“Yo me separé amándolo”: Pamela Pombo habló de la violencia que sufrió, el éxito de las “hermanas” y cómo OnlyFans le cambió la vida

En Desencriptados, la entrenadora personal habló del complejo proceso judicial y emocional que atraviesa tras la separación del ex Puma Patricio Albacete. Además, recordó cómo los escándalos mediáticos impulsaron su salto a la fama y reflexionó sobre el lado más hostil del ambiente artístico

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“Gracias a OnlyFans me compré mi primer departamento”, contó Pamela Pombo en Desencriptados, el ciclo de entrevistas de Infobae, al repasar cómo la plataforma le permitió alcanzar independencia económica en medio de un complejo proceso personal.

Pamela es modelo, fisicoculturista y exvedette. Alcanzó notoriedad en los medios en 2010 por sus participaciones en programas de televisión y producciones vinculadas al espectáculo junto al fenómeno de “Las hermanas Pombo”.

Nacida en Mendoza, también tuvo un paso por el deporte de alto rendimiento, ya que integró equipos de vóley antes de dedicarse al mundo del entretenimiento. Con el tiempo, reorientó su carrera hacia el fitness y el fisicoculturismo, disciplina en la que compitió profesionalmente y ganó reconocimiento por su transformación física.

En los últimos años volvió a ocupar espacio en la prensa por su relación y posterior separación conflictiva del exrugbier de Los Pumas Patricio Albacete. En una entrevista íntima, habló sobre la violencia que sufrió, el miedo con el que convivió durante meses y los vínculos en los que se apoyó para salir adelante.

Retrato de medio cuerpo de Lady M, una mujer de cabello oscuro largo y ojos azules, vistiendo un blazer negro sobre un top burdeos, en un estudio
Pamela Pombo: “Cuando me preguntan si tuve miedo a morirme y la verdad es que sí”

—Actualmente no estás en el mundo del espectáculo y sos personal trainer.

—Sí, hace varios años.

—¿Extrañás el mundo del espectáculo?

—A veces extraño un poco el escenario, el teatro y suelo ir a ver obras como para bajar un poco. No estoy arriba del escenario, pero lo veo de afuera.

—¿Qué es lo que más te gustaba cuando trabajabas en el medio?

—Era como un cable a tierra para mí. Cuando me fui del medio y empecé a dar clases dije: “Bueno, me tocaba trabajar algún día” (risas). No lo veía como un trabajo. Era súper divertido, me distendía un montón. La pasaba muy bien.

—¿Te alejaste por falta de laburo o porque vos realmente no tenías más ganas de hacer nada de eso?

Empecé a ver el medio un poco hostil. Fue una época donde empezaron muchos cambios de la televisión y la aparición de las redes. Veía como que todo el mundo estaba desesperado, cada uno en la suya, buscando qué hacer. Desesperados por el trabajo en sí. No gustó y me empecé alejar un poquito. También hubo mucho menos presencias después del 2020 por la pandemia. Entonces ahí empecé a tener mucho menos trabajo, porque en la tele en sí yo nunca estuve trabajando.

—Claro, lo hacía todo por afuera. Eras mediática y eso hacía que te convocaran de lugares.

—Claro. Conseguía presencias o espacio en teatro durante el verano.

—¿Cómo nació lo de “Las hermanas Pombo”? Porque era algo falso. Vos sos Pombo de apellido, pero ella era Johanna Villafañe.

—Sí. Surgió porque yo en Mendoza estudié conducción y producción de televisión. Me gusta mucho la producción y dije: “Tenemos que hacer algo”. Pensé ¿qué pega, qué está bueno, qué genera morbo? Y ahí dije: “¡Hermanas!”. Decidimos venir a Buenos Aires y nos empezamos a lookear parecidas. Las dos estábamos castañas en ese momento y nos teñimos de rubias. Ella es un poquito más baja y se ponía tacos más altos para estar más parejas. Primero empezamos a salir por los boliches y decíamos: “Somos hermanas” y la gente obviamente le parecía que éramos. “Bueno, parece que va a funcionar”, dijimos y así saltamos al ambiente.

—¿Cómo fue que después de crear esa sociedad se hicieron famosas?

—En ese momento habíamos dicho que habíamos hecho un trío con el Ogro Fabbiani (risas).

—¿Pero lo hicieron?

—Todo puede ser (risas). Yo escuché que Johanna salió a decir que no, que no habíamos hecho ningún trío...

—Pero lo rehicieron.

—Lo dejo a tu criterio (risas).

—Dijeron que hicieron un trío con el Ogro y ahí la prensa se volvió loca.

—Sí, salimos por todos lados. Aparte, pobre, el Ogro en ese momento estaba saliendo de la relación con (Victoria) Vannucci, se habían separado hacía poco... El día anterior, él había estado en el cumpleaños de Uma, que era el primer cumple que pasaban los padres juntos. O sea que fue como un súper escándalo.

—¿Se había separado de Vannucci, había tenido con (Amalia) Granata el cumpleaños de la hija y al otro día sale todo esto con “Las Pombo”? Le explotó una granada...

—Sí, pobre (risas). Le mandamos un beso. Es un genio. En realidad, nosotros nos habíamos juntado en casa a comer, como varias veces lo habíamos hecho. Cuando salimos a comprar helado, estaban las cámaras ahí. Lo que creímos en ese momento, y después lo hablamos, fue tipo: “Venís del cumpleaños de Uma, y te siguieron o ¿qué pasó?”. Él nos decía: “¿Ustedes la llamaron?”. “No, a vos te siguieron”. Y quedó en eso. Nunca supimos.

—¿Te arrepentís de haber hecho algo así por fama o por el medio?

—No. A mí nunca me importó el qué dirán.

—¿Y qué pasó con Johanna? ¿Se pelearon? ¿Las separó la vida?

—Hace poquito sé que ella estuvo en la televisión y dije: “¡Ah! Ya me había olvidado por qué nos habíamos peleado”. Sí, nos peleamos. Lo que pasó en ese momento fue que ella hizo una denuncia, a mi criterio falsa, contra un chico y me puso a mí de testigo. Yo era pendeja. Me llama la policía, me golpean la puerta de mi casa y me dicen: “Policía, abra”. Yo le dije: “¿Cómo sé que son policías” y me mostraban la placa. Abrí, me llamaron por mi nombre y apellido, me dieron que tenía que ir a declarar. Imaginate, a la medianoche. Me puse las zapatillas, fui a declarar ahí a una comisaría a cinco cuadras. Yo no tenía ni idea. Pero les dije: “Eso no pasó”.

—¿Qué falsa denuncia hizo?

—Por violencia.

—¿Física?

—Sí, de su expareja en ese momento.

—¿Vos lo conocías a él?

—Sí, claro. De hecho, nosotras vivíamos juntas y yo en ese momento estaba en pareja con un chico de Mar del Plata. El chico vivía conmigo prácticamente, estábamos siempre juntos y el novio de ella también. Estábamos siempre los cuatro en el departamento. Es más, nosotras viajábamos o hacíamos presencias y ellos se quedaban jugando a la Play. Todo muy maduro (risas). Si de verdad hubiese pasado eso, yo lo saco al pibe del departamento, llamo a la policía o le pido a mi novio de ese momento que haga algo...

—¿Y por qué pensás que hizo la denuncia?

—Sé por qué la hizo, pero es mucho más grave que una denuncia falsa. Ella estaba embarazada en ese momento y quería abortar; y el chico no la dejaba. Entonces, para sacárselo de encima y poder hacerlo…

—Viste que ahora se está debatiendo mucho que quieren cambiar la ley para agravar las penas con las falsas denuncias. ¿Qué opinas de eso?

—Me parece muy grave porque siempre que pasan este tipo de cosas yo pienso en mi hermano y en mi papá. Las chicas estas que van y ponen las falsas denuncias, ¿lo hacen en realidad por ira, bronca, rencor u odio al hombre? ¿No piensan antes en sus papás, en sus hermanos? Por ahí hay que hilar más fino y ver de dónde viene. Yo siempre que hago algo, pienso en mi familia. Así que me parece bien lo de las penas más duras para las mujeres o los hombres que hacen falsas denuncias.

Un hombre de cabello rizado con traje y corbata mira a una mujer de pelo oscuro largo con una blazer. Detrás, una pared de listones de madera y un cuadro
“Gracias a Only yo me compré mi departamento", afirmó la modelo en diálogo con Rulo.

Separación, causa judicial y nueva vida

—Te pregunto esto porque es un tema que se hizo público y salió en todos lados. Te casaste, venía todo bárbaro y te separaste en medio de denuncias por violencia. ¿Eran una pareja tóxica? ¿El cambió de golpe? ¿Qué pasó?

—Yo suelo siempre escuchar las dos campanas porque me gusta analizar la situación, soy súper observadora. Y desde que hago terapia, mi psicólogo siempre me dice: “Vos tenés que escuchar las dos campanas y de cada uno tomar la mitad. A la mitad, ese es el resultado”. Y yo lo escuchaba a él hablar de su exparejas y decir: “Esta está loca, la otra está loca”. Y no soy de ponerme en contra de la mujer jamás, entonces agarraba esa versión con pinzas.

—Ya te sonaba raro que todas estén locas...

—Sí. Me suena raro que todas sean locas y que todas sean put*s, según decía él. Eran cosas recurrentes que hablaba. Pasaba también que me contaba situaciones de sus ex y no me hablaba muy bien de esas situaciones. Y después me empezaron a pasar a mí estando en pareja.

—¿Por ejemplo?

—Él me decía que una de sus parejas le robó algo de su casa y cuando yo me estaba por ir, porque no fue la primera vez que me quise separar, yo dos o tres veces estuve a punto de irme. En un viaje habíamos comprado un par de valijas para que sean parecidas las dos. Cuando estoy por irme me dice: “No, esas valijas son de mi casa”. Yo me quedé seca. “Pensé que me las habías comprado a mí”, le dije. “No, no. Las compré para los dos, pero son de esta casa, quedan acá”. “Ah, listo”, le dije y agarré otras. Pero ahí me di cuenta que a la ex le debe haber pasado eso. Le regaló tal cosa y cuando se la llevó la acusó de ladrona. Después me pasó que tuve secuencias de infidelidad de parte de él. Por ejemplo, a los dos meses de casado encontré una tanga en el auto. Según él, llevaba ahí tres años.

—¿Pero nunca mandó a lavar el auto? ¿No se le ocurrió sacarla?

—La realidad es que yo vi una situación rara esa misma noche y no dije nada. A los dos días nos estábamos por volver. Esto fue en Pilar. Y ahí dije: “¿Qué fue eso raro que hizo en el baúl?”. Entonces, abrí una puertita que me llamó la atención dentro del baúl y ahí estaba. Suponiendo que estaba ahí tres años, debería haber estado desintegrada. Y estaba nueva, los elásticos perfectos, hasta tenía olor a limpio.

—¿Qué pasó cuando lo enfrentaste?

—En el momento no dije nada, me la guardé en el bolsillo. Volvimos de Pilar hasta Capital. Estuve esos 50 minutos de viaje pensando en cómo le iba a hablar. A mí se me cayó el mundo, me sentí súper mal. Sabía que a partir de ahí la confianza no iba a ser la misma. Hasta ese día estuvimos súper. Nosotros nos casamos primero por civil en diciembre y en junio hicimos la fiesta. Y esto fue septiembre u octubre. Cuando llegamos a casa, le dije: “¿Te puedo hacer una pregunta? Pero quiero que me cuentes toda la verdad”. Le mostré la tanga y me dice: “No, me quiero morir. Esa tanga estaba en el auto, en el baúl, está ahí hace tres años”. Le digo: “No, tres años no”. Yo vi la secuencia cuando la dejó ahí porque nosotros llegamos a Pilar e íbamos sacando las cosas del auto. Yo creo que él fue hasta el baño, porque entró antes que yo, y creo salió con esta tanga y la tiró ahí en el baúl, porque yo volví a sacar más cosas. Si la tiraba al jardín me iba a dar cuenta...

—¿Pudiste averiguar quién era la propietaria?

—Le pregunté, me dijo quién era y a los dos días, la propietaria supuestamente me bloqueó, porque cuando la volví a buscar ya no la vi más. Así que evidentemente también había charlas entre ellos. Igual seguí porque recién me había casado y era frustrante todo lo que estaba pasando. Hice lo que pude, te juro. Estaba en terapia, me apoyé mucho en mis amigas, pero para mí ya no era lo mismo.

—¿Y cómo fue que terminó en esos videos que vio toda la Argentina y que son repudiables?

—Bueno, lo de ese video fue que un amigo me avisa que mi marido en ese momento se estaba escribiendo con una chica, una masajista.

—¿Era una masajista happy ending?

—Sí, pro. De esas de final feliz. Era el día de mi cumple, justo. Le dije: “¿Me prestás tu celu un segundo?”. Y mi amigo me había pasado el teléfono de la piba. Yo lo marqué y lo tenía agendado con nombre y apellido. Le digo: “¿Quién es?”. “Es una masajista que le hablé hace como tres años”. Y ahí yo dije: “¿La tanga tres años, la masajista tres años?”

—¿Él sabía que había cámaras en la casa?

—Sí, claro. Las pusimos porque tengo una perrita y una gata; y estoy mucho tiempo fuera de casa porque trabajo en el gym todo el día, entonces me gusta meterme en las cámaras y ver qué hacen, si tienen comida y esas cosas.

—¿Estas escenas que nosotros vimos fueron las únicas de violencia?

—No, de hecho, este video es de esa época de la masajista, que habrá sido en abril de 2025. Cuando yo decido que se termina todo, en septiembre, después de una pelea muy fuerte que tuvimos, él me saca la clave de las cámaras, por lo cual yo no pude acceder a esos videos que fueron muy fuertes. La última, fue terrible. Cuando a mí me hacen una nota y me preguntan: “¿Tuviste miedo a morirte?” La verdad es que ese día, que fue 21 de septiembre del 2025, yo pensé que me moría.

—¿Qué te gustaría que suceda ahora? Porque vos lo denunciaste. ¿Qué querés que le pase? ¿O estás dispuesta a seguir con tu vida y no volver a cruzártelo? Te lo pregunto porque siento que le tenés cierto cariño, ¿o me equivoco?

—Sí, claro. Yo me separé amándolo, siempre lo digo. Fue una decisión porque sabía que íbamos a terminar muy mal. Pero intentamos todo: hicimos terapia de pareja, charlamos... Pero a mí me costaban mucho dos cosas. Primero, confiar y después empecé a tenerle miedo. Me levantaba a lavar los platos, lo sentía por atrás y se me erizaba la piel de miedo. Yo quería observar para dónde iba y qué hacía. Y dije: “No, no puedo vivir así”.

—¿Y ahora hace cuánto no te lo cruzás?

—Estuve viviendo así como siete meses hasta que salió en los medios el video. Porque yo había puesto la denuncia y no habían tomado medidas. Cuando esto se hizo público, me dieron el hogar a mí y a él lo sacaron ya hacen dos semanas y tres días.

—¿Cómo hiciste para seguir adelante esos siete meses?

—Con miedo. En el celular yo tenía en teléfonos frecuentes a mis dos amigas. Yo no llamo nunca por teléfono a nadie. Entonces ellas sabían que si yo las llamaba, era grave y automáticamente tenían que comunicarse con la policía y salían en simultáneo para el departamento. Nunca lo tuve que hacer por suerte. Hace unas semanas, le llevaron la cautelar al domicilio con lo que había decidido el juez.

—Y te dieron la atribución de domicilio a vos. ¿Cómo estás con esta decisión?

—Sí. Ahora estoy con tratamiento porque tuve altibajos. Estoy como un poco depre, pero creo que es parte del proceso. Sé que voy a salir. Tengo mi psicólogo, mi psiquiatra y estoy mejor.

—¿Estás tomando alguna medicación?

—Sí, para dormir y para bajar durante el día. Estar en alerta tanto tiempo genera un desequilibrio emocional muy fuerte. Y yo estuve en alerta durante siete meses. Pero sigo dando clases en el gym, estar en contacto con la gente me hace bien.

Programa: Desencriptados . Invitada: Pamela Pombo
“A los dos meses de casados encontré una tanga en el auto de él”, recordó Pamela

OnlyFans, entre la independencia económica y los conflictos personales

—Tema OnlyFans, ¿cómo viene eso?

—¡Suscríbanse! (risas).

—¿Te deja dinero?

—Mirá, gracias al Only yo me compré mi primer departamento. Pero hay que meterle, ¿eh? Hay que estar.

—Hay varias opciones, ¿no? Podés chatear con clientes en forma privada, te pueden contratar sesiones, podés vos subir fotos o se pueden suscribir. Hay muchas aristas, ¿cuál es la que más plata te deja?

—Lo que más te deja es el chat con el fan. Hablás, mandás fotos, videos, te piden. Todo lo vas cobrando, todo se cobra extra. La suscripción a mí me deja. Yo he tenido meses en los que he estado con problemas personales en los que ni he entrado a ver el Only y facturo igual, porque el que entra y se suscribe, ya te deja...

—¿Cuál es la foto que más te piden por privado?

—¡Uf! De todo. Pero cuando me pidieron de los pies dije: “¿Es joda esto? ¿Cómo puede ser?" Yo he cobrado videos de 30 segundos, 150 dólares. Un videito de los pies. Te piden de todo, pero tengo, ponele, tres fans que los tengo hace años y me piden solo videos o fotos en bikini. O sea que tengo que andar comprando bikinis. A veces les digo: “Pero no tengo más”. Y me mandan plata para que te compres bikinis y compro.

—¿Hace cuánto estás con Only?

—Y... Ahora a fin de año son tres años.

—¿Cuánto tiempo te llevó comprarte el departamento?

—Año y medio.

—¡Fortuna facturas!

—No lo muevo tanto igual, ¿eh? Si le dedicase más tiempo, sí. Los primeros seis meses me los manejó una amiga y su marido. Imaginate los dos ahí (risas).

—Con lo que hablábamos antes, ¿fue un tema el Only con tu marido?

—Sí. Nosotros después del evento de la tanga, tuvimos una sesión de terapia de pareja con su psicólogo, una relación rara ahí de los dos, donde él enojado se levanta y dice: “Bueno, tenés OnlyFans y no te bancás el vuelto”. Y yo me quedé helada, porque cuando lo conocí, él averiguó qué cosas hacía en OnlyFans, vio que yo no hacía porno con otras personas, vio que estaba yo sola haciendo contenido, entonces se quedó tranquilo. Le pregunté, de hecho, si quería que dejara de hacer OnlyFans y me dijo que no, que no le molestaba. Y hoy creo que es un poco para limpiar las culpas, ¿no?

—¿Te da miedo que él te reclame parte del departamento? Porque eso es ganancial, si lo facturaste después de casada…

—Las ganancias de Only es de antes de casada. Lo que sí hice fue comprar el departamento estando casada y él ahora me reclama, obviamente, el 50 por ciento. No hay problema, la verdad. Lo dejo en su conciencia. Igual estoy acostumbrada. Yo laburo y seguiré laburando como hasta ahora. Es lo que hay.

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