“Me encantaría estar con vos y una mujer”: la inesperada confesión de Fernanda Vives sobre su intimidad con Cobelli, la pelea por un mensaje en redes y el acuerdo al que llegaron

En Desencriptados, la actriz contó cómo mantiene su matrimonio de 17 años, recordó las exigencias que enfrentó al comenzar su carrera artística y habló de las secuelas que le dejó una relación anterior marcada por la violencia

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“Me encantaría no morirme sin vivir la experiencia de estar con una mujer”, confesó Fernanda Vives en Desencriptados, el ciclo de entrevistas de Infobae, al revelar una de sus fantasías sexuales y hablar sin filtros sobre la intimidad con su marido, el exfutbolista Sebastián Cobelli, con quien lleva 17 años de casada y tiene dos hijos.

Durante la charla, la actriz contó cómo una discusión por los mensajes que su marido intercambió con otra mujer terminó en una insólita regla dentro de su matrimonio y reveló cómo hacen para mantener viva la pasión. Además, recordó la relación que tuvo durante ocho años con Daniel “La Tota” Santillán, a quien denunció por violencia de género, y repasó las exigencias físicas que enfrentó al dar sus primeros pasos en el mundo del espectáculo.

Vives alcanzó popularidad durante la década del 2000 con sus participaciones en televisión y en programas como Bailando por un sueño. En 2026, también participó en Cuestión de peso, el reality de eltrece. Actualmente, combina sus proyectos artísticos con una nueva etapa sobre los escenarios, donde comparte con Cobelli la obra Pareja imperfecta, basada en las situaciones cotidianas de la vida en pareja.

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La actriz reveló su deseo de incorporar a otra mujer en la intimidad con su marido durante algún viaje al exterior. (Maximiliano Luna)

— ¿Hace 17 años estás con Sebastián Cobelli?

— Sí, es un montón. ¡Y casada legalmente!

— Y después de muchos años volviste a los escenarios, estás haciendo una obra con él. ¿Cómo se llevan?

— Estamos trabajando juntos en Pareja Imperfecta. La verdad es que nos llevamos muy bien, nos gusta trabajar y pasar tiempo juntos. Esto empezó cuando empezamos a hacer Felices los cuatro, que era un elenco más grande. Y lo bueno fue que Seba se animó al cambio del fútbol al escenario y lo bien que lo hace. En esa obra empezamos a actuar juntos, pero era difícil la situación económica porque había que repartir entre más personas y el teatro estaba medio difícil. Ahora decidimos hacer algo juntos los dos solos y jugamos un poco como lo hacemos en las redes sociales sobre el día a día de la pareja. Nos reímos de la cotidianidad de los problemas. De eso se trata la obra: de situaciones cotidianas donde la gente se siente identificada y hacemos medio parodias de lo que es el día a día. Nos reímos de eso mismo.

— ¿Vos qué edad tenías cuando arrancaste en el medio?

— 19 años. Arranque de chiquita. Ahora tengo 46.

— ¿Cómo fue que entraste?

— Con Mónica Corona. La conocí a ella y empecé a trabajar con Jorge. Pero tuve que pasar ciertas situaciones porque en ese momento si vos no tenías las medidas físicas que ellos querían, no entrabas. Se priorizaba más lo físico que tus habilidades. Me acuerdo que me fui a operar las lolas porque me dijo: “No, así no vas a poder estar en la revista”. Entonces, me fui a operar para mostrarle de que podía estar. Fue muy bizarro. Me operé las lolas, que era más o menos el estándar que las chicas tenían en ese momento.

— ¿Cuánto te pedían de arriba?

— Me había puesto un montón, después me saqué. Era como 95. Me acuerdo que fui operada así todavía con los puntos y le dije: “Mónica, me operé”. Me hicieron un par de pruebas y quedé en la revista. Ahí arranqué.

— ¿Y tenés otras cirugías?

— En ese momento solo lolas, después sí me hice. Era el prototipo de lo que te marcaban que tenías que ser y caí en las manos del innombrable.

— ¿Caíste con Aníbal Lotocki?

— Sí.

— ¿Y no tuviste ningún problema de salud?

— No. Honestamente, no. Imaginate que cuando me enteré me hice mil estudios y me los sigo haciendo en la actualidad. Yo me operé, me puse metacril hace como 20 años y ni se hablaba de todo esto. Después con todo lo que pasó, obviamente me empecé a hacer estudios porque me daba muchísimo miedo, pero la verdad que no pasó nada.

— ¿Nunca te apareció nada?

— No, me hicieron de todo y me dijeron después de una resonancia: “Se ve que está el producto, pero está como encapsulado. Si no se te disparó al principio por algún motivo, es muy raro que pase ahora”. Se hace como un cemento, pero no al tacto.

— ¿Pero no se mueve por el cuerpo?

— A las chicas les pasó que migró. Pero capaz que fue al principio o por alguna enfermedad autoinmune. Gracias a Dios, toco madera, a mí no me pasó. Igual es una alerta que tengo siempre, pero me hice todos los estudios y estoy bien.

Desencriptados - Fernanda Vives 161026
En diálogo con Rulo, Fernanda explicó que actualmente orienta su carrera hacia los espectáculos más familiares. (Maximiliano Luna)

Su historia con la Tota Santillán

— Cuando repaso tu historia me pregunto: ¿cómo fue que saliste con la Tota?

— Era muy chica. Yo tenía 18 o 19 años y estuve ocho años. ¡Eso es lo más grave!

— ¿Cómo fue salir ocho años con él?

— Fue un desastre y con denuncias en el medio. Un muy mal momento en mi vida. Lo más loco es que hace poquito me preguntó mi hija porque empezó a ver cosas en internet.

— ¿Qué edad tiene tu hija?

— 15 años. Y lo que me pregunta, yo le respondo. Por ejemplo, quién era esa persona y qué me había hecho que yo había salido tanto en las redes sociales. Y le dije que viví maltratos, golpes, situaciones muy horribles, que tuve que denunciarlo y que en ese momento no te daban bola como hoy. Trato de intentar dejarle un mensaje a ella de que no tiene que permitir esto. Le digo: “Si tenés algún problema, acudí a nosotros, a la Justicia porque te van a escuchar”. En ese momento no era así. Estamos hablando hace 25 años atrás. Yo iba a la comisaría y eran todos amigotes de él. Entonces, al contrario, me mandaban a mi casa, él les firmaba un autógrafo y yo llegaba y me cagaba más a trompadas porque había ido a denunciar.

— ¿Los primeros años eran buenos y después se descontroló todo o siempre fue un desastre?

— Muy al principio, los primeros meses, nos llevábamos bien y a mí me sorprendía la vida de él. Él era muy amigo de Rodrigo y yo viajaba con él y con Rodrigo. Yo era muy chica y me gustaba eso, el ambiente, era todo muy deslumbrante. Después se empezó a poner todo más oscuro. Yo ya me había ido de mi casa a vivir con él, entonces y no quería volver. No quería que mis papás se enteraran de ciertas cosas. Después ya hacía efecto el miedo, la bailanta y todo lo que se hablaba de eso. De la mafia y de su gente. Porque como estaba la parte linda, había otra gente media turbia. Y no sentirte escuchada por la policía cuando ibas a denunciar o por tu entorno, era duro. Porque a mí me ha pasado de vivir situaciones en las que me pegaba en un camarín de un canal y había gente muy conocida del medio en el camarín de al lado y venían y le decían: “Shh, bajá la voz un poco”. Y me veían a mí tirada en el piso.

— ¿Y nadie hacía nada?

— Nadie hacía nada. ¿Sabés la cantidad de gente que, con el tiempo, me pidió disculpas?

— Capaz estaban en la misma que vos con ese medio de enfrentarlo.

— Sí, era raro. Tal vez era una enfermedad mía, ¿eh? Yo traté todo esto con una psicóloga para poder dejarlo y pude salir de esa situación. La psicóloga me decía: “Vos sos como un elefante de circo, que están estancados y no conocen otra cosa. Entonces, crees que esto es lo único”. Llegué a creer de que estaba bien eso. Es muy difícil. De hecho, el volver a formar una pareja con mi marido fue muy terrible, porque él tuvo que aguantar un montón de situaciones mías que yo estaba acostumbrada a tratar de otra manera. En un momento me dijo: “Bueno, pará. Yo así no me relaciono así”. Porque yo era todo pelea, no sabía...

— Hablar bien, tranquila.

— Me animé a denunciar cuando otras mujeres lo denunciaron. Ya me había separado hace 10 años y me pidieron ayuda porque judicialmente mi causa ya estaba prescripta, pero servía armar una línea cronológica aportando datos a la causa de las otras chicas. De esa manera él pudo estar condenado. Estuvo condenado a prisión.

— Sí, igual tuvo el peor final.

— Qué feo esperar esa situación de alguien, pero realmente ahora lo puedo hablar sin tanto dolor e intentando dejarle un mensaje a mi hija, que es lo que más me preocupa desde mi experiencia. ¿Viste que a veces te tienen que pasar las cosas malas para que uno aprenda? Yo intento enseñarle hablándole a mi hija, pero no contándole todos los episodios.

— Tratas de no ser tan específica.

— Es que no tiene mucho sentido. Podría contartelo acá o escribir un libro, pero es solo morbo. No aporta nada. También era otra época. Hoy no me pasaría, porque tengo otras herramientas.

— Estaba rodeado de una especie de capa de impunidad que, con el tiempo, se fue desmoronando. Cuando quedó expuesto, salió a la luz todo lo que hacía. Terminó condenado y repudiado.

— Sí y su peor final, que hasta me dio pena que terminara en esa situación.

— ¿Vos sentís que en el fondo un poco lo querías?

— No, no sé si lo quería. Digo qué pena porque capaz que él, con las herramientas que tuvo en su vida fue lo que fue. Analizarlo ahora no tiene mucho sentido, pero una persona no termina así porque sí con ese final tan trágico.

Desencriptados - Fernanda Vives 161026
Vives mantiene controles médicos periódicos tras una intervención estética con metacrilato realizada por Aníbal Lotocki. (Maximiliano Luna)

— Pero la vida te dio una segunda oportunidad. ¿Se podría decir que te convertiste en una botinera?

— Después me convertí en una botinera que te digo, pobrecito Seba, las que tuvo que aguantar. Lo conocí a él y era pelearme constantemente, me iba y volvía. Ea una locura hasta que más o menos, se fue dando. Al principio fue difícil. Tuve mucho el apoyo de Seba para poder formar esta familia y la verdad que tengo una familia hermosa con dos hijos maravillosos, Brisa, que tiene 15, Rocco, que tiene 11. Y somos muy compañeros. La vida cuando te da otra oportunidad y vos la sabes aprovecharla, y querés salir de lo que te hizo mal, se puede. Porque hay mucha gente que vuelve a caer en la misma historia y elige el mismo perfil.

— ¿Y cómo fue? Porque decidiste abandonar tu carrera artística para apostar al amor y a la familia.

— Y en ese momento yo estaba en mi mejor momento porque estaba en el Bailando, conduciendo un programa y hacía la trasnoche del canal. Me estaba yendo muy bien, pero lo conocí y fue un flash. Me acuerdo que me fui a Córdoba una, dos o tres veces a verlo porque él jugaba en Talleres. Y un día llamé al productor y le dije: “No vuelvo más. Me quedo acá porque me enamoré”. Fue una locura (risas). Y me quedé. Dejé todo.

— ¿Decidiste de golpe dejar toda la carrera para irte a vivir a Córdoba?

— Sí. Estaba en Córdoba capital, lo llamé a mi papá y le dije: “Agarrá el auto, cargá con todas las cosas que tengo en mi casa y traeme el auto y el perro” (risas). Una amiga mía lo ayudó. No quería ni venir. O sea, a los 20 días que estábamos juntos, me fui a vivir con él. Y agarré justo esa temporada un reemplazo en teatro.

— A Seba ahí le iba bárbaro.

— Él estaba bárbaro ahí en Talleres. Igual ya lo agarré grandecito, con 30 años, ya había hecho toda su gira de Europa y demás (risas).

— Ya más retirándose...

— Sí (risas). Lo conocí y me quedé ahí. Me enamoré plenamente. Y enganché un reemplazo en What Pass, Carlos Paz con Moria Casán, que Nazarena se había bajado de la obra y lo enganché yo. Me quedé en el lugar de Nazarena. Aproveché que trabajaba y podía colaborar en la casa. Fue por la temporada, pero me quedé.

— Igual si te va bien en la temporada y uno sabe administrar el dinero, te puede servir para todo el año.

— Sí, igual fui una piba que nunca administré mi plata. Ahora obviamente tenemos un pozo en común, pero yo nunca manejé mi plata. Antes me la manejaban y aprendí de esa escuela. Entonces después se la daba a una amiga para que me la guarde, porque no sabía cómo administrarme. Una locura. Pero todo lo que cobraba desde esa temporada de verano, lo dejaba en la casa.

— ¿Seba manejaba todo ahí?

— Sí. Y de ahí en adelante siempre fue así.

— Él es el que administra el dinero.

— Igualmente tengo mis tarjetas, puedo manejar mi plata, pero no es algo que me...

— No te preocupa el dinero.

— No, la verdad que no.

— ¿Sentís que nunca fuiste detrás de eso?

— No. De hecho, soy la más ahorrativa de la casa. Vamos de viaje y todos salen deseperados: “Vamos a comprar acá y allá”. Y yo busco precio. Si tiene una fallita, pero la puedo resolver, me la compro. No soy marquera. Para nada.

— ¿Y qué fue lo difícil de salir con un jugador de fútbol al principio? ¿Tuvo algo de diferente?

— Sí, porque ya el título gana. Al jugador de fútbol le están todas las minas alrededor. Y más cuando lo ven metiéndose con una piba del ambiente, llama más la atención porque le empezaron a hacer notas más en mi mundo, porque a él le hacían pero de deportes.

— Igual él ya había salido con una deportista, con Luciana Aymar.

— ¡¿Podés creer?! Estuvo en pareja, convivió, todo...

— Él había salido con Lucha y vos con La Tota. Él tuvo que aceptar mucho más de lo que vos, te digo.

— La gran diferencia de uno al otro (risas). Lo que pasó con Lucha fue que una semana antes de que nosotros nos casáramos, a ella le llegó la información de que nos íbamos a casar e intentó ubicarlo.

— No te creo que Lucha hizo eso.

— Sí, ahí tuve que comunicarme con ella.

— ¡¿Y qué dijo?! Porque es brava Lucha. Yo la conozco.

— La llamé y le dije de que si quería seguir jugando al hockey, que no se metiera... (risas). Sí, una locura. Pobre.

— ¡No podés amenazar a Lucha Aymar! Te llega a agarrar...

— Me da un palazo y me quiebra las piernas ella a mí. Pero bueno.

— ¿Y qué te dijo?

— No, nada. Imaginate como estaba yo. Capaz que quería hablar. No sé de qué, pero yo por las dudas (risas).

— Quizás se puso celosa y quería saber un poco. ¿O vos crees que quería volver?

— Y algo raro hubo, porque lo llamó al hermano de él para decirle de que quería hablar con antes de que se casara. Rarísimo. Pero bueno, igual buena onda ahora con Lucha. Pasaron 17 años. Ya se me pasó lo que te cuento.

— Ella se casó, tiene una familia.

— Sí, tiene unas hijas hermosas.

— Vive en Chile, además.

— Sí, por eso lo contamos.

Desencriptados - Fernanda Vives 161026
Vives admitió que una discusión motivada por mensajes telefónicos derivó en un pacto matrimonial que prohíbe entablar charlas con otras mujeres. (Maximiliano Luna)

— ¿Y Seba qué decía?

— “Pará, loca, dejá de romper” (risas). O ponía pretexto. “Capaz que quiso saber, felicitarme por el paso que voy a dar”. Él tiene un hermoso recuerdo con ella de la relación que tuvo y está todo bien. A mi hija lo único que le inculqué es que no juegue al hockey (risas).

— ¿Por ese episodio o por las dudas?

— Arrancó y todos decían: “El ejemplo del hockey”. Y yo decía: “¿Me estás cargando? ¿Justo el ejemplo tiene que ser la ex de tu papá?” (risas).

— Lucha además es la número uno del mundo ocho veces.

— Apenas (risas).

— Imaginate si venía tu hija y te decía: “Quiero ser como Lucha” (risas).

— Por eso te digo. Hockey no.

— Pero ahora son una familia consolidada, 17 años juntos, que no es fácil. Las parejas ahora tal vez no duran tanto tiempo. ¿Se pelean ustedes?

— Nuestras mayores peleas son por los chicos.

— ¿Y cómo es el día a día? Porque son compañeros de trabajo, socios, viajantes y convivientes. ¿Tienen un sistema? ¿Algo que les funcione?

— Es que también es como una luna de miel para nosotros, porque estamos ese fin de semana haciendo cosas solos. Igual ahora nos cagó de que Brisa, mi hija, es sonidista y hace la iluminación de la obra. ¡Y lo bien que lo hace! Yo me he equivocado una vuelta en el escenario y salí a hacer otro cuadro que requería de cambio de luces y audio. Y la piba me vio en la oscuridad y cambió todo el sistema. Yo ni me enteré. Me enteré en el final que me dijo: “¡Mamá lo cambiaste!. Iba esto primero”. Como son varios sketch, tiene varios episodios la obra.

— Ella se dio cuenta que arrancaste por otro y dijo: “Hay que iluminar de acá”.

— Sí y lo resolvió. “Qué bueno que puedas resolver”, le dije. Porque está sola con la consola, equipo, sonido y luces, tirando audios. Es bravo lo que hace. Pero como la obra tenía que ensayarse con un iluminador y un sonidista y no había forma de tener a una persona ahí, lo aprendió ella y lo está haciendo muy bien. Entonces, viaja en la gira con nosotros. Ahora sabemos que el fin de semana no es nuestro lugar en el mundo (risas). Pero normalmente nosotros no nos peleamos en el trabajo. Sí en los ensayos, porque en la previa él opiná una cosa, yo opino otra y a mí me toca un poco el ego: “¡Yo hace 20 años que hago esto, pibe!” (risas).

— Hablemos claro: la estrella soy yo, amigo. Vos sos un exjugador de fútbol.

— Claro, yo no te enseño cómo hacer jueguitos. ¡No me jodas! (risas). Empezamos con esas peleítas, pero eso es en el proceso. Después cuando ya estamos en el escenario y ahora que la estamos haciendo, la disfrutamos, nos reímos y la pasamos increíble.

— ¿Cómo se hace para tener relaciones? ¿Qué lugar se encuentra? Porque son los Campanelli.

— ¡Es un lío! No es lo mismo cuando tenías 20 años. Se nos juntan los chicos, el perro, mi papá que nos ayuda con los chicos, entonces está la casa llena. El perro antes se le daba por rascar la puerta y era un mambo, porque vos cerrabas para que los chicos no te escuchen, se habían quedado dormidos, y venía el perro y te rascaba la puerta o empezaba a ladrar (risas). Pero nos la ingeniamos. Nos gusta viajar solos una vez al año. En eso me da una gran ayuda mi papá y mi suegra, que se quedan cuando nos vamos. Eso nos sirve para encontrarnos como novios, como pareja, con nuestras cositas, fuera de lo que es trabajo y ser padres. Le vamos buscando la vuelta. Capaz que nos vamos a un hotel alojamiento, ¿entendés? De vez en cuando veníamos a ensayar y él me decía: “¿Paro acá?”, “Sí, pará”. Y nos íbamos al hotel (risas).

— ¿Hay técnicas para mantener viva la pasión? Porque no es lo mismo que al principio. No te digo tener una pareja abierta, pero ¿les gusta incorporar nuevas prácticas o son más tradicionales?

— Yo juego con la fantasía y le digo: “Me encantaría no morirme sin vivir la experiencia de estar con una mujer”. Y es de verdad, es algo que está ahí en la fantasía. “Y me encantaría estar con vos y con alguien, con una mujer”, le digo.

— ¡Es el sueño del pibe! ¿Y qué te dice Seba?

— Porque aparte tengo claro de que él nunca estaría con un flaco y conmigo. Cuando nos vamos solos de viaje, puede ser una oportunidad. Acá no lo haría ni en pedo porque soy celosa y no quiero que lo conozcan. Si puede no hablar el mismo idioma que nosotros, mejor. O sea, tengo varios requisitos. Entonces tendría que ser cuando viajamos. Y cuando viajamos me agarra el cagazo y lo llevo por otro lado y chau.

— ¿Pero él están para cumplirla? ¿La ves cercana a la fantasía?

— Y no sé. Él está, olvidate. Pero como que yo digo: “Bueno, en algún viaje, en una de esas”. Así que cuando me veas que pongo fotos en Instagram de cualquier país, ya vas a saber (risas).

— ¿Y vos sos celosa? ¿Sos de revisar el celular? ¿Si encontrás algo qué haces?

— Lo mato. De hecho, me separé en la misma casa sin hablarle. Una locura. Porque le mandó mensaje una mina y él le respondió. Le siguió la charla.

— ¡Pero no hizo nada! Solo respondió un mensaje.

— Desde que es así como repopular, porque es actor, ganó el reality y le hacen notas, le escriben las mujeres y los hombres también. Él tiene de todo. Un día manotié y vi. Yo no soy de manotear el celular....

— Pero lo decís así y parece que te tropezaste con su teléfono.

— De casualidad. Dije: “A ver”.

— Fernanda, le revisaste el teléfono. ¿Lo podés aceptar?

— Él tiene absolutamente todas mis claves y maneja todas mis cuentas.

— ¿Él también entonces es controlador?

— Él lo hace porque yo a veces no respondo y él responde por mí. Yo las tengo, pero nunca reviso. Y justo cuando agarro, veo una conversación y seguido el diálogo. De última, si te habla la mina y vos no le hablás, no puedo decir nada.

— ¿Pero qué decía?

— “Me encantás, me gustaría que nos encontremos, dejá a tu mujer un día y nos vemos”. Una cosa así. Él respondía “no, no”. No fue algo tan concreto lo que leí porque sino no estaría acá.

— Él le decía: “No puedo”, vos misma lo estás diciendo.

— Sí, pero le seguía la charla. ¿Viste cuando decís no puedo, pero quiero ver qué me decís?

— Y bueno. Es una fantasía.

— Si no podés, no podés y no respondés más. Vos sabés cómo es esto.

— Para mí hasta ahora es inocente.

— Un escándalo (risas). Le dijo: “No puedo, no puedo. Pero...”. Y no me acuerdo ahora (risas). Pero le preguntaba algo como para que le vuelvan a escribir. Entonces le dije: “¡Estás loco!”. Y se armó un quilombo total. Después volvimos a enderezarnos y ahora en el contrato dice: “No responder mensajes de mujeres” (risas).

— ¿Hay un nuevo contrato en la pareja a partir de esto?

— Todo el tiempo. Vamos cambiando. Todo el tiempo hay que adaptándolo.

— ¿Y él nunca te enganchó en nada?

— Nada, cero. Él maneja mis redes. De hecho, yo hice OnlyFans, DivasPlay y él me hacía las fotos. Vos decís eso y la gente piensa que es porno. Y no es así. Vos podés tener tu OnlyFans o tu DivasPlay....

— Y salir vestida en traje de baño.

— Exacto. Yo en vez de ponerme una tanguita en mis redes sociales, en Instagram, lo pongo ahí. Era un poco lo que hice toda mi vida en mi carrera con revista Hombre, las que estaban en la calle. De hecho, también me ha preguntado mi hija: “¿Qué onda vos con...?”, porque algún compañerito le dijo: “Tu mamá está en...”. Le dije: “Primero decile a tu compañerito que el padre lo consulte, porque cómo sabe” (risas). Y después le mostré las fotos para que vea de que era dentro de todo cuidado. Cuando subía una foto, te escribían los hombres y no era yo la que respondía. Lamento romperles el corazón ahora que no estoy más.

— ¿Te fuiste?

— Sí.

— ¿No te gustó?

— Perfilé para otro lado más familiar, que es lo que estamos haciendo en la obra de teatro. Esto te hablo hace años atrás.

— ¿Y hacer contenido juntos podría funcionar?

— No, no lo agarrás a él. Pero aparte el nivel para hacer contenido juntos tiene que ser algo más sensual que no estábamos dispuestos. Yo toda mi vida hice fotos para las revistas, que se vendían en la calle, en los diarios, estoy acostumbrada.

— Eso era lo normal.

— Claro, revista Hombre. Estaba Playboy también, pero yo no llegué a hacer. Yo dije: “A esta altura de mi vida, ponerme una tanga y que me halaguen en Instagram no me va, mejor poneme una tanga y que me paguen 15 dólares por usuario” (risas).

— Pero ahora viraste al público más familiar.

— Sí, de hecho nuestra obra va el público con sus niños y estamos en esa. Nos divierte porque nos pasa a nosotros también. Lo que hacemos en redes es lo que hacemos en la obra, son situaciones cotidianas que nos pasan. Son reales, absolutamente. Y tenés temas que son puntuales: sexo, dinero, el suegro, tenés todo y nos pasa a todos en cierta manera. Así que es muy divertido.

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