8 errores frecuentes al sacar a pasear al perro, según especialistas

Las salidas cotidianas requieren atención ante entorno, hidratación, señales físicas y necesidades particulares de cada mascota

Ilustración en acuarela de un perro marrón con arnés verde que camina junto a las piernas de una persona por la acera.
Los paseos diarios combinan ejercicio, exploración y aprendizaje, pero también exigen adaptar cada decisión a las necesidades del perro. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Los paseos pueden perder parte de su valor o exponer al animal a incidentes cuando se pasan por alto 8 decisiones cotidianas.

La correa, el entorno, el ritmo y la salud del perro requieren atención en cada salida, según destacaron una veterinaria y una experta en comportamiento animal.

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1. Sujetar la correa demasiado cerca limita el movimiento

Un perro de pelaje negro y blanco con arnés azul mira hacia arriba sujeto por una correa en un camino de parque rodeado de árboles.
Una correa con la holgura adecuada permite controlar al perro sin limitar sus movimientos durante la caminata. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una mano firme no exige mantener al perro pegado a la persona. La consultora certificada en comportamiento y adiestradora Juliana DeWillems explicó al sitio especializado en estilo de vida, Good Housekeeping, que una correa sin holgura puede aumentar los tirones. La pauta es conservar el control y, a la vez, darle margen para moverse sin que represente un riesgo para quien lo acompaña.

La American Veterinary Medical Association (AVMA) recomienda revisar que el collar o arnés se ajuste de forma correcta para evitar lesiones o escapes. Algunos perros con problemas de cuello o vías respiratorias necesitan arnés.

2. Acercarse a otro perro sin consultar puede generar tensión

La apariencia tranquila de un animal no garantiza que acepte un contacto. DeWillems señaló que los saludos con correa pueden resultar difíciles porque ese elemento restringe la comunicación corporal. Antes de permitir el acercamiento, corresponde preguntar a la otra persona y observar las reacciones de ambos animales.

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La entidad aconseja reconocer signos de estrés o de intención agresiva y retirar al perro de los estímulos que los desencadenen. Si tiene antecedentes de reactividad ante personas u otros perros, debe evitarse la exposición que pueda provocar una mordedura.

3. Usar las caminatas como único ejercicio no cubre todas las necesidades

Perro de pelaje claro con abrigo a rayas multicolores caminando en una vereda llena de hojas secas, una persona lo sujeta con correa al fondo, con árboles y edificios urbanos.
Las caminatas no siempre cubren por sí solas las necesidades de actividad física de cada animal. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El recorrido con correa ofrece actividad y estimulación, aunque puede no ser suficiente como única instancia de movimiento. Mary Burch, doctora en comportamiento animal aplicado, indicó que la duración apropiada cambia según el lugar de residencia, temperatura y nivel de actividad del perro.

La entidad sugiere iniciar con salidas breves y frecuentes, incorporar descansos y aumentar la exigencia de manera gradual. Cachorros, animales mayores, perros con sobrepeso o con problemas de salud pueden requerir indicaciones específicas.

4. Salir sin premios desaprovecha una herramienta de aprendizaje

DeWillems recomienda llevar recompensas para reforzar los momentos en que el perro camina con la correa floja o dirige su atención hacia la persona. La adiestradora resumió ese criterio con la frase: “La conducta va adonde fluye el refuerzo”.

El uso de premios no reemplaza la supervisión ni el manejo adecuado del equipo. Puede servir para practicar la caminata con calma y fortalecer la respuesta a las señales durante el trayecto.

5. Una correa muy corta restringe la exploración

Hombre con pantalón beige y chaqueta gris sujeta correa de perro negro y marrón en una acera. Un cordón amarillo delimita la calle con coches
Una correa más larga facilita la exploración cuando el entorno permite mantener el control y la seguridad. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La especialista considera que la correa tradicional de 1,8 metros (6 pies) suele resultar limitante para muchos perros. Sugiere evaluar longitudes de entre 2,4 y 3 metros (8 y 10 pies) cuando el lugar permita usarla con seguridad, ya que ofrecen más espacio para olfatear y desplazarse.

Esa elección debe adaptarse al entorno. En calles transitadas, zonas concurridas o puntos con riesgos, una distancia menor puede facilitar el control y el retiro rápido ante un imprevisto.

6. Fijar recorrido sin considerar al animal puede resultar excesivo o insuficiente

Un paseo demasiado extenso puede resultar tan inconveniente como uno insuficiente. Burch planteó que no existe una duración universal: influyen la edad, condición física, temperatura exterior y lugar.

La entidad recomienda suspender la actividad si aparecen cojera, respiración dificultosa, tropiezos, desorientación o negativa a seguir caminando. Estos cambios requieren reducir el esfuerzo y, si persisten, consultar a un veterinario.

7. Impedir que olfatee elimina parte del recorrido

Mujer con gorra y camisa vaquera pasea un perro golden retriever con correa por vereda. Alrededor hay casas, árboles, césped y calle con autos.
Las pausas para olfatear proporcionan información y estimulación mental durante el recorrido. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los perros obtienen información del entorno principalmente mediante el olfato. DeWillems sostiene que esas pausas no son un desvío sin propósito, sino una necesidad durante la salida. Permitirlas en zonas seguras puede aportar estimulación mental.

Burch propuso practicar velocidades diferentes para que el perro responda a un paso lento o más rápido cuando la situación lo exige. La persona a cargo debe mantener la supervisión y evitar que la exploración lo lleve hacia el tránsito, superficies peligrosas o contactos no deseados.

8. Usar correa extensible en sitios concurridos aumenta riesgo de accidentes

Las correas extensibles pueden dar más espacio para explorar, pero DeWillems recomienda reservarlas para lugares abiertos con poca circulación de personas, como senderos o campos. En áreas concurridas, la longitud adicional puede causar enredos entre animales y peatones.

La entidad advierte además sobre el pavimento caliente, hielo, vidrios y desniveles. En recorridos largos o con calor, conviene llevar agua y vigilar señales como jadeo intenso, debilidad, babeo excesivo o menor respuesta. Ante esos signos, la actividad debe detenerse y se debe buscar atención veterinaria inmediata.

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