A medida que avanza la esperanza de vida, la identificación precoz de enfermedades neurodegenerativas adquiere un papel central en la atención médica. Entre ellas, el Alzheimer es la causa más frecuente de demencia en adultos mayores y suele comenzar de forma tan gradual que muchas veces pasa inadvertido.
Reconocer los primeros síntomas, diferenciarlos de los cambios normales asociados al envejecimiento y adoptar medidas preventivas puede retrasar su avance y mejorar significativamente la calidad de vida.
Qué es lo primero que olvida una persona con Alzheimer
En las etapas iniciales del Alzheimer, el signo más característico es la pérdida de memoria reciente. Según el neurólogo Alejandro Andersson, director del Instituto de Neurología Buenos Aires (INBA), la enfermedad se inicia cuando las neuronas del hipocampo, responsables de la formación de nuevos recuerdos, comienzan a deteriorarse debido a la acumulación de la proteína beta amiloide. “El tipo de memoria que primero se compromete es la que tiene un tiempo y un lugar”, explicó Andersson a Infobae.

Esto se traduce en olvidos de hechos cotidianos: no recordar qué se desayunó, repetir preguntas, extraviar objetos o no saber si se tomó una medicación. A medida que la enfermedad progresa, este deterioro se extiende a otros tipos de memoria y funciones cognitivas, pero en la etapa inicial, la afectación se concentra en la memoria episódica de corto plazo.
Señales y síntomas de alerta del Alzheimer
La Asociación de Alzheimer de Estados Unidos elaboró una lista con diez señales tempranas que pueden indicar el inicio del Alzheimer. Estas manifestaciones no siempre aparecen todas ni en el mismo orden, pero su presencia sostenida en el tiempo justifica una consulta médica:
- Olvidos frecuentes de información recién aprendida.
- Dificultad para planificar tareas o resolver problemas cotidianos.
- Complicaciones para completar actividades habituales.
- Desorientación respecto al tiempo, la fecha o el lugar.
- Cambios en la percepción visual y espacial.
- Dificultades para seguir conversaciones o encontrar palabras.
- Pérdida de objetos y dificultades para rastrear dónde fueron dejados.
- Juicio alterado en decisiones económicas o de autocuidado.
- Desinterés por actividades sociales o pasatiempos.
- Cambios en el humor, la personalidad o el comportamiento.
Estas señales pueden confundirse con cambios propios del envejecimiento, pero la diferencia clave está en la frecuencia, la intensidad y la interferencia con la vida diaria. Tal como destaca la Clínica Mayo, un diagnóstico temprano permite planificar con anticipación, acceder a tratamientos y recursos de apoyo, y preservar la autonomía el mayor tiempo posible.

¿Problemas de visión u olvidos: qué aparece primero?
Aunque la pérdida de memoria es el síntoma más común, hay variantes del Alzheimer en las que los problemas visuales son el primer indicio. Tal es el caso de la atrofia cortical posterior (ACP), una forma atípica de la enfermedad que afecta principalmente la región parietal del cerebro, responsable del procesamiento visual.
Una investigación liderada por la doctora Zeinab Abdi, del University College London (UCL), demostró que en pacientes con ACP la acumulación de proteínas tau y amiloide se concentra en zonas distintas a las del Alzheimer típico. “Este estudio demuestra cómo la ubicación de la inflamación y la acumulación de proteínas puede explicar por qué algunos pacientes desarrollan problemas de memoria y otros problemas visuales”, declaró Abdi a Infobae.
Los síntomas visuales incluyen dificultad para leer, calcular distancias, reconocer rostros u objetos, y navegar en espacios conocidos. Esta variante suele diagnosticarse entre los 50 y 60 años, y puede retrasarse si se asocia erróneamente con afecciones oftalmológicas. Los hallazgos del estudio, publicados en Neuropathology and Applied Neurobiology, sugieren la necesidad de adaptar el diagnóstico y tratamiento del Alzheimer a las características clínicas de cada paciente.
Hábitos saludables para evitar el Alzheimer
Si bien no existe una cura para el Alzheimer, numerosos estudios coinciden en que ciertas conductas preventivas pueden reducir significativamente el riesgo de desarrollarlo. La Asociación de Alzheimer y la Fundación del Cerebro destacan una serie de hábitos claves:
- Dieta mediterránea: rica en frutas, verduras, pescado, aceite de oliva, legumbres y frutos secos. Andersson afirmó que puede disminuir hasta un 25% la probabilidad de padecer la enfermedad.
- Ejercicio físico regular, tanto aeróbico como de fuerza y coordinación.
- Control de factores cardiovasculares, como hipertensión, colesterol, diabetes y obesidad.
- Estimulación cognitiva constante: aprender cosas nuevas, leer, jugar al ajedrez o realizar actividades que desafíen la mente.
- Vida social activa, con vínculos estables y participación comunitaria.
- Sueño reparador, en calidad y cantidad adecuada.
- Evitar el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol.
- Prevención de traumatismos craneales, mediante el uso de casco y medidas de seguridad en el hogar.

“El Alzheimer es una enfermedad multifactorial y la prevención apunta a mantener la reserva cognitiva lo más alta posible”, señaló Andersson. Aunque algunos factores como la edad o la genética no pueden modificarse, sí es posible adoptar medidas que favorezcan la salud cerebral a lo largo de toda la vida.
En este escenario, la detección temprana y la promoción de hábitos saludables no solo permiten demorar el avance del Alzheimer, sino también garantizar una mejor calidad de vida para quienes lo padecen y para sus familias.
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