Un equipo de investigadores del Karolinska Institutet identificó una estrategia sencilla y efectiva para mejorar la funcionalidad física y la autonomía en residencias de personas mayores con demencia.
De acuerdo con la revista Alzheimer’s and Dementia, la combinación diaria de ejercicio físico y consumo de bebidas proteicas podría reducir la necesidad de asistencia en estos centros.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 55 millones de personas viven con demencia en el mundo y el Alzheimer representa entre el 60 % y el 70 % de los casos.

Este crecimiento plantea desafíos para los sistemas de cuidado y refuerza la necesidad de estrategias que no solo retrasen el deterioro, sino que permitan preservar la autonomía el mayor tiempo posible.
Un programa simple, pero con impacto
El estudio incluyó a 102 personas residentes en ocho centros para mayores de la región de Estocolmo. Durante tres meses, los participantes realizaron ejercicios físicos de pie varias veces al día y sumaron una o dos bebidas nutricionales ricas en proteínas a su rutina.
La investigación fue coordinada por el Departamento de Neurobiología, Ciencias del Cuidado y Sociedad del Karolinska Institutet junto con Stockholms Sjukhem.
El objetivo era fortalecer la masa muscular, mejorar el estado nutricional y determinar el nivel de apoyo necesario para tareas cotidianas como la higiene, vestirse y los desplazarse.

Los investigadores midieron de forma precisa si el aumento de actividad física y el aporte proteico mejoraban la capacidad para realizar estas actividades de manera independiente.
Menos dependencia y más calidad de vida
La desnutrición, la debilidad muscular y la fragilidad son problemas comunes en residencias de larga estancia, afectando directamente la calidad de vida y la independencia de las personas mayores.
Trabajos anteriores del grupo habían indicado que pequeñas modificaciones en la rutina pueden impactar de forma positiva en la independencia y el bienestar de las personas mayores.
Aunque los resultados generales no mostraron grandes diferencias entre todos los residentes, la situación cambió al observar a quienes vivían en unidades de demencia.

En ese grupo, las personas que realizaron ejercicios y consumieron las bebidas proteicas pudieron hacer más actividades por sí mismas, como levantarse, caminar o vestirse, y necesitaron menos ayuda del personal en su día a día.
El investigador principal, Anders Wimo, atribuye este efecto a que los residentes de las unidades de demencia presentaban mejores condiciones físicas para recuperar su funcionalidad. Tras la intervención, lograron realizar más actividades por sí solos.
Por qué la combinación funciona
Los investigadores sostienen que el beneficio de la intervención se basa en una lógica sencilla. El ejercicio ayuda a mantener la fuerza, el equilibrio y la movilidad, mientras que el aporte proteico favorece la conservación de la masa muscular y la recuperación física.

En personas mayores, esta combinación puede marcar la diferencia entre necesitar ayuda para levantarse de una silla o poder hacerlo por sí mismas. También influye en tareas básicas como caminar, vestirse o mantener el equilibrio, aspectos directamente relacionados con la independencia funcional.
Repercusiones para el cuidado y los recursos
El equipo científico señala que las mejoras en la función física pueden influir directamente en la cantidad de apoyo requerido por cada persona. Ganar mayor autonomía no solo implica más control personal, sino que puede aliviar la carga para los cuidadores del centro.
En las unidades de demencia incluidas en el estudio, la intervención combinada de ejercicio físico y suplementación proteica redujo de manera significativa el tiempo de atención necesario.

Esta mejora resalta el potencial de intervenciones sencillas para optimizar recursos y promover que más personas realicen tareas esenciales de manera autónoma, un objetivo clave en residencias de larga estancia.
Precauciones y próximos pasos
El Karolinska Institutet pide cautela al interpretar los resultados. Wimo advierte que se trata de un análisis secundario y que los hallazgos deben considerarse preliminares.
La publicación enfatiza que aún quedan factores organizativos por analizar, como la cantidad de personal o las rutinas diarias de los centros, ya que podrían influir en la capacidad de los mayores para lograr una vida más autónoma.
Los autores afirman que será fundamental en futuras investigaciones observar el tiempo de asistencia como foco principal y examinar cómo influyen las condiciones organizativas en los resultados, para determinar el verdadero alcance de estas medidas en el día a día de quienes residen en centros de larga estancia.
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