
Con la llegada del verano y el incremento de las temperaturas, las ganas de pasar tiempo en la cocina se reducen a niveles mínimos. Por el contrario, el cuerpo pide platos ricos y refrescantes para los que no sea necesario mucha elaboración. En este contexto, las frutas y verduras se convierten en el mejor aliado para sobrellevar esta época del año. Y lo que es más, el melón se impone como uno de los grandes protagonistas de la temporada.
La Fundación Española de Nutrición (FEN) ha destacado a este producto como una importante fuente de vitaminas y minerales. Esta fruta, al igual que la naranja, es rica en folatos, esenciales para el proceso de división celular y la protección contra el daño oxidativo. En cuanto a los minerales, el melón sobresale por su alto contenido de potasio. Asimismo, se distingue por su elevado contenido de agua, que alcanza el 92%, y un bajo porcentaje de azúcar.

Cuánto dura un melón en buen estado
Teniendo en cuenta su aporte nutricional, el sabor dulzón y el particular aroma del melón conquistan las despensas de la gran mayoría de los hogares en España. No obstante, a pesar de su popularidad, este producto tiende a estropearse muy rápidamente.
Si se conserva a temperatura ambiente, su tiempo de vida útil será de entre cinco y siete días. Por ello, la mejor opción es guardarlo en la nevera, esto hará que aguante en buen estado hasta un máximo de tres semanas. Ahora bien, una vez abierto, el melón debe ser consumido en un plazo máximo de unos cuatro días.
Cómo saber si un meón está malo
El tiempo en el que un melón puede consumirse cambia entre las distintas piezas. Por ello, a la hora de comprarlo lo mejor es evitar consumir melones con señales evidentes de mal estado. Ante esto, para determinar si un melón está en buen estado, lo mejor es examinarlo superficialmente.
De esta forma, si parece hueco o muy suave, es probable que esté malo, lo mismo si la cáscara está blanda, lo que indica que ha perdido la mayor parte del agua. Las áreas descoloridas, como moretones o secciones marrones grandes en la corteza, también son señal de que debe desecharse. De igual forma, el mal olor, cuando el melón en lugar de oler dulce comienza a tener un aroma picante o amargo, es otra señal de que está en mal estado. Finalmente, la presencia de moho es un signo claro de que el melón no puede consumirse, ya que los hongos pueden poner en peligro la salud del consumidor.
A la hora de comprar un melón, se recomienda optar por aquellos con una piel firme, sin grietas ni manchas blandas. Para conservar el melón en verano y prolongar su frescura, es aconsejable utilizar un envoltorio de plástico. Una vez maduro, el melón debe cortarse en trozos, ya sean grandes, que conviene envolver en plástico transparente, o pequeños, que se deben colocar en un recipiente hermético. Es fundamental asegurarse de que el envoltorio o el recipiente estén bien sellados para ralentizar el proceso de maduración.
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