
El teléfono acompaña los trayectos, las comidas, el trabajo y hasta las visitas al baño. Pasa de las manos al rostro y vuelve al bolsillo sin que su pantalla reciba la misma atención que otras superficies.
Esa rutina permite que los celulares acumulen microorganismos, aunque no demuestra que sean los objetos cotidianos más contaminados. La diferencia importa porque encontrar bacterias en una pantalla no significa, por sí solo, que exista un riesgo de enfermedad.
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El teléfono pasa de las manos a la cara, acompaña actividades en distintos ambientes y puede limpiarse con menor frecuencia que otras superficies. Por eso conviene incluirlo en las conversaciones sobre higiene.
Sin embargo, la pregunta no debería ser qué objeto gana una competencia de suciedad, sino qué se conoce sobre el traslado de microorganismos y qué prácticas ayudan a reducirlo.

Caitlin Mangan, responsable de laboratorio de Gillson Sciences, explicó que los dispositivos reciben contacto repetido y no siempre se limpian entre actividades, según publicó Popular Science.
La especialista vinculó esos hábitos con la acumulación de microorganismos en la superficie del equipo. La publicación no aportó una comparación científica entre celulares y otras superficies de uso cotidiano.
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Encontrar bacterias no alcanza para decir que el celular es el objeto más sucio
La afirmación de que un celular puede estar diez veces más sucio que una tapa de inodoro fue difundida en 2017 por el Instituto de Políticas e Innovación de la Atención Sanitaria de la Universidad de Míchigan.
La frase, sin embargo, no se apoya en una medida única que pueda aplicarse a todos los aparatos, lugares y hábitos de limpieza.
También es necesario precisar qué implica la palabra contaminación. Detectar bacterias en un teléfono indica que hay microorganismos en la superficie analizada.

Para evaluar un posible riesgo para la salud también deben considerarse el tipo de bacteria, su capacidad de causar enfermedad, su cantidad, la forma de contacto y las condiciones de cada persona.
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Por eso, la presencia de bacterias no permite concluir automáticamente que un aparato provoque una infección.
Las investigaciones se concentran, sobre todo, en hospitales y consultorios
Los estudios sobre teléfonos y microorganismos se realizaron principalmente en hospitales y otros espacios de atención médica. Esa diferencia es importante, ya que los dispositivos del personal de salud se usan cerca de pacientes y durante procedimientos clínicos.
Por ese motivo, sus resultados no se pueden trasladar de forma directa a todos los celulares de uso doméstico.

Una revisión publicada en la revista Tropical Medicine and Health reunió 26 estudios sobre 2.887 teléfonos de trabajadores de la salud en África.
El trabajo calculó que el 84,5 % de los teléfonos analizados tenía contaminación bacteriana, aunque los resultados variaban mucho entre las investigaciones.
Esa diferencia se explica por cuestiones como los lugares donde se tomaron las muestras, los métodos de laboratorio y los hábitos de higiene de cada grupo.
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El estudio encontró con frecuencia estafilococos coagulasa negativos, Staphylococcus aureus y Escherichia coli. Los primeros son bacterias que suelen vivir en la piel y no siempre causan enfermedad.
La revisión documentó microorganismos en un ámbito profesional determinado, pero no demostró que cada teléfono con bacterias cause una infección ni comparó esos equipos con otros objetos de uso diario.

Lavarse las manos y limpiar el equipo de manera adecuada son medidas prácticas
Caitlin Mangan indicó que evitar el uso del teléfono en el baño, no apoyarlo sobre superficies que podrían tener gérmenes y limpiarlo con regularidad puede limitar la acumulación de suciedad.
La especialista también mencionó el lavado de manos como una medida importante para reducir el paso de gérmenes de una actividad a otra. Caitlin Mangan indicó que la limpieza regular del dispositivo y el lavado de manos pueden limitar el traslado de gérmenes entre actividades.
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Los productos y métodos elegidos deben ser compatibles con las indicaciones del fabricante, ya que las pantallas y los materiales no siempre toleran los mismos procedimientos. Las fuentes no sostienen que el celular sea siempre más sucio que cualquier otra superficie.
Sí indican que es una superficie de contacto que conviene incluir en las rutinas de higiene. Ese matiz permite separar una recomendación útil de una comparación impactante que no tiene una base científica identificada.
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