
La dermatóloga Shereene Idriss sostuvo que el cuidado de la piel es mucho más que una preocupación estética: representa el bienestar físico y emocional de una persona. En una intervención reciente en The Mel Robbins Podcast, Idriss explicó que la piel reacciona tanto a los hábitos cotidianos como a la percepción individual, y subrayó que la transformación real comienza al modificar esa relación personal, no al intentar ajustarla a estándares externos.
Idriss explicó que la piel, el órgano de mayor tamaño del cuerpo humano, refleja el equilibrio interno físico y mental: “La salud de la piel revela tanto lo fisiológico como lo emocional”. Añadió que la confianza depende de una relación saludable con la piel y que el autocuidado aporta más al bienestar que los cambios cosméticos.
La especialista indicó que solo el 20% del envejecimiento se debe a la genética y que el 80% está ligado a hábitos y entorno. Recalcó la importancia de sistemas personales de autocuidado y afirmó: “La constancia y la simplicidad superan cualquier rutina compleja o producto costoso”.
Factores determinantes para la salud cutánea
Entre los elementos de mayor impacto, Idriss destacó el sueño reparador. “El sueño es una inversión a largo plazo. No se trata de una noche aislada, sino de la acumulación de hábitos”, señaló. También recomendó la actividad física moderada, como caminar con frecuencia, para favorecer la circulación linfática y sanguínea.

La dermatóloga remarcó que una alimentación saludable era fundamental para la piel. “El cuidado facial por sí solo es insuficiente si no está respaldado por buenos hábitos. Sin una alimentación equilibrada, los cambios serán superficiales”, sostuvo.
Idriss propuso una rutina esencial compuesta por tres pasos: limpieza, hidratación y protección solar. “Nadie necesita una rutina de doce pasos. Lo esencial es la constancia y no la cantidad de productos”, explicó.
Para la limpieza, recomendó un limpiador suave por la noche y evitar el exceso de jabón en la mañana, salvo en casos de piel grasa o con acné activo. En hidratación, aconsejó elegir fórmulas sencillas y adaptar la textura al clima y tipo de piel. Aclaró que los productos que prometían estimular el colágeno no necesariamente lograban ese efecto. Subrayó la importancia del protector solar de amplio espectro diario: “Debe ser un hábito como el cepillado dental”.
Prácticas y productos a evitar
Idriss advirtió sobre productos que prometen resultados instantáneos, ya que pueden dañar la barrera cutánea. Desaconsejó el uso diario de toallitas desmaquillantes, que dejan residuos y pueden irritar la piel, así como la esponja vegetal por su efecto abrasivo. También alertó sobre el riesgo de mascarillas con ingredientes activos incompatibles y consideró que las tiras para poros solo aportan mejoras temporales y pueden empeorar la textura cutánea. “No existen atajos seguros ni remedios milagrosos”, remarcó.
La dermatóloga recomendó una educación básica sobre ingredientes activos como vitamina C, retinol, ácido hialurónico y niacinamida. Explicó que “no todos requieren estos ingredientes siempre, y su uso inadecuado puede ser contraproducente”. Sobre la vitamina C, señaló que ayudaba con el tono y las manchas, pero era fundamental distinguir entre versiones activas e inactivas.

En cuanto al retinol, sugirió una estrategia “bajo y lento”, comenzando con pequeñas dosis varias veces a la semana en lugar de optar por fórmulas agresivas. Respecto al ácido hialurónico, aclaró que ya estaba presente en la mayoría de los productos y no siempre era necesario agregarlo por separado.
Idriss desmitificó la “piel sensible” generalizada y diferenció entre sensibilidad real y estados reactivos. “Solo uno de cada diez presentaba sensibilidad verdadera; la mayoría sufría reacciones por inflamación o uso excesivo de productos inadecuados”. Aconsejó suspender todos los productos ante irritación, lavar solo con agua y, después de unos días, aplicar una hidratante neutra antes de retomar la rutina habitual.
Sobre el acné, explicó que no era exclusivo de adolescentes y distinguió entre sus variantes principales. Factores como cambios hormonales, recambio celular más lento y contacto con ciertos productos podían agravar el problema. Respecto a las manchas, especialmente el melasma, recomendó un enfoque combinado de productos tópicos y rutinas sostenibles.
Envejecimiento, autoestima y redefinición de la relación con la piel
Idriss señaló que el colágeno disminuye un 1% anual desde finales de los veinte, se pierde grasa facial y ocurren cambios estructurales y hormonales. “No siempre es responsabilidad del cuidado cutáneo; a menudo estos cambios requieren soluciones distintas”, puntualizó.
Diferenció lo que podía abordarse con cosmética de lo que exigía procedimientos médicos. “El uso de inyecciones de toxina botulínica o rellenos dérmicos debe estar acompañado de información adecuada y expectativas realistas. La naturalidad debe ser la prioridad”, afirmó. Añadió que los procedimientos como láser o radiofrecuencia eran complementos, nunca sustitutos de la rutina diaria.

La dermatóloga también abordó el impacto emocional del envejecimiento e invitó a redefinir expectativas personales. Idriss concluyó su intervención en The Mel Robbins Podcast con tres recomendaciones: simplificar la rutina, eliminar el espejo de aumento y realizar un gesto personal que genere bienestar.
Insistió en que la regularidad y los pequeños pasos brindan control y favorecen cambios positivos. El bienestar de la piel es, para ella, un proceso de autoconocimiento y confianza.
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