
Una de las preocupaciones latentes en la medicina preventiva radica en el cuidado de las funciones cognitivas. Ellas están implicadas en la mayor parte de las demencias, como en la enfermedad de Alzheimer, por ejemplo.
Ahora, una reciente investigación que acaba de publicarse en la revista Neurology, ha confirmado que una taza de té por la mañana y una copa de vino con la cena podrían ayudar a reducir el riesgo de desarrollar demencia más adelante en la vida.
El poder secreto reside en los flavonoles (una clase de flavonoides), dicen los científicos. Estas bebidas, entre otros alimentos, son ricos en flavonoles antioxidantes, sustancias químicas vegetales que aumentan el flujo sanguíneo al cerebro, explican los científicos de la Academia Estadounidense de Neurología.

“Es emocionante que nuestro estudio muestre que tomar decisiones dietéticas específicas puede conducir a una tasa más lenta de deterioro cognitivo”, dijo el autor del estudio, Thomas Holland, del Centro Médico de la Universidad Rush en Chicago, EEUU.
Los flavonoides, estos pigmentos naturales presentes en los vegetales y que protegen al organismo del daño producido por agentes oxidantes, como los rayos ultravioletas, la polución ambiental, sustancias químicas presentes en los alimentos.
Tradicionalmente los especialistas han indicado que beber y comer un arco iris de colores asegura una variedad saludable en la dieta. Alimentos como los cítricos, el brócoli, los tomates, las cebollas rojas, pero también el té verde, el cacao y especias como el tomillo y la menta son ricos en flavonoides, pero la uva posee, en particular, una fuerte concentración de flavonoides.

Cuáles son los alimentos con flavonoles
Holland y sus colegas siguieron a 961 estadounidenses de entre 70 y 80 años durante un promedio de 7 años. Los puntajes cognitivos de quienes tenían la mayor ingesta de flavonoles, aproximadamente una taza de té al día, disminuyeron un 40% más lentamente cada década en comparación con sus pares que consumieron la menor cantidad de flavonoles.
El equipo dividió los flavonoles en cinco tipos diferentes: kaempferol, isorhamnetina, miricetina, quercetina e isorhamnetina. El kaempferol, que abunda en las verduras de hoja verde, la col rizada y el té, tuvo el mayor beneficio, seguido de la miricetina, que abunda en el vino tinto.
Después de esas variedades, la quercetina, también en el té y la col rizada, así como en los tomates y las manzanas, ocupó el tercer lugar. La isorhamnetina, que se encuentra en el aceite de oliva, no tuvo efecto. Los resultados se mantuvieron constantes después de tener en cuenta otros factores como la edad, el sexo y el historial de tabaquismo.

Los participantes de la investigación completaron pruebas cognitivas y de memoria anuales, como recordar palabras y números, y completaron cuestionarios sobre alimentos. También se les preguntó sobre su nivel de educación y cuánto tiempo dedicaban a hacer ejercicio y actividades mentales como leer y jugar.
Los voluntarios se dividieron en cinco grupos según la cantidad de flavonoles en su dieta: la más baja era de unos 5 mg por día y la más alta de unos 15 mg. Las tasas de disminución de la memoria se calcularon utilizando una puntuación global general que resume 19 pruebas cognitivas.

Holland cree que el fenómeno se debe a las “propiedades antioxidantes y antiinflamatorias inherentes de los flavonoles. Algo tan simple como comer más frutas y verduras y beber más té es una manera fácil para que las personas desempeñen un papel activo en el mantenimiento de la salud de su cerebro”, explicó Holland.
Se espera que el número de casos de demencia en todo el mundo se triplique a más de 150 millones para 2050. Sin una cura a la vista, los comportamientos de estilo de vida protectores, como comer sano y hacer mucho ejercicio, se consideran actualmente como la mejor manera de prevenir la aparición de la enfermedad de Alzheimer, una forma más común de demencia.
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