En un nuevo episodio de La Fórmula Podcast, el psicólogo Sebastián Saravia reflexionó sobre el duelo y la dificultad que existe para atravesar el dolor. Explicó que muchas personas no buscan aprender a hacer un duelo, sino evitarlo, y sostuvo que el sufrimiento no se resuelve tapándolo o escapando de él, sino aprendiendo a convivir con la pérdida. Además, habló sobre los distintos tipos de duelo, incluidos aquellos vinculados a situaciones que nunca llegaron a suceder.
También se refirió a la culpa como una de las fuerzas más poderosas dentro de los vínculos y explicó por qué muchas personas permanecen en relaciones o situaciones que ya no desean por miedo a lastimar al otro. El especialista destacó la importancia de habitar las emociones incómodas, apoyarse en los vínculos y aceptar la vulnerabilidad como parte de la experiencia humana. El episodio completo puede escucharse en Spotify y YouTube.
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Sebastián es psicólogo, psicoanalista, docente y divulgador especializado en salud mental. Es licenciado en Psicología por la Universidad de Morón, realizó un posgrado en clínica psicoanalítica con niños y adolescentes en Centro Dos y forma parte de la cátedra de Psicología Institucional de la UM.
Además, es autor del libro Escuchar Jugando. Intervenciones respetuosas en psicoanálisis con niños y adolescentes y compilador de Psicoanálisis con niños. En redes sociales y medios de comunicación, ganó popularidad bajo el nombre “Psico al Pie”, donde comparte reflexiones sobre vínculos, duelo, ansiedad y malestar emocional desde una mirada psicoanalítica.
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— Contaste que la mayoría de tus pacientes no consulta para aprender a transitar un duelo, sino más bien para evitar enfrentarlo. ¿Por qué creés que sucede esto?
— Primero hay que entender que el duelo es una experiencia universal, de las pocas que es inclusiva para todos porque inevitablemente tendremos que llevar adelante un proceso o un trabajo de duelo, como decía Freud en su momento. Pero sí escucho que hay gente que, justamente, quiere empezar terapia con la intención de ahorrarse tiempo o de ahorrarse un duelo. Y en algunos casos, por ejemplo, es: “No me pongo en pareja para ahorrarme del duelo que significaría separarme”. Cuando uno habla de duelo es una experiencia subjetiva, personal, sobre el atravesamiento de una pérdida. En realidad, en el duelo, si bien entendemos que se perdió algo, no se resuelve nada, uno aprende a convivir con la pérdida.
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Si bien hay que situarse acá en Occidente y demás, en cómo se lleva adelante el duelo, particularmente en Argentina hablamos de un duelo como mucho más privatizado, que es justamente esta idea de que dure poquito, rápidamente, para seguir trabajando... y sobre todo un duelo silencioso. En cambio, en otras culturas, el duelo es distinto. México tiene una celebración al menos de dos días para poder conectar con la muerte, para poder conectar con esa gente que vuelve a estar un poco cercano a nosotros. En Japón creman a la persona que ha fallecido y los restos de los huesos que van quedando los van juntando con palitos y se los llevan a la casa como para integrar la muerte.
Otras personas están años vestidas de negro. En Bolivia o en algunos otros lugares, pasan semanas o hasta meses. Y nosotros tenemos la costumbre de que el duelo, o por lo menos se nos bajó como mensaje, el imperativo, de que todo tiene que ser rápido. De nuevo, rápidamente a producir. Si te separaste, no tenés que charlarlo con nadie. Entonces, me parece que ahí hay una visión bastante rara y fea del duelo que no me agrada tanto. Si hablamos de duelo y terapia, psicoanálisis y demás, hablamos de afrontar una pérdida que tiene que pesar, doler y que tenga que llevar el tiempo que tenga que llevar.
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— Mencionaste la importancia de atravesar el dolor. ¿Qué consecuencias observás cuando las personas intentan evitar ese sufrimiento? ¿Es inevitable que termine reapareciendo?
— Yo lo pienso también como un duelo que no está terminado. Una situación muy común en el consultorio es cuando alguien está en pareja, se separa y rápidamente vuelve a ponerse en pareja para evitar el duelo anterior. En ese caso, las personas no han terminado de hacer el duelo por lo que perdieron, que es la otra persona. Y esto es lo más importante del duelo. No solamente perdés otra cosa o perdés al otro, te perdés vos. Si alguien te dice “sos el amor de mi vida” y vos te separás de esa persona, no solamente perdés a la persona, perdés que vos eras el amor de la vida de alguien. Entonces, cuando hablamos de duelo, uno siempre pierde algo personal y hay algo de nosotros, de narcisismo, que se va cuando hacemos un duelo.
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—¿Considerás que la dificultad para tolerar el malestar es una característica propia de esta época, más allá del duelo?
— Sí, y hasta a veces como salir rápido de aquello que te hace mal o tener que encontrar velozmente alguna actividad como más sublimatoria: “Ponete a dibujar, a escribir, a pintar, hacé un libro”. Y a veces la sugerencia en terapia es esto: este tren que te pegó en el pecho, que es la pérdida de algo, sea de un hijo, una pareja, un trabajo, una idea, lo que sea que para vos te implica un proceso de duelo. Me parece que es necesario que te venga de frente, que te pegue en la jeta como el viento y decir “che, bancá”. Hay proceso de duelo si hay tolerancia a la pérdida.
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—¿El principal obstáculo es la resistencia a soltar o a dejar ir? ¿Lo ves así?
— Sí. De hecho, en los mensajes de ahora sería como soltar. Si vos te rehusas a soltar, no estás haciendo un duelo, resistís el trabajo de duelo. Y no se trata justamente de eso el duelo, de aguantar o resistir. Se trata de: ya te dolió acá, bueno, ahora ponele la otra mejilla. Eso es el duelo, que te siga doliendo y que te duela lo que tenga que doler. Que te lleve el tiempo que te tenga que llevar. Después se verán en cuestiones de consultorio, de conversación con otro, cuándo empieza a ser más patológico, porque hay un tiempo que es esperable. Pero es esperable para cada persona. Para algunos será seis meses, un año, dos... lo que te tenga que llevar. Si vos necesitás dos años para no ponerte pareja, un año para hacer tal cosa, bueno, que te tenga que llevar el tiempo que te tenga que llevar y ojalá, por lo menos para mí, lo más importante del duelo, aparte de tus recursos, es el contexto. Si vos tenés amistades, laburo, familia y hay gente que está haciendo de contención, eso ayuda muchísimo.
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—¿Cómo acompañás a quienes les cuesta aceptar una pérdida y trabajar ese proceso en consulta?
— No es fácil. Primero, a nadie le gusta que las cosas no salgan como uno quiere o como las expectativas que se puso. Una de las cosas que hay que empezar a diferenciar son los distintos tipos de duelo. Si hablamos de duelo, siempre es una reacción ante una pérdida. Esa por lo menos es la definición freudiana de 1917, que sigue teniendo valor. La reacción ante una pérdida, ante un objeto perdido. Y poder salir de eso, de investir con la libido otros objetos, decía. Lo que es importante es ubicar tipos de duelo y ubicar en consultorio en qué tipo de duelo está esta persona. ¿Está en un duelo que se llama más anticipatorio? ¿Está en una pareja y está intentando hacer el duelo antes para después comunicar la separación y poder salir adelante solo o sola? ¿O es un duelo migratorio porque está viajando o en un momento específico de su país o lo que sea? ¿Es un duelo perinatal, gestacional, por lo que no sucedió? O uno de los duelos también más difíciles, de los que no se habla, que es el duelo por la amistad. Está como bastante minimizado y es como: “No pasa nada, amigos tenés un montón”.
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Es increíble los duelos que hay por amistad, que están como medios encriptados y solapados por ahí. Y hay otro duelo, que por lo menos a mí es el que más me interesa y se ve bastante en consultorio, que es el duelo por lo que no pasó, por lo que no fue. Es el duelo por la expectativa, por lo que hubiera, lo que hubiera pasado si... Por lo que no fue. Es muy difícil. Si vos tenés algo, lo viviste, lo conociste y lo perdiste, bueno, hubo como una retroalimentación. Ahora, ¿cómo duelar lo que no existió? Porque cuando ponemos en esta contraposición, que a veces duele más el duelo de los tres meses que de los 15, 20 años de pareja, pero porque ahí hubo realidad y porque hubo cosas tan necesarias en todo tipo de relación con algo, sea una pareja, un proyecto, lo que sea, que son conflictos. Uno entra en conflicto con las cosas y cuando hay conflicto, hay superación, inhibición, enojo, calentura; hay que esperar, soportar, negociar, perder, duelar y volver a elegirse. Pero por lo menos pasaron cosas.

El duelo por aquello que nunca ocurrió resulta especialmente complejo, porque solo quedan preguntas y un sentimiento de vacío. ¿Cómo se elabora un duelo por algo que no sucedió? Es una tarea muy difícil. Había una psicoanalista que decía: “En definitiva, todos los problemas son problemas de amor”. Y yo coincido con eso, porque es de amor a las cosas. De amor al trabajo, a una idea, a un vínculo, a una pareja, a un proyecto. Para mí tiene que ver con ese lazo fuerte con otros o con algo. Uno siempre viene a duelar en primera instancia lo que pierde, ojalá, porque si es que si lo perdiste porque lo tuviste. Uno no solamente pierde al otro, sino que pierde también todo ese reconocimiento y lo que te devuelve el otro. Como decíamos recién, si vos sos el amor de la vida de una persona y no estás más con esa persona, dejás de ser algo importantísimo. El tema es cómo volver a construirse, volver a armarse libidinalmente, decir: “Bueno, ¿qué más soy aparte de esto o que tengo que elegí en su momento?”. Somos muchas más cosas.
—¿De qué manera abordás con tus pacientes el tema del perdón y la posibilidad de dejar atrás el enojo?
— Es difícil, pero se logra. Hay que empezar a ubicar que perdonar no es lo mismo que sanar. En terapia, o por lo menos desde las ideas del psicoanálisis, perdonar es casi como ayudar, en el sentido de que me pongo en una posición diferente y te ayudo. Estoy por encima tuyo y te ayudo, hay una situación asimétrica donde yo te ayudo al otro. En todo caso, será que somos colaboradores y nos ayudamos mutuamente en todo caso. Pero a veces perdonar es ponerme en otra posición y te perdono a vos que hiciste algo que no correspondía o me hiciste algo que me dolió o lo que sea.
Entonces, como si uno estuviera en un pasito por arriba, un escalón por arriba, creo que no tiene que ver con perdonar en tanto ponerse un lugarcito por encima del otro. Tiene que ver con integrar el dolor y a veces insto a los pacientes, algunos en los que entiendo que puede servir como intervención, a que no se pierdan el privilegio que es odiar a alguien.
Es maravilloso que alguien pueda permitirse tener una sensación de odio como afecto fuerte con un otro. Si vos amás, tenés un lazo fuerte y tenés un montón de sensaciones con un otro. No te saques de tu vida la posibilidad de odiar a alguien o algo, porque es mantener con ese otro un lazo importante. Te odio. No te hablo de hateo o de hacerle algo malo. Digo como sensación fuerte hacia el otro. Si vos amás a alguien, estás pendiente de esa persona. Si vos odiás a alguien en determinado momento por algo muy puntual, para trabajarlo en terapia, que tenga un objetivo específico, vas a estar pendiente y vas a querer sanar. Entonces, quizás no te perdono, quizás te sigo odiando, pero ya sané lo que me pasó.
—La culpa suele inmovilizarnos. ¿Qué estrategias utilizás para trabajarla en terapia?
— Para mí es medio como una frase de cabecera: la fuerza más poderosa no es el amor, es la culpa. De las cosas que uno llega a hacer en la vida, de las cosas que yo he llegado a escuchar en consultorio, digo: “Che, esta persona por amor estuvo en pareja, por amor se separó, pero por culpa la gente sigue eternamente, porque tiene hijos, porque no se quiere separar, por la cuestión económica, por el estilo de vida, porque...”. ¿Y sabés la culpa de algunas personas que se quieren separar y del otro lado no hicieron nada malo? Les da culpa separarse. “Che, pero es una persona buena”. De hecho, hasta a veces se escucha en el consultorio: “Che, estoy esperando que me engañe. Necesito que se mande una macana como para por lo menos tener un argumento más sólido”.
A veces por acá viene la culpa en el sentido de creer que los argumentos que tiene uno no son lo suficientemente fuertes o valederos para tomar una decisión. A veces porque también me puede llegar a generar culpa ponerle un límite al otro, porque detrás de eso está: si voy a hacer algo que va a lastimar al otro, me voy a sentir culpable. Lo que está primando ahí es el reconocimiento y la valoración del otro, más que mi reconocimiento hacia mí o si yo necesito hacer algo y ponerle límites. Por otro lado, hago una breve distinción. Una cosa es responsabilidad y culpa, como dos términos generales. La responsabilidad la tenemos todos ante nuestros actos.
Hay más o menos responsabilidad para hacer cosas. Pero la culpa, por lo menos en psicología, puntualmente en psicoanálisis, te diré, culpa puede haber o no. Vos podés ser responsable de un acto, pero no sentir culpa, el sentimiento por el acto. Y hay situaciones donde vos no sos responsable del acto, pero te podés sentir culpable. “Che, si yo no soy responsable de que esta pareja se haya caído, pero me siento culpable por tener que ponerle un límite y frenar esta relación. ¿Por qué tengo este sentimiento de creer que estoy haciendo algo mal?”. Otra cosa es si hablamos de la perversión o si hablamos de una persona que abusa, es responsable del acto, pero no va a sentir culpa. Entonces, ahí también digo: “En consultorio la culpa es buena, es salud mental”.
Si vos tenés culpa, hay salud mental. Eso es fundamental entender. Porque significa que estás registrando un otro y que también te estás registrando vos mismo. Así como amor y economía y un montón de cuestiones, hasta un síntoma es signo de salud mental. Tener culpa, sentir culpa, significa que a vos te está pasando algo y reconozco que al otro le está pasando algo o lo que sea, es un signo de salud mental. Así que hay como distintas líneas de poder pensar la culpa.

Ahora, también digo, si la culpa es: te genero a vos culpa como mecanismo de control por lo que estás haciendo en un vínculo laboral o personal o de pareja, ahí ya la cosa cambia. Es un instrumento de control. Te estoy generando celos a propósito o estoy intentando que vos cambies tu pensamiento y te estoy generando culpa. “Hice esto, mirá lo que me hiciste hacer”, dicen algunas personas. Eso es generarle culpa al otro. “Hice tal cosa porque vos me llevaste hasta ese límite”. Entonces, está intentando llevar la culpa al otro lado, que uno se angustie, psicoanálisis dirá que se divida el otro subjetivamente, pero como que el quilombo lo tenga el otro. Entonces, genero y hago todo lo posible para que vos te sientas culpable. En consultorio se escucha muchísimas veces: “Quiero ponerle límite a alguien y me cuesta”.
Pero porque uno tiene una valoración propia que estaría bueno laburar ahí un poco más fuerte, como más amor propio, más narcisismo y demás, para decir: “Vos merecés poner todos los límites que tengas que poner”. ¿Cuándo el límite es sano? Justamente porque al otro le jodió. ¿Cuál es la prueba específica más clara de que el límite está bien puesto? Porque al otro le dolió, porque al otro no le conviene. Entendiendo que no siempre somos totalmente conscientes de todo lo que no guía nuestra vida la conciencia, ¿no? Porque si no sería todo mucho más sencillo y se resolvería todo mucho más rápido. “¿Por qué la terapia dura años?” Bueno, porque hay cosas raras de nosotros mismos. Hay incertidumbres, tiempos de vacío y hay que poder con todo eso. La culpa entra dentro de todas estas cuestiones. ¿Cómo poder laburar la culpa? Voy a tomar una frase de Alexandra Cohen: “Se sale la culpa con responsabilidad”. Es excelente. Si es posible trabajar en consultorio de manera terapéutica con alguien, cuando registra que se mandó una macana o que tiene culpa de tal cosa, o hasta a veces es culpa por desear tal cosa y no la hizo, es de la cabeza la culpa.
En psicoanálisis es mucho de la fantasía. “Me da culpa tal cosa”. Y todavía no lo llevó adelante. ¿Cómo se sale de esa situación? Responsabilizándose de que uno está pensando eso. Este es mi primer trabajo. Si hay culpa, se sale, se puede trabajar desde la responsabilidad. Distinto es si alguien hizo algo y le genera culpa. Ahí la responsabilidad será: “Bbancate la que venga”. “Engañé a mi pareja y está enojada/o”. Si te da culpa, justamente la responsabilidad de poner lo que haya que poner arriba de la mesa o conversar sobre esa situación y decir me hago responsable y le pongo el pecho. ¿Cómo se sale la culpa? Con responsabilidad.

—¿Creés que afrontar el duelo y responsabilizarse de las emociones es el camino para transitar estos procesos? ¿Cómo lo trabajás con quienes tienden a evitar la tristeza o los pensamientos difíciles?
— A mí me gusta mucho el término habitar, darle espacio y lugar. Saberse vulnerable, que no es volverse vulnerable sino saberse. Porque todo el mundo es vulnerable. Había a veces una idea que pensaba en la resiliencia como una capacidad innata. Solamente iban a ser resilientes aquellas personas que podían serlo. Entonces dividía a la gente débil de la gente resiliente. Hoy por hoy nos enteramos, nos damos cuenta, lo sabemos, y hoy es obvio, por suerte, que todos tenemos la capacidad de ser resilientes de algo. Y esa resiliencia tiene que ver no con una cuestión de debilidad, sino que somos vulnerables porque nos atraviesan cosas. Y encima esa resiliencia implica tener nuevos recursos para afrontar algo nuevo. No solo salí de lo que me estaba pasando, que eso está buenísimo, sino que genero nuevos recursos. Entonces hay como una nueva versión del concepto de resiliencia que sale de la debilidad, entiende que todos somos vulnerables y no solamente genera recursos propios, sino creación de nuevos recursos también.
—Respecto a la frase “El tiempo todo lo cura”, ¿cuál es tu visión? ¿El tiempo, por sí solo, ayuda a sanar o es necesario un trabajo activo durante ese periodo?
— Yo no creo que el tiempo lo cure todo. Obviamente, es lo que hacemos en ese tiempo. Por lo tanto, tengo la idea de que nadie sale de aquello que no conoce. Si tuviste una enfermedad, una relación difícil, atravesar un duelo y lo demás, si vos no sabés lo que perdiste, es imposible hacer un duelo por eso. Por lo tanto, vas a estar adherido todo el tiempo al instante de la pérdida. Es como que el reloj se detuvo. Pasaron los años, pero el reloj para vos se detuvo. Entonces, no es que el tiempo lo cura. El tiempo, en todo caso, acomodará alguna cosa.
Lo fundamental es lo que vos hagas en el medio. Pero no solamente se trata del tiempo cronológico para hacer un duelo, sino sobre todo el tiempo subjetivo. Qué herramientas vos ponés en marcha, de quiénes te valés a tu lado, si tenés trabajo, si no tenés trabajo, si estás acomodado en tu vida, si tenés lazos, si hay familia, si hacés cosas, si hacés deportes, si te alimentas bien, las horas de sueño. Digo, hay un montón de cosas que te ayudan a hacer un duelo también. Entonces, ¿el tiempo importa? Sí, pero importa menos que lo que vos hacés en el tiempo.
—¿Cómo se manifiesta cuando una persona no logra comprender o asimilar lo que ha perdido?
— Que no lo entienda sería, por ejemplo, repetir exactamente lo mismo. Repetir es una forma de no entender. Viste lo que dicen: “Los países que no entienden su historia están condenados a repetirla”. Lo mismo pasa en las relaciones, en los trabajos. Si vos repetís, el psicoanálisis dirá que hay algo muy interesante que nos lleva constantemente a la repetición, pulsión de muerte y otras cosas. ¿Por qué alguien elige gente que la engaña? ¿Por qué alguien vuelve a ponerse en las mismas situaciones para que suceda tal cosa? Hay algo del orden inconsciente que a veces vamos mucho a buscar eso que nos duele o eso que nos hace mal. Aparte, un poco para salir de la idea de que somos naturalmente buenos o que estamos destinados a ser buenos. A veces, estamos destinados a hacernos pelota.
Creo que lo importante es entender qué se perdió. ¿Qué tiempo tengo disponible para poder trabajar en eso? ¿Y qué recursos tengo también para eso? Los recursos siempre, insisto, y no me canso de decirlo: la amistad, la terapia. Te puede servir, te puede servir mucho hacer deporte y tendrá sus consecuencias positivas y tiene valor terapéutico. Eso es lo que hay que buscar, cosas que tengan valor terapéutico. Y distinto es el valor terapéutico que tiene un antidepresivo. Mucha gente no entiende que perdió y se pone a hacer deporte teniendo un efecto terapéutico, pero no entiende ni que perdió y tampoco va a sanar. Ocupó su tiempo en otra cosa. ¿Sabe que perdió? No. ¿Hace un duelo y termina en algún momento su duelo? Tampoco. Lo detiene, deja congelada la pérdida. Hoy tiene un término muy específico: fingir demencia. Cuando vos te hacés el bolud* de lo que te pasa, no sanás. Estás mirando para otro lado. El día que vos te des vuelta, es como la gente que no va nunca al médico, bárbaro. El día que va se le muestra todo.

—¿Hay algún aspecto del duelo que te parezca fundamental y que no hayamos abordado en esta conversación?
— En realidad sería reforzar una idea porque charlamos bastante de duelo y hay más allá de las etapas de duelo, de los procesos de duelo, que uno se divide entre lo malo y lo bueno, acercarse al dolor, a la pérdida o acercarse a la vida. Es necesario entender que un duelo no se resuelve nunca, el dolor no se disuelve nunca. Eso que está ahí va a seguir doliendo. Y creo que lo importante entender de un duelo es no cuándo termina. Creo que la pregunta que hay que hacerse es: ¿cómo integro esto a mi vida? Si me preguntás qué me gustaría decir, sería eso. Y quizás algo que te puede ayudar a la respuesta pueda ser la terapia. Que alguien pueda ir. Esto es como si vos tenés una biblioteca con 10 libros, del uno al 10, los tenés todos numerados. La idea sería disolver el dolor, sería no darte cuenta, fingir demencia, que si te falta uno, vos los tenés del uno al diez, pero te falta el seis, los tenés todos amuchados.
Decir: “No me doy cuenta lo que perdí”. En realidad, la idea del duelo es que vos tengas del uno al diez, te falta el seis y tengas el agujero del seis, pero puedas continuar. “Acá está lo que yo perdí”. ¿Con qué tiene que ver? Con el valor de la ausencia, que vos no te olvides de alguien. Yo perdí a mi madre hace 10 años. No me olvido de ella. Si hago un esfuerzo, hoy me acuerdo de más cosas. Las primeras veces el dolor estaba mucho más ahí palpable. Con el correr del tiempo, hay momentos donde no me acuerdo, me he perdido el sonido de su voz, por ejemplo, que es una de las primeras cosas que uno pierde.
Hoy por hoy, la tecnología impide que te olvides, porque hasta a veces tener inteligencia artificial metido en esas cosas, realidad virtual también para eso. Pero lo importante es que aceptes poder perder cosas. Y con esto que digo de no disolver el dolor es que siga estando ahí y que te puedas dar cuenta que ahí te falta algo, pero que podés continuar.
— Sebas, voy a hacerte la última pregunta que les hago a todos los invitados que pasan por acá: que nos dejes algo que te parezca valioso. Puede ser una recomendación de un libro, una película, una frase que te guste mucho, una idea que vengas pensando hace tiempo o algo que te haya pasado y quieras compartir. Lo que sea que sientas como: “Bueno, con esto me despido”.
— Nunca vi a Messi, solamente en videos y demás. Salvo cuando tengo la posibilidad de ir a ver un partido de la Selección Argentina. Vi que había mucha gente con el teléfono filmando que aparecía Messi. Y lo que a mí se me vino en ese momento y lo que yo sabía que quería hacer en ese momento era que no intefiriera, por lo menos para mí, la experiencia de ver a alguien que en este momento es un ídolo para mi generación, por cómo se comporta, por lo que hace, porque soy futbolero... No quería que esa experiencia estuviera mediada por un teléfono.
Yo no quería verlo a él, teniéndolo tan cerca, no quería que esa experiencia sea mediada por un teléfono. Creo que eso nos puede ayudar muchísimo. Y por lo menos para mí dije: “Che, pero Seba, te vas a olvidar de un montón de cosas”. La experiencia más gratificante que yo viví es la que puedo entender que voy a tener un olvido, que se me van a perder cosas. Si yo tengo la posibilidad de perderlo es porque lo voy a saber atesorar. No me olvido más cómo camina ese chabón, quedó en mi cabeza. Entonces, es a veces algo que sugiero. Si estás con tu hijo y las cosas las subís a las redes o estás con tu pareja, tus amigos, dejá el teléfono dado vuelta un rato, perderte momentos, olvidate de algunas cosas, pero vivilas.
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