
La llegada del verano trae consigo un viejo fenómeno social: la búsqueda del “peso ideal” o el “cuerpo perfecto”. Esta época del año, marcada por la exposición del cuerpo, refuerza estándares de belleza poco realistas que afectan profundamente la relación de muchas personas con su imagen corporal.
Los especialistas insisten hace tiempo que este enfoque, basado en el cambio rápido y estético, a menudo genera consecuencias negativas para la salud física y emocional. E invitan al replanteo hacia un bienestar integral y sostenible.
El impacto de los estándares estéticos

“La presión por alcanzar el ‘ideal estético’ aumenta en verano debido a la exposición del cuerpo”, comenzó a explicar consultada por Infobae la médica especialista en Medicina Interna y Nutrición Marianela Aguirre Ackermann (MN 151.867), integrante del Grupo de Obesidad de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN).
Según ella, los medios, la publicidad y las redes sociales perpetúan estos estándares poco realistas. Este fenómeno lleva a muchas personas a buscar un cambio físico apresurado, muchas veces recurriendo a dietas extremas o ejercicios extenuantes.
En la misma línea, la profesora de Educación Física y licenciada en Alto Rendimiento Deportivo Claudia Lescano, complementó esta visión, al señalar que la motivación para cambiar hábitos suele estar ligada a la autoimagen y al deseo de “sentirnos seguros frente a la mirada social”. Sin embargo, advirtió que este enfoque estético puede eclipsar razones más importantes, como el bienestar físico y la salud.
Recomendaciones para una mirada más saludable del cuerpo

Ambas profesionales ofrecieron consejos prácticos para adoptar hábitos sostenibles que promuevan la salud y el bienestar.
- Centrarse en la salud, no en la balanza. Aguirre Ackermann enfatizó que “el objetivo no debería ser un número en la balanza, sino incorporar nuevas conductas que mejoren la salud física y emocional”. Esto incluye priorizar el bienestar integral por encima de metas estéticas pasajeras.
- Elegir una alimentación equilibrada y placentera. Incorporar alimentos saludables como frutas, verduras, cereales integrales y proteínas magras es fundamental, según la nutricionista. Ella advirtió que “las dietas restrictivas o extremas prometen resultados rápidos, pero tienen un impacto negativo tanto físico como emocional”.
- Optar por actividad física que se disfruten. Lescano resaltó la importancia de elegir una actividad acorde al estilo de vida. “El ejercicio físico debe ser progresivo. Muchas veces, en esta carrera, por lograr objetivos, podemos lesionarnos”, aclaró, a lo que Aguirre Ackermann agregó: “No hace falta ser atleta ni hacer ejercicio extremo; lo importante es que el movimiento sea parte de la rutina de manera placentera”.
- Cuidar la salud emocional. Ambas expertas coincidieron en la importancia de manejar la presión social. “Es común que esta época afecte la autoestima”, afirmó Aguirre Ackermann, quien sugirió enfocarse en reconocer los logros propios y evitar comparaciones. Lescano sumó: “No existe un momento ideal para empezar; el click ocurre cuando tomamos la decisión”.
- Ser realista y amable con uno mismo/a. La nutricionista de la SAN subrayó la importancia de la paciencia: “Cambiar no es fácil, y los cambios sostenibles llevan tiempo”. Y recomendó establecer metas alcanzables como “comenzar a incluir verduras en almuerzo y cena” o “tomar ocho vasos de agua al día”, celebrando cada pequeño avance para mantener la motivación.
- El cuidado de la salud no es estacional. El bienestar no debe depender de una fecha en el calendario, recalcaron ambas profesionales. Aguirre Ackermann explicó que “lo que se hace ahora podría ser el comienzo de un cambio de hábitos para sentirse mejor y tener un mejor estilo de vida”. Este enfoque elimina la presión del tiempo y fomenta la adopción de hábitos saludables a largo plazo.
- Consultar con profesionales. Para evitar riesgos, es esencial acudir a especialistas. “El apoyo de médicos y nutricionistas es clave para establecer objetivos alcanzables y diseñar un plan adaptado a cada persona”. Esto garantiza que los cambios sean seguros y efectivos.
La trampa de las soluciones inmediatas

Las “dietas mágicas”, que prometen bajar de peso rápidamente, no solo fracasan en el largo plazo, sino que pueden perjudicar la salud, según Aguirre Ackermann. “Estas dietas generan pérdida de masa muscular y alteran el metabolismo, haciendo que el cuerpo gaste menos energía”, explicó.
Y tras citar un estudio del New England Journal of Medicine, que evidenció que los efectos hormonales de estas dietas persisten incluso un año después de terminarlas, dificultando mantener el peso, la experta sostuvo: “Cuando una persona reduce drásticamente las calorías, el cuerpo responde con cambios hormonales: aumenta la grelina (hormona del hambre), disminuyen las hormonas que generan saciedad, y el metabolismo se hace más lento. Además, el cerebro intensifica la respuesta a la comida, aumentando el deseo por los alimentos”.
En lo que al ejercicio físico respecta, las soluciones tampoco son nunca milagrosas. Al respecto, Lescano alertó que “muchas veces en esta carrera por lograr el objetivo, se sufren lesiones”. “El proceso fisiológico de entrenamiento tiene sus tiempos, que deben ser respetados si queremos que se conviertan en hábito”, aseguró.
Y agregó: “Es importantísimo saber que estamos en condiciones óptimas de salud para responder a la demanda energética que implica comenzar a entrenar”.
La importancia de un estilo de vida integral y sostenible

En este punto, ambas expertas coincidieron en que la clave está en adoptar un enfoque equilibrado y sostenible.
El cambio verdadero, según Aguirre Ackermann, empieza por aceptar que la salud y el bienestar van mucho más allá del peso corporal o la imagen en el espejo. Lescano reforzó esta idea: “Nuestro cuerpo necesita tiempo para practicar nuevos hábitos hasta incorporarlos como parte de nuestra vida”.
Con este enfoque, no solo se logra un cambio físico, sino también una transformación emocional y mental. “Cuidar nuestra salud va de la mano con aceptarnos y querernos. Desde ahí, trabajamos para nuestra mejor versión posible, que no es un número, sino un cuerpo cómodo y sano”, concluyó la nutricionista.
La presión por un cuerpo “perfecto” no debería definir nuestras decisiones de salud. El bienestar no es estacional ni se mide en kilos; es un compromiso a largo plazo con nuestra salud física y emocional.
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