Claire Keegan, escritora irlandesa: "Me perturba cuánto se mueve el mundo hacia la derecha. Tenemos que leer más libros"

Una de las estrellas de FILBA habló de Borges, de Trump y la reunificación de Irlanda, de los silencios en su obra y de por qué prefiere a los escritores muertos: una conversación tan precisa como su propia narrativa

Claire Keegan portada
Claire Keegan está en Buenos Aires para participar del festival FILBA. La escritora irlandesa habló de política, de empatía y de por qué elige un tipo de literatura por sobre otra: "Lo que nos hace pasar de página es la tensión, no el drama" (Foto: prensa FILBA)
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Claire Keegan ya está en Buenos Aires y en un encuentro con la prensa realizado este miércoles por la mañana, se mostró con el estilo que define su literatura: sin adornos, sin excesos, con cada palabra en su lugar. La escritora irlandesa, considerada una de las voces más influyentes de la narrativa breve contemporánea, llegó para participar de FILBA 2026 en dos encuentros abiertos al público: una lectura de sus cuentos este viernes por la mañana en el Auditorio Malba (modera Leonora Djament) y un diálogo con su traductor Jorge Fondebrider el sábado 3 por la tarde en el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la UBA.

Keegan, una de las estrellas internacionales del Festival literario porteño que se desarrolla hasta el domingo 4, es la menor de una familia de seis hermanos y como ella misma remarcó “en una casa sin libros”. A los 17 se fue a Nueva Orleans, donde estudió ciencias políticas y luego dos maestrías en escritura creativa. Su debut, Antártida, publicado en 1999, fue saludado como el de alguien que “tenía todas las chances”, según sus propias palabras. Desde entonces publicó poco —apenas cinco libros en 25 años— y enseñó escritura creativa durante tres décadas con una obsesión declarada: los párrafos. Sus libros —Tres luces y Pequeñas cosas como estas— comparten una economía del lenguaje que no admite desperdicio. La filosofía que la guía la tomó prestada de Flaubert: “El autor debe estar en todas partes, como Dios en la naturaleza. En todas partes, pero en ningún lugar visible”. Tres luces fue adaptada al cine con el título The Quiet Girl, con nominación al Óscar; Pequeñas cosas como estas fue llevada a la pantalla grande con Cillian Murphy como protagonista y estuvo preseleccionada para el Booker Prize. En Argentina es una de las autoras extranjeras traducidas más vendidas de los últimos años.

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Su estilo al responder no difiere del que aplica en la página: tajante, concreto, con ironía ocasional y sin medias tintas, fiel a una tradición irlandesa que aprendió a medir las palabras como recurso de supervivencia. Ante la pregunta de Infobae Cultura sobre las declaraciones de Donald Trump respecto a una eventual reunificación de Irlanda, fue directa: descartó que Trump tenga conocimiento real de la política irlandesa y comparó su manera de pensar con Hitler: “Es como ‘Ahora tomaré Austria y todos tendrán que aceptarlo’”, dijo, en referencia al Anschluss —la anexión de Austria por parte de la Alemania nazi en 1938—. “Es lamentable que tenga un micrófono tan grande”, sentenció. Y agregó: “Me perturba cuánto se está moviendo el mundo hacia la derecha y hasta qué extremo ha llegado esa derecha. Tenemos que leer libros”. Luego, imperturbable, marcó un límite claro: no es política, escribe relatos, y sugirió que una pregunta de esa envergadura “probablemente debería responderla otra persona”.

Donald Trump, durante sus declaraciones sobre una eventual reunificación de Irlanda. Keegan descartó que el expresidente tenga conocimiento real de la política irlandesa: "Cuando Hitler se apoderó de Austria, lo llamó reunificación" (Foto: REUTERS/Kylie Cooper)
Donald Trump, durante sus declaraciones sobre una eventual reunificación de Irlanda. Keegan descartó que el expresidente tenga conocimiento real de la política irlandesa: "Cuando Hitler se apoderó de Austria, lo llamó reunificación" (Foto: REUTERS/Kylie Cooper)

La rueda de prensa se realizó en una librería porteña con omnipresencia de Jorge Luis Borges —reediciones, antologías y ediciones especiales preparadas para el año en que se cumplen cuatro décadas de su muerte—, lo que llevó a que alguien le preguntara por su historia como lectora del autor argentino. Keegan dijo haber leído sus cuentos en antologías cuando era estudiante universitaria, y recordó también “un ensayo suyo sobre la ceguera y sobre cómo todo era gris, más que negro”. Encontró en él algo que no siempre aparece en los escritores con esa clase de magia: “Algunos escritores que tienen esa magia en su obra dejan atrás a mucha gente, porque no son para todo el mundo. Borges, en cambio, tiene la capacidad de invitar a entrar y decir: ‘Esto también es para vos. Es para todos’. Hay en él un igualitarismo: no es elitista. Además, tiene humor”. Y fue categórica: “No conozco a nadie a quien no le guste Borges”. Su profesor de poesía en Loyola, en Nueva Orleans, le regaló Ficciones cuando tenía veinte o veintiún años. Fue honesta sobre aquella lectura temprana: “Era demasiado joven para entenderlo entonces, pero me alegro de haberlo leído. Sabía que estaba leyendo algo que me superaba”. Trazó también un paralelo inesperado: “Creo que la audacia de Borges es parecida a la de Joyce. Entiendo que Borges no apreciara a Joyce: estaban compitiendo”.

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Habló también de su manera de concebir al lector: alguien inteligente al que no hay que sobreexplicarle nada. “Si las cosas se muestran con claridad, están bien elegidas y se usan bien, no creo que haga falta demasiada explicación”, dijo. “El placer de leer consiste en ensamblar las piezas, en unir los puntos. Prefiero hacer puntos claros, contundentes y significativos antes que muchos puntos pequeños.” Los silencios en su obra, aclaró, no son solo herencia del colonialismo británico —aunque reconoció que los irlandeses aprendieron a callarse para sobrevivir, que “digas lo que digas, no digas nada” es un dicho que corre por la cultura irlandesa— sino ante todo una elección estética. Citó a Chéjov, quien le escribió a su hermano Alexander que “la gracia consiste en hacer el menor número de movimientos entre dos puntos”, y fue directa: “Me aburro cuando los libros se extienden y se extienden, en vez de profundizar. Una conversación aburrida es aquella que sigue y sigue, en lugar de entrar en aquello que eligió tratar”.

Funeral de Shane MacGowan
Donald Trump, durante sus declaraciones sobre una eventual reunificación de Irlanda. Keegan descartó que el expresidente tenga conocimiento real de la política irlandesa: "Cuando Hitler se apoderó de Austria, lo llamó reunificación" (Foto: archivo AFP)

Sobre la empatía con sus personajes trazó una línea que conecta la literatura con la política. Explicó que para lograr que el lector sienta, primero hay que llevarlo físicamente a la página: “Ante todo somos seres físicos, y si querés que algo ocurra en la página, tiene que ocurrir físicamente en la página, aunque no pueda hacerlo. El lenguaje es un artificio, pero hay que lograr que el lector crea que está sucediendo”. Y una vez allí, el pacto es claro: “Si fueras realmente el personaje central de un libro o un cuento, harías exactamente lo que hizo esa persona, porque serías él o ella”. Trazó entonces el arco hacia lo político: “Una de las mejores razones para leer un libro es imaginarse siendo otra persona, en otras circunstancias y con otras dificultades, porque esa es la base de la civilización. Quienes se dedican a la política deberían imaginar constantemente cómo es ser otra persona, a diferencia de Trump”.

Cuando se le preguntó sobre sus lecturas, confirmó lo que sus estudiantes le reprochan con humor: prefiere a los muertos. “Prefiero leer a Jane Austen antes que el libro más reciente publicado en Irlanda, Estados Unidos o donde sea”, dijo. “No sé nada de la ficción contemporánea. Si alguien dice que intento escribir como algún autor contemporáneo, no puede ser cierto, porque no los he leído.” Explicó que su gusto se formó leyendo y releyendo despacio y con cuidado a los clásicos: “Mi gusto se desarrolló leyendo a los muertos, porque saben cómo reunir las cosas con buen gusto”. Y citó la broma que le hacen en clase: “Tal persona ya murió, Claire; ahora podés leerla. No es muy amable, pero es verdad.” Confesó que la poesía es su primer amor —Emily Dickinson, Elizabeth Bishop, Philip Larkin, Hardy, Auden, y entre los irlandeses Louis MacNeice, a quien describió como su poeta favorito después de Yeats y al que lamentó que “la gente no conoce, lo cual es una pena”— y que lee poemas como otros leen mensajes o TikTok: “La poesía alimenta mi escritura”.

Cerró con una nota íntima sobre Shane MacGowan, cuya muerte en 2023 fue duelo nacional en Irlanda: “Sus canciones nos conmovieron enormemente. Nosotros estamos conectados con nuestros narradores y nuestros cantantes más que con ninguna otra cosa en nuestra sociedad. Están con nosotros todo el tiempo y son muy amados.” Y contó, casi de paso, que cuando estudiaba equitación en Queensland cruzó un patio cantando y asustó a su instructor: en Irlanda, explicó, cantar es simplemente lo que se hace. “En una fiesta se supone que cada persona tiene algo que hace; en Irlanda, por lo general, eso es una canción.”

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