Nutrición infantil en Argentina: claves para un desarrollo saludable durante los segundos mil días

La etapa de los 2 a los 5 años es crítica para establecer hábitos alimentarios que contribuyan a prevenir el desarrollo de enfermedades crónicas en el futuro. La palabra a Infobae de los expertos

Los segundos mil días, de los 2 a los 5 años, son cruciales para establecer hábitos alimentarios que influyan en la salud futura (Imagen Ilustrativa Infobae)

La nutrición en los primeros años de vida es crucial para el desarrollo saludable de un niño. Durante esta etapa, el crecimiento físico y cognitivo es acelerado, y una alimentación adecuada proporciona los nutrientes esenciales que el cuerpo y el cerebro necesitan para prosperar.

Una dieta equilibrada apoya al sistema inmunológico, los huesos y los músculos. Además, establece las bases para hábitos alimentarios sanos en el futuro que prevengan el surgimiento de enfermedades crónicas.

Los expertos del equipo PROFENI (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil) explican que la situación nutricional actual en la Argentina no logra cubrir las necesidades básicas de los niños y niñas. Durante los “segundos mil días”, que comprenden desde los 2 hasta los 5 años de edad, la alimentación es sumamente importante para que los infantes establezcan conductas favorables.

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Los especialistas tienen como objetivo principal realizar investigaciones y desarrollar propuestas para contribuir a la concientización sobre alimentación en la infancia. Pretenden mejorar el perfil nutricional de los productos con el fin de que los más chicos disfruten de una buena salud.

¿Cómo es la nutrición de los niños y niñas en la Argentina hoy en día?

Los niños y niñas en la Argentina consumen altas cantidades de azúcares y carbohidratos (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Niños y niñas en Argentina presentan baja ingesta de nutrientes como calcio, potasio, fibra y vitaminas, y elevada ingesta de sodio, azúcar y grasas saturadas. Además, 4 de cada 10 tienen malnutrición (18,6%, sobrepeso; 20,6%, obesidad; y un 2,9%, bajo peso)”, declararon desde el grupo multidisciplinario.

Los déficits de nutrientes entre los 2 y 6 años están marcados principalmente por el consumo insuficiente de lácteos, como el yogur, frutas y verduras. Estos alimentos nutritivos se vieron reemplazados en grandes cantidades por carnes rojas y comidas altas en hidratos de carbono, como fideos, arroz, galletitas y panificados.

Esta tendencia de subalimentación crónica se encuentra en alza en todo el mundo. Se trata de un tipo de malnutrición desprovista de micro y macronutrientes. Esta falta de componentes esenciales puede devenir en sobrepeso, obesidad y enfermedades no transmisibles, como la diabetes tipo 2, cáncer y afecciones cardiovasculares.

“Todas estas formas de malnutrición afectan al desarrollo humano, teniendo entre sus efectos un impacto en el progreso social y económico, así como en el ejercicio de los derechos humanos en sus múltiples dimensiones. La pobreza lleva a la inseguridad alimentaria, al hambre y a la malnutrición; estas ocasionan un desarrollo físico y cognitivo deficientes, lo que genera baja productividad y eso acentúa la pobreza”, manifestó el Dr. Omar Tabacco, médico pediatra gastroenterólogo y expresidente de la Sociedad Argentina de Pediatría.

La importancia de la alimentación infantil

La incorporación de niños a la mesa familiar es vital para su desarrollo integral, ya que fomenta hábitos saludables y actitudes sociales positivas (imagen ilustrativa infobae)

Al enfocarse en establecer hábitos alimentarios saludables en los “segundos mil días”, los expertos consideran que el estado de salud general de los niños y niñas al crecer se verá favorecido, ya que se evitarán los desarrollos de ciertas enfermedades crónicas. A esto se lo denomina como “prevención primordial”, la cual se enfoca en disminuir las probabilidades de que surjan factores de riesgo a lo largo de la vida.

Otro hecho importante que suele ocurrir en esta etapa es la integración del infante a la mesa familiar. “La incorporación del niño y/o la niña a la mesa familiar ofrece numerosas oportunidades para su desarrollo integral. Sin embargo, es fundamental que las familias puedan ofrecer un ambiente positivo y saludable durante las comidas. Fomentar una actitud amorosa y paciente hacia la alimentación y aprovechar las comidas como momentos de aprendizaje de hábitos saludables tiene un gran impacto en el bienestar del niño y la niña”, declaró Alberto Arribas, especialista en nutrición, presidente de la Asociación Civil Supersaludable.

Esas conductas aprendidas durante las comidas, que comprenden actitudes sociales, además de hábitos alimentarios, son esenciales y no se pueden asimilar de otra manera que no sea el contacto directo con la familia a la hora de comer. Por ende, si el niño o la niña observa comportamientos perjudiciales para la salud, podría repetirlos, lo cual pone en riesgo su desarrollo.

El desarrollo de bacterias buenas en el intestino infantil se favorece con actividad física, buen sueño y una dieta equilibrada (Imagen Ilustrativa Infobae)

Lo mismo sucede en las escuelas, donde circulan alimentos de baja calidad nutricional, como las galletitas y los snacks. El infante debe desayunar de manera sustanciosa antes de asistir a la institución educativa. De esta forma se puede garantizar que contará con los nutrientes necesarios para tener un buen rendimiento durante el día.

Ya en el colegio, “es importante ofrecerles, para esos momentos, alimentos de buen valor nutricional, priorizando frutas frescas de estación, frutos secos, semillas, cereales sin azúcar y yogur libre de sellos, con probióticos (transportado de forma segura)”, según Arribas.

Finalmente, la microbiota intestinal en esta etapa continúa en desarrollo, lo cual también impacta al sistema inmune. Ante esto, desde el PROFENI comentan que los nacidos en pandemia, quienes pasaron por una etapa prolongada de aislamiento, podrían tener defensas bajas debido a “una maduración no adecuada de su sistema inmunológico durante sus primeros 1000 días”.

Esta situación se puede revertir a partir de la actividad física al aire libre, una buena cantidad y calidad de sueño según la edad, y el brindarle a los niños y niñas una alimentación equilibrada y diversa. Además, es esencial que el consumo de antibióticos se limite a casos necesarios. Todas estas acciones estimulan al crecimiento de “bacterias buenas” en el tracto intestinal.

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