
En varias regiones reconocidas por su alta esperanza de vida, la siesta diaria se identifica como un factor que contribuye tanto a la longevidad como a la reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Así lo reflejan diversos estudios científicos y datos recopilados por el escritor y colaborador de National Geographic, Dan Buettner. Descansar brevemente tras el almuerzo es una costumbre arraigada en ciertos contextos culturales donde se prioriza el bienestar y ha sido objeto de investigaciones que resaltan su impacto sobre la salud física y mental.
Un análisis difundido por ABC presenta un estudio realizado en Grecia que evidencia una relación significativa entre la siesta y la salud cardiovascular. Publicado en la revista Archives of Internal Medicine, este estudio prospectivo siguió a más de 23.000 adultos durante seis años y halló que quienes dormían siesta al menos tres veces por semana durante 30 minutos o más tenían un riesgo 37% menor de morir por enfermedades coronarias, tales como infarto, accidente cerebrovascular o hipertensión arterial, en comparación con quienes no tenían este hábito.

Los autores destacaron que la siesta regular puede aportar una protección significativa frente a la mortalidad por causas cardiovasculares. Este hallazgo coincide con las rutinas de las llamadas zonas azules —territorios como Cerdeña, Okinawa, Loma Linda, Icaria y Nicoya—, en las que la proporción de centenarios supera considerablemente la media mundial.
Dan Buettner asegura en ABC que la longevidad no implica solo vivir más años, sino también disfrutar de un mayor periodo en que predomina el bienestar real. “La enriquecen y la hacen completamente placentera”, subraya el experto sobre la calidad de vida que aporta este hábito. Destaca que la siesta, respaldada tanto por la ciencia como por la experiencia de las zonas azules, es una herramienta eficaz para sumar años adicionales de vida saludable y satisfactoria.
Los efectos positivos de la siesta, recogidos por diferentes estudios científicos, se extienden más allá de la protección cardiovascular. Este breve descanso ayuda a reducir el estrés y la fatiga, potencia la concentración y favorece la consolidación de la memoria, además de impulsar la productividad diaria. En países como España, este comportamiento adquiere un valor social y sanitario particularmente notorio, integrándose en las rutinas nacionales como un recurso apreciado para el bienestar.

Una investigación internacional liderada por el Massachusetts General Hospital, afiliado a Harvard, y publicada en Nature Communications, identificó más de 120 regiones genéticas asociadas con la tendencia a dormir siesta. El estudio, realizado con datos de más de 450.000 personas, respalda que esta costumbre, frecuente en zonas de alta longevidad, tiene un componente biológico y positivo para la salud
Por su parte, instituciones como la Cleveland Clinic y la Harvard Medical School sostienen que la siesta breve mejora la concentración, la memoria y el estado de ánimo, además de reducir el estrés y la fatiga. La Mayo Clinic recomienda siestas de 20 a 30 minutos para obtener estos beneficios sin afectar el sueño nocturno.
Dormir una siesta diaria reduce un tercio el riesgo de enfermedad cardiovascular
Buena parte de la evidencia médica se fundamenta en análisis como el de Grecia, donde el descanso posterior al almuerzo se relaciona con reducciones notables en afecciones cardíacas, que en el trabajo, se posicionó cercano al 33%.

Metaanálisis internacionales recientes reafirman que la siesta breve, especialmente cuando no supera los 60 minutos diarios, se asocia a una reducción significativa del riesgo de enfermedad cardiovascular y mortalidad por todas las causas.
De acuerdo con el experto citado por ABC, existe un potencial preventivo de la siesta. Incorporar este hábito en la vida cotidiana puede ofrecer una ventaja decisiva para prevenir enfermedades y optimizar la salud a largo plazo. “Adoptar este hábito te permite dormir bien y añadir años extra de calidad”, apunta Buettner, reflejando el consenso emergente sobre la importancia de estrategias no farmacológicas para el cuidado integral.
La recomendación desde la evidencia científica y la experiencia en los territorios con mayor longevidad es incluir la siesta corta en la rutina diaria para maximizar el bienestar físico y mental en todas las etapas de la vida.
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