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Desayuno y longevidad: qué dice un estudio sobre el horario de la primera comida y la expectativa de vida

Un trabajo publicado en el European Journal of Clinical Nutrition analizó datos de más de 30.000 adultos para explorar posibles vínculos entre los hábitos alimentarios diarios y la salud a largo plazo. Los resultados aportan evidencia sobre la influencia de las rutinas diarias en la calidad y cantidad de años vividos

Una mujer come tostadas de aguacate y cereales en una cocina moderna. Hay un vaso de jugo de naranja y una taza de café en la barra.
El horario del desayuno podría tener un impacto en la salud y la longevidad, según investigaciones recientes (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Un análisis de más de 31.000 adultos en Estados Unidos reveló que desayunar más tarde se asocia con un mayor riesgo de muerte prematura, según un reciente trabajo publicado en el European Journal of Clinical Nutrition.

Los hallazgos muestran que quienes consumen su primera comida después de las 8:00 incrementan su probabilidad de mortalidad general y cardiovascular respecto a quienes desayunan entre las 7:00 y las 8:00. El nuevo estudio, que analizó registros alimentarios y datos de salud a lo largo de casi dos décadas, reabre el debate sobre la importancia del horario en la rutina diaria.

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El estudio más reciente: qué descubrieron los investigadores

Hombre y mujer desayunan en una cocina con tostadas de aguacate, avena con frutos rojos, jugo de naranja y tazas de café.
Un estudio analizó los hábitos alimentarios de más de 31.000 adultos estadounidenses durante casi dos décadas (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo responsable de la investigación revisó información de 31.044 adultos mayores de 40 años, participantes de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición (NHANES) de Estados Unidos, según informó ScienceAlert. El seguimiento, que se extendió durante un promedio de 8,6 años, incluyó el cruce de los horarios de comidas con los registros de mortalidad hasta finales de 2019.

Los resultados del estudio, publicados por la revista científica European Journal of Clinical Nutrition, indican que retrasar el desayuno influye sobre la longevidad. Desayunar entre las 8:00 y las 10:00 aumenta el riesgo de muerte en un 10% respecto al grupo de referencia. El riesgo sube al 19% si la primera comida ocurre entre las 10:00 y las 12:00 y se eleva al 29% si el desayuno es después del mediodía. Estos datos se mantienen incluso tras ajustar variables como la edad, el tabaquismo, la actividad física, la calidad de la dieta, el índice de masa corporal y la presencia de enfermedades preexistentes.

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En relación a las causas cardiovasculares, el patrón es aún más marcado. Quienes desayunan después del mediodía presentan un 46% más de riesgo de muerte cardiovascular frente a quienes lo hacen temprano. A los 50 años, el grupo que posterga su primera comida más allá del mediodía tiene una esperanza de vida estimada 2,46 años menor.

Los horarios de la cena y su impacto

Primer plano de una persona cenando fideos en una mesa de cocina, con un vaso de agua y un reloj digital que marca las 9:30 PM (21:30).
Los profesionales recomiendan evitar cenas abundantes y ricas en ultraprocesados cerca de la hora de dormir (Imagen Ilustrativa Infobae)

El análisis también incluyó el horario de la última comida del día. Según el modelo, quienes cenan antes de las 19:00 tienen un riesgo de muerte un 13% mayor en comparación con aquellos que finalizan la ingesta entre las 19:00 y las 20:00. Comer después de la medianoche eleva el riesgo a un 27%. El menor riesgo se encuentra alrededor de las 20:00, aunque los autores advierten que no existe una hora universal óptima para todos.

El doctor Zhilei Shan, autor principal del estudio y miembro de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong, explicó que consumir alimentos muy tarde puede alterar los ritmos circadianos y el metabolismo. Por otro lado, una cena excesivamente temprana podría reflejar otros problemas de salud, como horarios irregulares o enfermedades.

Interpretación y límites del hallazgo

Hombre y mujer sentados frente a un escritorio con tableta, documentos y bolígrafo; al fondo, una ventana con vegetación y una planta.
Comer fuera del ciclo natural de luz y oscuridad puede favorecer la aparición de trastornos metabólicos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El trabajo publicado en European Journal of Clinical Nutrition es observacional y no establece causalidad directa. Los investigadores advierten que el horario de las comidas puede reflejar otros factores, como el estado de salud o el estilo de vida de las personas. El registro alimentario se realizó en un solo día y no necesariamente representa patrones de años.

El propio Shan recomendó cautela: “Basándonos únicamente en estos hallazgos, la gente no debería hacer cambios drásticos en sus hábitos alimenticios”. El cronotipo, los patrones de sueño o la actividad diaria podrían también influir en los resultados, según detalla el estudio citado por ScienceAlert.

Qué dicen los especialistas acerca del reloj biológico y el ritmo circadiano

Cuerpo humano, círculo amarillo y azul, iconos de actividades diurnas como correr y trabajar, iconos de actividades nocturnas como dormir y descansar, sol, luna y estrellas.
Los especialistas destacan la importancia de sincronizar las comidas con el reloj biológico (Imagen Ilustrativa Infobae)

El nuevo estudio se suma a una línea de investigaciones que exploran cómo el cuerpo humano responde al ritmo circadiano. Consultada en una nota de Infobae, la médica especialista en Medicina Interna y Nutrición y vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), Marianela Aguirre Ackermann, explicó que “la luz de la mañana ayuda a marcar el comienzo del día y la oscuridad favorece la preparación para el sueño”. Cada órgano clave para el metabolismo, como el hígado, el páncreas y el tejido adiposo, cuenta con relojes biológicos propios que regulan la actividad de numerosos genes.

Por su parte, la médica pediatra especialista en medicina funcional en niños y adultos, Mariel Dobenau, señaló: “Existe un reloj central en el cerebro sincronizado principalmente por la luz solar, pero además prácticamente todas las células poseen relojes periféricos. El hígado, el páncreas, el intestino, el músculo y el tejido adiposo trabajan de manera diferente según la hora del día”.

Ambas especialistas coincidieron en que la luz sincroniza el reloj central y la comida sincroniza los periféricos. Cuando estos sistemas actúan en armonía, el organismo responde mejor a los nutrientes y al descanso.

Beneficios de sincronizar comidas y sueño

Una mano presiona un smartwatch plateado con correa azul en la muñeca, cuya pantalla muestra 148/92 mmHg y Presión Arterial Elevada.
La regularidad en los hábitos alimentarios y de descanso contribuye a un mejor funcionamiento metabólico (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre las ventajas de comer y dormir alineados con el ciclo solar, las expertas destacan una mejor regulación de la glucosa y la insulina. “La sensibilidad a la insulina, la secreción de determinadas hormonas y la capacidad de manejar la glucosa varían a lo largo del día. En promedio, la tolerancia a la glucosa es mejor durante la primera parte del período de actividad y disminuye hacia la noche”, precisó Aguirre Ackermann.

Dobenau añadió que durante la mañana existe mayor sensibilidad a la insulina y mejor utilización de la glucosa, mientras que de noche aumenta la melatonina y disminuye la secreción de insulina.

Las especialistas también resaltaron que adelantar las comidas y evitar cenas tardías favorece una mejor respuesta glucémica, además de una utilización más eficiente de los nutrientes y oxidación de grasas. Concentrar la alimentación en la primera parte del día puede reducir el hambre nocturna y mejorar el control del apetito.

Varios estudios internacionales citados por Aguirre Ackermann respaldan que quienes adelantan sus horarios de comidas experimentan menos sensación de hambre en la noche y mejor calidad de sueño. También existe evidencia de que concentrar la ingesta más temprano reduce el riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.

Consecuencias de comer fuera de horario: la arritmia circadiana

Hígado humano translúcido 3D, venas, células hepáticas, núcleos, vacuolas de grasa amarillas, partículas luminosas azules, naranjas y blancas, filamentos, fibrosis verde.
Comer tarde, especialmente cerca del horario habitual de dormir, puede favorecer el desarrollo de hígado graso en contextos de exceso energético (Imagen Ilustrativa Infobae)

La desincronización entre el reloj biológico y los horarios de comida puede tener efectos adversos.

Según Dobenau, vivir con rutinas desfasadas —como cenar muy tarde, exponerse a luz artificial en la noche o dormir en horarios irregulares— favorece un estado inflamatorio de bajo grado. Comer tarde puede causar una respuesta glucémica más elevada o prolongada, lo que a largo plazo contribuye a la resistencia a la insulina y al hígado graso.

Aguirre Ackermann detalló que la menor sensibilidad nocturna a la insulina obliga al páncreas a secretar más cantidad de esta hormona, y el hígado recibe nutrientes cuando su función esperada es la reparación.

Recomendaciones prácticas para mejorar el ritmo

Mujer sonriente con suéter mostaza sentada a la mesa comiendo salmón con verduras y granos, con un vaso de agua y un reloj marcando las 7 p.m
El nuevo estudio aporta evidencia sobre la influencia del reloj interno en la salud y la prevención de enfermedades crónicas (Imagen ilustrativa IA Infobae)

Aunque no existe una hora universal para la última comida, el consenso de las especialistas apunta a dejar entre dos y cuatro horas entre la cena y el momento de dormir. “Si la persona se acuesta alrededor de las 22:30-23:00, una cena entre las 19:00 y las 20:30 suele ser una buena estrategia”, sugirió Dobenau.

En cuanto a la composición, Aguirre Ackermann remarcó que lo más importante es el horario, el volumen de la comida y la calidad de los alimentos. Tanto Aguirre Ackermann como Dobenau desaconsejan las cenas ricas en ultraprocesados, alcohol y azúcares, y aconsejan priorizar la exposición a luz natural en la mañana y reducir la iluminación artificial durante la noche.

“El objetivo no es solo pensar en qué se come, sino también cuándo se come, cuándo se descansa y si la biología está sincronizada”, concluyó Dobenau en diálogo con Infobae.

Pareja de ancianos activos disfrutando de una sesión de trote en un entorno verde y natural, evidenciando su compromiso con un estilo de vida saludable y la actividad física regular. Su elección de correr como parte de su rutina diaria subraya la conexión entre el bienestar físico y la longevidad, resaltando la importancia de mantenerse en forma y cuidarse mutuamente en la tercera edad. (Imagen ilustrativa Infobae)
El horario en que se realiza la primera comida del día podría asociarse con diferencias de hasta dos años en la esperanza de vida (Imagen ilustrativa Infobae)

El estudio del European Journal of Clinical Nutrition marca un avance al identificar que los horarios de las comidas, especialmente el desayuno y la cena, podrían ser factores conductuales modificables asociados al riesgo de mortalidad y a la esperanza de vida.

Las especialistas consultadas coinciden en que alinear las rutinas diarias con el ritmo circadiano puede aportar beneficios concretos, aunque recomiendan evitar cambios radicales sin la debida supervisión profesional.

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