
Durante más de dos décadas, un equipo de la Universidad de Leicester analizó a 5.000 niños nacidos en la ciudad de Bristol, Reino Unido y su zona periurbana. Desde el nacimiento, los investigadores midieron la función pulmonar en distintos momentos: a los ocho años, a los 15 y posteriormente a los 24, cuando se considera que se alcanza el máximo potencial pulmonar. El trabajo permitió comparar el desarrollo de los pulmones entre quienes crecieron en ambientes con diferentes niveles de contaminación.
A lo largo del estudio, los técnicos utilizaron espirometría para medir la función pulmonar. El procedimiento consiste en pedir a los participantes que inspiren profundamente y exhalen con fuerza a través de una boquilla conectada a un aparato especializado.
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Los científicos obtuvieron datos sobre la cantidad de aire expulsado y la velocidad de la respiración. Según la investigadora británica Katie Eminson, primera autora del estudio, estos valores proporcionan una visión del funcionamiento de los pulmones en cada etapa.
El cálculo de la exposición a contaminantes

Los especialistas de la Universidad de Leicester realizaron una estimación de la exposición a la contaminación atmosférica para cada participante. De acuerdo con The Guardian, diario británico, el equipo recopiló datos sobre partículas finas y dióxido de nitrógeno presentes en el aire durante cada trimestre del embarazo y, posteriormente, durante todos los años de la infancia.
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El dióxido de nitrógeno proviene principalmente del tráfico rodado y de las calderas de gas fósil. Los investigadores dedicaron años a obtener información sobre el tráfico local y la calidad del aire en los hogares, lo que permitió afinar las estimaciones.
Factores adicionales en la salud infantil
El estudio también contempló variables como el nacimiento prematuro, la lactancia materna, el tabaquismo de los padres y la humedad en el hogar. Según la profesora Anna Hansell, líder del equipo, esta metodología garantiza que el impacto de la contaminación se mida con precisión, considerando otros factores que pueden influir en la función respiratoria.
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Los resultados muestran que la contaminación atmosférica ralentiza el crecimiento pulmonar infantil y el efecto se mantiene hasta la entrada en la adultez. De acuerdo con los datos recogidos, los niños expuestos a niveles más altos de partículas y dióxido de nitrógeno desarrollan pulmones con menor volumen y menor capacidad funcional al llegar a los 24 años.
El portal de noticias británico informó que el mayor impacto se observa durante la adolescencia, una etapa en la que el crecimiento pulmonar debería acelerarse.
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Consecuencias para la salud a largo plazo

Según la profesora Hansell, quienes no alcanzan su máximo potencial pulmonar en la infancia pueden enfrentar un mayor riesgo de enfermedades respiratorias en la adultez. Además, una función pulmonar reducida se asocia con un incremento en la probabilidad de padecer enfermedades cardíacas.
El estudio subraya que una salud respiratoria comprometida en los primeros años puede influir en la calidad de vida y en la expectativa de salud general décadas más tarde.
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En estudios anteriores realizados en el este de Londres, los expertos constataron que los pulmones de los niños de nueve años expuestos a mayor polución presentaban un volumen entre 90 y 100 mililitros menor al esperado.
Esta diferencia equivale al volumen de dos huevos de gallina. De acuerdo con The Guardian, investigaciones en Suecia demostraron que la mejora en la calidad del aire favorece el crecimiento pulmonar en la infancia, lo que respalda la hipótesis de que la reducción de la contaminación puede revertir parcialmente los daños.
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Reducción de la contaminación y recuperación respiratoria

El equipo académico también observó que la disminución de contaminantes en Bristol durante las últimas décadas pudo permitir que el desarrollo pulmonar de los niños se acercara a los valores normales.
Según la doctora Eminson, “los efectos en cada niño suelen ser pequeños, pero tienen importancia colectiva”. La investigadora agregó que “la función pulmonar tiende a mantenerse estable desde la infancia hasta la adultez, lo que implica que pequeñas diferencias al inicio pueden tener repercusiones a largo plazo”.
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Los autores del estudio enfatizan la necesidad de reducir la exposición a la contaminación atmosférica en el embarazo y la niñez para proteger la salud de las futuras generaciones. El informe recomienda políticas de control de emisiones y un monitoreo constante de los niveles de contaminación en las áreas urbanas.
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