
El 13 de noviembre de 1974, Ronald “Butch” DeFeo Jr. llegó a un bar de Amityville, en Long Island, y pidió ayuda. Aseguró que alguien había matado a sus padres en la vivienda familiar. Quienes lo acompañaron hasta la casa de Ocean Avenue descubrieron una tragedia mayor: seis integrantes de la familia habían sido asesinados. En menos de un día, el joven de 23 años pasó de presentarse como el sobreviviente que buscaba auxilio a convertirse en el principal sospechoso.
El crimen transformó a esa localidad de Nueva York en un nombre conocido internacionalmente. La casa adquirió después notoriedad por relatos de supuestos fenómenos paranormales difundidos en libros y películas, pero los hechos comprobados corresponden a un expediente penal: seis homicidios, una confesión, un juicio y una condena.
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Seis víctimas en la vivienda familiar
Las víctimas fueron Ronald DeFeo Sr. y Louise DeFeo, junto con cuatro de sus hijos: Dawn, Allison, Marc y John Matthew. La policía encontró los cuerpos en los dormitorios de la casa, donde habían recibido disparos de un rifle. Ronald DeFeo Jr., uno de los hijos mayores de la pareja, no estaba entre las víctimas.
El hallazgo desconcertó a los investigadores por las circunstancias en que se produjo. Según reconstrucciones periodísticas del expediente, los vecinos no informaron haber escuchado una secuencia de detonaciones, pese a que el arma no tenía silenciador. Esa particularidad abrió preguntas sobre el desarrollo de los ataques, pero no constituyó una prueba de que hubiera intervenido otra persona.
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También se examinaron los movimientos de DeFeo durante las horas previas al descubrimiento y su manera de explicar lo sucedido. Sus declaraciones cambiaron mientras avanzaban las primeras verificaciones policiales.
De la denuncia a la confesión
Al pedir ayuda, DeFeo afirmó que su familia había sido atacada por integrantes de la mafia y señaló a un supuesto responsable. Los investigadores comprobaron inconsistencias en esa versión y reunieron elementos que lo vinculaban con el arma utilizada en los homicidios.
Durante el interrogatorio, terminó admitiendo que había disparado contra sus familiares. La confesión orientó la investigación hacia el único hijo sobreviviente y permitió reconstruir su participación en los crímenes. La causa, sin embargo, no quedó reducida a aquella declaración: la fiscalía incorporó pruebas y testimonios para sostener la acusación ante un tribunal.
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Los investigadores también debieron abordar una cuestión distinta de la autoría: por qué había ocurrido el ataque. Las relaciones dentro de la familia y el comportamiento anterior del acusado fueron examinados, pero ninguna explicación sobre el móvil quedó establecida de manera concluyente durante el juicio.
El juicio y las seis condenas
El proceso judicial se desarrolló en 1975. La defensa argumentó que DeFeo no debía ser considerado penalmente responsable debido a su estado mental. La fiscalía sostuvo, en cambio, que comprendía la naturaleza de sus actos. Las evaluaciones de especialistas y los testimonios expuestos ante el jurado formaron parte de esa controversia.

El 21 de noviembre de 1975, DeFeo fue declarado culpable de seis cargos de asesinato en segundo grado. Recibió seis penas consecutivas de 25 años a cadena perpetua. La decisión judicial estableció su responsabilidad por la muerte de sus padres y sus cuatro hermanos.
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Durante su encarcelamiento ofreció versiones contradictorias. En diferentes momentos atribuyó participación a su hermana con capacidades diferentes o mencionó a otras personas. Esas afirmaciones posteriores no alteraron la condena y deben distinguirse tanto de los hechos acreditados en el juicio como de las hipótesis sobre el motivo del crimen.
Las dudas que suelen rodear este episodio no deben confundirse con una absolución ni con una revisión del veredicto. Los interrogantes sobre los ruidos, la posición de las víctimas o las declaraciones posteriores del condenado pertenecen a planos distintos de análisis.
Por un lado, está la evidencia examinada durante el proceso; por otro, las interpretaciones que aparecieron décadas después. Para reconstruir el caso es importante establecer qué sostuvo cada fuente, cuándo lo hizo y si esa información fue corroborada independientemente por los investigadores.
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DeFeo murió el 12 de marzo de 2021, a los 69 años, mientras seguía bajo custodia penitenciaria en el estado de Nueva York. Su fallecimiento cerró su trayectoria carcelaria, pero no aportó una explicación definitiva del móvil.
Qué pasó con la casa de Amityville
Después de los asesinatos, la vivienda permaneció desocupada durante un tiempo. George y Kathleen Lutz la compraron en diciembre de 1975 y vivieron allí apenas 28 días. Su experiencia sirvió de base para un libro publicado en 1977 y una película estrenada en 1979, que convirtieron la dirección en una referencia de la cultura popular.

Con el paso de los años, la propiedad volvió a cambiar de manos. Sus propietarios realizaron modificaciones exteriores y la numeración oficial pasó del 112 al 108 de Ocean Avenue, una medida que ayudó a reducir la identificación inmediata de la vivienda por parte de visitantes y curiosos.
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La casa se vendió en 2017 por 605.000 dólares, según registros citados por medios estadounidenses. Continúa siendo una residencia privada. Su fama, asociada a numerosas adaptaciones culturales, no cambia la naturaleza del caso original: una investigación por seis asesinatos y una sentencia que responsabilizó a Ronald DeFeo Jr.
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