
En el marco del cierre de la fase de grupos del Mundial 2026, la Selección Argentina enfrenta esta noche a Jordania en su tercer partido, y las cábalas y rituales volverán a ocupar un lugar central en la vida de millones de hinchas.
A pesar de que la razón indica que sentarse en el mismo sillón o usar determinada prenda no altera el resultado del partido, el fenómeno persiste con fuerza en la cultura nacional.
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Especialistas consultados por Infobae coincidieron en que este comportamiento revela mucho más que superstición y expone mecanismos psicológicos y sociales profundamente arraigados en la identidad argentina.
El fútbol y la identidad argentina
La doctora en Psicología María Roca (MN 33.819), directora de INECO Organizaciones, explicó a Infobae que “el fútbol es parte de la identidad de los argentinos: de nuestra memoria autobiográfica, de nuestra memoria colectiva y de lo que nos identifica como grupo”.
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Por eso, cuando juega la Selección, resalta que "lo que se juega no es solo un partido sino una historia, emociones compartidas y una identidad colectiva”.
Con ella coincidió la médica psiquiatra y psicoanalista de adultos e infantojuvenil del Hospital Italiano, Daniela Licciardi (MN 138.057), quien sostuvo que para los argentinos “el fútbol no es un mero entretenimiento; opera como un rasgo de identidad colectiva y un potente organizador social”. La Selección nacional funciona como un espejo en el que se proyectan ilusiones, frustraciones y la esperanza de un éxito compartido.
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El médico psiquiatra y psicoanalista, José Abadi (MN 44.946), apuntó que el fútbol, y especialmente el Mundial “implica y pone en juego la competitividad, la realización de los deseos y sueños de éxito y de triunfo en un país que muchas veces padece justamente su ausencia”.
Abadi señaló que el equipo simboliza al conjunto de la sociedad argentina y que sus logros influyen directamente en la autoestima colectiva.
Qué buscan calmar las cábalas

El recurso a la cábala surge ante la incomodidad de la incertidumbre y la falta de control sobre el resultado. Abadi describió estos rituales como “una expresión del pensamiento mágico, en el cual la fantasía que se pone en práctica es la de poder controlar lo que va a suceder”. El especialista sostuvo que sentarse siempre en el mismo lugar o prender la misma luz son intentos de calmar la ansiedad frente a lo imprevisible.
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Licciardi profundizó desde el psicoanálisis: “La cábala aparece para ocupar un lugar mágico, regresivo e infantil, devolviéndonos la omnipotencia del control absoluto. Se activa el pensamiento mágico: la creencia de que podemos torcer el destino desde el living de casa”. Según la experta, el ritual permite que el hincha deje de ser un espectador pasivo y se sienta parte activa del equipo.
Para Roca, “la cábala es una forma de recuperar algo de control percibido. No es una conducta patológica, es una respuesta humana ante situaciones de incertidumbre”. En ese sentido, explicó que el cerebro busca aliviar la tensión ante dos factores que lo incomodan: no saber cómo va a terminar el partido y no poder influir en el marcador.
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El pensamiento mágico y el rol del cerebro
“Desde la neurociencia sabemos que el cerebro opera con dos sistemas en paralelo. Uno es rápido y automático, y actúa sin que nos demos cuenta. El otro es más lento y analítico — el que razona y evalúa", precisó Roca. Y este funcionamiento simultáneo lo que explica por qué incluso las personas más analíticas pueden adoptar cábalas. “La idea de que hay personas ‘racionales’ y personas ‘emocionales’ no refleja cómo funciona el cerebro: todos tenemos los dos, funcionando al mismo tiempo”, aclaró Roca.
Abadi destacó que el pensamiento mágico permite dominar, aunque sea de manera ilusoria, lo incierto: “La cábala aparece como un acompañante que fantasea consciente o inconscientemente en determinar, definir o propiciar un determinado resultado”.
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Las asociaciones temporales refuerzan el fenómeno: el cerebro tiende a vincular dos eventos cercanos en el tiempo, aun cuando no exista relación causal. Roca advirtió que si alguien se pone a camiseta de Argentina y la Selección hizo un gol, “el cerebro registra esa relación temporal y la marca como relevante. No porque haya una relación causal real, sino porque pasaron juntas en el tiempo”.
El sesgo de confirmación potencia esa creencia. “El gol que se hizo cuando llevábamos puesta la camiseta se recuerda con nitidez. La derrota con la misma camiseta no la registramos con igual facilidad”, resaltó Roca. Abadi coincidió y sumó: “Se recuerda la vez que se tuvo éxito o se piensa que esa cábala funcionó; el deseo de controlar lleva a lo que llamamos el olvido selectivo”.
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Los jugadores también tienen sus rituales: entre la rutina y la cábala

El fenómeno no se limita a los hinchas. Los propios jugadores recurren a rituales o cábalas antes de los partidos.
El caso más famoso es el de los caramelos masticables que comen Leandro Paredes y Rodrigo De Paul en el círculo central antes de cada partido, una costumbre que nació en la Copa América 2021 y que no abandonaron más. Cómo no aferrarse al ritual, si desde entonces, la Selección ganó la Finalissima, el Mundial 2022 y la Copa América 2024.
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Al respecto, Abadi afirmó: “Los jugadores son seres humanos y muchísimos tienen su propia expresión del pensamiento mágico, de la necesidad de controlar y de reasegurarse, de protegerse de la ansiedad frente a lo que va a ocurrir”.
Licciardi aportó que la presión sobre los futbolistas “parecería atenuarse al delegar parte de la responsabilidad en otras variables míticas, como un caramelo masticable”.
En este punto, Roca distinguió que “las cábalas tienen que distinguirse de otro tipo de conductas que no son raras en deportistas de alto rendimiento: las rutinas pre-competitivas”.
Un ejemplo, para ella, podría ser alguna de las conductas del tenista español Rafael Nadal, que él mismo llama “rutinas”: la secuencia fija antes de cada saque, la posición exacta de sus botellas, la ducha fría antes de cada partido. “Nadal no les atribuye relación causal con el resultado, las hace gane o pierda. Las describe como una forma de prepararse, de ordenar su entorno y su cabeza antes de competir”, precisó la especialista.
“La frontera entre las dos no siempre es nítida, y muchas veces lo que empieza como rutina podría convertirse en una cábala cuando un resultado positivo refuerza la conducta. La diferencia entre ambas está en la atribución causal: la rutina tiene una función instrumental real -preparación y foco- mientras que la cábala agrega la creencia de que esa acción podría influir en el resultado, aunque no haya ningún mecanismo que los conecte", remarcó.
El límite: cuándo la cábala deja de ser juego
Incurrir de manera excesiva en las cábalas puede llevar a una pluralización de rituales y a una búsqueda desesperada de control. Abadi advirtió: “Cuando la ansiedad es muy alta, todos los rituales, como el simplemente mirar el partido, están cargados de una intensidad y de un estrés muy grande. Allí muchas veces lo que sucede es que una cábala no alcanza para controlar el estrés y la ansiedad y se buscan varias”.
Licciardi y Roca coincidieron en que si el ritual pierde flexibilidad, genera angustia intensa o complica el desempeño, es momento de revisar la conducta. Roca lo ejemplificó así: “Si notamos que una cábala o una rutina se vuelven rígidas, empiezan a generarnos angustia o a complicar el rendimiento, ese es el momento de consultar con un profesional”.
Según se puede ver, en la previa del partido ante Jordania, la multiplicidad de cábalas entre hinchas y jugadores revela tanto la necesidad de pertenencia como la búsqueda de alivio ante la incertidumbre, en un país donde el fútbol sigue funcionando como un eje de identidad y desahogo colectivo.
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