
El ejercicio mejora la artrosis de cadera, pero sus beneficios son más modestos de lo que se creía, según una revisión científica de Cochrane Library divulgada por la revista Infosalud que analizó 18 ensayos clínicos con 1.368 participantes y encontró que las mejoras en dolor y función física no alcanzan el umbral necesario para que los pacientes noten un cambio real en su vida diaria. El estudio fue liderado por investigadores de la Universidad de Sídney y la Universidad de Melbourne, en Australia.
La artrosis de cadera es una de las principales causas de dolor crónico y discapacidad en todo el mundo. Durante años, el ejercicio físico se posicionó como el tratamiento de primera línea para su manejo, respaldado por guías clínicas internacionales. Ahora, la evidencia disponible obliga a matizar esa recomendación: los beneficios existen, pero son estadísticamente pequeños y, en muchos casos, insuficientes para transformar la experiencia cotidiana de quienes padecen la enfermedad.
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Qué dice la evidencia

Los 18 ensayos clínicos analizados reunieron a 1.368 participantes, en su mayoría mujeres (63%) con edades de entre 53 y 74 años. Los programas de ejercicio variaron de forma considerable: algunos duraron apenas dos semanas, mientras que otros se extendieron hasta un año. Los tipos de actividad abarcaron desde ejercicios de fortalecimiento y entrenamiento aeróbico hasta modalidades de conexión mente-cuerpo.
Los resultados muestran que el ejercicio reduce el dolor en aproximadamente 7 puntos sobre una escala de 100. El problema es que los especialistas establecen en 12 puntos el umbral mínimo para que esa reducción sea perceptible en la vida diaria. La función física registró un patrón similar. La calidad de vida, el indicador que más preocupa a los pacientes, mostró poca o ninguna variación con independencia del tipo de intervención evaluada.
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Limitaciones del estudio y advertencias de los autores
La revisión científica aclara que esos umbrales de referencia se establecieron principalmente a partir de poblaciones con artrosis de rodilla o artrosis mixta, por lo que podrían no reflejar con precisión la experiencia específica de quienes tienen afectada la cadera.

A esto se suma un problema metodológico: la mayoría de los estudios incluidos eran pequeños y no ciegos. Como el dolor y la función se midieron mediante autodeclaración de los propios participantes —que sabían si realizaban ejercicio o no—, existe la posibilidad de que los resultados sobreestimen la eficacia real de la intervención.
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“El ejercicio se recomienda como tratamiento principal para la artrosis de cadera, y esta revisión no contradice esa recomendación”, señaló la Dra. Michelle Hall, coautora principal de la Universidad de Sídney, en declaraciones recogidas por Infosalud. “Pero sí sugiere que debemos ser honestos con los pacientes y explicarles que el beneficio promedio puede ser modesto, y que necesitamos ensayos mejor diseñados para comprender quiénes se benefician más y con qué tipo de ejercicio”, agregó.
Ejercicio sí, pero con expectativas claras

Pese a las limitaciones detectadas, la investigación no recomienda abandonar el ejercicio como estrategia terapéutica. Los autores subrayan que la actividad física ofrece beneficios para la salud que van mucho más allá del manejo de la artrosis, que su costo es bajo y que el riesgo de daño es mínimo.
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La Dra. Belinda Lawford, coautora principal en la Universidad de Melbourne, señaló que difundir estos hallazgos podría producir efectos opuestos. “El ejercicio podría representar la última esperanza para quienes padecen dolor de cadera, aunque no deseo que los pacientes tengan expectativas equivocadas”, afirmó.
El llamado de los investigadores apunta a diseñar estudios más robustos, con mayor número de participantes y metodologías más rigurosas, que permitan identificar qué perfiles de pacientes responden mejor a qué tipo de actividad física. Hasta que esa evidencia esté disponible, la recomendación del ejercicio se mantiene, aunque con un mensaje más honesto: los resultados serán, en promedio, moderados.
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