“Me costó mucho venir a Buenos Aires. Llegué a los 17 años; yo soy de San Juan y estaba en esa etapa en la que me creía grande, como si tuviera más control sobre ciertas cosas. Pero fue enfrentarme a la realidad: una ciudad enorme, mucho más rápida. Yo venía con otros tiempos, más lenta en muchos aspectos. Fue duro y me generó mucha ansiedad”, recordó Julieta Coria en Casino Deluxe, el ciclo de entrevistas de Infobae.
Juli, como la conocen en redes sociales, es actriz y creadora de contenido. Se instaló en la Ciudad de Buenos Aires para formarse en comedia musical y perseguir su vocación artística. Con un estilo humorístico y personajes inspirados en situaciones cotidianas, construyó una comunidad de más de 2 millones de seguidores.
Además de su trabajo en plataformas digitales, participó en campañas para distintas marcas, incursionó en el doblaje y desarrolla proyectos de ficción en formato vertical, donde actúa, escribe y dirige. También llevó su universo creativo al teatro con la obra Lo dejamos acá, presentada en la calle Corrientes.

—Esto arranca diciéndome qué harías con un millón de dólares. Depende de cuán sincera seas en tus respuestas, voy ver si te la doy o no.
—¡Uy, tremendo! ¿Qué hago con un millón de dólares? Mmm primero creo que me compro una casa o un departamento para tener esa estabilidad de saber que tengo mi lugar. Si puedo ayudar a mi familia con algo, obvio que también. Después creo que invertiría todo en hacer una película o una serie. Lo invertiría en un proyecto copado.
—Te autofinanciarías un proyecto.
—Sí, algo propio que me guste mucho hacer.
—¿Por cuánta plata cerrarías tus redes por un año? No tendrías ningún tipo de espacio en las plataformas.
—10 millones de dólares, menos también (risas). Pero puedo hacer otras cosas. No soy tan fan de mis redes.
—¿Qué harías esos años con 10 millones de dólares?
—Me abocaría más al teatro o emprendería por otro lado. Las redes siempre son una excusa para, no es el lugar que yo... Ni el que más disfruto. Lo hago porque siento que es una gran salida para mí. Y obvio que me gusta... O sea, ahora es la fuente, si me la sacás ahora me cortás las alas.
—¿Por cuánta plata borrarías todos tus videos de astrología? ¿Por 5 mil dólares?
—No, no. No los sacaría. Tiene mucho que ver con lo que construí y con lo que soy, así que no...
—¿Por cuánta plata venderías tu historia de vida para que hagan una película?
—Está buena mi historia de vida (risas). No sé, ¿10 millones es un montón? Soy malísima a nivel plata, ya verás (risas).
—¿Cuál sería el contenido que más te gustaría hacer hoy? Pensalo como si tuvieras todo el mundo a disposición: artistas, locaciones, producción, lo que quieras. ¿Cómo sería tu contenido ideal? ¿Qué género tendría?
—¡Me encantaría! Hay uno que estuve haciendo el año pasado, que me encantaría poder desarrollarlo: Cómo sería el mundo si lo dominara tal signo. Entonces, si lo dominara Cáncer, ponele. Eso me encantaría poder hacerlo y que todos los personajes sean de un actor distinto y sean del mismo signo. Es como el mundo de Cáncer. Me encantaría.

—¿Cuál fue el golpe más duro de tus primeros años viviendo en Buenos Aires?
—Mirá, el primer año no me lo acuerdo (risas).
—¡Uhh! Lo bloqueaste.
—Imaginate lo que fue. Es muy loco, pero hay muchas cosas que no me acuerdo. Me costó mucho venirme.
—¿A qué edad llegaste?
—A los 17 años
—Muy chiquita...
—Sí, vine muy chica y yo soy de San Juan. Era el último año de la secundaria, que por suerte yo la pasé muy bien. Entonces, estaba en esa de que me creía grande, me creía con más control de ciertas cosas. Trabajaba también en el lugar donde estudiaba comedia musical y éramos el mismo grupo de siempre. Yo ya tenía mi lugar, estaba dentro de todo resuelto. Y fue pasar a la realidad, a una ciudad super grande, más rápida. Yo venía muy lenta en muchas cosas. Y también pasar la dimensión de entender que me faltaba un montón todavía y que había mucha gente que también quería lo mismo que yo. Fue un año duro. Empecé a convivir con amigas... Yo venía conviviendo con mi familia y de repente te hacés adulto. Fue duro, me dio mucha ansiedad y yo en ese momento no lo compartía, me lo guardaba. Tardé mucho tiempo en darme cuenta de que era una persona muy sensible, que es muy loco, porque yo soy extremadamente sensible.
—Es que solo el hecho de dejar la casa con tu familia y vivir con amigas, era un cambio importante.
—Sí. Otra cosa que me pasó es que yo me vine con unas amigas y teníamos que hacer una audición para que nos becaran en la escuela donde íbamos a estudiar, nos daban media beca. Yo fui como con mucho miedo. Recuerdo que mi mamá no había podido venir a acompañarme, las mamás de mis amigas sí. Mi mamá también estaba pasando por un momento y yo me venía acá... Me sentía desprotegida. Al final, me presenté y no me la dieron. Y eso para mí fue un puñal en el corazón. Después, pasó el tiempo y a fin de ese año volví a hacerlo y ahí la tuve la media beca. Pero el primer año incluso me daba miedo actuar, que a mí actuar me encanta.
—Claro, te dio mucha inseguridad.
—Sí. Pero bueno hay una parte mía que a veces ni yo entiendo, pero es como un empuje. Hay mucho drama y de repente hay algo de “voy a poder”. Eso me lo agradezco muchísimo, pero a veces no lo entiendo. Debe ser mi luna en Aries (risas).
—Es como que te vuelve imparable, más allá de que a veces uno dramatiza un poquito. Es como “una lloradita y a seguir”.
—O a seguir adelante con la lloradita y todo (risas).
—Para vos, ¿el mundo de los creadores de contenido es careta?
—Tiene mucho de careta, totalmente, sí. Depende en qué ámbito sea, igual. Siento que ahora se está como suavizando un poco. O yo lo estoy entendiendo más, ¿viste? Hay algo que, capaz que como ascendente en escorpio me entenderás, con la verdad. La verdad me pesa mucho. Soy obsesiva de la verdad y de decir: “Che, esta es la verdad y aunque duela , es así”. Y hay algo que aprendí este año, que estoy entrando en mi retorno de Saturno, que es ver en qué lugares la verdad sí tiene lugar y en qué lugares no, que no significa la mentira, pero es otra cosa. Como hay algo de ser inteligente y de aprender a manejarse, siempre conservando la verdad y estando cómodo. Nunca voy a mentir o estar así fingiendo algo que no soy, pero a veces es como mostrarse tal cual en todo, es un montón.
—¿Hablás de la verdad que vos das al mundo sobre vos misma?
—Exacto. Porque siento que por ahí en el mundo de los creadores de contenido, no digo que todos, pero hay algo que se genera de “la figura”. Capaz que en el mundo en general del espectáculo es así y a mí esto de “la figura” me choca un poco.
—¿Te referís a la figura en el sentido del personaje que uno construye, o a esa exigencia de mostrar siempre una versión más auténtica de uno mismo y que se caigan las caretas?
—De la figura del personaje y de creerse por ahí un personaje. Como que te distancia un poco de ser persona. Y después por ahí de lo que se pide desde afuera, por ahí más en los streams, ¿viste?
—Esto de que pareciera que el lema de los streams es la frescura, cuando muchas veces también está construido desde un personaje.
—Claro. Totalmente, a eso voy. Siento que en algunas ocasiones por ahí la verdad no es necesaria. Ser tan sincera, tan abierta de corazón. En ciertas ocasiones y con ciertas cosas, no tiene sentido esto. Pero en otras sí. Y la verdad también es súper subjetiva, porque tu verdad no es la mía. Pero bueno, podemos estar horas debatiendo sobre eso...

—Vamos a ir al último juego que se llama “Yo nunca nunca”. ¿Has jugado alguna vez?
—Sí, obvio.
—Yo nunca, nunca fui adicta al trabajo.
—¡Ay! Dios. Sí, muy adicta al trabajo. Es tremendo. Pero lo que pasa es que mi trabajo me gusta mucho, también. Me pasó justo esto que fue tremendo. Me dio hace poco mi primera migraña. Me empezó a doler mucho la cabeza y me agarró ganas de vomitar. O sea se me descompuso el cuerpo mal y me asusté porque fue de la nada. Dije: “Okey, tengo que parar”. Porque a veces hay días que arranco muy temprano y hago muchas cosas al mismo tiempo. Estoy guionando una obra para mí, estoy con mi obra, estoy como haciendo contenido, ahora también estoy con la serie vertical, escribiendo cosas y bueno, muchas cosas todas juntas. Y de repente el cuerpo se me hackeó mal. Entonces fue como: “Bueno, okey”. Me acosté, domí como tres horas y me levanté pensando ¿qué puedo adelantar? ¿Qué puedo hacer? Y era como “che, no podés hacer nada”. “No podés leer, no podés ver una serie”, que son cosas que te alimentan. Y fue aceptar y decir: “Okey, no puedo hacer nada”, porque veía luz y me hacía mal. Y yo re creo que la vida te va dando señales con eso...
—Te dice que podés parar y está bien también.
—Claro. Podés parar. Pero bueno a veces te lleva hasta ese punto y le prestás atención igual. Para mí fue como un stop...
—Yo nunca, nunca le contesto a los haters.
—A veces sí. Últimamente no les estuve contestando y, de hecho, a veces me siento mal cuando no les contesto.
—¿Les contestás públicamente en los comentarios o vas a un DM?
—Públicamente. Pero les he contestado por DM también.
—¿Cuál fue la conversación? ¿Por qué decidiste escribir?
—Por DM fue porque me había escrito por DM. Fue una boludez. Viste cuando decís: “Dale, ¿en serio?” Me dio bronca. En esto estuvo bien, pero en otras digo: “¿Por qué le doy tanto valor a esto?“. Porque por ahí si vos no contestás, no agrandás algún tema. Pero a veces me gusta contestar en ciertos aspectos, porque la gente se olvida que sos una persona. A mí eso me molesta muchísimo. ¡Soy una persona, viejo!
—¿Qué fue lo más heavy que le respondiste a un hater?
—Me acuerdo de este caso que no fue el más heavy, pero fue uno de los primeros. Yo había subido una historia hablando de algo de astrología. No había dado toda la data que tenía, porque tampoco es que mi público es pura astrología. O sea, hago videos de humor y algunos tienen astrología, otros son de otras cosas. Entonces, no voy a estar dándote la data específica de un astrólogo, tampoco me considero astróloga y la gente lo sabe. Entonces me comenta un astrólogo bardeándome. Había subido a sus historias, de la nada, bardeándome. Entonces, vino gente de él a bardearme también. “Quién sos”, me decían y no sé cuántas cosas más. Y yo dije: “¿Qué carajo está pasando?” Ahí hablé con el chabón, que encima para mí es bastante oscuro, y le dije: “Che, está todo bien. Yo cuento esto”. Y me dice: “Pero te faltó...”. Le digo: “Sí, me pareció que no lo tenía que contar porque a eso no apunto”. Aparte siempre le digo a mi público que si quiere saber más, que vaya con un astrólogo. Y terminó siendo que el tipo no quería que le sacara el laburo, ¿viste? Yo no te voy a sacar el laburo, pero ¿por qué con ese miedo vas a matarme a mí?
—Es como una vibración muy baja que tiene que ver con el mundo del otro.
—Total. Pero me trajo a otra gente a bardearme. Después quedó todo bien y de hecho creo que él me terminó como invitando a hacer algo juntos…
—Al final quería más trabajo a través tuyo.
—Sí, pero me bardeaban.

—Volviendo a lo que contabas antes, sobre cómo llegaste a Buenos Aires y ese deseo de abrirte camino en esta industria, ¿sentís de algún modo el peso de representar a muchas personas de otras provincias que también vienen a perseguir sus sueños?
—Mi peso era más familiar. A mí me pasó que me vine acá y mis viejos me garparon el alquiler que lo compartía con unas y yo sabía que eso no iba a suceder mucho más tiempo porque ellos no lo podían hacer. Yo sabía que tenía que vivir de esto. Decís: “Me tengo que solventar, porque sino me voy a tener que volver”. Va por ahí más la presión…
—Es una presión personal de poder seguir adelante con tu sueño acá. No tanto por el hecho de que todo un país pueda tomarte como ejemplo para quienes quieren hacer lo mismo y vienen del interior. Esto de pensar: “se puede lograr, se puede hacer”.
—Me encantaría que se tome así, pero no es un objetivo ser el ejemplo... Nunca lo vi así. Me parece súper valioso, de hecho, me voy cruzando gente y la mayoría son de otras provincias. Es re loco porque todos tenemos un poquito esto, que para mí es el subsistir, ¿viste? No tenemos contactos, que eso es muy clave, porque en tu provincia los tenés o los conseguís. Acá te las tenés que rebuscar y siento que en todas las personas que me crucé de provincias, que son la mayoría, hay algo que es esto de decir: “Tengo que salir adelante porque sino muero prácticamente”. Creo que va más por ese lado. Ser un ejemplo sería hermoso, pero nunca lo tomé desde ahí.
—¿Qué mensaje le darías a esa Juli pequeña que arrancó con ganas desde San Juan y vino acá con toda la ilusión?
—Le diría que se puede. Vine con mucho miedo, pero siento que también fue un motor. Entonces, no sé si le diría: “No tengas miedo”, le diría: “Date tiempo, todo se va a acomodar”. Y siento que no sé si cambiaría algo del pasado, porque todo lo que fue es quien sos vos ahora, ¿no? Me pasa eso. Si tiene que ser igual, que sea así. Le diría que todo se va a acomodar a su tiempo y que se puede.
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