
La forma en que una persona duerme puede influir de manera significativa en el funcionamiento de su sistema cardiovascular, especialmente en quienes ya padecen enfermedades cardíacas. El cardiólogo intervencionista Cheng-Han Chen, director médico del Structural Heart Program en MemorialCare Saddleback Medical Center, señaló que la posición al dormir no solo determina el nivel de comodidad, sino también el esfuerzo que debe realizar el corazón durante el descanso, según informó la revista estadounidense de referencia en salud, bienestar y estilo de vida Parade.
Chen explicó que, aunque el corazón se ubica en el centro del pecho, su orientación está más próxima al lado izquierdo del tórax. Por este motivo, advirtió: “Dormir sobre el lado izquierdo ejerce levemente mayor presión sobre las cavidades cardíacas”.
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Las personas con insuficiencia cardíaca tienden a sentirse mejor al dormir del lado derecho; en cambio, la posición sobre el lado izquierdo puede dificultar la labor de bombeo y provocar incomodidad desde el punto de vista clínico. Este efecto suele ser irrelevante para quienes no tienen enfermedades cardiovasculares, pero resulta notorio en pacientes con condiciones previas.
La ciencia sobre la influencia de la postura en la salud cardíaca aún se encuentra en desarrollo y no existen pruebas concluyentes de que una posición altere radicalmente el bienestar del corazón. Aun así, algunos expertos advierten que ciertos hábitos pueden agravar problemas existentes. Catherine Weinberg, cardióloga en Lenox Hill Hospital de Northwell, subrayó que dormir de lado puede modificar el flujo sanguíneo y las fuerzas mecánicas que actúan sobre el corazón, lo que podría tener implicaciones para cuadros de insuficiencia cardíaca y otras afecciones similares.
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Dormir boca arriba y apnea, un riesgo para el corazón
Dormir boca arriba es la postura que concentra mayor respaldo de pruebas de riesgo. Weinberg la calificó como “la mayor señal de alarma respaldada por evidencia sólida”, ya que en personas con apnea obstructiva del sueño facilita el colapso de la vía aérea: la lengua y los tejidos blandos de la garganta se desplazan hacia atrás, estrechan o bloquean el paso del aire e interrumpen la respiración. El resultado son caídas en los niveles de oxígeno y una sobrecarga directa sobre el corazón.
Un estudio publicado en octubre de 2025 en PubMed Central, basado en datos del Sleep Heart Health Study con 5.804 participantes y un seguimiento de 15 años, aportó pruebas adicionales sobre los riesgos de esa postura.
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La investigación determinó que cada aumento del 10% en el tiempo dormido en posición supina se asocia con un 3% más de episodios de angina de pecho, incluso tras controlar factores como la edad, el índice de masa corporal, la presión arterial y el uso de medicación. Los autores señalaron que identificar posiciones óptimas para dormir podría contribuir a la prevención de enfermedades coronarias.
Según la Asociación Americana del Corazón (AHA), la apnea del sueño figura como factor de riesgo para hipertensión arterial, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia cardíaca y enfermedad coronaria. Su diagnóstico sigue siendo insuficiente en quienes ya padecen insuficiencia cardíaca, fibrilación auricular, hipertensión mal controlada o patología coronaria, advirtió Weinberg.
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Dormir poco e irregular, un riesgo cardiovascular
El sueño cumple además una función reparadora sobre el sistema cardiovascular. Chen indicó que “durante el sueño, el cuerpo descansa y repara el sistema cardiovascular”, y precisó que ese proceso actúa como barrera frente a la hipertensión arterial, la diabetes tipo 2 y la obesidad. Cuando se interrumpe de forma crónica, los riesgos se acumulan: según datos de la AHA, el sueño deficiente —en duración, calidad o regularidad— activa esos mismos factores. Entre el 30 y el 40% de los adultos reportan síntomas de insomnio o somnolencia diurna, añadió la organización.
En abril de 2025, la AHA amplió su definición de sueño saludable en un pronunciamiento científico publicado en Circulation: Cardiovascular Quality and Outcomes. El documento establece que dormir menos de siete horas por noche aumenta el riesgo de fibrilación auricular y síndrome cardiometabólico, mientras que superar las nueve horas se asocia con mayor probabilidad de accidente cerebrovascular y muerte de origen cardíaco.
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Marie-Pierre St-Onge, directora del Center of Excellence for Sleep & Circadian Research de la Universidad de Columbia y presidenta del grupo redactor, indicó que “la mayoría de los adultos necesita entre siete y nueve horas de sueño por noche, y el sueño insuficiente eleva el riesgo de enfermedad cardiovascular, deterioro cognitivo, depresión, obesidad, hipertensión, glucosa elevada y colesterol alto”.
La irregularidad en los horarios agrava aún más ese panorama. Un estudio de la Universidad de Oulu (Finlandia), publicado en 2026 en BMC Cardiovascular Disorders, siguió a 3.231 personas durante más de una década y encontró que quienes combinaban horarios de acostarse irregulares con menos de ocho horas de sueño tenían casi el doble de riesgo de sufrir un evento cardiovascular grave —infarto o accidente cerebrovascular— frente a quienes mantenían ciclos estables. La variabilidad en la hora de despertar no mostró la misma asociación, lo que apunta a que el momento de inicio del sueño es el factor determinante.
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Cómo dormir para proteger el corazón
Una correcta higiene del sueño es fundamental para preservar la salud cardiovascular. Weinberg recomendó mantener horarios regulares y procurar al menos siete horas de descanso nocturno, preferiblemente en ambientes oscuros y a baja temperatura, y subrayó que “la regularidad importa tanto como la duración”.
La cardióloga advirtió que ante sueño interrumpido, ronquidos, cefaleas matutinas o somnolencia excesiva durante el día conviene consultar al médico: “Son señales de alerta de trastornos del sueño que pueden dañar gravemente el corazón”.
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