
Los mosquitos pueden aprender a sentirse atraídos por el repelente DEET si lo asocian con una fuente de alimento, lo que podría reducir la eficacia de uno de los productos más empleados para evitar picaduras y enfermedades transmitidas por estos insectos.
Un estudio reciente, dirigido por el profesor asociado Clément Vinauger de la Universidad Virginia Tech, desafía las creencias tradicionales sobre cómo actúa el DEET e indica que los mosquitos son capaces de relacionar su olor con la obtención de alimento, según informa TIME.
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Cuando los mosquitos establecen esa asociación, el DEET deja de funcionar como barrera protectora y puede hacer que quienes lo usan resulten incluso más atractivos para estos insectos. Este proceso compromete la protección frente a enfermedades como la malaria, el dengue, el Zika, la fiebre amarilla, el chikunguña y el virus del Nilo Occidental.
Cómo fue el experimento con DEET
El grupo de Vinauger realizó experimentos en los que expuso a pequeños grupos de mosquitos a pruebas alimentarias en diferentes momentos del día. En una de ellas, los insectos fueron introducidos en un tubo de vidrio y separados de una bolsa de sangre caliente por una fina malla.
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Después de alimentarse, los mosquitos recibieron el olor de DEET. Aunque inicialmente el aroma debería repelerlos, los científicos observaron que, a medida que el olor perdía intensidad, los insectos volvían a alimentarse y comenzaban a identificar el repelente como señal de una comida disponible.

Una vez retirada tanto la sangre como el DEET, los mosquitos abandonaban la malla. Sin embargo, al reintroducir solo el aroma del repelente, más del 60% regresaban, esperando encontrar alimento. Según Vinauger, citado por TIME, “pueden convertir esa molécula, que originalmente actúa como defensa, en algo que les resulta atractivo”.
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En una de las pruebas, los investigadores enfrentaron a los mosquitos a dos manos humanas: una cubierta con DEET y otra sin repelente. Los insectos que habían sido entrenados previamente se dirigieron hacia ambas superficies, mientras que los no entrenados evitaron la tratada con DEET y solo buscaron la piel desprotegida.
Para descartar que el fenómeno estuviera relacionado exclusivamente con la sangre, los científicos repitieron el experimento utilizando azúcar como recompensa y obtuvieron el mismo patrón. Cuando el olor del DEET había sido asociado previamente con una fuente de alimento, los mosquitos dejaban de percibirlo como una señal de advertencia y comenzaban a reconocerlo como un estímulo atractivo.
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Estos resultados muestran la capacidad de aprendizaje de los mosquitos y hacen dudar de la eficacia permanente del DEET, en uso desde 1946.
Implicaciones para la salud y la prevención
El hallazgo supone un desafío para las estrategias actuales de prevención de enfermedades transmitidas por mosquitos. Si los insectos pueden adaptar su comportamiento, representan un riesgo sanitario mundial aún mayor, al ser vectores de enfermedades graves como la malaria, el dengue o el Zika.
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El estudio reseñado por TIME advierte que confiar en una sola aplicación prolongada del repelente puede facilitar que los mosquitos “superen nuestras herramientas de control”. Dado que estos insectos pueden aprender a reprogramar sus respuestas, dejar caer la concentración de DEET en la piel por debajo del umbral eficaz convierte al usuario en un blanco fácil.

Los expertos subrayan que, si los niveles del producto disminuyen, los mosquitos detectan la presencia humana y se animan a picar. Por eso, el manejo correcto y frecuente del repelente es clave para la protección individual y comunitaria frente a las enfermedades que transmiten estos insectos.
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Cómo recomiendan usar el repelente
Ante este escenario, los especialistas recomiendan modificar la forma en que se utiliza el DEET. Vinauger aconseja “seguir estrictamente las dosis indicadas en el envase y reaplicar el repelente varias veces durante el día” para evitar que la concentración descienda a niveles permisibles, según recogió TIME.
No se trata de aplicar más cantidad de producto, sino de mantener la frecuencia adecuada, para que el olor siga siendo desagradable para los mosquitos. Otras medidas recomendadas incluyen el uso de mosquiteros, la instalación de mallas en ventanas y la eliminación de agua estancada en objetos como macetas o piscinas pequeñas.
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Entre las estrategias complementarias también figuran vestir ropa de manga larga y pantalones, para reducir las zonas expuestas, así como emplear sustancias como el octenol, capaz de atraer a los mosquitos hacia trampas electrónicas al imitar el olor humano.
De acuerdo con TIME, la prevención exige combinar barreras físicas, entornos limpios y una aplicación consciente de los productos recomendados por las autoridades sanitarias.
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