No se trata solo de sumar 10.000 pasos: el ritmo al caminar brinda pistas sobre la salud y longevidad, según un estudio

La investigación, publicada en JAMA Network Open, con más de 4.000 participantes, halló que una mayor velocidad se vincula con una menor mortalidad por todas las causas

Ilustración acuarelada de dos piernas y pies de una persona calzada con zapatillas deportivas y pantalones largos, sobre un fondo abstracto de tonos cálidos.
Una ilustración acuarelada muestra las piernas y los pies de una persona en movimiento, calzada con zapatillas deportivas sobre un fondo abstracto. (Imagen Ilustrativa Infobae)
Guardar

Caminar a mayor velocidad y mantener una cadencia más alta se asocia con un menor riesgo de muerte prematura, según un estudio publicado en JAMA Network Open que analizó a más de 4.000 funcionarios públicos británicos. La investigación observó que el vínculo se mantuvo incluso después de tener en cuenta la cantidad total de pasos diarios.

El trabajo fue encabezado por Rayane Haddadj, investigadora de salud pública y enfermería de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, situada en Trondheim. Sus resultados plantean que la forma de caminar puede aportar información adicional sobre la salud, más allá de la meta cotidiana de pasos que suele utilizarse como referencia.

PUBLICIDAD

Infografía con dibujos de personas caminando junto a un cronómetro, iconos de un metrónomo y un podómetro, y recuadros de texto explicativos.
Un estudio publicado en JAMA Network Open vincula la mayor velocidad de marcha con un menor riesgo de mortalidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una marcha más rápida se vinculó con un 23 % menos de riesgo de muerte

Los investigadores recurrieron a datos de participantes del estudio Whitehall II, un proyecto de seguimiento de salud iniciado entre funcionarios públicos del Reino Unido a fines de la década de 1980. La edad promedio de las personas incluidas en este análisis era de cerca de 69 años cuando se efectuaron las mediciones de la marcha.

Los participantes acudían a evaluaciones clínicas cada cuatro o cinco años. Durante 2012 y 2013, además, se les registró la velocidad al caminar y llevaron dispositivos capaces de medir su cadencia, es decir, la cantidad de pasos que daban por minuto en sus desplazamientos.

Una mujer y un hombre caminan por un sendero asfaltado en un parque, junto a un cartel de madera con texto e ícono de peatón.
La investigadora Rayane Haddadj analizó registros de más de 4.000 funcionarios británicos del proyecto Whitehall II (Imagen Ilustrativa Infobae)

El análisis estableció que una velocidad de caminata más alta se asoció con una reducción del 23 % en el riesgo de morir durante el período de seguimiento. A su vez, quienes presentaban una cadencia de pasos mayor tuvieron un riesgo de mortalidad un 17 % inferior, de acuerdo con los resultados publicados por el equipo.

PUBLICIDAD

La relación entre estas variables y la mortalidad por todas las causas persistió tras ajustar las cifras por el número de pasos diarios. Ese punto resulta relevante porque separa el volumen total de actividad de la intensidad o el ritmo con que se realiza una caminata.

Los pasos por minuto aportan información más allá del total diario

Un hombre y una mujer de espaldas a las consolas de dos cintas de correr en un gimnasio con ventanales y otras personas ejercitándose.
Una velocidad de caminata más alta se asoció con una baja del 23 % en el riesgo de muerte durante el seguimiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

La cadencia es una medida sencilla: expresa cuántos pasos se completan en un minuto. Mientras el conteo diario permite aproximarse al movimiento acumulado, la velocidad y el ritmo pueden reflejar la capacidad funcional de una persona en un momento determinado.

Los autores señalaron que tanto la velocidad como la frecuencia de pasos mostraron una asociación consistente con la mortalidad por cualquier causa. El diseño del estudio permite identificar vínculos entre esas mediciones y los desenlaces de salud, pero no demuestra que aumentar el ritmo de marcha, por sí solo, evite las muertes prematuras.

Esa distinción es importante. Una persona que camina deprisa puede tener una mejor condición cardiovascular, muscular o de equilibrio, factores que también influyen en su estado general. Del mismo modo, la pérdida de velocidad puede aparecer cuando se acumulan enfermedades o limitaciones físicas.

Para el doctor Theodore Strange, jefe de medicina del Hospital Universitario Northwell Staten Island, en Nueva York, una marcha más veloz puede indicar que las enfermedades crónicas están ausentes o se encuentran mejor controladas. El especialista fue consultado sobre los hallazgos en un comunicado de Northwell.

“Una mayor velocidad al caminar probablemente se asocia con una mejor salud”, afirmó Strange. Añadió que, cuando el estado físico se deteriora, la marcha puede ser una de las primeras funciones cotidianas que se ven afectadas.

Primer plano de unos pies con zapatillas deportivas grises y blancas caminando sobre un pavimento oscuro y mojado. El fondo muestra edificios y luces desenfocadas.
La cadencia de pasos aporta información funcional sobre la salud con independencia del volumen total diario acumulado (Imagen Ilustrativa Infobae)

La pérdida de velocidad puede anticipar fragilidad y riesgo de caídas

Según Strange, la reducción de la velocidad al caminar puede acompañarse de un mayor riesgo de caídas, fragilidad y deterioro cognitivo. Estos problemas, a su vez, se relacionan con una mayor morbilidad y mortalidad, aunque cada caso requiere una evaluación médica individual.

Caminar es una actividad accesible para muchas personas y puede adaptarse a distintas edades y condiciones físicas. Sin embargo, los resultados del estudio no reemplazan la consulta profesional, especialmente para quienes padecen enfermedades cardiovasculares, trastornos de equilibrio, dolor persistente o limitaciones de movilidad.

El especialista aconsejó que las personas interesadas en elevar su ritmo comiencen desde una intensidad cómoda. La progresión debe ser gradual, con el objetivo de que el cuerpo se adapte al esfuerzo y de reducir la posibilidad de lesiones o tropiezos.

Un grupo de personas mayores en un parque: una pareja camina, otros andan en bicicleta, tres practican Tai Chi y dos conversan en un banco con un ajedrez.
Las recomendaciones clínicas para elevar el ritmo sugieren pasos cortos y controlados junto con una postura erguida (Imagen Ilustrativa Infobae)

También recomendó optar por pasos más cortos y controlados, en lugar de alargar la zancada de manera brusca. Mantener una postura erguida, llevar los hombros relajados hacia atrás y acompañar el movimiento con los brazos puede contribuir a una caminata más estable.

La meta de pasos puede ajustarse al punto de partida de cada persona

Strange señaló que no es indispensable llegar a la cifra de 10.000 pasos diarios, una meta que se popularizó como referencia general. Propuso primero registrar durante algunos días el nivel habitual de actividad y plantear aumentos alcanzables a partir de esa base.

Como orientación, sugirió avanzar hacia un rango de 5.000 a 6.000 pasos diarios y, si las condiciones personales lo permiten, aspirar después a entre 7.000 y 8.000. Alcanzar los 10.000 pasos puede ser adecuado para algunas personas, pero no es un requisito universal.

La principal recomendación es sostener una rutina acorde con la capacidad individual y prestar atención a cambios notorios en la movilidad. En el estudio, la velocidad y la cadencia funcionaron como indicadores asociados con la longevidad; por eso, una disminución persistente de la marcha puede ser una señal útil para conversar con un profesional de la salud.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD