
“Lo miré como si se tratara de desarmar un reloj: describí las piezas más pequeñas para entender el movimiento completo del deporte más maravilloso del mundo”.
El periodista Alejandro Wall definió así su trabajo en el flamante libro “Nuestro fútbol, historia, ciencia y mística de una pasión”, en el que comparte autoría con la ilustradora y diseñadora Xoana Herrera: como subir a la mesa de operaciones a la pelota, una disección gajo por gajo de la pasión, abordada desde diferentes ángulos: el histórico, el científico, los sentimientos, el juego en su máxima pureza.
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Y así salió esta obra, didáctica y disfrutable, que combina la mirada futbolera de Wall, historias que explican cómo funciona el deporte rey y aportes de profesionales del Conicet que son capaces de explicar por qué detrás del golpe más delicioso de Messi hay leyes de la física que lo asisten para que haga magia.
Por ejemplo, “Nuestro fútbol” revela que la pelota a la que le depositamos nuestro humor no es esférica: “Para la geometría, la pelota de fútbol actual es un ‘icosaedro truncado’, es decir, un poliedro que se obtiene al truncar (cortar) los vértices de un icosaedro regular. Tiene 32 caras, 12 de ellas regulares pentagonales y 20 regulares hexagonales; 60 vértices y 90 aristas”.
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También cuenta el calzado que usaron los primeros futbolistas y describe su evolución: “Usaban botines de trabajo, con puntera de acero y cordones largos que se ataban hasta los tobillos. Parecían más listos para salir a la cancha. Eran pesados, duros como piedra y, si llovía, la cosa se ponía peor. Se llenaban de agua y pesaban como ladrillos”.
El libro además hace hincapié en la “coreografía de fuerzas” que significa pegarle al balón. Y profundiza en el “efecto magnus” que permite la siempre bien ponderada comba.
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“Mientras la pelota avanza por el aire, el aire se va desplazando en la dirección contraria. Si además la pelota viene girando, el lado que rota hacia adelante tiende a arrastrar el aire en la dirección de avance, mientras que el lado que rota hacia atrás arrastra el aire en la dirección contraria. Esto hace que la velocidad del aire que rodea a la pelota sea distinta de un lado que del otro. La física indica que donde el aire aumenta su velocidad disminuye la presión, y donde el aire pierde velocidad la presión aumenta. Esa diferencia de presiones genera una fuerza que empuja la pelota hacia la región de menor presión, haciendo que la trayectoria se curve”, concluye la detallada explicación.
Desde cómo se construye un fixture a las estadísticas aplicadas al fútbol, con un valor casi tan importante como el del viejo pizarrón. Todas son piezas del todo, de ese fútbol que desentrañaron Wall, Herrera y las voces convocadas para el libro.
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