“Así como te amamos nosotros te van a amar después”: el duelo de dejar ir un bebé y la alegría de ser un puente hacia su bienestar

Pilar de Olazábal y Francisco Allende están casados hace 31 años, tienen cinco hijos y juntos son una familia de acogimiento. Por su casa ya pasaron tres bebés y esperan al cuarto. La experiencia de quienes saben que no quieren adoptar, sino acompañar a quienes necesitan esperar que aparezca su familia definitiva. En un ciclo de Voces, la experiencia de amar “desesperdamente” y la contradicción de criar para soltar

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“Así como te amamos nosotros te van a amar después”: el duelo de dejar ir un bebé y la alegría de ser un puente hacia su bienestar

Cuando pasa, se enfrentan a una dicotomía. Hay una sensación instintiva, visceral y genuina que los abduce del propósito fundamental: están tristes porque se va. La angustia los embarga porque saben que ya pasó, que ya no estará, que otra vida se fue. No niegan que eso los contraria. Es un sentimiento validado, innato y fugaz. La contradicción que los embarga en ese adiós se disuelve rápido cuando recuperan su estabilidad emocional y recuerdan que son una familia de acogimiento, que los hermanos Juana, Belén, Francisco, Felipe y Rosario, que los papás Pilar y Paco, cuidaron de ese bebé o ese niño hasta que su situación judicial se resuelva.

“Es una mezcla de alegría y tristeza -describe Paco-. Para mí es alegría del objetivo logrado, el hecho de lo que hicimos con él, la alegría de que él encontró un lugar, una familia, y la tristeza de que llegamos y no va a estar”. “Es una lucha de sentimientos -reconoce Pilar-. A mí me pasó con Lucas que un día de la fundación me dicen ‘te queremos avisar que ya tenemos carpeta para padres adoptivos’ y en un primer momento decís ‘¡ay no!’. Y después en un minuto decís ‘¡Sí! ¡Qué alegría!’. Separemos los sentimientos”.

Por la casa pasó Lucas, pasaron también Ana y Julián. Uno estuvo cinco meses, otro dos y otro ocho. Durante ese plazo, la familia se amplió (y el corazón también). Juana dice que se trata de un amor “desesperado”: “Sabés que lo tenés por un tiempo determinado pero no sabés cuándo se va a acabar. Entonces es aprovechar todo el tiempo para darle amor a esa persona y es un amor distinto al de familia, amigos, pareja”. Deslizan que es un amor de desborde porque es finito y porque existe, inconsciente, una deseo de compensación.

En la víspera del Día Mundial del Acogimiento Familiar, testimonios en primera persona de una familia que tiene en claro que su deseo no es adoptar, sino acompañar: brindarle abrigo, cuidado y amor a quien lo carece por un plazo específico. Están inscriptos en la Fundación Juguemos y Caminemos Juntos, cuyo propósito consiste restituir y proteger los derechos de los niños en situación de vulnerabilidad desde la primera infancia, y saben bien que su único objetivo es ser “un puente” entre un pasado vulnerable y un futuro auspicioso.

El 31 de Julio es el día mundial del acogimiento familiar.

—¿Cómo llega el deseo de ser familia de tránsito?

Pilar —Debo decir que Paco dos años antes más o menos empezó a decir que quería hacer algo con chicos o para los chicos. “Me gustaría hacer esto, me falta hacer esto, me falta hacer esto”. Nunca llegamos a buscar qué…

—Ya había una necesidad de ayudar, pero sin entender…

Paco —Para dar. Algo para dar. Exactamente.

—¿Con qué tenía que ver esa necesidad?

PA —Yo creo que recibimos tanto -lo ves acá en la familia- y necesitaba devolver algo. En el sentido de no quedarme en mi comodidad, en mi casa. Nosotros vivimos en Pilar y pasamos por muchos lados y yo creo que hay muchas necesidades. Y no el hecho de quizás ayudar económicamente sino ayudar de otra forma. Porque económica es fácil. También ayuda, es muy bueno, pero la idea era hacer algo más. Nosotros como somos católicos y tenemos esa necesidad de nuestro apostolado de poder dar un poco más de lo que recibimos. Entonces creo que siempre tuve esa inquietud. ¿Y por qué los chicos? Porque me gustan los chicos.

—De dar y de dar con el cuerpo.

PA —Exactamente. Con tiempo que vale mucho y con el cuerpo, exactamente.

—¿Entonces?

PI —En Pilar hay familias, uno ve que están con bebitos en tránsito, bebitos en tránsito, y siempre tenía como eso adentro. Yo digo que me iluminó mamá, porque mamá había muerto hace poquito… Un día íbamos a Chapadmalal de noche en el auto y me apareció en Instagram una foto que decía “Tomás te necesita”. Y era una mano agarrando otra mano. Me acuerdo y me re emocionó. Y yo dije, “esto es para nosotros, este chiquito es para nosotros”. Yo soy re ansiosa, ahí en el auto le compartí la foto al grupo de familia y les digo “chicos, ¿me acompañan? ¿Estamos juntos en esto?”.

—¿Vos entendías qué era lo que necesitaba Tomás?

PI —Yo entendía que necesitaba un hogar.

—Pero no sabías si era definitivo.

PI —No, yo sabía que era para tránsito porque sabía lo que hacía la Fundación Juguemos y Caminemos Juntos.

PA —Y teníamos conocidos: ya sabíamos cuáles eran los diferentes modelos. La familia de tránsito la que recibe bebitos, la familia de referente es la que se lleva a los chicos que están en las casitas los fines de semana, las familias que ayudan a las de tránsito. Nos faltaba el empujón para meternos.

PI —Les mando a todos en casa. Todos se la jugaron yo creo que en alguna medida también porque yo había perdido a mamá hacía poco. Estaba triste pero estaba bien. Dijeron esto “le va a venir bien a mamá también”.

Juana —Igual confirmamos que no fue algo que salió de la nada como para llenar un vacío. Sabíamos que ya lo había hablado el tema, no salía de la nada.

PI —En el auto mandé mensajito al Instagram de la Fundación. Me contestaron. Al día siguiente me mandaron el WhatsApp de Raquel, que era la fundadora, y todo se fue dando. Una rueda, una rueda, una rueda, y a los quince días estábamos con Julián en casa.

—¿Julián o Tomás?

PI —Julián. Tomás era un nombre ficticio que ellos le pusieron a esa publicación.

—¿Esto fue una decisión familiar?

Felipe —Fue una decisión familiar. De mucha conversación también porque somos siete en casa, si bien algunos no viven todo el tiempo, todos tenemos que estar de alguna manera porque asumimos la responsabilidad. Y fue muy hablado y cada uno con la libertad de decir “esto quizás me cuesta” o “pienso que me va a costar”, pero al fin y al cabo abrazamos todos como el proyecto que mamá nos propuso.

PA —Una de mis hijas al principio dudaba. Para ser bien claro: dudaba no porque no quisiera sino por el temor a cuando el bebito se vaya. “No mamá, no voy a poder”. Me lo decía y le caían las lágrimas. En un momento me dijo “bueno mamá ¿y mejor si no empezamos por ser familia de apoyo primero y después pasamos a tránsito?”. Y cuando vinieron a casa las chicas de la Fundación les conté esto y fue gracioso. “No, necesitamos familia de tránsito y le va a ir bárbaro”. Y bueno, dicho y hecho, cuando le digo “negra vamos por tránsito”, dijo “bueno, si tiene que ser así, que sea así”. Y hoy chocha.

—Llega este el primer bebé. ¿Qué te pasó a vos, Paco?

PA —Tengo una imagen. Yo estaba trabajando y Pilar lo fue a buscar. Yo no podía porque tenía reunión de trabajo. Y aparece con el huevito, era chiquitito. Julián es muy chiquitito. De por sí ya físicamente era un bebito chiquito. Y lo apoya en la mesa del living y me asomo, lo veo y me ríe. Ya está. Me compró. Perdón. Lo que tienen los chicos cuando uno recibe es como la gratitud. Esa sonrisa fue un gracias para mí. Y ahí ya me compró.

Ocho personas, cuatro de pie y cuatro agachadas, sonríen frente a un fondo de árboles verdes y una casa con tejado marrón. Visten ropa casual de abrigo
Paco, Pilar y sus hijos tomaron juntos la decisión de ser familia de tránsito.

—Expliquemos que para que un niño esté en tránsito viene de cosas feas. Hay una decisión judicial de separar a ese niño de su familia de origen y hasta que se determina su adoptabilidad y se va con una nueva familia o se revincula con su familia de origen, familia ampliada, ese bebé o niño está en tránsito: viene por un tiempo pero también viene de dolores. ¿Qué les pasa a ustedes cuando ven a un bebé? No sé si saben qué historia trae.

PA —Hay veces que no sabés si querés saber o no la historia, por este tipo de cosas. Creo que cuando preguntabas por qué queríamos hacer algo por los chicos yo creo que es por eso: yo veo a mis hijos que tuvieron todo y hay un montón que no tuvieron las mismas oportunidades. Estos chicos nacen en situaciones realmente bastante feas, o abandonados, o con derechos vulnerados, o madres con adicciones. Me di cuenta después cuando empezamos a transitar esto. En su momento cuando creo que tuvimos la charla familiar, que obviamente no lo pensamos, y creo que en el momento cuando el chico entra a casa, cuando Julián entró a casa y ya sonríe, son chicos que parecían estar agradeciéndote de movida lo que estás haciendo. En el caso nuestro, los tres chicos que nos tocaron, si bien tuvieron problemas, parecía que estaban acomodados a estar en casas. Te da un poco de lástima decir “che, no lloran”.

—Es terrible que no lloren.

PA —Uno dice “qué bueno, no llora”. No, no llora porque no supo llorar...

J —O no le dieron lugar.

PA —Ves que a mitad de la noche está despierto esperando en la cuna que le den la mamadera... Realmente son chicos buenos. Y lo que te pasa, que uno va aprendiendo y tomando conciencia en el transcurso del tiempo, son chicos que querés darles más de lo que le diste a tus hijos porque necesitás cubrirles todas sus carencias. Y si vas a ser un malcriado a futuro que se arregle tu madre después pero que no le falte. Querés darle de más. Como que se llenen del amor. Que no les falte nada. Siempre la frase es “somos un puente entre el chico hasta su familia final”. Puede ser una familia ampliada biológica o una adopción. Y creo que nuestro objetivo, o lo que queremos hacer, es que el chico pase una muy buena experiencia en ese momento. Que no sea un lugar que esté en casa y que esté en un cuarto porque es un chico de tránsito y vino de algo malo no le damos bola. Todo lo contrario.

PI —Cubrirle todas sus necesidades. Darle por de más. Que se vaya un chico pletórico, que se vaya un chico feliz, que se vaya un chico sano. Porque no es solamente lo que uno le da. Esto capaz es un capítulo aparte. No es solamente lo que uno le da a ese bebito. Es tanto lo que el bebito nos da a nosotros.

—A mí me rompe un bebé que no llora: un bebé que no llora es un bebé que se resignó.

PI —Me rompe el corazón.

PA —El hecho de que cuando se vaya, llore me deja tranquilo. Este chico está exigiendo cosas que antes no exigía. Esa es la gran diferencia. Y vuelvo a insistir: cuando vos te vas y llora, esa sonrisa es como que te estuviese reconociendo lo que estás haciendo. A mí me llama muchísimo la atención las miradas de los chiquitos cuando los vas a agarrar y te sonríen y decís gracias. Lo siento así. Para mí es fundamental.

—¿Cuándo lo quisiste a Julián? ¿Cuándo te diste cuenta de que había amor en ese vínculo?

PI —Es algo muy loco porque realmente uno lo siente, sentís amor desde el momento uno que les ves las caritas.

J —Desde que ves la foto.

PI —Ves la foto que te mandan de la Fundación. Este es Julián. Este es Luquitas. Esta es Ana. Y cuando los ves ya te llenás de un amor. Te enamorás desde el momento uno. Realmente es un amor instantáneo. Te llenás de ese amor. Necesitás dárselo.

PA —Lo esperás. Una vez que te mandan la foto ya lo estás esperando. “Quiero que venga ya”.

PI —Sacás la cuna, sacás el cochecito, empezás a patear juguetes, empezás cosas que en casa habían dejado de estar hace mucho tiempo y lo hacés todo realmente con gusto.

—¿Julián en qué año fue?

F —Fines de 2024.

—Primera experiencia. ¿Cuánto tenía cuando llegó a su casa?

PA —Cuatro meses. Julián había estado recuperándose, nació con adicciones. Entonces tardó tiempo recuperándose. Cuando los chicos son judicializados, llaman a la Fundación, va a buscarlos al hospital y se los lleva a sus casitas. Ahí en la casita tienen diez bebitos con tantas personas que les dan todo el amor, pero diez bebitos más todos los chiquitos que tienen. Es imposible poder darles todo el abrazo, el beso. Todo. Hacen todo lo que se puede pero nunca se va a comparar con estar en una casa en medio de un núcleo familiar.

Hombre barbudo con gorra y mujer sonrientes sostienen a un bebé. Los tres miran a cámara y sonríen. Fondo borroso de árboles, un poste y una valla metálica
Cuando un bebé o niño está en instancia judicial viene de sufrir algún tipo de vulneración de sus derechos y está a la espera de que se determine su adoptabilidad o revinculación con la familia de origen.

—Hay mucho mito en cuanto a lo que hace falta para ser familia de tránsito. Mucha gente piensa que hay que tener plata, que hay que tener un dormitorio especial.

PI —En casa nosotros somos siete y tenemos una casa que no nos sobra un metro, la realidad es esa. Lo que te piden para ser familia de tránsito primero es que tengas mucho amor para dar, que no tengas hijos menores de 4 años, que no estés anotado para adoptar bebés, que no tengas antecedentes policiales.

PA —Y nada más. Yo creo que no necesitás mucho para ser familia de tránsito. Creo que cualquier familia puede ser familia de tránsito.

J —Y te ofrecen ayuda también. Que eso me parece importante. O sea, porque uno sabe lo que lleva y lo que necesita para tener un bebé en la casa pero la Fundación es consciente de eso y siempre remarca lo que necesites. Si te falta la sillita de comer, si te faltan pañales, si te falta ropa, vení a nosotros. Nosotros tenemos mucha gente que nos dona. Y eso es para los chicos de la Fundación y los que están en las casas.

—Está esta fantasía: el espacio que hace falta, los costos, los pañales, la sillita, el cochecito. Porque hay familias que no se animan a poner el cuerpo pero que sí donan económicamente.

PI —Exactamente. Exactamente.

F —Hay mucha gente que se acerca, que te ve y te dice “yo no podría, ¿cómo hacen?”. Es real y es válido ese sentimiento pero cómo instantáneamente cuando ves la foto de ese chico o esa chica que te dice “voy a ir a tu casa” no deja de ser lo que a uno le genera sino qué podés dejarle a ese chico o esa chica. Porque es natural ese sentimiento y nos pasa a nosotros cuando nos avisan que se va a ir, cuando aparece una familia, pero cuánto más me alegro cuando el otro día fuimos a visitar con mamá a uno de los chicos con su familia y ves que la puerta se abre, te ve, te mira y te estira los brazos. En realidad no es lo que yo sentí, sino todo lo que me dio y que él capaz cuando tenga 6, 7 años no se va a acordar pero yo lo visité el otro día y se acordaba de mí y la alegría de ver que dejamos a alguien como validado, amado en ese tiempo.

—Es muy importante esto en cuanto a los vínculos. Cómo continúan los vínculos de las familias de acogimiento cuando los niños son adoptados o revinculados. Estos chicos que fueron vulnerados en sus derechos tienen que ganar y recuperar familia.

PI —Tienen que sumar. Eso es lo que decimos nosotros. La realidad es que uno cuando empiezan las vinculaciones, que son muy bien organizadas para que el chico no sienta que uno los despega de golpe.

PA —Que no vuelva de vuelta a sentir ese abandono.

PI —Muy progresivas. Es la necesidad también de nosotros de conectar con esa familia para poder prolongar la relación en el tiempo. Esto la Fundación lo marca siempre: la necesidad de que esto se prolongue. Y yo creo que en muchos casos, la familia, ya sea la de origen o la adoptiva, entiende la necesidad para ese chico. Ayer yo lo fui a ver a Luquitas, que ni hablar porque cuando entré, hacía dos semanas que no lo podía ver.

PA—Cumplió un año.

PI —La sonrisa del gordo casi me muero. Y los padres me decían “Pilar, las puertas de casa siempre van a estar abiertas para ustedes, siempre van a ser parte de su vida y ellos siempre van a ser parte de la nuestra”. Así como yo tengo mis cinco hijos, mi corazón también es de Lucas, también es de Julián y también es de Ana.

—Para ordenarnos. ¿Julián cuánto tiempo estuvo?

PA —Cinco meses.

—¿Y en qué circunstancias se va?

PI —Las tías lo empezaron a reclamar al Juzgado y se lo quedó una tía con el marido y esa familia tiene sus dos hijos también.

—¿Sentías que se iba cuidado o que se iba a eso previo de lo que llegó a tu casa y con dolor?

PI —No, no, no. De entrada en el primer encuentro que tuvimos con ellos, nos dimos cuenta de un amor enorme. Aparte yo también le decía, la generosidad de ellos de recibirlo a él cuando ya tenían su familia armada. Porque ellos también súper generosos. Es su sobrino.

F —Agrego una cosa. Como además fuimos a la primera vinculación con los tíos que se iban a quedar con Julián.

PI —Que Paco no pudo ir.

F —Papá estaba laburando, entonces fui yo que estaba trabajando en casa. Y todavía me acuerdo cuando estábamos nosotros, mamá y yo con Julián, yo lo tenía en brazos. Y entran ellos al cuarto y la cara del tío cuando entra...

PI —La emoción.

F —De conocer realmente a alguien que estaban esperando y alguien que en definitiva tenía que estar con ellos y que nosotros solo lo estábamos cuidando. Fue increíble.

PA —Es el proceso judicial. Porque ellos apenas nació, tomaron conocimiento de que la hermana había nacido el bebito, fueron a las tres semanas a donde estaba y le dijeron que tenía que esperar seis meses, 180 días.

PI —Erróneamente.

PA —Es un tema de procedimientos judiciales. Fue el día 181 que se presentaron de vuelta. Y ahí empezaron todo el proceso de vinculación.

J —Y ya sabiendo eso que estuvieron seis meses en su casa…

PI —Esperando que se cumpliera ese tiempo.

—¿Y vos estabas trabajando o te dolía mucho la situación?

PA —No, no, realmente estaba trabajando. Pero ya era el proceso de vinculación. Después estaba el proceso cuando eran días de semana. Después nosotros ese proceso de vinculación son varias reuniones, que después fui a casi todo el resto. Durante el proceso de vinculación al principio nos encontramos en un lugar neutro, en este caso en la casita de la Fundación. Hicimos varias reuniones ahí. Y después vamos a la casa de ellos. En este caso la familia de Julián es de bajos recursos entonces como no tenían auto nosotros en vez de que vengan a casa, íbamos a la mañana. Hicimos eso un par de veces, lo dejábamos y lo buscábamos a la noche.

PI —Todo un proceso hasta que un día, no recuerdo el día exacto, llegamos, entregamos todo y se quedó. Obviamente nos subimos al auto, hicimos una cuadra. Frenamos el auto y nos pusimos a llorar a mares porque el despegue es real: eso pasa y pasa siempre por más de que esté feliz de la familia que le tocó al bebé y que estás enamorado de los padres que le tocaronpero bueno, él fue parte nuestra. Y cuando está en tu casa sentís como que ya es parte de toda la familia.

PA —Es una mezcla de alegría y tristeza. Para mí es alegría del objetivo logrado, el hecho de lo que hicimos con él, la alegría que él encontró un lugar, una familia, y la tristeza de que llegamos y no va a estar. Lo bueno de todo este proceso es también que volvemos a la semana para que el chico tampoco tenga esa sensación de abandono.

Selfie de una mujer sonriente, un niño pequeño en brazos y un hombre sonriente con gorra a la derecha. Todos miran a la cámara
Las familias de acogimiento son "puente" y acompañan al niño a vincular con su familia definitiva y en la mayoría de los casos el vínculo continua.

—¿Lo siguen viendo hoy a Julián?

J —Sí, a Julián sí lo seguimos viendo. De hecho cumple 2 años dentro de dos semanas y vamos todos al cumpleaños. Así que sí.

—¿Qué es lo que te emociona?

J —Todo. Toda la experiencia me parece alucinante. La verdad que yo personalmente no sabía qué tanto era lo que íbamos a hacer cuando lo empezamos a hacer. Y yo ni siquiera estoy todos los días en casa. Vivo acá en Capital, trabajo acá y voy más que nada el fin de semana, durante la semana a veces. Pero es una experiencia tan transformadora... Uno piensa mucho en el otro cuando lo hace pero también te cambia mucho como familia y como persona porque descubrís, como decía mamá, un amor desesperado. Sabés que lo tenés por un tiempo determinado pero no sabés cuándo va a acabar. Entonces es aprovechar todo el tiempo que uno tiene para darle amor a esa persona y es un amor distinto al de familia, amigos, pareja. Es un mundo totalmente nuevo que te transforma el corazón y es espectacular.

—¿Qué les dicen sus amigos cuando cuentan que su familia hace esto?

J —Están enamorados de todos los bebitos que pasaron por casa. Están muy sorprendidos. Más por mamá y papá que son los que ponen más el cuerpo y toda la garra, es que también lo siento yo, mucha también admiración. Y todos dicen es increíble lo que hacen por esos chiquitos

—Volviste a levantarte de noche.

PI —Los dos nos levantamos a la noche. Pero debo decir que yo no sé si tuvimos la suerte o qué pero los bebitos que tuvimos en casa, o lo que decíamos la pena que no se despiertan, dormían muy bien. Sí, de golpe me levantaba, yo no sé si es la edad también que estoy más grande pero no me costaba levantarme. Me levantaba. Se despertaba, mamadera y al medio. Y ahí te juro creo que es de los momentos más lindos ver al gordo que está en el medio, se levante, se te tire encima.

—Claro, total no te va a tocar a vos sacarlo de la cama después.

PI —Exactamente. Y eso se los decía yo también a sus padres o a sus tíos que se los llevaban: “discúlpenme, lo arruinamos un poquito pero se va feliz”. Y la verdad esas cosas las disfrutás muchísimo.

—¿Cuánto tiempo después llegó Ana?

PA —Y Ana llegó dos meses después.

—¿Cuánto tenía cuando llegó a tu casa?

PI —Tenía tres meses y estuvo dos meses con nosotros. Pero ella ya estaba vinculando con su papá que era papá solo. Papá biológico.

PA —La familia que la tenía de tránsito por algún problema no pudo seguir, entonces nos pidieron si podíamos seguir ese proceso. A nosotros no nos costaba nada.

—Con lo cual ustedes ya sabían...

PA —Que era cortito.

—Ustedes a Ana no la volvieron a ver.

PI —No, no la volvimos a ver pero en realidad la vinculación la había hecho la primera familia de tránsito que la tuvo. Que de hecho ella trabaja para la Fundación y ella fue preparando en cada encuentro a ese papá para que sepa cómo cuidar a esa hija. Fue un trabajo desde abajo con ese papá.

—¿Sienten que está bien Ana con su papá? ¿Es el lugar en el que tiene que estar?

PI —Sí, sí, sí.

PA —Sí, se la ve, en las fotos se la ve contenta. Sí, yo creo que sí.

—¿Cuánto tiempo después llegó Lucas?

J —Una semana.

F —Lo de Lucas fue espectacular porque Mamá decía “creo que vale la pena esperar un tiempo, estoy muy cansada”. Y ella misma que dijo “¿cansada de qué? ¿Cómo puedo estar cansada sabiendo que en ese lugar hay un chico, una chica, que está esperando ser recibida?”. Y al toque vino.

J —A mí me tomó por sorpresa. Estaba trabajando y de repente me llegó una foto “les presento a Luquitas, viene a casa en tres días”. Yo tipo: dejame duelar. A mí lo que me pasa es que por ahí en la semana no estoy y todos ya medio que se acostumbraron a la diaria, llego un sábado, no hay bebitos y la casa está rara. Uno toma mucho cariño. Cualquiera que entra a casa sea de nuestra familia, un invitado, pregunta “¿donde está el bebito?”.

—Llegó Lucas, que es el que más tiempo estuvo con ustedes, ¿no?

PA —Estuvo ocho meses.

—¿Qué sabían del origen de Lucas?

PI —Luquitas se lo habían sacado a la madre porque nació con droga en el cuerpo.

PA —Y la madre ya era el tercer hijo que daba en adopción. La madre dentro de un poco de lucidez de todas sus adicciones ya había definido que lo iba a entregar en adopción.

—¿Y por qué entonces tardó? O sea ¿la adoptabilidad se dictó rápido?

PA —Todo el proceso judicial tiene un mínimo de seis meses por si algún familiar puede aparecer para reclamar. O la misma madre se pueda arrepentir. Entonces hay un mínimo, normalmente por ahí es un poco más de seis meses, para que el Juzgado espere si alguna madre aparece o algo para reclamar.

PI —Agrego una cosita. Los de afuera dicen “¿por qué se demoran tanto? ¿Por qué todo es tan lento?”. Uno cuando empieza a aprender y te das cuenta, por ejemplo, que el gordito iba directo a adopción y los Juzgados también se toman un tiempo para investigar su entorno. Para ver si hay alguien que lo pueda querer para que vuelva a familia de origen. No es que se toman el tiempo porque se les da la gana. Hay una historia atrás de por qué también existen esos tiempos.

PA —Pero en general, digo, por si alguien escucha y tiene la inquietud de adopción, que se anote porque la verdad es que hay muchos chicos que están en proceso de adopción y se están buscando muchas familias.

—Ustedes desde el inicio sabían que Lucas iba a entrar en adopción.

PA —Fue algo totalmente distinto y nuevo para nosotros. Cuando declaran la adoptabilidad, “bueno, mañana nos dirán quiénes son los padres”. Eso es un tiempo.

—¿Y uno quiere que eso pase o prefiere que no?

PI —Es una lucha de sentimientos. Claramente querés que pase. A mí me pasó con Lucas que un día de la fundación me dicen “Pili te queremos avisar que ya tenemos carpeta para padres adoptivos” y en un primer momento decís “¡ay no!”. Y después en un minuto decís “¡Sí! ¡Qué alegría!”. Separemos los sentimientos.

—¿Qué mirada tienen de algunos casos de familias de tránsito que estuvieron con los niños mucho tiempo y después quisieron que esos niños se queden?

PI —Yo opino y yo deseo que exista, no por nosotros porque no nos tocó la experiencia de tenerlo mucho tiempo, que si una familia tiene mucho tiempo un chiquito en tránsito y desea adoptarlo, que tenga la posibilidad de hacerlo.

—Tengo muchas contradicciones con esto: un chico no puede estar tres años en una casa y pasar nuevamente con esa pérdida. Y a la vez pienso cómo hacés para que la gente siga el circuito de adopción y no entre por familia de tránsito.

PI —Ahí depende mucho de los tiempos de los Juzgados. Porque si vos tenés un bebito, si yo tengo una familia amiga que me dice “ay, pero a vos te tocan todos más cortitos, yo tengo estos amigos nuestros hace dos años tienen a la gordita”. Es un Juzgado que no avanza, que no trabaja, que es lento.

—¿No está dada la adoptabilidad todavía?

PI —Ya está dada la adoptabilidad pero no encuentran familia. Y decís “¿es justo para esa familia y para esa chiquita que en algún momento se va a ir?”

—¿Cuánto tiempo tiene la nena?

PI —Dos años cumplió. Es una chiquita que ya va al jardín, vive una vida a pleno con ellos. Pero que en algún momento le va a tocar irse con su familia adoptiva. Pero mientras tanto, para la chica va a ser un dolor enorme. Para la chica y para la familia de tránsito. La familia de tránsito tiene claro de que somos puente y que el fin por más doloroso que sea es ese. Pero es una locura.

—Estamos hablando de un Juzgado que no está encontrando familia para una nena de dos años.

PI —Que no está encontrando o no está buscando...

PA —Yo digo el caso de esta familia adoptiva, la última que tuvimos nosotros, la de Lucas, ellos presentaron la carpeta en noviembre del año pasado. Por eso también un poco de la necesidad de que haya familias para adoptar y recibir a esos niños. Pero el juzgado cuando le nombró la adoptabilidad a los dos meses, al mes y medio ya estaban entrevistando familias.

—Me interesa esto. La familia que se fue con Lucas se anotó en noviembre. ¿Y cuándo le sale la adopción?

PA —En marzo. El Registro está trabajando. El famoso Registro Único de Adoptabilidad, el RUAGA, tiene mucha gente anotada. No es que no haya. Pero obviamente hay mucha más necesidades de niños que mucha más gente se postula para adoptar. Pero si el Juzgado trabaja bien, cumple. Busca carpetas. Analiza. Entrevista, listo. Y encuentra la familia. Y eso fue rápido. ¿Por qué no todos pueden trabajar así? No lo sé.

—¿La familia con la que se fue Lucas les gusta?

F —Son lo mejor, son unos genios.

PI —Fueron de los momentos más emocionantes de la vida ver cómo ellos se encontraban, como conocían a su hijo. Una cosa de locos. Realmente. Y ya ahí ya los empezás a querer porque ves ese deseo que tenían. Al rato ya estaban jugando con Lucas con los juguetes. Le habían llevado una caja que decía Lucas escrita con todos juguetes para Lucas. O sea, realmente es muy fuerte vivir eso.

J —Todo lo que uno hace empieza a tomar sentido también. Lo estábamos cuidando para ustedes.

PI —Sí, sí, sí. Y no dejan de decirnos “todo lo que hicieron con Lucas, no nos vamos a cansar de agradecer”. Y la verdad te pasa mucho que te dicen “ay, lo que hacen ustedes es maravilloso”. Yo sé que está bien, que es buenísimo lo que hacemos, pero sale tan natural y tan del corazón que no nos significa ni un sacrificio.

PA —No, la verdad que no lo sentimos como sacrificio.

Voces - Familia de acogimiento - Tatiana Schapiro
La familia Allende Olázabal junto a Tatiana Schapiro en Infobae.

—¿Pilar, qué les decís vos a los bebés cuando están en tu casa?

PI —Que van a tener una familia que los va a amar con todo su corazón. Que te van a amar toda la vida. Así como te amamos nosotros te van a amar después. Obviamente que cuando el chico está en casa no te cansás de rezar y pedir por esa futura familia. Desde el momento uno, antes de que llegue a casa, es rezar por ese bebé y por esa futura familia que lo está esperando.

PA —Que en algún lado está. No sabemos dónde pero está.

—Para cerrar, el domingo 31 de mayo es el Día Mundial del Acogimiento Familiar. Quiero que me digan entre todos por qué es importante el trabajo de las familias de acogida.

PI —Yo creo que uno no toma conciencia del valor que tiene lo que uno genera en ese chico dentro del núcleo familiar. El cuidado el amor, la salud, la alimentación, la parte emocional. Uno lo fortalece, cómo decirte...

PA —Lo nutre.

J —En todo sentido.

PI —Ya sea en sus primeros años o si son chicos más grandes, yo creo que cómo el chico viva ese tiempo que somos puentes es como el chico va a encarar después la vida. Tiene un valor enorme.

PA —Y yo creo que hay que desmitificar el qué costoso es hacerlo. La verdad que no. No solo en cuestiones económicas sino en cuestiones emocionales, en tiempo. La verdad que por ahí sacrificas algunos tiempos o algún viaje. En general, recibís mucho más de lo que das. Eso no lo dudo.

—¿Qué te quedó de los chicos?

PA —Lo que me quedó de los chicos es no solamente lo que genera en nosotros sino lo que genera en cualquier persona con la cual te cruzás. Vas al supermercado, vas a un local de ropa, “¿el bebito de ustedes, es nieto?”. “No, somos familia de tránsito”. Cuando le empezás a contar y ves que se va y vuelve medio llorando. “Porque yo soy adoptado”. Entonces empezás a vivir un montón de historias de otras personas que quizás pasaron por lo mismo o les gustaría hacerlo pero no se animan. Yo creo que si hay algo para sacar bueno de esto es que hay que animarse a ser familia de tránsito. Van a recibir mucho más de lo que dan. No es un tema de tiempo, siempre tenés la posibilidad de tener familias de apoyo si vos querés.

PA —Hay una red.

J —Tenés que ir dos días presencial a la oficina, hay opciones de familias de apoyo que durante el tiempo que vos estás en la oficina se pueden quedar con el bebito y vos después lo vas a buscar. Si vos querés y tenés la intención la Fundación se ocupa de que vos puedas hacerlo.

PA —No es que te dan al chico cuando lo recibís y después los ves a los seis meses. Hay constante seguimiento. Me acuerdo cuando fuimos a la primera vinculación de Julián, que fuimos a la casita y salíamos y nos abren la puerta donde estaban los bebitos en el caso nuestro. Y nos dicen van a seguir… Esto es un viaje de ida.

PI —Es un viaje de ida.

PA —Podés sufrir cuando se va obviamente porque uno tiene el apego de las personas, pero no deja de ser mucho más la alegría. El otro día cumplió un año Lucas y vos ves la foto, el chico sonriendo, decís “trabajo bien hecho”. No hay nada más satisfactorio que eso. La verdad que es espectacular.

PI —La verdad que es una alegría inmensa. A nosotros como familia nos hizo tan bien, tan bien. Y para nosotros como padres es gratificante ver cómo nuestros hijos reaccionan ante esa situación. Realmente te llena el alma.

—¿Van por un cuarto tránsito?

PI —Sí obvio. Lo estamos deseando.

PA —Cuarto o cuarta, no importa.

Si querés contar tu historia escribinos a:voces@infobae.com

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Julieta Coria, la actriz que dejó San Juan a los 17: el vértigo de Buenos Aires, la presión familiar y el desafío de construir su propio lugar

En Casino Deluxe, habló sobre las dificultades que atravesó al mudarse sola desde el interior, recordó el impacto emocional de sus primeros tiempos en la Ciudad y reflexionó sobre las exigencias y apariencias dentro del mundo digital. Además, contó cómo vive su relación con las redes, su obsesión con el trabajo y el deseo de impulsar nuevas propuestas vinculadas al arte

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Joaquín Cavanna: los trabajos “bizarros” que hizo en España, cómo empezó en el streaming y el secreto de “Paren la Mano”

En Citados, el periodista y creador de contenidos recordó los años que vivió en Europa, sus inicios en el periodismo y cómo comenzó a stremear. Además, su relación con las redes sociales y los proyectos que le dieron aire al grupo de trabajo

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“Yo me separé amándolo”: Pamela Pombo habló de la violencia que sufrió, el éxito de las “hermanas” y cómo OnlyFans le cambió la vida

En Desencriptados, la entrenadora personal habló del complejo proceso judicial y emocional que atraviesa tras la separación del ex Puma Patricio Albacete. Además, recordó cómo los escándalos mediáticos impulsaron su salto a la fama y reflexionó sobre el lado más hostil del ambiente artístico

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Yuyito González: “Me han dicho casi prostituta, gato, pagada, el insulto no es forma de relacionarse”

No le gustan los insultos del presidente y se lo diría, pero asegura que hoy no tienen contacto. Cómo fue la relación con Milei, el “te amo”, la hecatombe y el final. Por qué dice que esa ruptura le costó mucho. La decisión de aprender a ser paciente, pero no dejarse pisotear. Cuándo fue la crisis más importante de su vida. La autoestima baja y la necesidad de aceptación de una mujer que parecía que se comía el mundo. El día que quiso dejar de ser sex symbol y se bajó para siempre de los escenarios

Yuyito González: “Me han dicho casi prostituta, gato, pagada, el insulto no es forma de relacionarse”
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