A días del inicio del invierno, que arranca oficialmente el 21 de junio de 2026 en el hemisferio sur, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) de la Argentina lanzó una advertencia: las temperaturas de junio, julio y agosto serán más altas de lo normal en gran parte del país, y existe un 60% de probabilidad de que el fenómeno de El Niño se active en los próximos meses.
El Niño es un fenómeno climatológico que combina el calentamiento anormal del agua del océano Pacífico ecuatorial con cambios en la atmósfera, como el debilitamiento de los vientos alisios, y que altera los patrones de lluvia y temperatura en gran parte del planeta.
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El pronóstico trimestral del SMN, elaborado el 29 de mayo pasado, divide al país en zonas con destinos climáticos muy distintos. Los modelos que usa el organismo público combinan simulaciones globales del clima con datos estadísticos nacionales y el análisis de las condiciones oceánicas y atmosféricas.
Más abrigo, menos frío del esperado

El centro y el norte de Argentina tendrán un invierno más tibio que el habitual, con mayor probabilidad hacia el Noroeste Argentino (NOA), que abarca provincias como Jujuy, Salta y Tucumán.
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Eso no significa que no haga frío: el pronóstico refleja el promedio del trimestre completo, no cada día por separado. Un día de julio puede ser polar aunque la tendencia general del mes apunte hacia arriba.
El SMN aclaró que no descarta irrupciones de aire polar, especialmente al principio del invierno, que pueden bajar las temperaturas de forma marcada durante períodos cortos.
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La Patagonia oriental y sur tendrá temperaturas dentro de los valores normales para la época, mientras que el sur del Litoral, el este de Buenos Aires y el oeste patagónico se ubican en una franja intermedia: normal o superior a lo normal.
Para seguir de cerca la probabilidad de que ocurran eventos de frío extremo puntuales, el SMN recomienda seguir el sistema de alertas diariamente.
Sequía en el norte, lluvias en el sur

El mapa de lluvias traza una línea clara entre dos zonas meteorológicas este invierno. El NOA y el norte de Cuyo —la región que incluye provincias como Mendoza y San Juan— atravesarán una estación seca. Eso significa, en términos climáticos, que las precipitaciones serán históricamente escasas o casi nulas para esa época del año.
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En cambio, Buenos Aires, La Pampa, el sur de Cuyo y el centro-norte de la Patagonia tienen altas probabilidades de recibir lluvias por encima de lo habitual para el invierno. El sur del Litoral y el extremo sur patagónico quedarán dentro de los rangos normales de precipitación.
El SMN subrayó que esas proyecciones no anticipan tormentas puntuales ni períodos secos dentro del trimestre: reflejan el comportamiento promedio de los tres meses en conjunto.
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El Niño llama a la puerta

Detrás de todo este panorama hay un actor que los científicos siguen de cerca: el fenómeno El Niño, conocido técnicamente como ENOS (El Niño-Oscilación del Sur), que altera los patrones de lluvia y temperatura en gran parte del mundo, incluido el territorio de la Argentina.
El informe previo del SMN del 4 de mayo había señalado que las condiciones eran neutras: el océano no estaba ni frío ni caliente de manera significativa, pero las señales de cambio ya son visibles.
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Durante abril, el agua del Pacífico cerca de la costa sudamericana registró un calentamiento, los vientos alisios —vientos regulares que soplan sobre el ecuador y ayudan a mantener el clima estable— se debilitaron, y el calor acumulado bajo la superficie del mar avanzó hacia el este y hacia arriba.

Los modelos climáticos del SMN estiman un 60% de probabilidad de que El Niño se desarrolle en el trimestre mayo-junio-julio 2026, con una temperatura del océano proyectada de +0,9 grados por encima de lo normal en la zona de referencia del Pacífico ecuatorial.
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Esa cifra coincide con la evaluación del Centro de Predicciones Climáticas (CPC) de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos, que el 14 de mayo pasado elevó al 82% la probabilidad de que El Niño se active entre mayo y julio, y al 96% la de que persista entre diciembre de 2026 y febrero de 2027.

En diálogo con Infobae, el meteorólogo y oceanógrafo argentino Pedro Di Nezio advirtió que “los potenciales impactos del fenómeno de El Niño dependen de que se desarrolle un evento fuerte o muy fuerte, algo que aún no puede pronosticarse con precisión”.
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Di Nezio también señaló que aunque la probabilidad de desarrollo de El Niño es alta, “todavía existe una incertidumbre considerable sobre su intensidad final y, por lo tanto, sobre la magnitud de sus impactos”.
Lo que aún no está claro es la intensidad del fenómeno: ninguna categoría —moderada, fuerte o muy fuerte— supera el 37% de probabilidad, según el CPC.
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