Por qué la menopausia es una gran oportunidad para cambiar el destino cardiovascular

No debe interpretarse solo como el final de una etapa hormonal, sino como un momento biológico que invita a replantear hábitos cotidianos que pueden proteger el corazón

Una mujer de cabello canoso sostiene una mancuerna en un gimnasio, con una ilustración translúcida de un corazón humano sobre su pecho.
La menopausia es comienzo de una oportunidad extraordinaria para intervenir sobre la salud cardiovascular (Imagen Ilustrativa Infobae)
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No hace falta explicarle a una mujer de mediana edad que la menopausia es como un tsunami en su cuerpo. La experiencia es variable, algunas lo sienten así, y otras no tanto. Pero los cambios químicos y hormonales que se generan son notorios e implican una nueva condición en la mujer.

Es un momento clave en la vida, que, si toma conciencia de la trascendencia y de los cambios que se vienen, puede ser una ventana de apertura fundamental para su salud de los próximos tiempos. Claro que no es fácil, pero es un momento ideal para un cambio que la va a llevar a una mejor calidad… ¡y cantidad de vida!

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Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de mortalidad de las mujeres en Argentina (y en Occidente): una de cada tres mujeres fallece por una enfermedad cardiovascular. Pero durante su vida reproductiva, la mujer presenta, en promedio, una menor incidencia de enfermedad coronaria que un varón de la misma edad.

Parte de esta diferencia se relaciona con los efectos vasculares y metabólicos de los estrógenos, aunque intervienen también factores genéticos, biológicos y ambientales.

Los estrógenos endógenos (los que genera el ovario en la vida reproductiva) desempeñan un papel crucial en el mantenimiento de la salud vascular, en la función de la pared interna de la arteria (el endotelio), en el metabolismo de los lípidos (colesterol y triglicéridos), y la modulación de las vías inflamatorias.

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La caída de estrógenos y el aumento del riesgo cardiovascular

Útero central de color rojizo, dos trompas de Falopio laterales, dos ovarios de forma ovalada, y la parte superior de la vagina.
Durante la transición menopáusica, una evaluación médica permite detectar hipertensión, alteraciones de glucosa y cambios en el perfil lipídico (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los estrógenos funcionan como un protector arterial, porque promueven la vasodilatación, mejorando el flujo sanguíneo y la función vascular. Estos beneficios están mediados por la mayor activación del óxido nítrico, un potente vasodilatador. Todo esto lleva a una menor posibilidad de generar enfermedades cardiovasculares.

El varón se enferma del corazón (infarto) unos 10 años antes. Esto se relaciona, entre otras hipótesis, con que carece de la protección que tiene la mujer durante su ciclo menstrual. Este fenómeno podría no ser casual, dado que la naturaleza cuida más a la mujer durante su periodo fértil que al varón, por su imprescindible rol en la preservación de la especie.

Pero, después de la menopausia, el riesgo cardiovascular de la mujer aumenta progresivamente, y la diferencia en el riesgo respecto del varón tiende a reducirse con el envejecimiento. Los cambios hormonales de la mujer comienzan en la perimenopausia y se exacerban en la menopausia con la caída de los estrógenos circulantes.

Mujer de más de 50 años con camiseta azul y mallas negras, sonriente y sosteniendo mancuernas rosas en un parque con árboles de otoño.
El entrenamiento de fuerza ayuda a preservar la masa muscular y la densidad ósea después de la menopausia (Imagen Ilustrativa Infobae)

Estos cambios se reflejan en una mayor retención de líquidos, aumento de peso, alteración en el perfil de los lípidos (aumentan el colesterol, la ApoB, la lipoproteína LDL, los triglicéridos y hasta podría aumentar la Lipoproteína A).

Existe aumento de la rigidez arterial, que puede llevar a la hipertensión arterial. También puede aumentar la resistencia a la insulina, el azúcar en sangre (hiperglucemia), y hay una redistribución de la grasa hacia el abdomen, una grasa visceral que tiene componentes inflamatorios. Por otra parte, existe una pérdida de la densidad ósea que se acelera claramente con la caída de estrógenos, especialmente durante la posmenopausia.

También se acelera la sarcopenia (la disminución del volumen y la fuerza muscular), pero en este caso es multifactorial: además de la caída de estrógenos, la sarcopenia depende del envejecimiento, la inactividad, la alimentación, entre otros mecanismos. La mayor conservación de la densidad ósea y de la masa muscular son elementos claves para la mujer en su calidad y cantidad de vida.

Cambios metabólicos que exigen atención

Torso humano con corazón iluminado, abdomen prominente y filamentos amarillos extendiéndose desde el tórax al área abdominal sobre fondo oscuro.
El aumento de la grasa visceral se asocia con mayor resistencia a la insulina e inflamación sistémica (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los cambios metabólicos de la menopausia son similares a los del “síndrome cardiometabólico”. La menopausia no es una enfermedad. Sin embargo, algunos de los cambios metabólicos que pueden acompañarla se parecen notablemente a los que caracterizan al denominado (en ámbitos cardiológicos) “síndrome cardiometabólico”, que es un conjunto de alteraciones o factores de riesgo interrelacionadas, que aumentan de forma considerable la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

Ellos son: aumento de la grasa abdominal (visceral), el sobrepeso, triglicéridos altos con bajo HDL, la resistencia a la insulina, la hiperglucemia y la hipertensión arterial. La diferencia es trascendental: la menopausia es inevitable, mientras que muchos de los factores que favorecen el síndrome cardiometabólico son modificables (y algunos adquiridos). Paradójicamente, los médicos insistimos y enfatizamos mucho para promover hábitos sanos en el síndrome cardiometabólico (como hacer ejercicio, tener un peso adecuado, una alimentación sana, entre otros).

Pero no hacemos lo mismo con tanta dedicación en la perimenopausia o en la menopausia, donde las alteraciones metabólicas suelen ser, en diferentes grados, similares. Quizás porque pensamos a la menopausia en términos estrictamente fisiológicos… o quizás porque la mujer de mediana edad no consulta al cardiólogo (aunque sí pide el turno para su marido o para sus hijos).

Y es importante entender que la perimenopausia no solamente es una oportunidad para cambiar hábitos, sino que también es una oportunidad para descubrir cómo están las arterias cuando aparecen los cambios hormonales.

En realidad, estamos hablando de una mujer de alrededor de 50 años, donde comienzan a mezclarse tres vías diferentes que se juntan y pueden conducir a una enfermedad cardiovascular: la pérdida de la capacidad de los ovarios de segregar estrógenos, el lento camino del envejecimiento y algunos hábitos adquiridos no sanos, como el sobrepeso y el sedentarismo.

Cualquier mal hábito de la mujer en ese momento potencia las posibilidades de tener enfermedad cardiovascular en su posmenopausia. Y ahí está la clave: la motivación y el poder de la palabra médica como herramienta terapéutica para cambiar sus hábitos en el inicio de la menopausia o premenopausia. Además, también importa el “cómo” lo decimos.

La consulta en la perimenopausia puede cambiar las décadas siguientes

Mujer de cabello gris y camiseta azul con reloj inteligente en la muñeca. Grupo de adultos mayores. Sala con sillas, mesa y ventanas.
La combinación de ejercicios aeróbicos y de fuerza puede reducir varios factores de riesgo cardiovascular (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hay una gran diferencia entre decirle a una mujer de 50 años: “Desgraciadamente estás perdiendo tu protección hormonal”, que contarle que: “Estás ingresando en una etapa de tu vida en la que tienes un enorme poder para intervenir sobre tu salud futura.”

La información científica es la misma. Lo que cambia es el mensaje. Y ese mensaje puede cambiar sus decisiones. Por eso es de trascendental importancia entender que es justamente en la perimenopausia el momento clave para intentar convencer a la mujer de la importancia de cambiar a hábitos más saludables.

Si la mujer en la perimenopausia toma conciencia de la importancia de cambiar sus malos hábitos (como fumar, sedentarismo, sobrepeso y dieta sana) y potenciar los buenos hábitos: como una disciplinada rutina semanal de ejercicios (tanto aeróbico como de fuerza), y una alimentación de calidad (adecuada a las necesidades energéticas y proteicas), con reducción del exceso de grasa en la panza (visceral); se pueden mejorar muchos de los cambios metabólicos que genera la menopausia.

El ejercicio, la disminución de la grasa visceral y la alimentación consciente mejoran el perfil lipídico, disminuyen el azúcar en sangre, mejoran la resistencia a la insulina, disminuyen la presión arterial y la inflamación sistémica. El ejercicio aeróbico es uno de los más importantes inductores de óxido nítrico (la molécula que cuida la pared de la arteria).

Un corazón humano traslúcido rodeado de cadenas de ADN, gráficos de barras y fórmulas moleculares sobre fondo azul oscuro.
La perimenopausia puede acompañarse de cambios en el colesterol, la presión arterial y la distribución de la grasa corporal (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además, regula el ánimo, eleva la autoestima y mejora el sueño, todas condiciones que se alteran en la perimenopausia y posmenopausia. Y por otra parte, el ejercicio de fuerza preserva la independencia funcional de la mujer en las décadas siguientes. La combinación de ejercicio de fuerza y aeróbico es fundamental. Y ambos son muy importantes para equilibrar el metabolismo.

Si la menopausia trae “alteraciones fisiológicas y metabólicas”… ¿qué mejor momento de la vida para cambiar y así cambiar el destino? La menopausia no es una enfermedad ni una sentencia cardiovascular. Es una transición inevitable de la biología femenina. Pero lo que la mujer haga durante esa transición puede modificar profundamente las décadas que vienen.

Ejercicio, alimentación y fuerza muscular

No podemos detener el paso del tiempo ni evitar que los ovarios dejen de producir estrógenos. Lo que sí podemos hacer es evitar que nuestros hábitos se conviertan en una enfermedad. Porque el destino cardiovascular no está escrito solamente en nuestros genes ni en nuestras hormonas: también se construye con nuestras decisiones. Recordemos siempre que un pequeño cambio de hábito genera un gran cambio en nuestro cuerpo. Pero a su vez puede generar un cambio en nuestro destino cardiovascular.

Ilustración de una mujer de cabello gris que camina en un parque, con un gráfico semitransparente de un corazón en el pecho y un reloj digital.
El abandono del tabaco y la reducción del sedentarismo son medidas centrales para disminuir el riesgo cardiovascular (Imagen Ilustrativa Infobae)

Comentario final: la terapia de reemplazo hormonal (TRH) ha tenido muchas idas y vueltas con respecto a si generaba o no “per se” eventos cardiovasculares.

De ser la solución mágica de la eterna juventud a fines del siglo XX, a ser defenestrada a principios de siglo, y vuelta a pensar en ella como una solución a los síntomas de la menopausia (sofocones y genitourinarios), sobre todo en mujeres con bajo riesgo cardiovascular basal. Por ahora y al día de hoy, no hay consenso ni se indica una TRH como plan de prevención cardiovascular.

Las nuevas formulaciones de la TRH tienen diferencias de seguridad según la vía de administración, la dosis, el tipo (sintético, bioidéntico), la edad de la mujer y el tiempo desde la menopausia. Pero es una indicación que debe ser consensuada por la paciente y su médico.

Las sociedades científicas más prestigiosas del mundo sugieren, en casos de dudas, la interconsulta entre un equipo multidisciplinario (ginecólogos, endocrinólogos, clínicos y cardiólogos) para la indicación de la nueva era de la TRH.

Los modelos de consultorios multidisciplinarios para la atención de la mujer en las fases de “Perimenopausia, Menopausia y Posmenopausia”, son la base para una evaluación integral sobre la posibilidad de indicar TRH, y para promover con firme convicción un cambio de hábitos, que acompañe esa nueva y desafiante etapa de la mujer.

*El doctor Martin Lombardero es médico cardiólogo. Autor de “El Corazón es Consciente” y “La Tiranía del Diagnóstico”. Miembro Titular de la Sociedad Argentina de Cardiología.

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