
Claudia Maine es la secretaria de Fortalecimiento Institucional y Educación Superior del Ministerio de Educación de la provincia de Córdoba y tiene bajo su órbita cuatro áreas que atraviesan distintos aspectos del sistema educativo: la Dirección General de Bienestar Educativo; la de Planeamiento, Evaluación y Prospectiva; la de Modernización y Sistemas; y la de Educación Superior, vinculada con los profesorados, las tecnicaturas y la articulación con la Universidad Provincial de Córdoba.
En esta entrevista, la conversación se centra en la Dirección General de Bienestar Educativo: allí es donde confluyen algunos de los problemas que llegan con mayor fuerza a las escuelas y, al mismo tiempo, una determinada manera de pensar cómo debe responder el sistema. El área trabaja con docentes, estudiantes y familias, y articula con inspectores, municipios y otros organismos del Estado. Su campo va desde la prevención hasta la intervención ante situaciones complejas, pero parte de una idea que Maine sostiene a lo largo de la entrevista: el bienestar no consiste sólo en reaccionar frente a un conflicto, sino en construir las condiciones para que la experiencia educativa pueda desarrollarse.
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Desde ese lugar, Maine habla de los vínculos dentro de la escuela, de la soledad entre los adolescentes, la socioafectividad, el uso de los celulares y los modos de actuar frente a episodios de violencia. También explica por qué, en una provincia con más de cinco mil escuelas y realidades muy distintas, las respuestas no siempre pueden ser iguales.
—¿Cómo es el trabajo del área?
—Salvo en Educación Superior, todas las direcciones son transversales a todo el sistema y trabajamos con todos los actores. A nivel escolar, trabajamos con inspectores, con directivos, con docentes. Articulamos con las coordinaciones locales, con los intendentes y las comunidades. También con otros ministerios: por ejemplo, con la SeNAF (Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia) y con el Ministerio de Salud. También trabajamos mucho con las familias y mucho con los estudiantes.
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—¿Cuáles son los problemas que más encuentran en los estudiantes?
—En los estudiantes no están los problemas. Yo entiendo que los problemas están en el contexto. Las problemáticas que surgen tienen que ver con el dinamismo del sistema y con la realidad tan individualista que estamos viviendo. ¿Qué situaciones emergen? Hace un tiempo tuvimos situaciones que tienen que ver con distintos tipos de violencias y de amenazas. Por ejemplo, con el uso de armas, que entran a la escuela porque impactan hasta en otros países. Los emergentes de una localidad pueden no tener que ver con la localidad misma, sino con contextos totalmente diferentes. Por eso hay que trabajar mucho con los chicos y con las chicas. Hay que fortalecerlos para que tomen decisiones inteligentes en esos contextos. También aparecen situaciones que tienen que ver con la soledad. Nosotros decimos la soledad no deseada. Los chicos pueden estar rodeados, pero están en soledad porque les cuesta el intercambio. Muchas de las acciones de acompañamiento tienen que ver con el protagonismo estudiantil. Pero quiero hacer una aclaración: nosotros no trabajamos la inteligencia emocional o la educación emocional, que está tan solicitada, sino que estamos en la línea de la socioafectividad.
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—¿En qué consiste formarlos en la socioafectividad?
—En hacer comprender que nadie se salva solo, que somos personas en contexto, personas en sociedad, y que en esa línea tenemos que trabajar los vínculos. Esos vínculos se sostienen, no solo por la inteligencia emocional, sino por los afectos. Hay que construir los afectos. Tenemos todo un documento de socioafectividad a modo de resistencia a las modas. No negamos las emociones: las emociones existen. Pero no estamos convencidos de que se puedan controlar educándolas. Ni siquiera creemos que sea necesario controlarlas. Las emociones existen y hay que aprender a trabajarlas en comunidad, a entenderlas, a asumirlas. Una furia adolescente es parte de la adolescencia. La represión de la emoción no tiene valor en sí misma porque es momentánea y circunstancial. Los psicólogos y psicopedagogos de los equipos —yo soy doctora en Educación— me han enseñado mucho en este contexto.
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—¿Cómo definen la manera en que se aborda lo socioafectivo?
—Todas las políticas educativas que asume el gobierno de la provincia de Córdoba tienen que ver con un posicionamiento fundado epistemológicamente. Por ejemplo, el uso de celulares. Hay una consigna que está emergiendo en muchos lugares con la idea de que hay que prohibir el uso de celulares. Las tecnologías no son, en sí mismas, ni buenas ni malas. Lo bueno o malo es el uso que se hace de ellas. Si prohíbo el uso del celular no estoy educando para el uso. Por supuesto, hay edades. Hasta los 12 años no es una herramienta que debería ser habitual. Pero a partir de los 12 años tenemos escuelas en las que han hecho orquestas con los celulares. Se pueden hacer muchísimas cosas y son una ventana al mundo, siempre que su uso sea pedagógico.
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—En otras provincias hubo casos de tiroteos en escuelas y hace poco se dio una especie de desafío viral con pintadas en los baños que decían: “No vengan mañana”. ¿Cómo reaccionan ante una situaciones como esas?
—Es lo que mencionaba antes: son emergentes que van apareciendo y que ni siquiera tienen que ver con las realidades locales; vienen importados de otros lugares, de otros países. Nosotros trabajamos desde distintos ángulos. Ante el emergente, por supuesto, intervenimos acompañando a las familias, acompañando a la institución. En la prevención y promoción trabajamos con los estudiantes en conversaciones que tienen que ver con el buen uso de las tecnologías. Hay un área que se llama Bienestar Digital y ahí conversamos sobre los pros y los contras de las redes sociales, los riesgos que ocasionan, las medidas de seguridad que cada chico tiene que tomar. Con respecto a las familias, tenemos un portal en el que, además de pasar novedades, hay cápsulas donde se tocan temas de interés para los padres. En la Dirección General de Bienestar hemos producido una guía que se llama “Acompañar CBA”, que contiene protocolos de actuación ante situaciones complejas.
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—¿Por ejemplo?
—Por ejemplo el uso de armas, consumos inadecuados, con situaciones de violencia entre estudiantes y de padres a docentes. Había distintos protocolos que estaban dispersos, que tienen que ver con leyes internacionales, nacionales y provinciales, y al estar reunidos en la guía les dan certezas a docentes y directivos sobre cómo proceder ante la emergencia de situaciones de dificultad.
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—La complejidad del tema…
—Es gigantesca.
—En una provincia tan diversa, además.
—Por eso cada escuela es diferente. Tenemos equipos profesionales de acompañamiento educativo: son cinco en zonas de Capital y treinta en el interior. Ellos asisten a las escuelas para trabajar en promoción, prevención y, sobre todo, ante situaciones emergentes.
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—¿Cómo miden éxitos, logros? ¿Cómo comprenden dónde es necesario fortalecer la intervención?
—Trabajamos con los proyectos y planes que tenemos en cuanto a atención de situaciones complejas. Tenemos un 0800 donde recibimos pedidos. Medimos las acciones de formación docente. Trabajamos con centros de estudiantes, foros de estudiantes, parlamentos estudiantiles, clubes de estudiantes —todo tipo de clubes— y distintas acciones que tienen que ver con cooperativismo y solidaridad. Tenemos un área de coros, orquestas y ensambles que trabajan con los sectores más desfavorecidos para el uso del tiempo libre. El área es gigantesca, tenemos una gran cantidad de programas. Y en todos los programas contabilizamos la cantidad de acciones que tienen que ver con prevención, con promoción y con actuación ante situaciones complejas.
* El número de teléfono gratuito de la línea de escucha y orientación educativa de la Dirección General de Bienestar Educativo del Ministerio de Educación de Córdoba (BienCBA) es el 0800-777-3728
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