Chechu Bonelli: “Mi separación fue un dolor tan fuerte, incluso más desgarrador que la muerte de mi papá y mi mamá”

En Ellas, la modelo y periodista habló sobre el impacto emocional que atravesó tras el final de una relación de 14 años, el proceso de terapia y autoconocimiento que inició para reconstruirse y cómo logró redescubrir una versión más auténtica de sí misma. Además, reflexionó sobre la exigencia con la que creció, la necesidad de soltar el control y el deseo de volver a apostar a un vínculo sano y en paz

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Ellas - Chechu Bonelli

“Yo nunca más voy a sufrir por amor como esta vez. Yo me había casado para toda la vida. Muchas veces me replanteo si yo hubiese sido esta versión antes, si hubiese pasado lo que pasó o no. Pero hoy volví a ser feliz”, sostuvo Cecilia Bonelli en Ellas, el ciclo de entrevistas de Infobae, al reflexionar sobre el dolor de su separación, el proceso de reconstrucción personal que atravesó y el camino que inició para volver a encontrarse consigo misma.

Chechu es modelo, periodista deportiva y conductora. Saltó a la fama tras participar del reality Super M y luego consolidó su carrera en medios deportivos como Fox Sports y Fútbol para Todos. Desde 2017 forma parte de ESPN, donde se desempeña como conductora de SportsCenter. En los últimos años, además de su trayectoria en televisión y modelaje, volvió a quedar en el centro de la escena por la mediatización de su separación del exfutbolista Darío Cvitanich, con quien estuvo en pareja durante 14 años y tuvo tres hijas.

Su historia, atravesada por el duelo amoroso, la terapia y el autoconocimiento, abrió paso a una etapa de profunda transformación personal. En la entrevista habló sobre la necesidad de soltar el control, el aprendizaje detrás del dolor y el deseo de volver a enamorarse desde un lugar más sano, mientras reconstruye su vida, fortalece el vínculo con sus hijas y redescubre una versión más auténtica y plena de sí misma.

Ellas - Chechu Bonelli por favor
Chechu Bonelli: “Siento que renací y que volví a encontrarle sentido a la vida”

—¿En qué momento de tu vida estás?

—Yo creo que todavía en un proceso de recambio. Me agarró la nieve siendo una flor y me quemó hasta las raíces. Pero hubo algo ahí que quedó vivo, que volvió a florecer y siento que estoy como en una especie de primavera ahora. Estoy floreciendo nuevamente, esperando que llegue el pico, que vendría a ser el verano.

—¿Sentís que se terminó el sube y baja emocional?

—Por momentos vuelve. Yo creo que esto es así, ¿viste? A la flor, si vos no la regás se marchita, se cae. Y entonces es como regar constantemente también mi estado. Poder decir: “Che, me está pasando esto. ¿Por qué me está pasando?” Y ahí está la terapia, que hago todas las semanas. Me estoy autoanalizando mucho también, me estoy permitiendo pasar momentos que no son muy lindos, porque también tengo que aprender a convivir con eso. El fin de semana pasado en toda la semana no tuve a las nenas, porque nosotros nos dividimos una semana y una semana, y me pasó de que las extrañé mucho. Me encontré sola en una casa gigante, cenando sola un sábado a la noche y dije: “¡Wow! Qué fuerte esto”. Pero también decía: “Lo tengo que pasar”. Está bueno a veces sentir también esa sensación, porque creo que esos momentos son los que más nos hace crecer.

—Pienso cuánto nos cuesta sostener los procesos, el duelo y lo difícil que es poder expresarlo. El otro día estuvo Nati Saal de invitada y decía: “Me costó más de cuatro años entender que algún día iba a dejar de llorar”.

—Claro. Hace poco en un programa de radio confesé que mi separación me dolió más, fue un dolor tan fuerte e incluso más desgarrador que el fallecimiento de mi papá y de mi mamá. Y para muchos fue polémico y yo realmente fui muy sincera. Si hay algo que he demostrado a lo largo de todo lo que ha pasado en mi vida estos últimos años, es que he tratado de ser genuina y nunca la caretié. Y es fuerte, es chocante. Lo que pasa es que esto fue mío, era muy mío, era algo que yo había construido. Uno por ahí se prepara para ir perdiendo a sus abuelos, a sus padres, es la ley de la vida. Pero la separación, no era recontra inesperado, pero yo me había casado para toda la vida. Entonces fue como una frustración. Y hay veces digo: “Che, tengo que dejar de hablar un poco de esto”. Pero cuando siento que lo tengo que decir o por qué lo digo, es porque también estoy sanando lo que queda de mí.

—Hay personas que eligen exponerlo más o menos que otras, pero cada uno hace lo que puede.

—Sí, siento que en un momento se me fue un poco de las manos. Nunca me imaginé que iba a tomar tanta trascendencia. Nunca me imaginé que una de las dos partes iba a salir a declarar públicamente todo lo que estaba pasando. Yo al principio me llamé al silencio porque no podía hablar. No quería llorar delante de una cámara. Yo estaba desgarrada, estaba hecha un trapo de piso. Tuve que faltar durante muchas semanas a mi trabajo. Te juro que a veces cuando pienso me vuelve un poco esa sensación y digo: “No la quiero sentir nunca más en mi vida”. De hecho, dije: “Yo nunca más voy a sufrir por amor como esta vez”. Me lo propuse y espero poder lograrlo. “Esta vez lo sufrí así, nunca más me va a volver a pasar”, me dije. Y es increíble cómo en este proceso uno se va conociendo, va encontrando cuáles fueron sus errores, uno empieza a cambiar y a ver la vida de otra manera. El ser humano es un poco hijo del rigor, ¿no? Hay que aprender de los tumbazos o de los golpes y yo siento que la vida me noqueó en muchas cosas.

—¿Te sorprendió la separación? ¿Te agarró totalmente desprevenida? ¿No te la viste venir?

—Uno lo toma como crisis, ¿no? Dentro de la pareja, qué sé yo, mi expareja fue el novio más largo que tuve, mi único marido. Y yo aposté también a una vida de una persona que tenía un trabajo con una vida muy nómade. Rodando y rotando alrededor del mundo. Y al principio me costó mucho ponerme en un segundo plano. Venía de un momento muy bueno de mi carrera y el ego me pegó de una manera que yo salía por las calles de Francia y decía: “Che, ¿nadie me reconoce acá?“ Fue durísimo.

—¿Sentís que en algún momento pasaste factura por ese haberte corrido vos de tu profesión para acompañar?

—Sí, me prometí que nunca lo iba a hacer. Pero siento que pasé factura no en actitudes o diciéndoselo, sino por ahí siendo menos mimosa, tomando más distancia, enojándome más seguido. Y creo que todo eso desembocó en lo que terminó pasando. También descubrí mucho capricho en mí, que creo que forma parte también un poco del ego, que lo estoy trabajando. Analizando esto de que no todo tiene que ser como uno quiere. El capricho fue algo que trabajé y estoy trabajando muchísimo. El ser tan terca. Esto de decir: “¿Y por qué no? ¿Y por qué no?“. O que tiene que ser todo como yo digo. Y no, no tiene que ser así...

—Soltar un poco el control, ¿no?

—Re. Yo sentía que el control a mí me daba seguridad. Y me di cuenta que el control no es seguridad. Nada es seguro en esta vida.

—Nada es seguro. Pero son patrones que también uno trae y que te forman.

—Yo me fui dando cuenta que tuve que trabajar muchas cosas de mi infancia también. Papá era muy estructurado, muy exigente. Yo siento que nos sacó maravillosas personas, super educados, pero con algunos quilombitos y mambos por su exigencia. Yo siento que venía de una familia donde, no tanto por mi mamá, pero sí por mi papá, y sin juzgarlo, menos ahora que ya no está en este plano, pero había mucha meritocracia. “Che, me fue bien en el examen, me saqué un 10” o “Papá, mirá, tengo tanto promedio, quedé como escolta”. Y recién ahí yo sentía que tenía derecho a pedir un par de zapatos nuevos. Pero me lo ponía yo esa validación, ¿entendés? A lo mejor indirectamente yo lo sentía así, pero yo era una piba que no iba a los cumpleaños de 15 porque se quería quedar a estudiar para al otro día ser la mejor nota del colegio. Y en algún punto siento mucho orgullo de mí porque todo lo que me propuse lo fui consiguiendo. Pero después viene la frustración, cuando decís: “Che, pará. Yo tenía todo acomodado, estructurado, controlado y de golpe el castillo se desmorona”. Y ahí te das cuenta de que la vida va por otro lado también.

Ellas - Chechu Bonelli por favor
“Yo sentía que el control me daba seguridad y me di cuenta de que nada es seguro en esta vida”, confesó Chechu en diálogo con Luli

—¿Sentís que si pudieses rebobinar cambiarías algunas cosas?

—Sí, muchas.

—Me parece re válido decirlo y que te emocione porque en general el orgullo nos invita a decir que no…

—Muchas veces me replanteo si yo hubiese sido esta versión antes, si hubiese pasado lo que pasó o no. Pero bueno, tenía que pasar. Esto tenía que pasar para que pasara lo que pasó, ¿no?

—Y todo lo que probablemente vaya a pasar de aquí en adelante.

—Claro, para que pase lo que vaya a pasar. Pero bueno, yo siempre digo que esta última etapa de mi vida fue como el yin y el yang, dentro de lo malo hubo algo bueno y dentro de lo bueno también hubo algo malo. Pero yo siento que renací. Siento que volví a encontrarle sentido a la vida. Y hoy volví a ser feliz. Y no le echo la culpa a la otra persona: “Che, al lado tuyo no era feliz”. Yo creo que el trabajo estaba en mí. Hay que resetear a veces, ¿no? Y me ha pasado con muchísima gente que me cruzo, que por ahí perdí el contacto hace unos años y me dice: “¿Chechu, volviste? Volvió la Chechu que yo había conocido hace mucho tiempo”. Y yo siento que volví, también. Siento que volví a disfrutar de un montón de cosas que estaba perdiendo en el día a día. Hoy tengo una conexión con mis hijas que hace un tiempo atrás no la tenía.

—Cuando mencionaste lo de tu papá y de cómo advertías que él era con ustedes. Viste que uno o repite o hace todo lo contrario. ¿Qué te pasó a vos?

—Trasladé todo. Yo repetí.

—¿Y hoy lo ves y tratás de modificar esos patrones?

—Sí. Siento que mis hijas también se dan cuenta. Un día Lupe me dijo: “No pretendas que yo sea la chica a 10 como fuiste vos”. Y fue como: “¡Uf! Pará”. Estoy exigiendo demasiado. Mi papá era un tipo que si te iba mal, no te hablaba y pasaba días sin hablarte.

—¿Y lo perdonaste por eso?

—Sí, yo perdoné mucho. A ver, te estoy hablando de las mínimas cosas malas que tenía. Yo siempre digo que la exigencia de los padres hace que uno salga con algunos mambos, pero agradezco la educación que me dieron. Yo de mi papá tengo la fortaleza, tengo la valentía. Yo tuve una energía masculina tan grande, tan alta, que descuidé mucho la femenina. Y tuve un rol como muy masculino en mi casa. Resolvía, cortaba el pasto, limpiaba la pileta y descuidé al lado femenino. Y eso también me jugó una mala pasada. Yo cargaba las bolsas de cemento a la camioneta, le decía al albañil qué era lo que estaba mal o si estaba en falsa escuadra. Y yo me tenía que ocupar de otras cosas, no de esas. Pero viste cuando querés estar controlando todo, bueno…

—Cuando decís: “Sé que por ahí tendría que dejar de hablar públicamente de esto, pero es parte de mi proceso de sanación”. ¿Creés que el papá de tus hijas no te perdonó esa exteriorización?

—Sí, hay algo que yo todavía no puedo saber qué es qu nos lleva a tener una distancia. Hoy tenemos la relación justa y necesaria por las nenas. Pero no tenemos la relación que por lo menos a mí me gustaría tener. Siento que hay mucho dolor en ambas partes, pero no se ha encontrado el momento de poder limar asperezas todavía. Me encantaría poder lograrlo. Él fue una persona importantísima en mi vida, la persona que amé como nunca imaginé que iba a amar a nadie. Yo creo que descubrí el amor verdadero. Por eso elegí casarme y que sea el padre de mis hijas. Al principio me costó mucho procesar todo eso. Y después fui entendiendo que en este proceso yo también me estaba desenamorando o me había desenamorado, pero no lo quería ver. Y es la típica acción de barrer abajo de la afombra. Y yo vengo un poco de esa educación. En mi casa se barría mucho abajo de la alfombra. Somos papás presentes. Darío es un excelente padre, nunca lo voy a negar y fue un excelente marido. Mientras fuimos pareja fue un hombre súper respetuoso conmigo hasta el último día. Pero bueno, son situaciones de la vida que también que hay que afrontar. A veces duelen porque no es como uno lo espera o lo desea. Pero estas cosas también te hacen aprender, aceptar que la gente puede cambiar o que la gente ya no es la misma que antes.

Ellas - Chechu Bonelli por favor
“No sé si todavía estoy lista para volver a enamorarme”, admitió Chechu

—Fueron muchos años también y una no es la misma persona a los 20 que a los 40.

—No, obvio. Nosotros nos conocimos, nos fuimos a vivir juntos, crecimos juntos, fuimos a vivir a tres países totalmente diferentes al nuestro, con culturas diferentes y éramos el uno para el otro. Por eso te digo, no es fácil, no fue fácil y no sigue siendo fácil. Durante muchos años tapé el dolor, así que ese también es un proceso. Ahora estoy con tres trabajos, me tengo que mudar y es un movimiento arreglar qué me puedo llevar, qué no, a dónde me voy, la logística de las nenas. Y a la par resolver otras cuestiones también, cosas que hay que divivir... Yo siempre dije: “Todo este proceso me va a llevar mínimo dos años”. Ya pasé el primer año, que para mí fue el más duro, pero pude florecer. Recién en diciembre del año pasado sentí que estaba volviendo, pero me llevó casi un año. Y hoy me siento en un estado de maduración admirable. En el medio también hay cosas. La separación tomó su nivel de mediatización que uno no esperaba, él volvió a formar pareja…

—¿Te sorprendió eso?

—Puede pasar, recontra puede pasar. Pero bueno, cada uno vive el proceso a su manera y no hay que juzgar. No sé qué decirte. Lo que sí puedo es hablarte de mí. A mí me llevó su tiempo y me sigue llevando su tiempo. Yo tuve una pequeña relación hace poco y fue hermoso volverte a sentirme querida, protegida, cuidada y mimada. Pero después te das cuenta que todavía hay un proceso que uno, o al menos yo, tengo que seguir haciendo para cerrar y decir: “Okey, el reseteo está cien por ciento hecho”. Por ahí pensás que reseteás y hay algo que está como desconectado por dentro todavía. Pero bueno, no sé si todavía estoy lista para volver a enamorarme, pero encantaría. El amor es el estado más maravilloso que puede encontrar el ser humano. El amor te genera felicidad, disfrute, te hace olvidar del tiempo, te hace olvidar de los momentos malos, pensar que tenés una persona que te cuida, que piensa en vos, que te distrae. La vida compartida a mí me encanta. Pero también quiero decirte que estoy disfrutando mucho de la vida conmigo misma. Me encanta esto de irme a dormir sin despertador, que por ahí al ser madre tenés compromisos y obligaciones. Pero cuando no tengo a las nenas, encontrarte con ese espacio de decirle a una amiga: “Che, ¿qué estás haciendo? Dale, venite o voy para tu casa”. Siento que redescubrí una versión antigua, pero mucho más mejorada. Me siento mejor que a los 24 años, en uno de mis mejores momentos, dejando de lado todo este proceso, ¿no? Me siento muy energética.

—Chechu, si pudiesen tomarse un mate con vos misma pero de hace 10 años atrás, ¿qué le dirías?

—Que trate de escuchar y no hacer oídos sordos para tal vez poder evitar todo lo que pasó. Me gustaría haberla podido advertir de determinadas cosas. Me hubiese gustado decirle que la vida tal vez pasaba por otro lado, no por donde ella creía. Que disfrutara más y que no tape tanto, porque me da la sensación de que el haber tapado muchas falencias emocionales me llevaron a no disfrutar de un montón de momentos de la vida, que hoy los veo y digo: “ Pucha, qué lastima”. Pero también le diría que estoy muy orgullosa de todo lo que pudo lograr en su vida. Porque si bien hubo errores o equivocaciones, hoy los puede ver y siento que estoy a tiempo de revertirlos. Algunas cosas ya no, aunque uno nunca sabe las vueltas de la vida. Pero le empecé a encontrarle el sentido a las frases hechas (risas).

—El próximo Mundial después del de Estados Unidos, o sea, dentro de cuatro años, ¿dónde te ves?

—¡Uy! Por lo pronto, ahora me viendo yendo a este Mundial que es algo que deseé toda la vida y que se está dando. Me voy a ver con 45 años. Qué pregunta difícil… Lo que pasa es que hay una mezcla de cómo te ves y cómo deseas verte también, ¿no?

—Bueno, puede ser cómo te gustaría estar en cuatro años.

—Mucho más madura profesionalmente. Mucho más completa como mujer. Y siento que enamorada, enamorada sanamente, conociendo el amor sano, en paz y maduro. A mí la vida compartida me encanta y me veo así, con mis hijas también más grandes. Siento que tal vez siendo una familia ensamblada. Ahora, ¿con quién? Te la debo. No lo sé.

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