
Josefa Julia Bouquet Roldán acaparó todas las miradas en la entrada del flamante edificio. Esta cordobesa, oriunda de Belle Ville, de 42 años, acompañada por su familia, lucía sus mejores galas. Figura clave en el desarrollo de su ciudad así como del surgimiento de diversas instituciones intermedias cordobesas, era la esposa del presidente José Figueroa Alcorta. Asistía ese sábado 12 de mayo de 1906, esquivando andamios y empalizadas levantadas por los constructores, a la apertura de las sesiones en el espectacular palacio que acaparaba las miradas de todos los porteños y también las críticas por lo que había costado.
Luego de sancionada la Constitución de 1853 y la unificación del país en 1861, se buscó un lugar acorde para desarrollar la actividad legislativa. Provisoriamente se usó el recinto de la legislatura de la provincia de Buenos Aires, en la Manzana de las Luces, que había comenzado a funcionar en 1821.
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A las 13:30 del 12 de mayo de 1864 el presidente Bartolomé Mitre inauguró el recinto ubicado en Balcarce e Hipólito Yrigoyen, donde daría su segundo mensaje anual. Ese fue el primer palacio legislativo.
El edificio poseía una fachada de tres arcos, con puertas de rejas y un estilo clásico y colonial, y había sido construido por el arquitecto cordobés Jonás Larguía, quien hizo milagros con un ajustado presupuesto de cincuenta mil pesos.
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A fin del siglo XIX el crecimiento de la población hizo que el gobierno buscase levantar una sede definitiva para los legisladores. Fue el presidente Miguel Juárez Celman quien envió en 1889 al Congreso un proyecto de edificio a levantarse en la manzana de Entre Ríos, Combate de los Pozos, Victoria y Rivadavia, donde se levantaba el corralón de materiales de David, Esteban y Juan Bautista Spinetto, hermanos italianos que habían llegado al país por 1858.
Al llamado a concurso se presentaron 32 arquitectos de todo el mundo, y el jurado escogió el proyecto del ingeniero arquitecto Víctor Meano, quien se impuso por unanimidad.
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Meano había nacido en Susa, Italia, y en 1884 el arquitecto Francisco Tamburini, quien conocía la obra que su colega desarrollaba en su país, lo invitó a que trabajase con él en nuestro país. Entre las obras de Tamburini se contaban las de la Casa de Gobierno, el Departamento de Policía, el Hospital Militar, escuelas y casas particulares.

Según se explica en su historia, el proyecto de Meano reconocía como fundamento a tres ideas centrales: el academicismo, el eclecticismo y el clasicismo. Quizás su mayor acierto fue la incorporación de una imponente cúpula de ochenta metros de altura, revestida en bronce, que confirió al edificio un carácter diferencial que impactaba.
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El edificio está revestido en piedra caliza gris, con basamento de granito. Según se describe en el sitio web del Congreso, la fachada remata en una cuádriga escultórica, obra del escultor Víctor de Pol.
El frente es un pórtico corintio, elevado sobre una escalinata con dos rampas. Sobre el eje este-oeste, luego del vestíbulo, se encuentran los salones Azul, De los Pasos Perdidos y el de Honor. Seguidamente está el salón comedor, la Galería de los Bastones y el recinto de diputados. Sobre el eje transversal norte-sur, a la izquierda del Salón Azul, se abren el Salón Eva Perón y el recinto de los senadores.
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Inicialmente presupuestado en 6 millones de pesos, su costo superaría los 14 millones. Participaron los constructores Pablo y Soave Besana, dos hermanos italianos que hacía tiempo estaban radicados en Argentina, responsables de edificios como el de la Facultad de Medicina y el Tigre Hotel, y de palacetes de las familias de Alvear, Juárez Celman, Obligado, Tedín, Cárcano y la lista sigue.
Los trabajos comenzaron en 1897. Trabajaron un millar de operarios y se usaron talleres mecánicos, carpinterías, hornos de ladrillos y aserraderos a vapor.
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El nuevo edificio debería estar rodeado de una plaza acorde a su importancia institucional. Por iniciativa del senador Miguel Cané, en 1905 se sancionó la Ley 4869 que establecía la creación de la Plaza del Congreso en terrenos expropiados. El 9 de julio de 1914 se inauguraría el monumento-fuente que se llama “De los dos Congresos”, ya que evoca a la Asamblea del Año XIII y el de Tucumán de 1816.
Meano no pudo ver su obra terminada. Vivía en una casa de Rodríguez Peña 30, a escasas dos cuadras del futuro palacio. Iba todos los mediodías a almorzar, pero el 1 de junio de 1904 fue imprevistamente a mitad de la mañana. Sorprendió a su mujer Luisa con un ex empleado, Carlos M. Passera, de 28 años, a quien había despedido dos meses antes de su puesto de mayordomo.
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Passera intentó huir pero forcejeó con Meana. Entonces el primero sacó un revólver y le dio un tiro en el pecho al arquitecto, quien falleció al instante, y el agresor escapó.
Intervino el comisario Enrique Quintana, de la Comisaría 6ª. Cuando Passera fue capturado, enseguida salió a la luz una relación amorosa con la esposa de Meano. El juez Constanzó lo condenó a 17 años de prisión y la mujer se salvó de una condena por encubrimiento. Hizo las valijas y regresó a Italia.
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La dirección de la obra quedó a cargo del belga Julio Dormal, socio fundador de la Sociedad Argentina de Arquitectos y autor de diversos proyectos en el país.
En 1906 los legisladores decidieron que el inminente período legislativo debía iniciarse en el nuevo edificio, que aún no estaba terminado. Así fue que ese sábado 12 de mayo, luego de un larguísimo discurso del presidente Figueroa Alcorta se inauguró el Palacio Legislativo, y seguidamente hubo un buffet y brindis con champán para los invitados. “Quedáis instalados en vuestro palacio, la nueva casa de las leyes, en cuyo recinto nos es dado esperar que no se escucharán sino acentos elocuentes de controversias y debates concordantes con la tradición de intelectualidad y cultura de los congresos argentinos…”, cerró su discurso el primer mandatario, quien había asumido el 12 de marzo de ese año por fallecimiento de Manuel Quintana.

El 15 de noviembre de 1907 el presidente había convocado a sesiones extraordinarias para debatir el presupuesto, que había enviado en julio, y para cerrar los nombramientos del intendente municipal y del presidente del Consejo Nacional de Educación. Pero tres meses después el parlamento no le había dado entrada.
Entonces, el 28 de enero de 1908 el propio Figueroa Alcorta dispuso su cierre, lo que hizo con la ayuda del cuerpo de bomberos, que no dejó ingresar a los legisladores. Adelantó que seguía en vigencia el presupuesto de 1907 y que gobernaría por decreto. Las elecciones de marzo de ese año acomodaron el escenario político y todo volvió a la normalidad.
Aún había andamios y caballetes por todos lados y el recinto de sesiones no tenía todas las bancas. El Palacio quedó finalmente concluido en 1946, cuando se colocó el revestimiento de mármol del exterior del edificio.
El 28 de diciembre de 1993, el decreto 2676 del Poder Ejecutivo Nacional lo declaró “Monumento Histórico y Artístico Nacional”. Motivos le sobraban.
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