
El girasol vuelve a ocupar un lugar central en los esquemas agrícolas. Con su silueta inconfundible y una capacidad de adaptación que marca la diferencia, el cultivo atraviesa una etapa de expansión que combina rendimiento, resiliencia y oportunidades productivas. Ese impulso no solo se mide en hectáreas, sino también en decisiones estratégicas dentro del campo.
Durante la campaña 2025/26, la superficie nacional superó las 3 millones de hectáreas y la producción estimada alcanzó las 7,2 millones de toneladas.
PUBLICIDAD
Este volumen representa un incremento del 28,6 % respecto al ciclo anterior. La tendencia también se refleja en Santa Fe, donde la siembra llegó a las 500 mil hectáreas, con un crecimiento sostenido en distintas zonas.

Donde el agua escasea, el girasol responde
Uno de los factores clave detrás de esta expansión radica en la adaptación del cultivo a ambientes con limitaciones hídricas. En regiones donde la disponibilidad de agua condiciona las decisiones productivas, el girasol aparece como una alternativa confiable.
PUBLICIDAD
En el norte santafesino, este comportamiento se traduce en una mayor presencia dentro de las rotaciones agrícolas. A eso se suma el interés de la industria aceitera, que demanda materia prima y acompaña el crecimiento del cultivo con señales claras de mercado.
El desarrollo no ocurre de manera uniforme. Los departamentos del centro-norte concentran los mayores incrementos, con un caso destacado: 9 de Julio. Allí, la superficie sembrada pasó de 48.500 hectáreas en la campaña 2024/25 a más de 152 mil en el ciclo actual, lo que evidencia un cambio significativo en la planificación agrícola.
PUBLICIDAD
Decisiones que definen resultados
El avance del girasol no depende solo de su rusticidad. La elección del material genético y el momento de siembra inciden de manera directa en los resultados. Ensayos comparativos realizados en la región muestran diferencias claras entre estrategias.
Las siembras tempranas, realizadas en agosto, alcanzaron rendimientos superiores frente a las implantadas en octubre. Además, los lotes tempranos presentaron mayores porcentajes de aceite en grano, un aspecto determinante para la industria.
PUBLICIDAD
A su vez, los resultados evidenciaron variabilidad entre híbridos. Esta diferencia refuerza la necesidad de ajustar la selección genética según el ambiente y la fecha de implantación, con el objetivo de maximizar el potencial del cultivo.
Una pieza clave en el sistema
Más allá de los números, el girasol gana protagonismo como herramienta para diversificar esquemas productivos. Su inclusión mejora las rotaciones, favorece la planificación agrícola y abre la puerta a cultivos sucesores como trigo o soja de segunda.
PUBLICIDAD
En un contexto donde cada decisión cuenta, el girasol deja de ser una opción secundaria para transformarse en un componente estratégico.
Su crecimiento no responde a una sola causa, sino a una combinación de factores que encuentran en este cultivo una respuesta concreta y adaptable a distintos escenarios productivos.
PUBLICIDAD
Fuente: Inta
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Una avena que se adapta a todo: lanzan una nueva variedad con perfil forrajero y productivo
Bonaerense MDA INTA Lola es una opción de ciclo intermedio que combina versatilidad, rendimiento y sanidad para distintos sistemas

Pastizales bajo la lupa: un nuevo mapa redefine su alcance y su peso climático
Un estudio internacional ajusta la superficie global de estos ecosistemas y redefine su rol en el almacenamiento de carbono

Foresto industria: exportaciones en alza y nuevos mercados
En 2025, la actividad creció 18%, y se abrieron más de 70 destinos comerciales, a lo que se suma el impulso del acuerdo Unión Europea-Mercosur

El trigo se dispara en el mundo por la guerra y la menor oferta global
¿Cuáles son los factores locales e internacionales que impulsan la escalada de precio del cereal?

Denuncian una extracción masiva de recursos pesqueros argentinos en Malvinas
Un informe de la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera advierte que el Reino Unido captura más de 260.000 toneladas anuales de recursos originados en el Mar Argentino, en un esquema que —según la entidad— pone en riesgo la soberanía, la sustentabilidad del ecosistema y miles de empleos vinculados a la pesca nacional


