
La fresa, de pequeño tamaño y color rojo brillante, es una de las frutas más apreciadas durante la primavera y el verano. Su piel ligeramente rugosa esconde un interior jugoso y suave, con un sabor que combina a la perfección la dulzura con un toque sutilmente ácido, lo que la convierte en una opción refrescante y deliciosa. Además de su sabor, la fresa es conocida por sus propiedades nutricionales.
Según la Fundación Española de Nutrición (FEN), tanto las fresas como los fresones son frutas de bajo contenido energético, con el agua como su principal componente. Los hidratos de carbono representan alrededor del 7% de su peso, destacando la fructosa, glucosa y xilitol. Esta fruta es también una excelente fuente de vitamina C, superando incluso a la naranja en su contenido. Una ración de 150 gramos de fresas aporta 86 mg de vitamina C, mientras que una naranja de tamaño medio contiene 82 mg, lo que excede la ingesta diaria recomendada de 60 mg. Además, las fresas contienen ácidos orgánicos, como el cítrico, málico y oxálico, junto con pequeñas cantidades de ácido salicílico.
A pesar de sus beneficios, la fresa tiene un inconveniente: su corta vida útil. Para evitar que se estropeen rápidamente, es crucial saber cómo y dónde guardarlas adecuadamente.

Dónde guardar las fresas para conservarlas en buen estado
Para conservar las fresas durante más tiempo, lo ideal es almacenarlas en un recipiente con papel absorbente.
Utiliza un tupper o recipiente de vidrio o plástico con tapa. En el fondo, coloca una capa de papel absorbente y pon las fresas, siempre sin lavar y bien secas, en una sola capa. Es importante que la tapa quede ligeramente entreabierta o que utilices una tapa con agujeros para permitir la circulación del aire y evitar la acumulación de humedad. Además, guárdalas en un lugar fresco, seco y sombreado, como una despensa o una alacena ventilada, para prolongar su frescura.
Cómo hacer que las fresas duren más tiempo: el truco del vinagre
Además, más allá de saber dónde guardarlas, también es importante conocer una serie de trucos. Uno de ellos es el del vinagre. Este método, conocido por su capacidad para eliminar bacterias y moho, ayuda a mantener las fresas en buen estado durante más tiempo. Para hacerlo, basta con preparar una solución de una parte de vinagre blanco y tres partes de agua.
Sumerge las fresas en la mezcla durante unos 5 a 10 minutos, asegurándote de que estén bien cubiertas. Luego, escúrrelas cuidadosamente y sécalas con un paño limpio o papel absorbente. Este proceso no solo elimina los microorganismos que aceleran el deterioro, sino que también previene la formación de moho. Después de este tratamiento, es crucial almacenar las fresas de la manera correcta, es decir, en un recipiente con tapa ligeramente entreabierta, y en un lugar fresco y seco. Este truco, además de ser sencillo, es una solución natural que puede prolongar la vida útil de las fresas, permitiendo que se disfruten por más tiempo sin que pierdan su sabor ni frescura.
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