Los seis años sin salir de casa de José Luis: “La agorafobia es el miedo al miedo, a perder el control de la situación”

Pasó de trabajar para una internacional y viajar por todo el mundo a verse incapaz de salir de casa

José Luis, en una de sus cortas salidas a la calle.
José Luis, en una de sus cortas salidas a la calle. (Cedida)
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José Luis se ha levantado esta mañana sintiéndose bien. Se ha tomado su café acompañado de su variada medicación y, como siempre, se ha puesto algo de música antes de empezar a recoger su hogar. Pero hoy es diferente, hoy es un buen día y va a enfrentarse a salir de casa. “Me he preparado el carrito de la compra y todo”, cuenta, emocionado, a Infobae por teléfono.

La salida será corta, de un máximo de 30 minutos, en los que irá “a una velocidad que parezco Speedy Gonzales”, bromea. Para él, este paseo a su supermercado de barrio es todo un reto desde que en 2020 comenzase a enfrentarse a la agorafobia, un trastorno que cambió su vida para siempre.

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José Luis recuerda “con absoluta claridad” el día en el que empezó todo. Llevaba unos años difíciles en los que el estrés y la ansiedad del trabajo se juntaron con cuestiones familiares “muy dolorosas”. Hasta que una mañana se quedó congelado ante la puerta. “Empecé a sudar frío, a temblar y a llorar. Me quedé apoyado en la pared sin comprender por qué no era capaz de abrirla y salir”, explica. “Fue como si el cerebro hubiera decidido que ya no podía exponerse a más”, agrega.

Las barreras de la agorafobia

El término agorafobia significa, literalmente, miedo a los espacios abiertos, pero este trastorno de ansiedad va mucho más allá. “En realidad, la agorafobia consiste en evitar múltiples situaciones que se asocian con el pánico, con el miedo”, explica a Infobae el psicólogo y catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, Antonio Cano.

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“Todos tenemos ansiedad en alguna situación: en los exámenes, cuando algo importante está en juego... Es una señal de alarma que nos prepara para estar alerta, pensar y actuar más deprisa. Si no la sabemos manejar, puede entrar en bucle, de manera que suene la alarma y nos asustamos”, dice el profesor colaborador del Consejo Oficial de Psicología de España (COP).

Harits Casás, experto en trastornos mentales y de personalidad, explica cuáles son los más comunes en una consulta psicológica.

La “alarma” que no para de sonar culmina en un ataque de pánico que, mal manejado, puede volverse crónico. “Tendemos a evitar aquello que nos da miedo, que puede ser peligroso. Una persona tiende a evitar, al principio, esas situaciones que se le han quedado asociadas al ataque de pánico, como, por ejemplo, conducir. Cada vez se van evitando más cosas y llega un momento en el que se evita salir de casa”, describe Cano.

En el caso de José Luis, ha supuesto ir reduciendo poco a poco su vida. Durante su carrera profesional, gestionó tiendas para grandes grupos internacionales como Inditex o LVMH, un trabajo que adoraba y que le llevaba a viajar por todo el mundo. “He vivido en hoteles, veía a mi marido dos veces al mes y me pagaba unas buenas vacaciones”, recuerda. “De repente, un día, todo eso se acaba y no puedes salir de tu casa, empiezas a perder gente que no se adapta a que no salgas”, dice. “Yo no he tomado una cerveza, no sé lo que es ir a la playa, a bucear o irme de viaje desde hace muchos años”, agrega.

José Luis posa dentro de su coche.
José Luis posa dentro de su coche. (Cedida)

Durante un tiempo, logró mejorar un poco y empezar a salir algo más seguro, para lo que fue clave mudarse junto con su marido, Alex, a un pequeño pueblo de Murcia. “Fue oxígeno puro: silencio, muy poca gente, poder ver las estrellas, no tener el ruido constante de una ciudad y empezar a sentir otra vez que el mundo no era necesariamente peligroso”, recuerda.

De esa época, agradece especialmente haberse encontrado a personas que le allanaron el camino: “Una farmacéutica que me subía la medicación a casa, un médico que podía venir a verme, un supermercado que llevaba la compra, la panadera, los vecinos... Pequeños gestos que te recuerdan que existe gente buena y que no todo lo que ocurre fuera de tu círculo va a hacerte daño”, describe.

Pero la buena época duró poco: su marido tuvo que trasladarse por trabajo a Xixona, lo que les llevó a vivir una mala experiencia inmobiliaria. “Desde mi experiencia, yo lo sigo describiendo como una estafa. Para mí fue volver a confiar y recibir otra vez un golpe enorme”.

Una batalla por la incapacidad

José Luis lleva ya cuatro años sin empleo y sin percibir un sueldo. “Ponerme de nuevo a trabajar lo veo jorobado, no creo que pueda”, lamenta. Más allá de la incapacidad para salir de casa, el fuerte tratamiento psicofarmacológico que acompaña su terapia le ha dejado secuelas: insomnio, dolores musculares constantes, temblores, caídas repentinas... Sin embargo, la Seguridad Social opina diferente: los médicos inspectores le han denegado la incapacidad, al considerar que podría realizar “actividades en entornos seguros, próximos, en domicilio o teletrabajo”.

José Luis almacena todos sus medicamentos para paliar su ansiedad en un cajón.
José Luis almacena todos sus medicamentos en un cajón. (Cedida)

Para conseguir la incapacidad en estos casos, se deben cumplir dos requisitos, según el abogado laboralista Jorge Campmany: “El primero es que se haya consolidado como una patología crónica y que sea difícilmente reversible. El segundo es la gravedad. No toda la agorafobia va a dar lugar a una incapacidad; se reserva para aquellos casos más severos”. En opinión del experto, si un informe médico reconoce algún tipo de mejoría, es probable que el tribunal médico lo lea “de una forma perjudicial para el reconocimiento de la incapacidad”.

Me cortaría una mano por recuperar aquella vida. Volver a trabajar, viajar, estar en hoteles y moverme entre tiendas para mí sería la felicidad absoluta”, asegura José Luis. Pero sabe que, incluso con teletrabajo, una mala experiencia o una bronca de un jefe terminarían por empeorar su patología. “Cualquier tipo de estrés empeora la ansiedad y, por lo tanto, la agorafobia. Eso es así. Pero se puede aprender a manejar”, apunta el psicólogo Antonio Cano.

“Quiero recuperar una vida que sea mía”

A José Luis le gustaría que la gente entendiera que “la agorafobia no consiste simplemente en salir o no salir de casa”. “Es el miedo al miedo, a perder el control de la situación y a la sobreestimulación”, describe. Este temor que le acompaña cada día le genera una dependencia enorme de su entorno y de su marido. “Dependes de que alguien te traiga comida, medicación o te acompañe, de que un médico adapte una visita o de que una administración permita hacer algo por escrito”.

Es algo que no siempre se cumple y que le ha llevado a vivir situaciones de discriminación. “He tenido que escuchar frases como ‘fobias tenemos todos’ cuando intentaba explicar por qué un trámite presencial podía ser una barrera real”, recuerda.

José Luis es consciente de que recuperar su vida anterior tal y como era es complicado, pero eso no significa que no intente ganar poco a poco autonomía y recuperar espacios. “Tengo mucho humor, mucha disciplina y trabajo muchísimo la introspección. Tengo 43 años y quiero empezar a contar años ganados, no años perdidos. Mi aspiración es muy sencilla: una casa tranquila, mis animales, un pequeño huerto, poder coger el coche, ir a comprar y recuperar una vida que sea mía”, concluye.

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