“Aprendí a poner la energía en mí y a entender que no puedo tener el control de todo”, afirmó Melody Luz en Casino Deluxe, el ciclo de entrevistas de Infobae, al reflexionar sobre su relación con Alex Caniggia, la maternidad y los cambios personales que atravesó en los últimos años.
La bailarina se refirió a las situaciones que la lastimaron durante el embarazo, cómo logró reconstruir la pareja y de qué manera la terapia la ayudó a fortalecer su amor propio y a establecer límites. También contó cómo transita los períodos en los que su pareja trabaja en el exterior, las dificultades para organizar la vida cotidiana y su deseo de recuperar espacios para disfrutar de a dos.
Melody alcanzó la popularidad en 2022, cuando participó en El Hotel de los Famosos, el reality de El Trece en el que conoció a Caniggia. Su trayectoria artística también incluye el paso por ShowMatch: La Academia, su participación en videoclips y su trabajo en espectáculos teatrales como Sex, dirigido por José María Muscari.
En julio de 2023 nació Venezia, la hija que tiene en común con Alex. Desde entonces, combina la crianza con su trabajo como bailarina y profesora de danza, mientras impulsa su propio emprendimiento. Entre sus proyectos, busca expandir su propuesta vinculada al baile, ofrecer clases virtuales para llegar a otros países y conectar con más personas a través del arte.

— ¿Qué harías con 1 millón de dólares?
— Yo creo que un poco invertir y otro poco viajar. Invertir en una propiedad, en alguna empresa. Algo que siga caminando. No gastármela toda.
— ¿Crearías vos una empresa o serías como una inversora?
— No, creo que lo crearía. Seguiría por el palo del baile, los heels. Yo ya tengo un emprendimiento mío, así que capaz le sumaría más cosas a nivel internacional. Yo siempre flasheo cosas. Iría también con clases virtuales como para poder llegar a más personas afuera, que la verdad que me lo piden mucho, pero todavía no me dio el tiempo. Me gusta mucho conectar con las personas a través del arte. Por otro lado, me inspira la naturaleza, ver los procesos, me gustan mucho las plantas, las flores, ver cómo se marchitan y vuelven a crecer. Me lo tomo como muy filosófico. Hace poco fui a Europa y sigo con la cabeza puesta en todo el arte que vi allá. Que es más que nada arte visual, pero siento que me interpela.
— ¿Harías algo que reúna todo eso?
— Sí, lo utilizaría de inspiración. Lo conectaría también con la energía femenina, cómo explorarla, sacarla afuera, que es un poco lo que hago en mi trabajo.
El celular, los celos y la vida puertas adentro
— En este primer juego me vas a tener que decir por cuánta plata harías determinas cosas que yo te propongo.
— Dale.
— La primera dice: ¿por cuánta plata empezás a seguir en Instagram a tu pareja Alex Caniggia?
— No. Dejémoslo así. Por nada. En realidad no es tanto la plata, es que no me gusta ciertas agresiones que hace desde su personaje. Como yo conozco su parte humana y real, prefiero quedarme con eso y yo elijo no seguirlo para no hacerme mal porque en mi cabeza se mezclan las cosas y prefiero que sea él en su mundo.
— ¿Y qué era lo que te hacía mal cuando lo seguías?
— Y cuando fue la pelea con Wanda o en su momento a Lali. Como que siempre tiene algún punto al que atacar...
— ¿Y por qué crees que lo hace?
— Él es hijo de quien es hijo. Es un poco lo que mamó. Lo hace por un personaje y porque le gusta ser controversial y polémico. Le gusta que se hable de él. No es nada personal, yo sé que si se la llega a cruzar con la gente con la que se pelea, está todo bien. Pero me parece comun gasto de energía que yo no comparto. Yo si ataco a alguien o le respondo a alguien es porque primero me atacaron a mí. En eso somos muy distintos y además yo no tengo personaje. Yo soy yo. Y él sí tiene un personaje que a veces lo entiendo y a veces no. Por eso prefiero que no intervenga en nuestra relación.
— ¿Cómo es él de puertas adentro?
— Es amoroso, es muy buen papá. Es algo que se va aprendiendo con el tiempo, pero siempre ha sido muy compañero conmigo. Abrazos, besos y juegos para con ella siempre tuvo. También es muy pulcro, muy ordenado. Hasta le gusta lavar los platos más que a mí (risas).
— Qué gracioso porque por su personaje no te lo imaginás así.
— A veces de la nada me dice: “Fui al súper y compré un montón de cosas” o “Fui a la verdulería”. Hay cosas que capaz antes no hacía, que yo le dije: “Che, necesito una mano con ciertas cosas de la cotidianeidad”. Y no tiene nada de malo ver un famoso en un supermercado. No le baja el valor a nada. Pero bueno, siento que esas cosas las fuimos aprendiendo juntos y en mi caso saber expresarme para a no herirlo y entenderlo. Pero la verdad que puertas adentro es un amor, es muy familiar y es hogareño. Le gusta mucho estar en casa.
— ¿Y qué hacen cuando están en su casa? ¿Cocinan juntos? ¿Juegan con su hija?
— Jugamos mucho con Vene. Él es muy niño jugando con ella, así que se tira al piso, dibujan, se deja peinar. Cuando supimos que iba a ser una nena él me decía: “No, yo no me voy a dejar poner unas hebillas”. Y hoy en día se lo propone él. Es muy buen papá y me gusta mucho verlo así. En casa la verdad que nos organizamos bastante bien. Si uno cocina, el otro la baña. Él cocina muy bien. Pasó por MasterChef y aprendió un montón.
— Lo formaron bastante ahí.
— Lo formaron y también inventa mucho y le sale bien. Yo que soy taurina y me encanta comer, así que esos momentos los disfrutamos.

— ¿Y cómo es su vida de pareja? ¿Son de armar sus salidas, viajan solos?
— Y eso habría que retocarlo un poquito.
— ¿Es porque están bien así, por la etapa de crianza que están atravesando o porque nunca se pusieron a pensar en esa posibilidad?
— En realidad nosotros tuvimos como un impasse el año pasado. Previo a eso yo estaba siempre en casa. Me sentía muy mamá, muy ama de casa y es como que no sentía que le estábamos dando tanta prioridad a nuestro vínculo. Cuando volvimos hicimos un viaje a un hotel hermoso de Córdoba, que es un spa. Pero después casi siempre es con ella porque es chiquita todavía y cuando no estamos con ella la extrañamos. Pero sí me cuesta un poco sacarlo de casa, hacer cosas solos. Siento que él se pone muy en papel de papá y capaz me gustaría hacer más planes solos. Pasa que es difícil porque, no sé, no podemos ir a un shopping lleno de gente.
— Pero pueden hacer planes más románticos, propios de una pareja, lejos de tanta gente.
— Lo que pasa también es que ahora él lleva varios meses afuera trabajando. Yo creo que cuando vuelva lo vamos a poder charlar y decir: “La dejamos una noche con una niñera y nos vamos a tal lugar”. Pero me cuesta un poco sacarlo y a mí me gustaría ponerme linda, ponerme alguno de los vestidos que tengo ahí juntando polvo y siempre digo: “¡¿Cuándo me los pongo?!” (risas). Me pasa mucho que le digo: “Vamos a este lugar”. “No, ya lo conozco”. “Vamos a este otro lugar”. “Ya lo conozco”. Pero yo no.
— Claro. Es lindo redescubrirlo con él y disfrutar, divertirte.
— Claro, tomar un vinito. Pero él dice: “Quedémonos en casa, cocinamos algo”. Es muy hogareño en ese sentido. Pero en algún momento se va a dar.
— ¿Cómo manejan la relación a distancia ahora que él está trabajando en un proyecto en el exterior? ¿Cómo se mantienen comunicados?
— Últimamente sí, pero al principio no, y en el medio nos pudimos ver en Europa, entonces también estuvo bueno, porque lo bueno de allá es que podés salir, pasear, caminar y la verdad que no es como acá. Lo que pasa acá a mí no me molesta y a él tampoco, pero lo frenan cada tanto. Estás comiendo, te piden una foto y está buenísimo, pero hay gente que no se ubica en tiempo y espacio. Y afuera eso no pasa, entonces se siente con otra libertad y la pasamos genial. Pero yo lo banco. Desde que empecé a estar con él, yo ya sabía que él era el rey de los realities. Y esto yo ya lo pasé también cuando Vene nació, que él se fue a Gran Hermano España tres meses y ella tenía un mes de vida. Creo que ahí pasé la peor parte, porque yo estaba posparto y siendo mamá primeriza. Se me hizo eterno ese tiempo. Ahora que ella está más grande, más independiente, es como que me lo puedo tomar un poco más tranquila.
— ¿Y cómo es tu vida cuando estás sola con tu hija sin él al lado por mucho tiempo? Porque no debe ser fácil tampoco.
— No es fácil. Porque también me quita tiempo de poder agarrar otros laburos y tengo que estar pendiente de todo. Si no puedo ir a buscarla al jardín, tiene que ir una amiga o mi papá y la logística es un lío. Pero aún así yo no dejé de trabajar y me ocupo bastante de mi casa. La nena todavía saca todo, deja todo tirado y no me gusta tanto el lío, entonces cuando la dejo al jardín me prendo un sahumerio, me pongo a ordenar, lavo la ropa, los platos. Me gusta ocuparme de mi casa, que lleva bastante tiempo eso y me gusta manejar mi energía, ponerme música y armar coreos. En este tiempo también me estuve juntando con amigas y amigos que capaz no veía hace mucho. Y cuando ella sale del jardín, vamos a la plaza o dibujamos. Sigo aprendiendo de la maternidad que es un viaje infinito.
— ¿Cuál fue el momento más duro que viviste como madre?
— Y yo creo que este momento cuando él se fue. También el año pasado cuando Vene tuvo un episodio de broncoespasmo que fue horrible. Porque me llamaron que no podía respirar y yo estaba a dos horas del jardín. Fue horrible (se emociona).
— Sobre todo si es chiquita y sos mamá primeriza.
— Sí, me asusté mucho. Por suerte no pasó más, pero me dijeron: “Mami, quedate tranquila, pero tu nena no puede respirar”. ¡¿Cómo me voy a quedar tranquila?! Que la pinchen, que le pongan la máscara, todo eso es muy feo. Estábamos separados en ese momento, pero por suerte él estaba cerca. Ese fue uno de los temas que tuvimos. Vivíamos muy lejos de Capital y yo hago todo acá. Me acuerdo que estaba terminando una clase y me llega la llamada. Con la mejor cara que pude terminé la clase, agarré el auto y fui. Y hacía zona norte nunca sabés cuándo llegás. Por suerte me comuniqué con la obra social, con él y actuamos rápido. Pero la pasé mal. Verla ahí toda pachucha, pinchada, conectada al oxígeno... Por lo que tengo entendido, el broncoespasmo también va por una parte psicológica y justo estábamos en un momento de muy mala comunicación con él. Era una nueva vida para ella en ese momento porque iba de una casa a la otra, así que fue un momento duro.

— Ustedes tuvieron una relación intensa desde el principio. Después llegó Venezia y todos conocemos públicamente lo que pasó, pero ¿cómo fue ese proceso tuyo de perdón genuino?
— Lo más importante porque perdonar, pero no se puede seguir con lo anterior porque sino no tiene sentido. Yo en todo momento hice terapia y eso me sirvió mucho. Mientras estaba esperando que las cosas cambien, la verdad que tuve bastante ataques de ansiedad, mucha angustia y esto que te decía antes de trabajar en CABA y tener lejos a mi bebé, era algo que siento que él no entendía. Yo necesitaba estar en Capital o por lo menos cerca de mis actividades para tener también cerca a mi bebé. Y me cansé de sostener y de esperar porque no estaba viendo ningún cambio. Y ahí recién él creo que se dio cuenta que lo estaba perdiendo todo. Me estaba perdiendo a mí y a la familia de la que él tanto quería defender. Yo tengo mis límites y la paciencia tiene un fin. Después pasaron todas las cosas que se conocieron públicamente y entendí que somos una familia. Y siento que mi foco hoy en día va por otro lado. Realmente antes esperaba el momento para revisarle el celular porque había algo que me inquietaba. Hoy en día nada me inquieta, no me dan ganas de agarrar el celular. Mi foco va por otro lado. Incluso si habla con alguien, si eso alimenta su ego, no me importa. Pasó a no importarme. Yo espero que no lo haga, pero si lo sigue haciendo, mi foco ya no va por ahí.
— ¿Y por qué no te importa? ¿Priorizás el amor que se tienen y todo lo que construyeron? ¿Entendés que es una falencia de él y que no tiene que ver con vos? ¿O simplemente te parece algo medio patético de su parte?
— Si la pasó tan mal por haberlo hecho, hacerlo de nuevo sería verme la cara de bolu y saber que lo va a volver a pasar mal. Porque no es que yo lo dejé y a él no le importó y listo, sino hoy tendríamos otra realidad. Él todos los días me mandaba cartas, me insistía y yo estaba negada porque le decía: “Lo hubieses intentado antes”.
— ¿Y qué te dice él respecto a ese momento? ¿Te confesó lo que hizo o te explicó por qué?
— No me lo ha explicado, lo hacía también por bolu y como yo estoy muy psicoanalizada lo puedo ver por el lado de alimentar su ego, de decir “acá estoy”. Yo no veía mensajes de que se veía con chicas o que se mandaban cosas. Era más como un...
— ¿Un juego de seducción?
— Sí, un fueguito, ¿viste?
— Levantar su ego porque necesitaba validación.
— Eso mismo. Si esto pasara hoy en día, capaz no me hubiese afectado tanto como habérmelo enterado embarazada. Esa para mí fue la gran falta de respeto: hacerlo mientras yo estaba embarazada. Fue muy duro porque encima te dicen que si vos estás mal, le pasás todo a la panza. Yo intentaba olvidame y decir: “No pasa nada, no pasa nada, estoy bien”. Pero en realidad había momentos de angustia que me sucedían.
— Aparte vos estabas procesando un montón de cosas en ese momento.
— ¡Estaba creando un ser humano! Además fue buscada, no es que fue accidental y nos hicimos cargo. Queríamos tener una hija. Entonces, si vos querés tener una hija conmigo, mínimamente merezco respeto.
— ¿Pero es algo que pudiste superar la falta de madurez de él de ese momento, la falta de compromiso o de respeto?
— Sí.
— Y pudiste reconstruir la relación con él y construir un vínculo que, por lo que se ve, es lindo. ¿No te preocupa que vuelva a hacerlo?
— Es como la frase: “Si lo hacés, hacelo bien”. Porque en el mundo ya la fidelidad está colgando de un hilo. A todos los que se hacen los fieles no les creo nada, la verdad. Cuántas historias sabemos no solo de famosos sino un montón de personas que simulan tener una vida y sus deseos son otros, sus fantasías son otras. No por hacerme la superada, pero es algo que inevitablemente, quiera o no quiera, puede llegar a suceder.
— Entonces pones tu energía en vos.
— En mí, cien por ciento. Me encanta poner la energía en mí misma. Ahora tengo que bajar un poco para compartir esa energía porque soy muy yo. Muy me gusta bailar y comparto con bailar, me gusta crear y creo y capaz por momentos es como: “Ah, estás vos. Bueno, vení” (risas).
— ¿Y tener una pareja abierta puede ser una opción para blanquear un poco que las ocasiones puedan pasar incluso para los dos lados? ¿O pensás que no va por ahí?
— Lo hemos hablado, pero no. Él está muy cerrado. A mí tampoco me mata la idea. Pero un poco es esto que te decía antes: si lo hacés, hacelo bien, como lo hacen muchos (risas). Si eso no cambia nuestra relación, nuestra mapaternidad, tener una casa con amor y sana... También aprendí que le ponemos mucho peso a lo sexual cuando capaz es sacarse las ganas y ya. Tampoco me divertiría enterarme, pero...
— ¿Nunca fue una situación que ocurrió delante tuyo?
— No. Que se le tiran sí, obvio, mil veces. Pero yo me río de eso. Pero no enfrente mío otras situaciones no pasaron. Y tampoco de una persona que conozca.

— ¿Por cuánta plata dejarías que tu pareja revise tu celular?
— La verdad que no me divierte, pero unos 50 mil dólares está bien. No vienen mal.
— Te hacés un buen viajecito con eso.
— Claro. Me compro unos buenos maquillajes, una buena comidita y andá divertite.
— ¿Sería peligroso que alguien te revise tu celular?
— No. No tengo nada que ocultar. Igual viste que siempre el que busca encuentra. Pero no, no pasa nada.
— ¿Cuál es la cosa más tóxica que hiciste por celos?
— Era muy chica (risas). Literal, fue en mi fiesta de egresados, o sea, fue hace mucho tiempo. Pero me acuerdo que estaba en mi fiesta y veo a un ex mío y una amiga le estaba bailando, perreando muy adelante, muy a propósito. Fueron gritos de: “Esta no es tu amiga, no te das cuenta que te quiere caer”. Fue una noche muy intensa, él llorando y yo decía: “Bueno, andá llorá, yo me voy a dormir”. Fue mi primera relación de adolescente, entonces todo era muy tóxico. Después de esa misma persona me enteré que me había sido infiel con alguien que yo sospechaba. Yo estaba en el centro y él vivía en San Martín. Lo llamé y le dije: “¡Me enteré!”. Y le pegué con lo que sabía que más le dolía. En ese momento me puse a esperar el colectivo 343 para ir a la casa y romperle todo. Por suerte el colectivo tardó y dije: “Esto es una señal de que me vaya a mi casa a llorar y no hacer ningún ridículo”. Pero en ese momento estaba sacada. Tenía mucha falta de amor propio, que eso es la respuesta a todo.
— ¿Y eso sentís que te acompañó muchos años de tu vida o en algún momento lo pudiste resolver y se transmutó en una mujer más segura?
— No tuve tantas parejas, pero mis próximas parejas ya eran del ambiente y nunca les dije: “¿Qué hacés hablando con esta?” o cosas así. Hoy en día tampoco. “¿Qué hacías hablando con una mujer cerca? ¿Por qué seguís a tal en redes?”. Esas cosas no me importan. Creo que es una construcción que se va haciendo en el tiempo porque también va de la mano con el amor propio, con confiar y entender que una no puede tener el control de todo. Por más que lo persigas y lo busques, el otro siempre va a hacer lo que quiera. Solté mucho la idea de ser posesiva. Siento que es como una ambigüedad entre “mírame a mí, yo soy la única” y a la vez sentirte poca cosa o no estar conforme con una misma. Es como una retroalimentación tóxica, pero gracias a la terapia lo vas sanando.
— Vamos con la última pregunta de esta sección. ¿Quién recibe más hate: vos por tu físico o Alex por sus dientes?
— Ay, le re dan a él (risas). Igual sí, se eligió el color más blanco. Yo le dije: “No es necesario”. Pero él es todo o nada. No hay grises en su vida y no le importa. Él te dice: “Yo elegí el más blanco”. Además, mostró cómo se limó los dientes. A mí eso me da cosa. Yo soy más natural en ese sentido, así que yo creo que él tiene más hate.
— Pero él se lo banca y hasta responde al hate con más picante, como si les diera tela para que la gente se divierta con él en las redes.
— A él le gusta y siempre dice: “Me encanta que me tiren hate”. Él lo ve como interacción y se caga de risa. Hay cosas que en casa dice: “Qué bolu que soy”. Hace un personaje del que después él mismo se ríe.
— Tiene mucha personalidad detrás de esa exposición, ¿pero no le afectan pasa nada las críticas?
— Posta que no le afecta. Yo aprendo mucho de él. Él va por esos dientes que no son muy naturales y yo sí voy por un camino de la naturalidad. No me he operado nada, intento no caer en la de inyectarme porque me acepto como soy y no siento que tenga que seguir ningún molde. Cuando estuve en posparto tenía el cuerpo de mujer posparto y me mostraba así porque tampoco me parece bueno el mensaje de “ya voy a volver a mi figura”. ¿Cuál es la figura ideal? Yo que soy muy flaquita y en ese momento decía: “¡Al fin tengo curvas!”. Pero en redes la gente me criticaba.
— La gente te va a criticar por todo. Si las tenés, si no las tenés, si te operaste o no te operaste. La verdad que, en un punto, uno tiene que vivir como quiera.
— Sí, mismo en Europa. Un día me puse un vestido al cuerpo y dije: “Voy a comer todo. ¿Se me va a notar la panza? Sí. ¿Me importa? No". Yo estoy bien con mi cuerpo. Si no comés porque no comés. Si comés, se te nota la panza y ya estás embarazada. A mí ya me embarazaron 80 mil veces. Y no necesito hacerme ningún estudio de nada porque la panza se infla cuando comés. Capaz que están acostumbrados a ver cuerpos que no comen o que comen cosas que no hinchan. A mí me da igual. Por suerte llegué al punto de estar bien conmigo misma de la forma que sea.
El embarazo, la infidelidad y el proceso de perdón
— Este es el juego Yo nunca, nunca. Me imagino que lo habrás jugado de adolescente.
— Sí (risas).
— Yo nunca, nunca fui al médico y me dijeron que regule la frecuencia sexual.
— Ay sí.
— ¡¿Cómo fue eso?!
— Lo que pasa es que nosotros empezamos muy fogosos en el reality. El reality estaba editado, entonces lo emitían corrido de tiempo. Y cuando nosotros salimos en la vida real, todavía en el reality seguía, entonces nos teníamos que esconder. Nos escondimos juntos y era todo el día...
— ¿Y adentor del reality cómo hacían? Porque había cámaras.
— Había cámaras, pero no en todas partes. En los baños no había, en una parte del armario tampoco. Pero cuando nos fuimos a convivir, no podíamos salir a la calle. Teníamos que hacer los pedidos para que nos traigan comida porque no nos podían ver afuera. Y ahí estábamos. Pareja nueva, encerrados, conociéndonos. Y lo dimos todo.
— ¡Así arrancaron!
— Claro. Fui a la médica y me dijo: “Esto tiene que ver con la cantidad de veces”. Pero bueno, no me arrepiento porque ahí decimos nos stockeamos ahí por todo lo que después con la bebé no se pudo (risas). Porque cuando tenés hijos cambia todo.
— Ahora que son padres, ¿cómo influye eso en la intimidad? ¿Cómo hacen para mantener la química y el deseo en medio de la rutina y la dinámica familiar?
— Y se siente furtivo. Hay que aprovechar la siesta o si se duerme temprano o si fue al jardín. Pero no es algo que planeamos. Es cuando se da y cuando se puede. Todavía es muy bebé, sigue siendo muy pegote y se duerme con nosotros. Se queda hasta último momento. Así que cuando se puede, hay que aprovechar.
— Yo nunca nunca perdoné una infidelidad mientras estaba embarazada.
— Bueno, tengo que hacer fondo blanco con esta (risas).
— Ya lo hablamos un poco, pero el embarazo es un momento muy sensible para cualquier mujer, con todos los cambios físicos y hormonales que implica. Imagino que la falta de acompañamiento debe haberte afectado mucho. ¿Cómo te fuiste enterando de esas situaciones? ¿Cómo las viviste?
— Es la intuición femenina. Y ya te digo, no fue una infidelidad de que yo leía que se estaba encontrando o capaz no lo llegué a leer. No lo sé. No es que se enviaban fotos o esas cosas. Era algo más de decir: “Acá estoy”.
— De coqueteo.
— De coqueteo, de fueguito. Pero eran varias y yo estaba embarazada, a una le está cambiando el cuerpo...
— Aparte te expone a vos porque muchas sabían que él era tu pareja y era una falta de respeto.
— Total. Yo soy muy de tener amigos varones y presentarlos. Mismo con ellos juega al fútbol, cenamos en casa. Y yo le decía: “¿Y esta quién es?”, “Es una amiga”, “¿Y por qué no me la presentás? ¿Por qué no la traés a tomar mate, así conozco a tu amiga? Si yo a mis amigos te los presento”, le decía. No es que le decía que no tenga amigas. Yo no tenía problema. Entonces era como una mezcla de intuición y de agarrarle el celular, cosa que no está bueno hacer. Por eso te digo que no lo haría de vuelta, porque es un momento...
— Muy feo para una misma.
— Sí, te empieza a latir fuerte el corazón y te sentís muy mal. Después tener que fingir que no leíste nada y sí leíste. Es feo.
— Realmente admiro cómo atravesaste ese proceso de seguir con la misma persona sin volver a quedar en ese lugar. Genuinamente, diste vuelta la página y ya no te importa, ni siquiera si vuelve a pasar. Obviamente, me imagino que, si te enterás de algo, tomarás algún tipo de decisión. Pero me parece que lograr eso es una verdadera maestría.
— Sí y tampoco voy a criticar la forma de relacionarse de otras mujeres. Pero siento que no es como que yo tengo que ser la única mujer en tu vida y no podés tener amigas y no te puedo encontrar hablando con nadie. Porque el mundo sigue funcionando. Nos tenemos que seguir relacionando. Mismo yo voy a un evento y capaz se me acerca alguien y me dicen: “Después te invito a mi restaurante”. “Bueno, dale”. Y es eso nada más.
— ¿Nunca te dio ganas de vengarte?
— Ya me vengué, obvio.
— ¿Pero se sabe públicamente?
— Sí, ya me vengué. Es que fue cuando ya no daba más. Un día dije: “Yo esto no lo puedo soportar más” y estuve con otra persona. En realidad, le corté a él y le dije: “Necesito un tiempo porque ya no me siento bien”. Y después se generó un vínculo con otra persona.
— ¿Pero mientras vos estabas separada?
— Mientras yo estaba separada. Pero fue sabiendo que era una persona que le caía mal a él.
— ¿Se conocían?
— Sí, sabía que le caía mal a él. Pero fue como “bueno, hasta acá aguanté yo”. Y me banqué muchas. No sé, me salió así. Hoy en día lo veo con otros ojos porque no la pasé bien. Terminó todo raro con eso. No lo volvería a hacer, pero lo hecho, hecho está. Y si sirve de enseñanza, bienvenido sea. Pero la verdad que siento que exploté así. Estaba muy dolida.
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