medicamentos para reducir la acidez, aunque la elección depende de factores como antecedentes, alergias y resistencia bacteriana.

“El tratamiento debe completarse totalmente respetando dosis y horarios”, enfatizó Cura. Suspenderlo antes de tiempo, aun si hay mejoría, puede contribuir al fracaso terapéutico.

Después, el control médico es clave. Kaen explicó que un resultado negativo puede no ser confiable si el estudio se realiza demasiado pronto o mientras la persona toma ciertos fármacos. La confirmación de erradicación debe programarse con el gastroenterólogo. La persistencia de síntomas tras finalizar la medicación tampoco prueba que la bacteria siga presente, porque la mucosa puede tardar en recuperarse.

Alimentación como acompañamiento, no como reemplazo del tratamiento

Mujer joven con suéter azul sostiene una cuchara con yogur y un pote de yogur. Está sentada en un interior luminoso, con una ventana de fondo.
La dieta puede adaptarse para aliviar molestias digestivas durante el tratamiento, según la tolerancia de cada persona (Imagen Ilustrativa Infobae)

No existe una dieta que erradique la bacteria ni alimentos capaces de reemplazar los antibióticos. La alimentación puede ajustarse para mejorar la tolerancia de cada persona durante el tratamiento, sobre todo si aparecen náuseas, dolor o pesadez.

“No existe una dieta específica que haya demostrado eliminar Helicobacter pylori”, señaló Aguirre Ackermann. Si hay molestias, algunas personas toleran mejor porciones más pequeñas, preparaciones con menos grasa o cambios en los horarios. Café, alcohol y picantes pueden reducirse cuando provocan síntomas, pero no corresponde prohibir de forma general frutas, tomate, verduras crudas o lácteos.

Los probióticos, yogures, leches fermentadas, kéfir, fibra y brotes de brócoli fueron estudiados como complementos. Algunos preparados probióticos podrían reducir efectos adversos de los antibióticos y aportar una mejora limitada en la erradicación, pero sus resultados dependen de cepas y productos específicos.

“El mito es afirmar que el yogur, el kéfir, el brócoli o un suplemento pueden curar la infección sin tratamiento médico”, remarcó Aguirre Ackermann. Tras erradicar la bacteria, recomendó sostener una alimentación saludable, evitar el tabaquismo, moderar el alcohol y cumplir los controles indicados según el riesgo individual.

Día Mundial de la Salud Digestiva - Sistema digestivo - enfermedades - Perú - salud - 28 mayo
Tras erradicar la infección, una alimentación saludable acompaña el cuidado del estómago, pero no reemplaza los controles médicos (Freepik)

La erradicación de Helicobacter pylori reduce el riesgo de cáncer gástrico, aunque algunas personas pueden requerir seguimiento médico, en especial si ya tenían cambios en la mucosa del estómago, como atrofia o metaplasia intestinal.

Como orientación general, Aguirre Ackermann aconsejó una alimentación de tipo mediterráneo, con verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, aceite de oliva y pescado. También indicó moderar el consumo de alcohol y de alimentos conservados en sal, una de las asociaciones dietarias más consistentes con un mayor riesgo de cáncer gástrico.

“Una buena alimentación forma parte del cuidado a largo plazo; no reemplaza esos controles”, concluyó.

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