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La longevidad y los años extra: lo que la medicina alargó y la vida social todavía no terminó de preparar

Aparecen nuevas necesidades de vivienda, apoyos y formas de estar en el mundo, mientras crece una brecha entre prevención, hábitos saludables y el modo real de acompañar esa etapa

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La búsqueda de sentido después de la jubilación aparece cuando el tiempo libre deja de resolverse con actividades y viajes. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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¿Qué nos preguntamos cuando llega el momento en que la actividad de siempre cesa?

Ese instante que imaginamos tantas veces y parecía esquivarnos. Mientras estamos dentro de una rutina, una estructura, es muy fácil planificar a futuro. Cuando te catapultan a una cantidad de horas vacías, se agotan los planes.

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Despertarme tarde, no madrugar, desayunar en la cama, ¿leer todo el día? ¿Quizás cerámica? No, zumba. Eso sí. Y entramos en una sucesión de quizás y puede ser, probando todo lo que antes deseábamos. Al principio funciona, hay más tiempo libre.

Pero un día, una tarde, en medio del silencio entre una actividad y otra, una mínima vocecita pregunta: «¿Y qué más?». Entonces es viajar y nos largamos al mundo según nuestras posibilidades, con gente que está en la misma y disfruta del mismo remolino. Y después ya no queremos viajar por viajar, necesitamos contenido, experiencias y aprendizaje. Construcción de comunidades y puentes emocionales.

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A todo esto, mis preguntas crecen y se transforman, porque la realidad es que nada tiene que ver con la acción en sí misma, sino con una evolución privada, individual, que va mucho más allá del qué quiero hacer. Se posa como un leve pájaro en quién soy y quién me gustaría ser al final del camino.

Mis preguntas me llevan a buscar respuestas en niveles psicológicos, sociales, estadísticos y narrativos. Así que le pido a una licenciada en Psicología, máster en Salud Pública, que me ayude a entender un poco cómo estamos los de esta generación, que a la edad de estar calmados tenemos muchas más inquietudes que cuando estábamos ocupados. María del Carmen Cadile (MN 14490) me dice que sí y nos citamos en un café. Una frente a la otra.

La búsqueda de sentido después del retiro

—¿Sentido o propósito? —¿Qué entendés por una vida con propósito? —me pregunta.

—¿Cuál es la diferencia entre sentido y propósito? — repregunto.

—Creo que el propósito puede ser algo más ligado al superyó, algo más kantiano, algo más del deber ser, lo podés ver más en los integrantes de algunas comunidades religiosas o culturales donde su accionar está orientado al propósito de la institución.

El sentido es otra cuestión, está ligada a la singularidad del sujeto. Cada uno tiene o puede construir un sentido que es propio. El propósito es más comunitario, pero en general, está más ligado al deber ser. Por ejemplo, dedicar tiempo a labores de voluntariado en comedores comunitarios, siguiendo el mandamiento de Amar al prójimo, eso es un propósito.

—¿La búsqueda de sentido aparece con más frecuencia en tu consulta?

—No, no siempre.

—¿Te referís a gente post jubilación?

—Sí, o a partir de esa franja etaria después de la jubilación.

—A ver, hay dos cosas: primero, una fuerte presión de marketing sobre el hacer. Usted tiene que hacer cosas que lo diviertan, tiene que hacer algún deporte, tiene que viajar.

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La longevidad extendió la esperanza de vida, pero las condiciones sociales para esos años extra no avanzaron al mismo ritmo.

—Ponerse a pensar… a veces angustia mucho y entonces compran estas recetas de vida ligadas al hacer, a ocupar el tiempo libre que están íntimamente relacionadas con la cultura de la ultra productividad en la que vivimos.

—Pero la pregunta sobre el sentido no aparece mucho.

—Aparece disfrazada de decisiones como ahora tengo que hacer lo que dejé pendiente, viajar, estudiar, hacer cerámica, comprar, de la misma forma que los mandatos de la etapa anterior nos dictaban: ahora tengo que estudiar una carrera, trabajar y ser independiente, criar los hijos, etcétera.

—Entonces, ¿cuál es el objetivo? —pregunto. Porque no está claro. O sea, de alguna manera es como la continuación de una tarea impuesta, pero no es una reflexión propia, no es una búsqueda propia todavía.

—No, no le damos tiempo a las preguntas sobre el sentido propio de esta etapa y entonces las respuestas que escucho se obturan cuando se compran estas recetas.

Comunidad, aprendizaje y voluntariado

—¿Qué papel juega el aprendizaje, la comunidad y el voluntariado en el bienestar psicológico?

—«El formarse, el ayudar a otro y ver otras realidades nos permite salir de la burbuja en la que habitamos. Es una de las cosas que más valor tienen porque empuja a seguir desarrollando formas distintas de estar vivos, a mirar afuera de mi metro cuadrado».

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Las políticas de salud promovieron hábitos saludables para preparar a quienes vivirán veinte o treinta años más después del retiro.

—¿Qué hay más allá del mundo de cada uno? —reflexiona.

—¿Y qué crees que no estamos viendo o entendiendo de la longevidad en sí?

—Bueno, nos costó bastante pensar cómo queríamos vivir esos años extra porque gracias a la prevención lo miramos desde la medicina, estiramos la esperanza de vida muchos años pero las condiciones sociales para esos años ganados no fueron tan de la mano.

Dos mujeres y un hombre mayores sentados en la terraza de una cafetería con tazas de café sobre la mesa y un bastón apoyado.
La presión de marketing sobre el hacer impulsa recetas para la jubilación que ocupan el tiempo libre sin abrir preguntas sobre el sentido. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Estiramos la esperanza de vida, pero a veces el físico no acompaña y las primeras respuestas fueron medicalizarlo. Creo que en esta última década las políticas de salud se orientaron a una cultura de lo saludable, es decir, crear hábitos saludables desde la alimentación, desde la actividad física. Empiezan a preparar a ese sujeto que va a vivir veinte o treinta años más, buscan que se tome conciencia antes de que suceda.

Me parece que va por ahí, que va por tratar de pensar que vamos a necesitar una vivienda distinta, un acompañamiento distinto, un ser en el mundo distinto. En otros lugares ya se ha instalado hace tiempo los lugares para vivir el retiro, pero acá hace poco que empieza a aparecer el cohousing.

Si lo pensamos desde la Salud Pública, la formación de cuidadores es escasa, en muchos casos no tiene reconocimiento oficial y la informalidad deriva en atención de baja calidad. En muchos casos, el trato con los pacientes se reduce a convertirlo en objeto, en lugar de contribuir y estimular la autonomía para conservar las funciones básicas, lo más que se pueda.

Esa atención es escasa y de baja calidad: en vez de contribuir a que la persona siga valiéndose por sí misma, la convierte en objeto y le hace las cosas, en lugar de ayudarla a conservar, hasta donde se pueda, las funciones básicas.

Cómo pensar la jubilación antes de que llegue

—Si pudieras dejar una reflexión para quienes hoy están entrando en la segunda mitad de la vida, ¿cuál sería?

—Sería que piensen en esta etapa, y la despeguen de las etiquetas actuales, retiro, pasivo, volviendo al sentido del jubileo, como un grito de alegría y un reinicio, y que empiecen a construir un proyecto antes.

Que no dejen, por falta de tiempo, para cuando se jubilen todos los proyectos que más desean, esa es una postergación neurótica, no un proyecto para reiniciar otra etapa.

—Claro, lo que pasa es que a veces hay proyectos que tienen más cuerpo que otros, y hay otras veces que hay gente que no sabe qué hacer.

—Es la mayoría. Por eso digo, si me gusta viajar, no dejar que todos los viajes sean cuando pueda y tenga tiempo. Pensarlo como la etapa en donde voy a poder hacer lo que no pude hacer antes, no creo que sea un buen punto de partida.

—No, porque es por la negativa.

—Ir construyendo de a poco un proyecto en el sentido de decir: bueno, ¿cómo me voy a sentir querido, útil, activo en otro momento de mi vida?

—Claro, y visible. Yo creo que es un camino individual, pero aparte es un camino para no desaparecer. El tema es seguir haciendo huella.

Cuatro mujeres adultas sentadas alrededor de una mesa de madera, bebiendo café y comiendo medialunas, junto a un gran ventanal que da a una calle de la ciudad.
El aprendizaje, la comunidad y el voluntariado aportan bienestar psicológico porque permiten salir de la burbuja y mirar otras realidades. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué cambia en la antesala de la jubilación

—¿Qué cambios observás en las personas que atraviesan la jubilación?

—Creo que el mayor cambio es que recién ahora aparecen personas que empiezan a pensar en qué van a hacer después de jubiladas tres o cuatro años antes de jubilarse. Antes escuchaba en mis pacientes que la jubilación era como el cierre de una etapa y no había reflexión sobre lo que querían hacer después. Ahora es algo que empezó a aparecer, una pregunta de una generación que ha tenido en su mayoría un trabajo estable y ha estado institucionalizada muchos años, ahí la posible falta de una rutina lleva a pensar en un proyecto antes de jubilarse. Tal vez en nuestro caso está más ligada a la posibilidad de sostenerse económicamente que al tema de una satisfacción personal.

Nos quedamos en silencio, las dos terminamos de tomar el café y quedamos perdidas en nuestros pensamientos. Cuando dejamos de grabar me dijo: «No trates de encontrar todas las respuestas; mejor dejá abiertas las preguntas porque el camino a recorrer se nutre más de preguntas que de respuestas».

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