Scroll infinito y falta de atención: por qué es hora de revalorizar la lectura en papel

Diversos estudios motivaron a los gobiernos de Suecia y Noruega a dejar atrás la digitalización total, en busca de mejorar el aprendizaje y reducir la ansiedad. Las diferencias en el cerebro y la concentración

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Un hombre mayor de cabello blanco y polo gris lee un libro con concentración, bañado por la luz del sol en una biblioteca con estanterías llenas.
El regreso a los libros físicos en las escuelas nórdicas se produce tras detectar una caída en la comprensión lectora evaluada por PIRLS (Imagen Ilustrativa Infobae)

Suecia y Noruega, históricamente los países más avanzados en la integración digital en sus aulas, han iniciado en los últimos años un proceso de desconexión digital masivo, poniendo fin a un experimento que duró 15 años.

Un informe de este mes de la Unesco relata que lo que comenzó como un avance tecnológico, luego de estos años es visto como un experimento con resultados alarmantes.

Luego de estudios y pruebas educativas que detectaron una caída en la comprensión lectora evaluada en las pruebas internacionales (PIRLS) así como una epidemia de ansiedad, los referentes educativos ordenaron el regreso masivo a los libros físicos, otorgando los gobiernos para esto una inversión de varios millones.

El diagnóstico no solo es en el área pedagógica: estudios longitudinales y metaanálisis han encontrado que un mayor uso de pantallas, sobre todo cuando es intenso, y/o poco estructurado, se asocia con más dificultades atencionales y con un aumento de síntomas tipo déficit atencional (TDAH) en niños y adolescentes.

Primer plano de las manos de un niño sosteniendo un libro abierto sobre un escritorio de madera, con texto resaltado. Hay luz natural de una ventana.
El regreso a los libros de texto en Suecia y Noruega busca desinflamar el sistema nervioso en una generación en alerta roja digital (Imagen Ilustrativa Infobae)

Estos hallazgos de alguna manera apoyan la idea de que el problema no es la tecnología en sí, sino las consecuencias en la mente que no está concentrada en el aquí y ahora, sino en varias y ninguna parte al mismo tiempo.

Durante más de una década, la promesa que la digitalización total de las aulas era el pasaporte al futuro, resultó fascinante, hasta que fueron evidentes los resultados de un número creciente de estudios. Estos llevaron a que los países nórdicos, que lideraron la carrera por convertir cada pupitre en una pantalla, hayan dado un giro de 180 grados que en un principio sorprendió a la comunidad educativa internacional.

Quizás lo que hay que resaltar es de que no se trata de una cuestión de nostalgia o tradicionalismo, sino una intervención de emergencia. Lo que los ministros de Educación de Estocolmo y Oslo están tratando de frenar no es solo un mal rendimiento académico, sino la fragmentación psíquica, en particular de la atención de toda una generación.

Representación realista de la cabeza de un niño en perfil, con el cerebro transparente mostrando neuronas y sinapsis iluminadas en azul, naranja y violeta.
La sustitución del papel por pantallas altera la ruta neuronal que permite el pensamiento profundo y favorece la fragmentación psíquica (Imagen Ilustrativa Infobae)

Lotta Edholm, la ministra de Educación sueca, fue muy concreta: el exceso de pantallas ha contribuido a una caída en la comprensión lectora y a una crisis de salud mental que requiere volver a lo básico. Ya una nota de Infobae de 2023 hacía referencia a esto.

El diagnóstico tiene implicancias a extrapolar en otras áreas de la salud mental, y en especial, por la población de referencia, en el neurodesarrollo: se trata de sistemas nerviosos saturados por el estímulo constante. Las consecuencias en comportamientos adictivos, en violencia, etc. son conocidas. Al sustituir el papel por la pantalla, alteramos la ruta neuronal que permite al ser humano pensar con profundidad, pero con menor abanico de opciones, a una más extensa pero más superficial, llevando a la fragmentación de nuestro aparato psíquico.

Lo que hoy vemos en las aulas de nuestro medio, pero lo que se relata en varias partes el mundo, es un estado en el que se mezcla la irritabilidad, la incapacidad de concentración y un estado de fatiga crónica, y no una patología en sí misma, sino un cuadro inducido por un entorno digital diseñado para el escaneo rápido y la recompensa inmediata. La violencia que estamos viviendo constantemente en nuestro medio amerita ser evaluada bajo este ángulo.

La trampa del scaneo versus la lectura profunda

jóvenes adolescentes utilizan el celular, siendo una adicción incontenible, hiperconectividad - (Imagen Ilustrativa Infobae)
Cada alerta y scroll en dispositivos digitales libera microdosis de dopamina, elevando el umbral de aburrimiento y la búsqueda de novedad (Imagen Ilustrativa Infobae)

La neurobiología del comportamiento ha descubierto que el cerebro es un órgano plástico que varía según el soporte que utiliza. Cuando leemos en una pantalla, el ojo no recorre el texto de forma lineal; sino que realiza un escaneo frenético en forma de “F” o “Z”, buscando palabras clave y saltando de un estímulo a otro.

Este hábito entrena al cerebro a la alerta constante, pero, en particular, entrena la impaciencia. Socialmente, ese estado de alerta se fomenta como una virtud. A esto se le suma la interrupción tabular: en la pantalla, cada hipervínculo, notificación o cambio de pestaña es un secuestro atencional. El cerebro deja de profundizar para procesar distracciones, lo que genera una fatiga cognitiva devastadora.

Por el contrario, el libro físico impone un límite, un “cerco atencional”, a diferencia de las pantallas. Al no haber hipervínculos, notificaciones ni la posibilidad de saltar a otra pestaña, el cerebro se ve obligado a activar la ruta de la lectura profunda y permanecer en lo que está leyendo. La ruta lineal del papel obliga al cerebro a seguir una secuencia lógica y estructurada; y aquí viene lo interesante, esto es lo que permite la consolidación de la memoria a largo plazo y el pensamiento crítico, reduciendo las demandas atencionales competitivas sobre el sistema nervioso.

Es en ese silencio analógico, que el lector deja de ser un receptor pasivo y se convierte en un co-creador del mundo narrativo. El libro ofrece signos escuetos y exige construir el mundo, lo cual llama a la imaginación sin exigir una reacción motora o de alerta constante.

Dopamina y distracción

Primer plano de un adolescente con camiseta azul, estresado, sosteniendo un teléfono. Está en un escritorio con un cuaderno abierto, una lapicera y papeles arrugados.
El entorno digital diseñado para el escaneo rápido induce irritabilidad, incapacidad de concentración y fatiga crónica (Imagen Ilustrativa Infobae)

El problema central de la digitalización extrema es la alteración del sistema de recompensa, activando el mismo circuito que opera en las adicciones. Cada “scroll”, cada video corto y cada alerta libera una microdosis de dopamina que el cerebro procesa como una gratificación instantánea. El resultado es un umbral de aburrimiento peligrosamente bajo: cualquier tarea que requiera esfuerzo sostenido, como comprender un párrafo complejo o resolver un problema matemático, se vuelve intolerable.

No se trata de leer el "Ulises" de Joyce o “La Guerra y la Paz” de Tolstoi, sino poder terminar un artículo de un número semejante de palabras, ya no de páginas (800/1400), que se vuelve imposible. De manera interesante para los estudios de cognición y comportamiento, pero preocupante a nivel clínico y social, este fenómeno mimetiza los síntomas del Trastorno por Déficit de Atención (TDA), es decir, dificultad para concentrarse en una sola tarea, irritabilidad ante la falta de estímulos y una búsqueda compulsiva de novedad.

No casualmente recibimos crecientes consulta de adultos ya, preguntándose si no tendrán TDA. Sin embargo, en muchos casos, no estamos ante un trastorno clínico, sino ante un déficit atencional inducido por el entorno, producto de un sistema nervioso que ha perdido la capacidad de quedarse quieto.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El exceso de pantallas ha contribuido a una crisis de salud mental que requiere volver a lo básico según la ministra sueca Lotta Edholm (Imagen Ilustrativa Infobae)

En las escuelas piloto de Noruega donde se eliminaron las tablets y se prohibieron los celulares, la caída de los niveles de cortisol (la hormona del estrés) reportados fue casi inmediata. Los alumnos no solo aprendieron mejor, sino que recuperaron la calma y el control de su propio tiempo al eliminar la “ansiedad por disponibilidad”, es decir alertas a cualquier estímulo o a la espera de los mismos. Los dispositivos móviles mantienen a la amígdala, simplificando, el centro del miedo y la alerta del cerebro, en un estado de hipervigilancia constante esperando el próximo mensaje. Incluso si el teléfono está en silencio o en la mochila, el cerebro consume energía monitoreando la posibilidad de un estímulo externo.

Es decir, los datos que encendieron las alarmas se podrían agrupar en áreas pedagógicas y de salud mental:

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los países nórdicos dieron marcha atrás con la digitalización educativa tras resultados alarmantes en comprensión lectora y salud mental (Imagen Ilustrativa Infobae)
  • Comprensión lectora: Los resultados de las pruebas PIRLS correlacionaron el aumento de horas frente a dispositivos con capacidad de los niños para entender lo que leen.
  • Ansiedad y Salud Mental: En Noruega, la restricción de celulares en las aulas generó en una caída drástica de las visitas al médico por problemas psicológicos y como consecuencia casi obvia una reducción significativa de todas las formas de acoso escolar digital.
  • Escritura y Memoria: El abandono de la escritura a mano ha afectado la memoria a largo plazo. El esfuerzo motor fino de escribir sobre papel genera una respuesta en el sistema nervioso que el teclado simplemente no puede replicar.

Lo que Suecia y Noruega están intentando rescatar es la capacidad de sus ciudadanos de habitar el presente. Vivimos en una cultura que confunde constantemente la estimulación con la vitalidad. Si un día está lleno de mensajes, videos y notificaciones, nos decimos a nosotros mismos que estamos conectados con la realidad, pero desde las ciencias del comportamiento, el diagnóstico es otro: no estamos habitando la experiencia más profundamente, sino que estamos siendo fragmentados por ella y entrenados para perder la presencia.

Vista lateral de una joven en la oscuridad de su cama, mirando fijamente la pantalla iluminada de un teléfono móvil que sostiene con ambas manos.
Cada scroll en redes sociales genera gratificación inmediata, dificultando el esfuerzo sostenido y la lectura profunda en los jóvenes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Siempre se definía a la ansiedad como preocupación por el futuro, por aquello por venir, hoy vemos más un estado de hipervigilancia constante inducido por el entorno digital. A esto se suma el factor del sueño y la “brecha de luz”. La ventaja de abandonar las pantallas en favor del papel se vuelve innegable al final del día.

La investigación sobre la higiene del sueño respalda firmemente que leer antes de dormir mejora la calidad del descanso, no por una propiedad mística del papel, sino por cambio de hábitos y ritmos: los libros ayudan porque reemplazan el hábito altamente activador de hacer scroll interminable a altas horas de la noche.

¿El papel como “nueva” tecnología de alta gama?

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La lectura de un libro físico protege la mente de la sobreestimulación digital (Imagen Ilustrativa Infobae)

En un mundo donde la distracción es la norma, que nuestra atención, dispersa, es el “commodity” buscado por redes sociales, la capacidad de concentrarse se ha convertido en el nuevo diferencial de clase y en un artículo de lujo. Ante esta epidemia, la lectura de un libro físico emerge no como un adorno nostálgico, sino como una de las últimas tecnologías ordinarias capaces de proteger nuestra mente, operando como una intervención clínica a gran escala.

El regreso al libro de texto y a la escritura manual no es un retroceso, es una estrategia de alto rendimiento cuyo objetivo es “desinflamar” el sistema nervioso de esa sobreestimulación, en una generación que vive en estado de alerta roja digital constante.

La “desinflamación” del cerebro, no solo el juvenil, pasa por recuperar el contacto con lo analógico. Aunque parezcan banales, el esfuerzo motor de escribir a mano y aun el peso físico de un libro actúan como anclas que nos fijan en lo concreto, en lo físico y así en la memoria a largo plazo.

Un niño escribe en un libro abierto con un lápiz mientras una mujer sentada enfrente le observa. Un vaso de agua y libros están sobre la mesa.
El abandono de la escritura a mano afecta la memoria a largo plazo por la falta de esfuerzo motor fino que genera el teclado. Por eso se recomienda retomarla (Imagen Ilustrativa Infobae)

El debate no es una guerra moral entre el papel y los dispositivos, ni se trata de demonizar la tecnología, sino de reconocer sus límites, pues el problema central es que estamos inmersos en una dinámica de la interrupción. Poseemos vehículos pero somos seres con funciones motoras y movernos es la instancia que implica la vida. En un mundo diseñado algorítmicamente para monetizar nuestra inquietud, sentarse a leer un libro es un acto casi subversivo que nos exige quedarnos en donde estamos, detenernos, reflexionar.

Leer preserva una capacidad humana fundamental que estamos a punto de perder: la habilidad de habitar nuestro propio espacio interior sin buscar inmediatamente el siguiente estímulo, obviamente externo. Y ante esa capacidad recuperada, la ansiedad estructural cede, ya que no estamos en una guerra interna cognitiva por nuestra propia atención. Como lo demuestran los casos escandinavos, el futuro de la educación podría ser el regreso a la tecnología más efectiva jamás inventada para el pensamiento crítico: una hoja de papel y el silencio necesario para leerla. Leer y escribir.

* El doctor Enrique De Rosa Alabaster se especializa en temas de salud mental. Es médico psiquiatra, neurólogo, sexólogo y médico legista